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martes, 15 de abril de 2014

Desire and Lust Cap 17


“ESTOY CONTENTO QUE REGRESASTE” SiWon dijo.

KiBum avanzó hacia su cama, ChangMin la había escoltado aquí y ahora estaba parado en la puerta, detrás de ella, viendo y guardándola. Ella lo había permitido antes y lo permitía ahora. Usualmente, sin embargo, ella no podía aguantar a nadie detrás de ella. Así era como el ataque había sucedido. Ethan había llegado a ella por detrás, sorprendiéndola, antes volverla de un tirón y… ella cortó el pensamiento.


Habían estado juntos por un tiempo, pero el temperamento de él había crecido más negro y más negro. Cuando ella había tratado de terminar las cosas, él había golpeado. Ella debió haber muerto ese día, tan mal lo hizo que la hirió. Tantas veces desde entonces, ella había deseado morir.

Pero hoy, teniendo a alguien detrás de ella –teniendo a ChangMin detrás de ella- no le asustaba. A ella le estaba llegando a gustar ChangMin y su gentileza. A pesar de todo e incluso en tan poca cantidad de tiempo, ella estaba comenzando a sentirse segura con él y se había incluso imaginado a sí misma haciendo… cosas íntimas con él. Con él, se aseguró a sí misma. No SiWon.

Anteriormente, cuando ella había estado encerrada en esa habitación con las otras mujeres y ellas habían estado volviendo a contar sus hazañas sensuales, lascivas imágenes la habían bombardeado. Ella no había sido capaz de imaginar el rostro del hombre que la complacía en su mente, pero había sabido que era ChangMin porque se había sentido protegida. Él la hacía sentir de esa manera. SiWon… no lo hacía. La hacía sentir mareada y adolorida y débil, completamente fuera de control.

En el pasado, ella probablemente hubiera dado la bienvenida estas cosas. Sip, ella una vez había amado el sexo. Ella una vez había amado a los hombres. Pero eso había cambiado. O así había creído.

Es ChangMin quien te enciende. Tiene que ser. Excepto, ella había estado esperando por este momento todo el día, esperando ver a SiWon, escuchar su voz y trazar sus manos sobre su cuerpo. Eso, ella no podía negarlo y la asustaba. Él no era como ChangMin. Él no era bueno, y no era gentil. Él era un duro, volátil jefe militar quien no tenía miedo de usar sus puños. Todavía, incluso ahora, pensando sobre él hacía su corazón correr, y no sólo con miedo.

Estúpida, se dijo a sí misma por milésima vez. Si alguna vez ella se permitía ser íntima con un hombre otra vez, sería con alguien como ChangMin.

Deja de pensar sobre sexo, Kim. Vuelve a trabajar.  Silenciosamente ella limpiaba y re-vendaba las heridas de SiWon, contenta de ver que estaba sanando bien. Sin signos de infección. Él estaba todavía demasiado débil para levantarse, pero su fuerza regresaría. Él incluso tendría total uso de sus brazos y pierna, una vez que el tejido reconectara.

Justo cuando ella estaba terminando, un nuevo hombre entró a la habitación. Cargaba una larga amenazante espada; ella lo vio desde el rabillo de su ojo e inmediatamente trató de saltar hacia ChangMin, el único refugio seguro disponible, pero SiWon se prendió de su mano y la sostuvo estrechamente. La acción la aterró; no sólo porque fue abrupta, si no además porque incendió su sangre en una manera que no debería. Ella chillo e instantáneamente fue liberada. Ella tropezó con sus pies, alejándose de todos los hombres.

“Te necesitan en el comedor.” El intruso le dijo a ChangMin.

ChangMin la miró, después SiWon, ignorando al extraño. Él frunció el ceño fieramente. “¿Te hirió?” Le preguntó.

Ella frotaba su muñeca y sacudió su cabeza no.

“YooChun te ha convocado.” El extraño añadió impacientemente.

ChangMin le echo una irritada Mirada, entonces dio un paso adelante y le dio al hombro de ella un apretón confortante. “Odio dejarte, pero debo obedecer al rey. ¿Estarás bien sin mí?”

Él pánico estiró sus alas dentro de su pecho. Ella no quería que vaya. Verdaderamente, él había llegado a ser su red de seguridad en esta desconocida y salvaje tierra. Pero ella se forzó a asentir. Depender tan desesperadamente de una persona era tonto.

“¿Te gustaría ir conmigo?” Él preguntó.

