Capítulo
19.
YOOCHUN
ESCOLTÓ A KIBUM a ChangMin sin una palabra. El guerrero la aceptó con un ceño
fruncido y un murmullo, “Gracias, gran rey,” y entonces salieron. JunSu nunca había
estado tan nerviosa. Esta era la primera vez que YooChun había proyectado tal
desolada furia en su dirección.
Y
todavía ella estaba extrañamente aliviada que había fallado al escapar.
“Regresen
a sus deberes.” YooChun gruñó a los soldados viendo en el corredor.
Sus
hombres saltaron a la acción, mirando a cualquier lado excepto a su forma
desnuda. Mirando a cualquier lado, excepto a JunSu quien estaba acarreada sin
contemplaciones sobre su hombro. “Yoo…”
“No
hables.” Le espetó.
“YooChun,”
ella persistió. “Te dije que intentaría escapar. No puedes decir que no te
advertí. Al menos no te mentí. Siempre seremos honestos el uno con el otro,
¿Recuerdas?”
“Te
di lo que querías, JunSu. No te presioné para hacer el amor, y todavía corriste
de mí.” YooChun todavía no podía creer su atrevimiento. Él caminó a su
habitación y la arrojó en la cama. Ella jadeó. Él se quedó parado en su lugar,
mirándola. Ella no trató de correr otra vez, sólo lo miraba con cautela.
Ligera
como ella era, cargarla no debía haberlo afectado. Pero estaba jadeando. Sus
brazos cayeron a sus lados, y él se dio cuenta cuán rápido estaba perdiendo
fuerza.
Necesitaba
sexo.
Necesitaba
a JunSu.
Él
la había sentido mirarlo durante su baño. Había olido su deseo por él. Había
pensado que la victoria estaba a su alcance. Y entonces ella huyó. ¡Corrió!
¿Era el pensamiento de darle la bienvenida en su cuerpo tan abominable para
ella?
“El
momento ha llegado.” Él dijo oscuramente.
Ella
se revolvió hasta el extremo de la cama, como si el hechizo de inmovilidad bajo
el que había estado hubiera levantado con sus palabras. Él continuó mirándola.
La camiseta extra grande se abría revelando suculentos indicios de sus pechos.
“Hablemos
de esto.” Ella dijo nerviosamente.
“Trataste
de escapar de mí. El tiempo para conversar se terminó.”
“Las
parejas siempre deben hacer tiempo para charlar.”
Elevó
una ceja. “¿Somos una pareja ahora?”
Ella
mantuvo su mirada en su pecho, no atreviéndose a mirar hacia abajo, donde
estaba abultado y listo. Vio un estremecimiento atravesarla. ¿De miedo? ¿De
deseo? Algo dentro de él dio un vuelco. Suspiró pesadamente. ¿Ella siempre le
ataría en nudos? Lo intentó con un enfoque diferente.
“Luces
tan Hermosa en mi cama, Luna, con tu cabello cubriendo tus hombros, tus piernas
estiradas enfrente de ti. Pero…”
“¿Pero?”
ella pronunció frunciendo el ceño. “Pero lucirás incluso mejor sobre de mí.” Él
dejó sus rodillas caer en el colchón, seguidas por sus manos. Lentamente se
arrastró hacia adelante.
Con
ojos abiertos, ella trató de deslizarse hacia atrás aún más lejos. La pared
bloqueaba cualquier escape. “¡Alto!” Ella dijo. Sonaba sin aliento. Ansiosa.
“¡Sólo para!”
“Sientes
la conexión entre nosotros, sí que lo haces.”
Sus
dientes se aprietan, y un destello de algo oscuro se asentó en su expresión.
“¿Y qué si lo hago?” Ella espetó. “Eso no significa que quiero dormir contigo.”
“Inocente
rayo de luna, ninguno de nosotros
dormirá.” Su mirada la barrió, y él súbitamente deseó poseer el fuego de los dragones
así podría quemar su ropa. “Sé que nunca has estado con un hombre, pero ¿Alguna
vez has participado en el juego de amor?”
Terca
como siempre, ella presionó sus labios. “Eso no es de tu incumbencia.”
“No
huelo ningún hombre en ti, ni siquiera el menor rastro.”
