“ESTOY CONTENTO QUE REGRESASTE” SiWon dijo.
KiBum avanzó hacia su cama, ChangMin la había
escoltado aquí y ahora estaba parado en la puerta, detrás de ella, viendo y
guardándola. Ella lo había permitido antes y lo permitía ahora. Usualmente, sin
embargo, ella no podía aguantar a nadie detrás de ella. Así era como el ataque
había sucedido. Ethan había llegado a ella por detrás, sorprendiéndola, antes
volverla de un tirón y… ella cortó el pensamiento.
Habían estado juntos por un tiempo, pero el
temperamento de él había crecido más negro y más negro. Cuando ella había
tratado de terminar las cosas, él había golpeado. Ella debió haber muerto ese
día, tan mal lo hizo que la hirió. Tantas veces desde entonces, ella había
deseado morir.
Pero hoy, teniendo a alguien detrás de ella
–teniendo a ChangMin detrás de ella- no le asustaba. A ella le estaba llegando
a gustar ChangMin y su gentileza. A pesar de todo e incluso en tan poca
cantidad de tiempo, ella estaba comenzando a sentirse segura con él y se había
incluso imaginado a sí misma haciendo… cosas íntimas con él. Con él, se aseguró
a sí misma. No SiWon.
Anteriormente, cuando ella había estado encerrada
en esa habitación con las otras mujeres y ellas habían estado volviendo a
contar sus hazañas sensuales, lascivas imágenes la habían bombardeado. Ella no
había sido capaz de imaginar el rostro del hombre que la complacía en su mente,
pero había sabido que era ChangMin porque se había sentido protegida. Él la
hacía sentir de esa manera. SiWon… no lo hacía. La hacía sentir mareada y
adolorida y débil, completamente fuera de control.
En el pasado, ella probablemente hubiera dado la
bienvenida estas cosas. Sip, ella una vez había amado el sexo. Ella una vez
había amado a los hombres. Pero eso había cambiado. O así había creído.
Es ChangMin quien te enciende. Tiene que ser.
Excepto, ella había estado esperando por este momento todo el día, esperando
ver a SiWon, escuchar su voz y trazar sus manos sobre su cuerpo. Eso, ella no
podía negarlo y la asustaba. Él no era como ChangMin. Él no era bueno, y no era
gentil. Él era un duro, volátil jefe militar quien no tenía miedo de usar sus
puños. Todavía, incluso ahora, pensando sobre él hacía su corazón correr, y no
sólo con miedo.
Estúpida, se dijo a sí misma por milésima vez. Si
alguna vez ella se permitía ser íntima con un hombre otra vez, sería con alguien
como ChangMin.
Deja de pensar sobre sexo, Kim. Vuelve a
trabajar. Silenciosamente ella limpiaba
y re-vendaba las heridas de SiWon, contenta de ver que estaba sanando bien. Sin
signos de infección. Él estaba todavía demasiado débil para levantarse, pero su
fuerza regresaría. Él incluso tendría total uso de sus brazos y pierna, una vez
que el tejido reconectara.
Justo cuando ella estaba terminando, un nuevo
hombre entró a la habitación. Cargaba una larga amenazante espada; ella lo vio
desde el rabillo de su ojo e inmediatamente trató de saltar hacia ChangMin, el
único refugio seguro disponible, pero SiWon se prendió de su mano y la sostuvo
estrechamente. La acción la aterró; no sólo porque fue abrupta, si no además
porque incendió su sangre en una manera que no debería. Ella chillo e
instantáneamente fue liberada. Ella tropezó con sus pies, alejándose de todos
los hombres.
“Te necesitan en el comedor.” El intruso le dijo a
ChangMin.
ChangMin la miró, después SiWon, ignorando al
extraño. Él frunció el ceño fieramente. “¿Te hirió?” Le preguntó.
Ella frotaba su muñeca y sacudió su cabeza no.