Otra vez, ella sacudió su cabeza no. Se quedaría. Sería valiente. Y no permitiría a SiWon afectarla o asustarla. Más fácil decirlo que hacerlo, Kim.

ChangMin dio a SiWon una breve pero oscura mirada, gentilmente acarició la mejilla de KiBum, y entonces entró en el corredor, siguiendo al mensajero. KiBum y SiWon estaban solos.

Tú puedes hacer esto. Tú puedes hacer esto. SiWon está demasiado débil para hacerte nada. Lentamente se giró hacia él y regresó a la cama. Ella era cuidadosa de no mirar los ojos de él, esos azules, azules ojos que parecían cortar directo a su alma. Sus dedos temblaron mientras ella terminaba de enredar la última venda.

“Yo Soy SiWon,” él dijo, rompiendo el silencio. “Lo sé.” La voz de ella temblaba tanto como sus manos. “No debiste haber retado al rey.”

Ella imaginaba las fosas nasales de él ardiendo en furia. Sin embargo, siguió adelante. “Tonto. La fuerza radica en la compasión, no en batallas.”

Por un momento el aire estuvo tan cargado que ella creyó que él quería gritarle. Pero no lo hizo. Él cambió el tema, admitiendo a regañadientes, “Pensé en ti anoche.” Mitad dolor, mitad acusación. “Y hoy. Parece que no puedo sacarte de mi cabeza.”

Antes de que ella pudiera detenerlo, su mirada brincó a la suya. Ella jadeó ante lo que vio. Deseo. Deseo al rojo vivo. Sus manos se quedaron inmóviles, suspendidas sobre los muslos de él. Ella tenía una sábana que cubría la cintura de él; para cubrir más el pudor de ella que el de él. La sábana estaba más alta de lo que había estado hace un momento.

“Veo miedo en tus ojos.” Él dijo, todavía hablando bajo, su voz acalorado. “Pero además veo interés.”

Ella mordió su labio y sacudió su cabeza. No admitiría ningún tipo de interés. Eso solamente lo alentaría. Pero…

“Háblame, KiBum.” Él dijo. “Háblame de ti misma.”

Su tranquila súplica la sorprendió. Ella nunca hubiera lo esperado de un jefe militar hambriento de poder. “¿Qué… te… gustaría… saber?” su garganta estaba constreñida, haciéndole difícil para ella hablar.

“Todo.” SiWon incline su cabeza y miró a KiBum más intensamente. “Quiero saber todo sobre ti.” Ya él conocía su olor… violetas y luz del sol que él había conocido tan brevemente en la superficie. Conocía su voz… áspera y dura, provocando visiones de pasión y cuerpos desnudos.

Ahora, él quería conocer su pasado. Sus gustos. Sus disgustos. Todas las cosas que la hacían KiBum, la mujer quien lo obsesionaba más con cada segundo que pasaba. La fuerza yacía en la compasión, ella había dicho. Él quería bufar ante eso, pero no pudo. No supo por qué.

“Comenzaremos con algo sencillo.” Él dijo. “¿Cuál es tu color favorito?”

Ella miró hacia la puerta, como si se preguntara qué debería hacer. Quedarse y hablar, o huir. “Azul.” Ella finalmente respondió.

Si fuera su mujer, le daría todos los zafiros que poseía. “¿Tienes familia?” ¿Una familia que ella extrañaba? ¿A la que deseaba regresar?

Ella negó con su cabeza. “Muertos.”

Él no debió haber sentido alivio, pero lo hizo. “¿Cómo murieron?”

“Un accidente de auto.”

¿Auto? Estaba intrigado por un “auto” que podía matar a una familia entera, pero estaba más curioso sobre KiBum. “Lo siento por tu pérdida, pequeña.”

Con rasgos oscurecidos, ella movió una mano en el aire. Su mano estaba temblando, él lo notó. “Hace ya mucho tiempo.” Ella dijo en esa voz quebrada.

Él quería tomar su mano y besarla, todo para enjugar esas sombras, pero él terminó apretando las sábanas y manteniendo sus manos en sus costados. “¿Te gusta este mundo? ¿Mirotic?”

Su mirada se alejó de él, sobre la pared detrás de él. Ella negó con la cabeza.

“¿Por qué no?” Desilusión zumbaba en su sangre, él había esperado que ella ya hubiera llegado a amarla como él lo hacía.

“Tenebrosa.” Ella admitió suavemente. Trazó con la punta de sus dedos sobre la sábana. “¿Estás asustada de nosotros?”