“Yo…
te mentí anteriormente, okay.” Ella estudiaba sus uñas, bostezando con
exageración. “He estado con muchos hombres. Miles.”
Él
se detuvo, sus manos a en cualquiera de los lados de sus rodillas. Que no
intentó patearlo estaba diciendo más de lo que probablemente ella sabía. Alguna
parte de ella lo deseaba.
Sin
tocar hizo eco a través de su mente. Su pareja estaba sin tocar por ningún
hombre. Él sería su primero. Su único. Sería cuidadoso con ella. “Me gusta que
seas virgen, Luna.”
Ella
sacudió una pelusa de su camisa. “no me gusta el hecho de que eres un
prostituto, YooChun.”
“Lamento
que no llego a ti puro.” Los ninfos nunca se guardaban para sus parejas; ellos
eran demasiado sexuales, sus necesidades demasiado grandes. Pero ahora él deseaba
a los dioses que hubiera esperado por ella. “Tal vez todas las otras mujeres
eran solamente práctica hasta el día que te conocí.”
Ella
tragó saliva, mordió su labio. Sus pezones endurecieron debajo de la camiseta,
y ella no podía pretender más aburrimiento. “Esa es, creo, la línea más cursi
que he oído.”
“Es
verdad, sin embargo.” Su sangre se calentaba hasta crepitar dentro de sus
venas. Posesividad y orgullo lo tomaron por asalto tan seguramente como su
ejército tomaba por asalto castillos. Ningún hombre se escabulló la fría
fachada de esta mujer para descubrir la pasión debajo de ella, pero él estaba
cerca. Tan cerca de la victoria. Le daré tanto placer que gritará con ello.
Él
se arrastró el resto del camino hasta su cuerpo, poniéndolos nariz a nariz.
“¿Estoy en lo correcto? ¿Es por eso que te has negado a mí? ¿Por qué te lo has
negado a ti misma?” Él preguntó poniendo los más suaves besos en su exuberante
boca. “¿Porque no has conocido un hombre?”
Su
boca se separó en un jadeo; tal vez un suspiro. “No… no te engañes a ti mismo.”
Ella corrió su lengua sobre sus labios. “No quiero ser parte de ti. Eso es por
qué me niego a ti.” Otra vez ella sonó sin aliento, necesitada.
“Creo
que quieres cada parte de mí.”
“Estás
delirando.”
“O
tal vez soy más perceptivo que tú estás cómoda con ello.”
Los
ojos de ella se cerraron, escondiendo la emoción depositada en sus
profundidades. “¿Vamos a hablar todo el día o vamos a acabar con esta rutina de
seducción?”… Mientras ella pronunciaba estas últimas palabras, él levantó la
mano y palmeó la plenitud de sus pechos. Los ojos de ella se cerraron, sus
caderas se arquearon ligeramente. Una mirada de divino placer cubrió su
expresión.
“Podemos
terminarlo.” Él dijo. “¿Pero estás segura que quieres que termine rápidamente?”
“Yo…
no sé.” Ella suspiró.
“Dime
que te deje ahora mismo, y lo haré. Dime.”
Ella
abrió su boca, pero no dijo nada.
“Dime
que te deje, JunSu, no te forzaré. Me alejaré de ti.”
Otra
vez sin una palabra. Satisfacción lo atravesó. Él apretó sus pezones con la
punta de sus dedos. “¿Me odias cuando hago esto?”
Un
gemido se estremeció en sus labios. “Se siente… se siente terrible.”
Dioses,
él amaba ver sus mejillas rosadas por la excitación. “Sólo imagina cuánto mucho
peor se sentirá cuando succione este duro bocadillo dentro de mi boca”
Ella
se quejó, un sonido tan cargado de necesidad que él respondió en un primitivo
nivel, sus músculos tensándose, sus huesos vibrando. Cuando quitó su mano
–solamente por los más elementales segundos—su quejido se convirtió en un
gruñido. Deslizó sus dedos debajo de la camiseta de ella, deslizándolos sobre
la suave piel de su estómago, seguramente la más suave, más dulce carne que él
hubiera encontrado nunca.
Sus
rasgos se nublaron con éxtasis, y ella tembló.