“YooChun te ha convocado.” El extraño añadió impacientemente.
ChangMin le echo una irritada Mirada, entonces dio
un paso adelante y le dio al hombro de ella un apretón confortante. “Odio
dejarte, pero debo obedecer al rey. ¿Estarás bien sin mí?”
Él pánico estiró sus alas dentro de su pecho. Ella
no quería que vaya. Verdaderamente, él había llegado a ser su red de seguridad
en esta desconocida y salvaje tierra. Pero ella se forzó a asentir. Depender
tan desesperadamente de una persona era tonto.
“¿Te gustaría ir conmigo?” Él preguntó.
Otra vez, ella sacudió su cabeza no. Se quedaría.
Sería valiente. Y no permitiría a SiWon afectarla o asustarla. Más fácil
decirlo que hacerlo, Kim.
ChangMin dio a SiWon una breve pero oscura mirada,
gentilmente acarició la mejilla de KiBum, y entonces entró en el corredor,
siguiendo al mensajero. KiBum y SiWon estaban solos.
Tú puedes hacer esto. Tú puedes hacer esto. SiWon
está demasiado débil para hacerte nada. Lentamente se giró hacia él y regresó a
la cama. Ella era cuidadosa de no mirar los ojos de él, esos azules, azules
ojos que parecían cortar directo a su alma. Sus dedos temblaron mientras ella
terminaba de enredar la última venda.
“Yo Soy SiWon,” él dijo, rompiendo el silencio.
“Lo sé.” La voz de ella temblaba tanto como sus manos. “No debiste haber retado
al rey.”
Ella imaginaba las fosas nasales de él ardiendo en
furia. Sin embargo, siguió adelante. “Tonto. La fuerza radica en la compasión,
no en batallas.”
Por un momento el aire estuvo tan cargado que ella
creyó que él quería gritarle. Pero no lo hizo. Él cambió el tema, admitiendo a
regañadientes, “Pensé en ti anoche.” Mitad dolor, mitad acusación. “Y hoy. Parece
que no puedo sacarte de mi cabeza.”
Antes de que ella pudiera detenerlo, su mirada
brincó a la suya. Ella jadeó ante lo que vio. Deseo. Deseo al rojo vivo. Sus
manos se quedaron inmóviles, suspendidas sobre los muslos de él. Ella tenía una
sábana que cubría la cintura de él; para cubrir más el pudor de ella que el de
él. La sábana estaba más alta de lo que había estado hace un momento.
“Veo miedo en tus ojos.” Él dijo, todavía hablando
bajo, su voz acalorado. “Pero además veo interés.”
Ella mordió su labio y sacudió su cabeza. No
admitiría ningún tipo de interés. Eso solamente lo alentaría. Pero…
“Háblame, KiBum.” Él dijo. “Háblame de ti misma.”
Su tranquila súplica la sorprendió. Ella nunca
hubiera lo esperado de un jefe militar hambriento de poder. “¿Qué… te…
gustaría… saber?” su garganta estaba constreñida, haciéndole difícil para ella
hablar.
“Todo.” SiWon incline su cabeza y miró a KiBum más
intensamente. “Quiero saber todo sobre ti.” Ya él conocía su olor… violetas y
luz del sol que él había conocido tan brevemente en la superficie. Conocía su
voz… áspera y dura, provocando visiones de pasión y cuerpos desnudos.
Ahora, él quería conocer su pasado. Sus gustos.
Sus disgustos. Todas las cosas que la hacían KiBum, la mujer quien lo
obsesionaba más con cada segundo que pasaba. La fuerza yacía en la compasión,
ella había dicho. Él quería bufar ante eso, pero no pudo. No supo por qué.
“Comenzaremos con algo sencillo.” Él dijo. “¿Cuál
es tu color favorito?”
Ella miró hacia la puerta, como si se preguntara
qué debería hacer. Quedarse y hablar, o huir. “Azul.” Ella finalmente
respondió.