Ella no dio respuesta. No movió un músculo.

“Yo nunca te heriría, KiBum.” Le dijo tan gentilmente como su fiero timbre le permitiera. “Esto te lo prometo.”

Un escalofrío se extendió en ella. “Probablemente no quieras, pero…”

“Nunca. Nunca.”

“¿Qué le estás diciendo, SiWon?” ChangMin demandó mientras regresaba a la habitación. “No tienes ningún derecho a usar ese tono con ella.”

KiBum brincó en sus pies, mirando entre ellos con miedo en sus ojos.

“Cuida tu tono, chico.” SiWon espetó. “Estás asustándola.”

Los rasgos de ChangMin instantáneamente se suavizaron. “Lo siento.” Le dijo. “Fui llamado para buscar naranjas, pero estoy aquí ahora. No estoy molesto, lo prometo.”

KiBum miró entre los dos hombres, un poquito… excitada e insegura quién –o qué- estaba causando esa excitación. Estaban tratando de calmarla y estaba funcionando. ¡Estaba funcionando! Ella estaba realmente parada entre dos hombres que se despreciaban mutuamente, dos hombres quienes podían atacar y matar en cualquier momento, y su miedo se estaba disipando.

¿Cómo están haciéndome esto? Ella pensó, aturdida.

Incluso más impactante, mientras el miedo la dejaba, algo más tomaba su lugar: deseo. Al rojo vivo, consumiente. Una imagen de cuerpos tensos, desnudos súbitamente llenó su mente. Una vez más, no podía ver el rostro del hombre, pero la imagen era tan vívida que incluso escuchó los gemidos de placer de la pareja. Sus pezones se irguieron; humedad se acumuló entre sus piernas.

SiWon mostró sus dientes y siseó en una respiración. ¿En furia? “Estás excitada. Puedo olerlo en ti.”

Sus mejillas ardían como un flameante infierno.

“Yo puedo también.” ChangMin dijo con voz quebrada. “KiBum…”

Ella lo escuchó dar un paso hacia ella, escuchó el aporreo de su bota. Otra vez no había miedo dentro de ella. ¿Qué está mal conmigo? ¿Qué está pasándome? Esta no eracomo ella, no por completo.

SiWon se sentó, y ChangMin continuaba avanzando.

“Estás en necesidad de un hombre, KiBum.” SiWon dijo, sin mostrar piedad a su vergüenza. “Pero tienes miedo de tu deseo, ¿Sí? Debes estar, para resistir.”

“Sí.” ChangMin respondió por ella. “Ella está.”

“¿Has estado con un hombre?” SiWon le preguntó.

Sin aliento, ella asintió.

“¿Te gustó?” ChangMin.

Otro asentimiento. Ella debía detener esta línea de preguntas, pero una parte de ella estaba extrañamente aliviada que tenerla al descubierto.

“El hombre quien te hirió y dañó tu voz,” SiWon persistió. “¿Te hizo tener miedo del sexo?” Ella dudó por un largo rato, finalmente optando por la verdad. “Sí.”

Ambos hombres gruñeron bajo en sus gargantas, como si quisieran matar al hombre con sus propias manos. Todavía el miedo no regresaba. “Entiendo ahora.” ChangMin dijo. “Una vez que una mujer ha sido forzada no es la misma.”

“Sí,” SiWon dijo. “Yo también entiendo.” Su voz sonaba alejada, un poco débil.

“¿SiWon?” Ella dijo, de repente preocupada por él, haciéndola olvidar todo lo demás.

Él cayó de nuevo en la cama, y su cabeza colgaba sobre la almohada, su piel drenada de color.

Ella se apresuró a él. “¿Estás bien?”

“Mareado. Débil.” Él admitió en un furioso gruñido. “No debí haberme sentado.”

Ella podía decir que la falta de fuerza hacía más que enfurecerlo; lo enervaba. Por tanto un peleador como él era, probablemente estaba acostumbrado al control absoluto. ¿No le había dicho al rey, YooChun, que lo respetaba y le gustaba, pero que sólo no quería recibir órdenes más?”

Finalmente pedacitos de su miedo regresaron. Control. Algo que ella valoraba, también. Ella no podía renunciarse, no importa cuán excitada ella llegue a estar. Y darse ella misma a cualquiera de estos hombres era rendir su precioso control. ¿Cómo podía haberlo olvidado, incluso por un segundo?