“¿Esto
te hace estremecer en repulsión?” él preguntó, tenso. Las puntas de sus dedos
frotaban la parte debajo de sus pechos.
“Completamente.”
Ella jadeó.
“Yo
también. Oh, yo también. Mira, estoy temblando con la fuerza de mi disgusto.”
“Es
la… peor cosa… jamás,” Ella dijo, jadeando, debo hacerlo detenerse, JunSu
pensó. Debo hacerlo parar… en sólo… un ratito más. Sus dedos estaban al rojo
vivo, abrasadores y todo donde tocaban, un fuego se encendía debajo de la
superficie de su piel. Él se hundió más profundamente en ella, haciéndola
jadear.
El
cuerpo de él era como un cable vivo, ella se dio cuenta, y entonces su mente
quedó en blanco, consumida únicamente con placer mientras las manos de él se
acercaban a su pecho desnudo. Instintivamente ella separó las piernas, una
silenciosa invitación para él, para que se fije en ella por completo.
Él
no aceptó. De hecho, se levantó ligeramente.
Ella
casi lo maldijo.
Con
su otra mano, subió el dobladillo de su camiseta. “Si te cubro, te tomaré.” Él
explicó. “Necesito verte primero.”
“Sí,”
Ella dijo, preguntándose quien era esta apasionada criatura. No JunSu,
seguramente. Ella no estaba preocupada con nada de sus pasados, estaba
preocupada con qué pasaría una vez que el amor haya finalizado mientras
levantaba sus caderas para hacerlo más fácil para él. Su desnuda erección se
frotó contra ella. Absoluto placer. Total sensación.
Él
siseó en un suspiro, y ella hizo lo mismo. A pesar de la ropa que ella todavía
usaba, se sentía como si estuviera tocando su esencia. “Mmm, sí.” Ella dijo.
“Me gusta. No, odio. Lo odio.”
El
estómago de ella se tensó, tembló. Incapaz de detenerse a sí misma, lo hizo de
nuevo, a propósito esta vez, y se
acarició a sí misma contra su polla. YooChun siseó en otro suspiro. Tiró de la
camisa de ella por sobre su cabeza, liberando sus pechos para su mirada. “Tengo
que probarlos. Tengo que tener estas dulces cuentitas en mi boca.”
JunSu
no podía dejar que las cosas vayan más allá, pero la curiosidad estaba teniendo lo mejor de ella. Al menos
estaba llamando curiosidad al inextinguible deseo de sentirlo deslizándose y
bombear y oprimir dentro de ella. Para saber y entender cómo la gente se
convirtió en esclavos de sus emociones sobre este único acto.
YooChun
cerró sus dedos sobre su muñeca. “¿Qué estás pensando?”
“Pasión.”
Ella admitió. “Sexo.”
“Mírame.”
Ella
no pensó en desobedecer. Su mirada subió a él, y ella se quedó quieta,
asombrada por lo que vio. Él estaba embebido en la vista de sus pechos, como si
fueran las más hermosas cosas que él nunca hubiera sostenido. Como si la piel
demasiado pálida de ella y sus pechos de tamaño promedio encabezaran su lista
de navidad.
“Estoy
pensando que nunca he visto una más maravillosa vista. Tu hermosura me
cautiva.” Él dijo, su tono reverente.
“pero
has estado con mil mujeres.” Ella le recordó suavemente. “Mil veces más
hermosas que yo.”
“ninguna
más hermosa que tú, amor.”
“Yo
soy nada.” Ella insistió. “Yo soy…”
“Todo.”
Una de las manos de él tomó la quijada de ella, y su pulgar acaricio el lado de
su cara. Él la forzó a mirarlo, a verlo. “Te lo dije. Eres todo para mí.”
Era
demasiado asombroso para creer y todavía era todo lo que ella hubiera querido
escuchar siempre. La gente sólo no decía cosas como esa a ella. Las lágrimas
picaron sus ojos y ella las apartó. Siempre se había enorgullecido de su
independencia, de su falta de necesidad por la aprobación de otros. Pero hasta
este momento, ella no se había dado cuenta cuán increíble la aprobación podía
realmente ser. Cuán poderosa podía hacerla sentir.