Si fuera su mujer, le daría todos los zafiros que
poseía. “¿Tienes familia?” ¿Una familia que ella extrañaba? ¿A la que deseaba
regresar?
Ella negó con su cabeza. “Muertos.”
Él no debió haber sentido alivio, pero lo hizo.
“¿Cómo murieron?”
“Un accidente de auto.”
¿Auto? Estaba intrigado por un “auto” que podía
matar a una familia entera, pero estaba más curioso sobre KiBum. “Lo siento por
tu pérdida, pequeña.”
Con rasgos oscurecidos, ella movió una mano en el
aire. Su mano estaba temblando, él lo notó. “Hace ya mucho tiempo.” Ella dijo
en esa voz quebrada.
Él quería tomar su mano y besarla, todo para
enjugar esas sombras, pero él terminó apretando las sábanas y manteniendo sus
manos en sus costados. “¿Te gusta este mundo? ¿Mirotic?”
Su mirada se alejó de él, sobre la pared detrás de
él. Ella negó con la cabeza.
“¿Por qué no?” Desilusión zumbaba en su sangre, él
había esperado que ella ya hubiera llegado a amarla como él lo hacía.
“Tenebrosa.” Ella admitió suavemente. Trazó con la
punta de sus dedos sobre la sábana. “¿Estás asustada de nosotros?”
Ella no dio respuesta. No movió un músculo.
“Yo nunca te heriría, KiBum.” Le dijo tan
gentilmente como su fiero timbre le permitiera. “Esto te lo prometo.”
Un escalofrío se extendió en ella. “Probablemente
no quieras, pero…”
“Nunca. Nunca.”
“¿Qué le estás diciendo, SiWon?” ChangMin demandó
mientras regresaba a la habitación. “No tienes ningún derecho a usar ese tono
con ella.”
KiBum brincó en sus pies, mirando entre ellos con
miedo en sus ojos.
“Cuida tu tono, chico.” SiWon espetó. “Estás
asustándola.”
Los rasgos de ChangMin instantáneamente se
suavizaron. “Lo siento.” Le dijo. “Fui llamado para buscar naranjas, pero estoy
aquí ahora. No estoy molesto, lo prometo.”
KiBum miró entre los dos hombres, un poquito…
excitada e insegura quién –o qué- estaba causando esa excitación. Estaban
tratando de calmarla y estaba funcionando. ¡Estaba funcionando! Ella estaba
realmente parada entre dos hombres que se despreciaban mutuamente, dos hombres
quienes podían atacar y matar en cualquier momento, y su miedo se estaba
disipando.
¿Cómo están haciéndome esto? Ella pensó, aturdida.
Incluso más impactante, mientras el miedo la
dejaba, algo más tomaba su lugar: deseo. Al rojo vivo, consumiente. Una imagen
de cuerpos tensos, desnudos súbitamente llenó su mente. Una vez más, no podía
ver el rostro del hombre, pero la imagen era tan vívida que incluso escuchó los
gemidos de placer de la pareja. Sus pezones se irguieron; humedad se acumuló
entre sus piernas.
SiWon mostró sus dientes y siseó en una
respiración. ¿En furia? “Estás excitada. Puedo olerlo en ti.”
Sus mejillas ardían como un flameante infierno.
“Yo puedo también.” ChangMin dijo con voz
quebrada. “KiBum…”
Ella lo escuchó dar un paso hacia ella, escuchó el
aporreo de su bota. Otra vez no había miedo dentro de ella. ¿Qué está mal
conmigo? ¿Qué está pasándome? Esta no eracomo ella, no por completo.
SiWon se sentó, y ChangMin continuaba avanzando.
“Estás en necesidad de un hombre, KiBum.” SiWon
dijo, sin mostrar piedad a su vergüenza. “Pero tienes miedo de tu deseo, ¿Sí?
Debes estar, para resistir.”