Frunciendo el ceño, ella se movió hacia la puerta.

Dándose cuenta que ella quería irse, SiWon pronunció un abrupto. “Quédate.”

Había una total orden en su voz. Oh, sí, él esperaba absoluta obediencia. Sacudiendo su cabeza, ella retrocedió otro paso. Sus estaban antinaturalmente abiertos, ella había que ellos estaban.

“KiBum,” él dijo. Trató de sentarse otra vez, pero no tenía la fuerza esta vez. “No siempre seré tan débil.” Había una advertencia en su tono.

Ella maniobró alrededor de ChangMin, su mirada otra vez lanzándose entre los dos hombres. Ellos eran tan hermosos que casi dolía mirarlos. Y ellos estaban ofreciendo todo lo que una vez había deseado para sí misma; amor, pasión, compañerismo.  Ese sueño está muerto ¿Recuerdas? Es más seguro de esa manera.

Pero una ola de anhelo apartado la atravesó. Por un momento deseó que uno de los hombres pudiera alcanzarla. Tocarla… besarla… deslizarse dentro de ella, hundiéndose, deslizándose eróticamente. No, no uno de los hombres. ChangMin, se dijo a sí misma. Pero no eran los ojos verdes los que súbitamente había visto en su mente, sobre de ella, mirando hacia abajo a ella. Los ojos del hombre eran azules. Ella pasó una mano sobre sus propios ojos, para bloquear la imagen.

¿Cómo podía un hombre como SiWon excitarla así cuando ningún hombre había sido capaz de hacerlo por muchos años?

“No voy a herirte.” ChangMin dijo. Él levantó sus manos, todo inocencia.

“Ven a mí, KiBum.” SiWon entonó.

“No.” Le dijo a ChangMin y SiWon rió. “No.” Le dijo a SiWon, borrando su petulancia. Mejor estar sin ambos.

“Quiero conocerte.” ChangMin dijo. Su voz era gentil. “Te mantendré a salvo. No dejaré que nadie más te hiera.”

“No dejes que tu necesidad de seguridad destruya tu amor por la vida. Puedo enseñarte a conquistar tu miedo y finalmente vivir otra vez.” SiWon le dijo. ChangMin encaró a SiWon y los dos se enfrentaron. “Puedo enseñarte a conquistar tu miedo también”

“Tal vez. Pero nunca la harás verdaderamente feliz.” SiWon espetó.

Tal vez ninguno de ellos podía, y el conocimiento la llenó con una afilada sensación de desilusión. Porque con el regreso de su ira, SiWon le había recordado de exactamente por qué nunca se permitiría estar con él. Si alguna vez dirigía esa ira a ella, la mataría. Control, se recordó a sí misma.

Por un momento, ese precioso momento cuando el miedo se había desvanecido, ella había pensado realmente vivir otra vez. Ahora… sabiendo que tal cosa era imposible, ella salió corriendo de la habitación antes de que hiciera algo estúpido. Como llorar.

~°~°~°~°~

CHANGMIN NO LA SIGUIÓ, pero permaneció en la habitación. Por un largo rato, él y SiWon no hablaron.

“Yo la quiero.” SiWon admitió suavemente.

Las manos de ChangMin se apretaron en puños. Élsabía eso, pero escuchando las palabras… “Yo la quiero, también, y ella es mi mujer. ¿Quién crees que la tendrá?”

“Te retaré por ella.” SiWon rechinó los dientes.

“No aceptado. Ella me miró con deseo, y encontré que necesito ver esa mirada otra vez.”

“Ese deseo era por mí, niño. Por mí. Cualquier cosa que viste era meramente un reflejo de eso.”

ChangMin frunció el ceño. Sí, ella había mirado a SiWon con deseo. Más deseo del que una mujer había proyectado alguna vez en él, y el conocimiento no se conformó así. Pero ella lo había querido, también. Él podía jurar eso. Frustrado, arrojó sus brazos al aire. “¿Dónde nos deja?”

“Dámela.”

“No.”

SiWon acarició su barbilla con dos dedos. “No me rendiré. La perseguiré.”

“¿Es eso una amenaza?”

“Solamente una advertencia. Yo la quiero, y haré todo lo que esté en mi poder para ganarla.”

ChangMin casi desenvainó su espada, su ira era muy grande. Se sentía protector de KiBum, quería que fuera feliz, y no podía soportar pensar en una criatura tan delicada con este guerrero hambriento de poder. “Si la asustas, te mataré. ¿Me entiendes? Te mataré.”