“Sí.” ChangMin respondió por ella. “Ella está.”
“¿Has estado con un hombre?” SiWon le preguntó.
Sin aliento, ella asintió.
“¿Te gustó?” ChangMin.
Otro asentimiento. Ella debía detener esta línea
de preguntas, pero una parte de ella estaba extrañamente aliviada que tenerla
al descubierto.
“El hombre quien te hirió y dañó tu voz,” SiWon
persistió. “¿Te hizo tener miedo del sexo?” Ella dudó por un largo rato,
finalmente optando por la verdad. “Sí.”
Ambos hombres gruñeron bajo en sus gargantas, como
si quisieran matar al hombre con sus propias manos. Todavía el miedo no
regresaba. “Entiendo ahora.” ChangMin dijo. “Una vez que una mujer ha sido
forzada no es la misma.”
“Sí,” SiWon dijo. “Yo también entiendo.” Su voz
sonaba alejada, un poco débil.
“¿SiWon?” Ella dijo, de repente preocupada por él,
haciéndola olvidar todo lo demás.
Él cayó de nuevo en la cama, y su cabeza colgaba
sobre la almohada, su piel drenada de color.
Ella se apresuró a él. “¿Estás bien?”
“Mareado. Débil.” Él admitió en un furioso
gruñido. “No debí haberme sentado.”
Ella podía decir que la falta de fuerza hacía más
que enfurecerlo; lo enervaba. Por tanto un peleador como él era, probablemente
estaba acostumbrado al control absoluto. ¿No le había dicho al rey, YooChun,
que lo respetaba y le gustaba, pero que sólo no quería recibir órdenes más?”
Finalmente pedacitos de su miedo regresaron.
Control. Algo que ella valoraba, también. Ella no podía renunciarse, no importa
cuán excitada ella llegue a estar. Y darse ella misma a cualquiera de estos
hombres era rendir su precioso control. ¿Cómo podía haberlo olvidado, incluso
por un segundo?
Frunciendo el ceño, ella se movió hacia la puerta.
Dándose cuenta que ella quería irse, SiWon
pronunció un abrupto. “Quédate.”
Había una total orden en su voz. Oh, sí, él
esperaba absoluta obediencia. Sacudiendo su cabeza, ella retrocedió otro paso.
Sus estaban antinaturalmente abiertos, ella había que ellos estaban.
“KiBum,” él dijo. Trató de sentarse otra vez, pero
no tenía la fuerza esta vez. “No siempre seré tan débil.” Había una advertencia
en su tono.
Ella maniobró alrededor de ChangMin, su mirada
otra vez lanzándose entre los dos hombres. Ellos eran tan hermosos que casi
dolía mirarlos. Y ellos estaban ofreciendo todo lo que una vez había deseado
para sí misma; amor, pasión, compañerismo.
Ese sueño está muerto ¿Recuerdas? Es más seguro de esa manera.
Pero una ola de anhelo apartado la atravesó. Por
un momento deseó que uno de los hombres pudiera alcanzarla. Tocarla… besarla…
deslizarse dentro de ella, hundiéndose, deslizándose eróticamente. No, no uno
de los hombres. ChangMin, se dijo a sí misma. Pero no eran los ojos verdes los
que súbitamente había visto en su mente, sobre de ella, mirando hacia abajo a
ella. Los ojos del hombre eran azules. Ella pasó una mano sobre sus propios
ojos, para bloquear la imagen.
¿Cómo podía un hombre como SiWon excitarla así
cuando ningún hombre había sido capaz de hacerlo por muchos años?
“No voy a herirte.” ChangMin dijo. Él levantó sus
manos, todo inocencia.
“Ven a mí, KiBum.” SiWon entonó.
“No.” Le dijo a ChangMin y SiWon rió. “No.” Le
dijo a SiWon, borrando su petulancia. Mejor estar sin ambos.
“Quiero conocerte.” ChangMin dijo. Su voz era
gentil. “Te mantendré a salvo. No dejaré que nadie más te hiera.”
“No dejes que tu necesidad de seguridad destruya
tu amor por la vida. Puedo enseñarte a conquistar tu miedo y finalmente vivir
otra vez.” SiWon le dijo. ChangMin encaró a SiWon y los dos se enfrentaron.
“Puedo enseñarte a conquistar tu miedo también”
“Tal vez. Pero nunca la harás verdaderamente
feliz.” SiWon espetó.
Tal vez ninguno de ellos podía, y el conocimiento
la llenó con una afilada sensación de desilusión. Porque con el regreso de su
ira, SiWon le había recordado de exactamente por qué nunca se permitiría estar
con él. Si alguna vez dirigía esa ira a ella, la mataría. Control, se recordó a
sí misma.
Por un momento, ese precioso momento cuando el
miedo se había desvanecido, ella había pensado realmente vivir otra vez. Ahora…
sabiendo que tal cosa era imposible, ella salió corriendo de la habitación
antes de que hiciera algo estúpido. Como llorar.
~°~°~°~°~
CHANGMIN NO LA SIGUIÓ, pero permaneció en la
habitación. Por un largo rato, él y SiWon no hablaron.
“Yo la quiero.” SiWon admitió suavemente.
Las manos de ChangMin se apretaron en puños. Élsabía
eso, pero escuchando las palabras… “Yo la quiero, también, y ella es mi mujer.
¿Quién crees que la tendrá?”
“Te retaré por ella.” SiWon rechinó los dientes.
“No aceptado. Ella me miró con deseo, y encontré
que necesito ver esa mirada otra vez.”
“Ese deseo era por mí, niño. Por mí. Cualquier
cosa que viste era meramente un reflejo de eso.”
ChangMin frunció el ceño. Sí, ella había mirado a
SiWon con deseo. Más deseo del que una mujer había proyectado alguna vez en él,
y el conocimiento no se conformó así. Pero ella lo había querido, también. Él
podía jurar eso. Frustrado, arrojó sus brazos al aire. “¿Dónde nos deja?”
“Dámela.”
“No.”
SiWon acarició su barbilla con dos dedos. “No me
rendiré. La perseguiré.”
“¿Es eso una amenaza?”
“Solamente una advertencia. Yo la quiero, y haré
todo lo que esté en mi poder para ganarla.”
ChangMin casi desenvainó su espada, su ira era muy
grande. Se sentía protector de KiBum, quería que fuera feliz, y no podía
soportar pensar en una criatura tan delicada con este guerrero hambriento de
poder. “Si la asustas, te mataré. ¿Me entiendes? Te mataré.”
Una oscura nube descendió sobre la cara de SiWon.
“Nunca la asustaré.”
“¡Já! La asustaste con tu vigor. Eso es por qué
ella corrió.”
“No trates y pretendas que conoces sus razones, no
pretendas que sabes lo que ella necesita. La asustaste tan gravemente o ella se
habría entregado a sí misma a ti ahora.”
“Tal vez lo hará. Esta noche.” ChangMin se burló.
Furia ardía en los ojos de SiWon. “No. Ella no se
entregará a ti. Lo sé, porque nunca la entenderás de la manera en que lo hago.”
“¿Tú? ¿Cómo crees entenderla?”ChangMin dijo con
los dientes apretados.
“Que tengas que preguntar, prueba mi punto.” SiWon
cerró sus ojos, trayendo la inocente cara de KiBum a primer plano en su mente. Alguien
la había herido durante el sexo; el que la hirió sentirá el final de su espada
un día pronto. Si él tuviera que viajar a la superficie y cazar al bastardo, lo
haría.
Él apostaría su vida en el hecho de que KiBum
había sido una mujer de pasión y vitalidad una vez. Había un destello en sus
ojos que no podía esconder. Muy dentro, no importa cuán fuertes sus miedos,
ella tenía que implorar por ese tipo de vida otra vez.