Una oscura nube descendió sobre la cara de SiWon. “Nunca la asustaré.”

“¡Já! La asustaste con tu vigor. Eso es por qué ella corrió.”

“No trates y pretendas que conoces sus razones, no pretendas que sabes lo que ella necesita. La asustaste tan gravemente o ella se habría entregado a sí misma a ti ahora.”

“Tal vez lo hará. Esta noche.” ChangMin se burló.

Furia ardía en los ojos de SiWon. “No. Ella no se entregará a ti. Lo sé, porque nunca la entenderás de la manera en que lo hago.”

“¿Tú? ¿Cómo crees entenderla?”ChangMin dijo con los dientes apretados.

“Que tengas que preguntar, prueba mi punto.” SiWon cerró sus ojos, trayendo la inocente cara de KiBum a primer plano en su mente. Alguien la había herido durante el sexo; el que la hirió sentirá el final de su espada un día pronto. Si él tuviera que viajar a la superficie y cazar al bastardo, lo haría.

Él apostaría su vida en el hecho de que KiBum había sido una mujer de pasión y vitalidad una vez. Había un destello en sus ojos que no podía esconder. Muy dentro, no importa cuán fuertes sus miedos, ella tenía que implorar por ese tipo de vida otra vez.

Él podía ganarla de ChangMin, sabía que podía. Ella lo había mirado con pasión sin diluir, él sabía que ella no sería feliz con nadie más. Cuando había mirado a ChangMin, ahí no había sido pasión. Deseo, sí, pero no había sido sexual. Había sido… temeroso, como un niño a veces mira a su madre, por protección.

Los cual significaba que de verdad, la había asustado. Lo cual también significaba que no podía reclamarla hasta que hubiera conquistado sus miedos. Por siempre.

Y lo haría. Lo que fuera necesario.

Más que él necesitaba su propia satisfacción, él quería la de ella. La fuerza yace en la compasión. Otra vez sus palabras se reproducían en su mente. Compasión… algo que ella valoraba.

Ella necesitaba algo especial para su primera vez. Oh, él sabía que ella no era virgen. Ella había dicho tanto. Después de su tortura – porque eso había sido- ella se había cortado de los hombres. Así que su próxima vez sería como su primera vez. Ella se había cortado de deseos y de las más dulces intimidades. Ella necesitaba una avalancha de ambos para sacarla de esa seria existencia. Compasión.

Una vez que él estuviera curado… no sería detenido.

“La tendré, ChangMin.” Él dijo. “Soy yo el que siempre implorará en su cama.”

Un músculo palpitó en la quijada de ChangMin. “Estás mal. Ella necesita seguridad. Para ella, yo soy seguro. No tú. Y te lo probaré.”

~°~°~°~°~

POSEIDON TARAREÓ  con la intensidad de su entusiasmo. Olas giraban y se estrellaban contra él, belleza azul zafiro letal para simples mortales. Él probó la sal en su boca, la olía en su nariz, su familiaridad incrementaba su placer.

Ninguna criatura de Mirotic estaba permitida a entrar a la superficie. Bueno, eso no era enteramente verdad. Un guardián del portal estaba permitido a entrar para proteger los secretos de la ciudad subterránea. Pero ninguna de las ninfas eran guardianes; y ellos habían entrado de cualquier manera, parecía. Era ahora el más grande placer de Poseidón castigarlos.

“Así ¿Están diciéndome que vieron a los ninfos robar mujeres humanas de la superficie y traerlas a Mirotic?” él preguntó, su voz resonó a través del suelo del océano. La arena saltó, flotando alto en el agua; coral rosa y blanco vibró. Peces multicolores se lanzaron en todas direcciones, desesperados por escapar de sus inmediaciones.

Las dos sirenas ante él inclinaron sus cabezas. Ambas poseían cabello tan oscuro como la noche, y esos mechones se mezclaban, flotando alrededor de sus delicados hombros.

“Sí.” Tiffany dijo.

“Sí” Jessica agregó.

“¿A través del portal?” él insistió. Él golpeó el extremo de su tridente en la base de mármol sobre la que estaba de pie, agrietándola de un extremo a otro. Esto era lo más excitante que él había experimentado en eras.

“Sí.” Ambas mujeres dijeron otra vez, al unísono.

“Muy bien.” Los labios de Poseidón lentamente se levantaron mientras daba un paso desde el estrado, su blanca túnica bailó alrededor de sus tobillos. Desde donde él estaba parado, podía ver el enorme domo de cristal que abarca la ciudad maldita. Irradiaba rayos dorados, destellando como un montículo de brillantes.  Se llevó hasta ella, lejos un momento, enfrente al siguiente. Él no necesitaba portal o puerta para dejarle entrar a un mundo que él mismo había ayudado a crear. Él simplemente caminó a través del cristal como si no estuviera ahí.

Él todavía no quería que los ciudadanos supieran de su llegada, así que se mantuvo escondido en un manto de invisibilidad. Él respiraba profundamente del aire salado, puro. Cerró los ojos, disfrutaba. Sí, él le había dado la espalda a esta tierra y su gente hace mucho tiempo. Un error.

Cientos de años habían pasado desde la última vez que había entrado, y todo parecía muy tranquilo. Niños minotauros jugaban en charcos de lodo, centauros retozaban por la hierba espesa, húmeda. Vampiros, dragones, grifos, ciclopes, górgonas, harpías; todos estaban presentes.

Estas monstruosidades fueron los primeros intentos de los dioses en crear el Hombre. Pero ellos se habían desarrollado más poderosos que lo era destinado. Unos pocos de los dioses habían tenido pánico y los había maldito a vivir bajo el océano. Para Poseidón ellos habían sido abominaciones, feos, pero sin amenaza. Tal vez Poseidón y sus hermanos y hermanas inmortales debieron haber destruido los muchos de ellos hace un milenio, pero ellos habían pensado usar las criaturas para… ¿Qué? ¿Sexo? Algunas de las mujeres de Mirotic eran bonitas, ¿Por qué él no había sabido eso? ¿Por precaución? Los guerreros eran fuertes.

Él no podía recordar la respuesta correcta, aunque realmente no importaba más.

¿Cómo castigar a las ninfas? ¿Cómo castigar a los ninfos?... ondeando su tridente, se llevó a sí mismo al palacio donde YooChun, rey de las Ninfas, ahora residía, manteniendo la invisibilidad. Dentro de segundos se encontró en un cuarto ocupado por tres humanas mujeres. Ellas estaban discutiendo las varias posiciones en las cuales habían sido tomadas, las varias posiciones en las cuales querían ser tomadas, y cuán tristes estaban ahora que YooChun tenía una pareja y no les prestaba atención.

Lentamente Poseidón permitió a su forma aparecer, aunque tomó la forma de un ninfo guerrero. Cabello oscuro, vívidos ojos azules. Musculoso. Moreno. Cuando las mujeres lo vieron, ellas sonrieron, saltaron en sus pies y se apresuraron a él.

“¿Viniste a hacernos el amor?”

“¡Eres el más hermoso hombre que he visto jamás! Más hermoso que YooChun, incluso.”

“Silencio.” Él dijo, el sonido retumbo. Ahora no era tiempo para el placer. Después, pensó… “Siéntense.” Él señaló el montículo de cojines detrás de ellas.

Ellas se sentaron sin pregunta, sin comentario, mirándolo como si fuera una deliciosa bandeja de chocolate. Se puso a un lado de ellas y les permitió colgarse en sus piernas, acariciándolo como si fuera una apreciada mascota. Hmm… bueno. Muy bueno.

Las ninfas necesitaban sexo para sobrevivir. Ese era probablemente el por qué habían robado a las mujeres. Aunque, sus razones no importaban. La ley había sido creada, la ley debía ser obedecida. Para las Criaturas de Mirotic entrar al mundo de la superficie era para destruirlo, o así clamaba la profecía.

“Primero me dirán exactamente cómo llegaron a estar aquí.” Él dio. Escucharía la maldita verdad de primera mano. “Entonces me dirán todo lo que saben sobre los ninfos.”

Una de las mujeres besó su muslo. Otra besó su hombro. Él cerró sus ojos, un dichoso gemido deslizándose de él. Respuestas, mmrespuestas.


Aclaró su garganta. “Pueden decirme después.” Dijo, y empezó a besarlas de regreso. Ya su aventura en Mirotic estaba haciendo más por su aburrimiento que mil tormentas tropicales.

1 comentario:

  1. No puede ser... como siempre Tiffanny y su compincha de comunicativa... ok Ese Poseidon ha llegado para ponerle las peras a cuarto a mis niños. NO se valee. No me va a gustar que kiBum deje a ChangMin por SIWON. Changmin ha sido tan considerado con ella.

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