Él podía ganarla de ChangMin, sabía que podía.
Ella lo había mirado con pasión sin diluir, él sabía que ella no sería feliz
con nadie más. Cuando había mirado a ChangMin, ahí no había sido pasión. Deseo,
sí, pero no había sido sexual. Había sido… temeroso, como un niño a veces mira
a su madre, por protección.
Los cual significaba que de verdad, la había
asustado. Lo cual también significaba que no podía reclamarla hasta que hubiera
conquistado sus miedos. Por siempre.
Y lo haría. Lo que fuera necesario.
Más que él necesitaba su propia satisfacción, él
quería la de ella. La fuerza yace en la compasión. Otra vez sus palabras se
reproducían en su mente. Compasión… algo que ella valoraba.
Ella necesitaba algo especial para su primera vez.
Oh, él sabía que ella no era virgen. Ella había dicho tanto. Después de su
tortura – porque eso había sido- ella se había cortado de los hombres. Así que
su próxima vez sería como su primera vez. Ella se había cortado de deseos y de
las más dulces intimidades. Ella necesitaba una avalancha de ambos para sacarla
de esa seria existencia. Compasión.
Una vez que él estuviera curado… no sería
detenido.
“La tendré, ChangMin.” Él dijo. “Soy yo el que
siempre implorará en su cama.”
Un músculo palpitó en la quijada de ChangMin.
“Estás mal. Ella necesita seguridad. Para ella, yo soy seguro. No tú. Y te lo
probaré.”
~°~°~°~°~
POSEIDON TARAREÓ
con la intensidad de su entusiasmo. Olas giraban y se estrellaban contra
él, belleza azul zafiro letal para simples mortales. Él probó la sal en su
boca, la olía en su nariz, su familiaridad incrementaba su placer.
Ninguna criatura de Mirotic estaba permitida a
entrar a la superficie. Bueno, eso no era enteramente verdad. Un guardián del
portal estaba permitido a entrar para proteger los secretos de la ciudad
subterránea. Pero ninguna de las ninfas eran guardianes; y ellos habían entrado
de cualquier manera, parecía. Era ahora el más grande placer de Poseidón
castigarlos.
“Así ¿Están diciéndome que vieron a los ninfos
robar mujeres humanas de la superficie y traerlas a Mirotic?” él preguntó, su
voz resonó a través del suelo del océano. La arena saltó, flotando alto en el
agua; coral rosa y blanco vibró. Peces multicolores se lanzaron en todas
direcciones, desesperados por escapar de sus inmediaciones.
Las dos sirenas ante él inclinaron sus cabezas.
Ambas poseían cabello tan oscuro como la noche, y esos mechones se mezclaban,
flotando alrededor de sus delicados hombros.
“Sí.” Tiffany dijo.
“Sí” Jessica agregó.
“¿A través del portal?” él insistió. Él golpeó el
extremo de su tridente en la base de mármol sobre la que estaba de pie, agrietándola
de un extremo a otro. Esto era lo más excitante que él había experimentado en
eras.
“Sí.” Ambas mujeres dijeron otra vez, al unísono.
“Muy bien.” Los labios de Poseidón lentamente se
levantaron mientras daba un paso desde el estrado, su blanca túnica bailó
alrededor de sus tobillos. Desde donde él estaba parado, podía ver el enorme
domo de cristal que abarca la ciudad maldita. Irradiaba rayos dorados,
destellando como un montículo de brillantes.
Se llevó hasta ella, lejos un momento, enfrente al siguiente. Él no
necesitaba portal o puerta para dejarle entrar a un mundo que él mismo había
ayudado a crear. Él simplemente caminó a través del cristal como si no
estuviera ahí.
Él todavía no quería que los ciudadanos supieran
de su llegada, así que se mantuvo escondido en un manto de invisibilidad. Él
respiraba profundamente del aire salado, puro. Cerró los ojos, disfrutaba. Sí,
él le había dado la espalda a esta tierra y su gente hace mucho tiempo. Un
error.
Cientos de años habían pasado desde la última vez que
había entrado, y todo parecía muy tranquilo. Niños minotauros jugaban en
charcos de lodo, centauros retozaban por la hierba espesa, húmeda. Vampiros,
dragones, grifos, ciclopes, górgonas, harpías; todos estaban presentes.
Estas monstruosidades fueron los primeros intentos
de los dioses en crear el Hombre. Pero ellos se habían desarrollado más
poderosos que lo era destinado. Unos pocos de los dioses habían tenido pánico y
los había maldito a vivir bajo el océano. Para Poseidón ellos habían sido
abominaciones, feos, pero sin amenaza. Tal vez Poseidón y sus hermanos y
hermanas inmortales debieron haber destruido los muchos de ellos hace un
milenio, pero ellos habían pensado usar las criaturas para… ¿Qué? ¿Sexo?
Algunas de las mujeres de Mirotic eran bonitas, ¿Por qué él no había sabido
eso? ¿Por precaución? Los guerreros eran fuertes.
Él no podía recordar la respuesta correcta, aunque
realmente no importaba más.
¿Cómo castigar a las ninfas? ¿Cómo castigar a los
ninfos?... ondeando su tridente, se llevó a sí mismo al palacio donde YooChun,
rey de las Ninfas, ahora residía, manteniendo la invisibilidad. Dentro de
segundos se encontró en un cuarto ocupado por tres humanas mujeres. Ellas
estaban discutiendo las varias posiciones en las cuales habían sido tomadas,
las varias posiciones en las cuales querían ser tomadas, y cuán tristes estaban
ahora que YooChun tenía una pareja y no les prestaba atención.
Lentamente Poseidón permitió a su forma aparecer,
aunque tomó la forma de un ninfo guerrero. Cabello oscuro, vívidos ojos azules.
Musculoso. Moreno. Cuando las mujeres lo vieron, ellas sonrieron, saltaron en
sus pies y se apresuraron a él.
“¿Viniste a hacernos el amor?”
“¡Eres el más hermoso hombre que he visto jamás!
Más hermoso que YooChun, incluso.”
“Silencio.” Él dijo, el sonido retumbo. Ahora no
era tiempo para el placer. Después, pensó… “Siéntense.” Él señaló el montículo
de cojines detrás de ellas.
Ellas se sentaron sin pregunta, sin comentario,
mirándolo como si fuera una deliciosa bandeja de chocolate. Se puso a un lado
de ellas y les permitió colgarse en sus piernas, acariciándolo como si fuera
una apreciada mascota. Hmm… bueno. Muy bueno.
Las ninfas necesitaban sexo para sobrevivir. Ese
era probablemente el por qué habían robado a las mujeres. Aunque, sus razones
no importaban. La ley había sido creada, la ley debía ser obedecida. Para las
Criaturas de Mirotic entrar al mundo de la superficie era para destruirlo, o
así clamaba la profecía.
“Primero me dirán exactamente cómo llegaron a
estar aquí.” Él dio. Escucharía la maldita verdad de primera mano. “Entonces me
dirán todo lo que saben sobre los ninfos.”
Una de las mujeres besó su muslo. Otra besó su
hombro. Él cerró sus ojos, un dichoso gemido deslizándose de él. Respuestas,
mmrespuestas.
Aclaró su garganta. “Pueden decirme después.”
Dijo, y empezó a besarlas de regreso. Ya su aventura en Mirotic estaba haciendo
más por su aburrimiento que mil tormentas tropicales.
No puede ser... como siempre Tiffanny y su compincha de comunicativa... ok Ese Poseidon ha llegado para ponerle las peras a cuarto a mis niños. NO se valee. No me va a gustar que kiBum deje a ChangMin por SIWON. Changmin ha sido tan considerado con ella.
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