Tengo
que ser fría, se recordó a sí misma; ¿Cuántas veces sería forzada a emitir el
recodarse a sí misma? Tengo que ser cruel. Pero mientras su mirada se deslizaba
en YooChun, ella no podía forzarse a reprenderlo.
Estaba
listo sobre de ella, su grande, duro cuerpo iluminado por un destello dorado de
luz. Músculos agrupados, fuerza y excitación exudaban de él en deliciosas olas.
Su estómago estaba desgarrado y duro. Su pene estirado hacia su centro, tan
grueso, tan duro, alcanzándola. El peso de los testículos estaba rodeado por
una rociada de cabello dorado.
La
vista de él, este dios de belleza y sexo, la hacía quedar sin aliento. “Tú…”
ella aclaró su garganta. “Note miras mal tampoco.” Ella dijo. Ella nunca le
había dado un cumplido a un hombre antes; ella siempre los alejaba de su vida
tan rápido como ellos entraban.
Los
labios de él se crisparon. “Estoy contento que no me
encuentres feo, tú eres todo lo que necesitaba.”
Pulgada
por agonizante pulgada, él bajó su cabeza. Un jadeo de anticipación atrapado en
su tráquea. La boca de él cerrada sobre su pezón, rodeándola con húmedo calor.
Cuando su lengua se echó hacia atrás y hacia adelante contra el perlado brote,
la mano de ella se enredó en su cabello, sosteniendo su cabeza en su lugar. Él
amasó su otro pecho con su mano, y la doble sensación hizo sus caderas
retorcerse.
“¿No
te prometí que lo sentirías terrible?”
“Horrible,
solo horrible. No pares.” Espera. Ella había querido decirle que pare. Las
cosas se están saliendo de control.
“Me
haces sentir afiebrado, como si mi vida entera dependiera de ti.” Él succionó
fuerte, y ella gruñó del placer/dolor de ello, entonces, entonces lamió la
magulladura y ella gimió ante la embriagante felicidad. “Cuando un ninfo hace
el amor, llega a estar completamente absorto en el acto, feroz y bestial. Nada
más importa, excepto su mujer.” Lo necesita de la forma en la que él parece
necesitarla, ella pensó, anhelando, y algo se rompió dentro de ella. Algo se
desmoronó. ¿Los últimos vestigios de su resistencia? ¿Miedo? ¿Duda? Súbitamente
se habían ido, remplazados por una necesidad de conocerle, todo de él. En ese
momento él llegó a ser más importante para ella que respirar.
Gruñendo,
ella enredó sus piernas alrededor de la cintura de él, cerrando sus tobillos y
arrastrándolo encima de ella- todo su peso; maravilloso. Ella saboreó, se
deleitó en la exquisita presión de él. Disfrutaba de su primera verdadera
prueba de rendición. No más negar sus necesidades, no más ignorando sus
secretos deseos.
“¿JunSu?”
Él dijo con su ronca voz- cerró sus ojos en dulce rendición, con expresión
extasiada, sorprendido, asombrado.
“YooChun.”
Él
mordisqueó su clavícula, lamió arriba y abajo su cuello. Su mano trabajaba en
la cintura de sus pantalones. Sus dedos se deslizaron pasándolos, bajo su ropa
interior, y a través de su fino mechón de vello púbico.
Ella
casi gritaba mientras arqueaba sus caderas para urgirlo más allá.
“Muchas
mujeres creen que este es el lugar más receptivo de placer en sus cuerpos.” Sus
dedos apretaron su clítoris ligeramente. Él estaba sudando, tratando de ir
lentamente cuando ella lo quería rápido.
Con
un toque, ella casi alcanzaba las puertas del paraíso. Tan cerca del clímax…
tan cerca… “Ellas tendrían razón.” Se las arregló para decir en un jadeo.
“No,
ellas estaban mal.” Él deslizó un dedo entre sus pliegues húmedos y dentro de
su mismo calor. “Pequeño,” Él dijo, tenso. “Estrecho. Maravilloso.”
¿Había
creído que se había acercado al paraíso antes? Ni siquiera cerca. Sus paredes
femeninas se fijaron alrededor de él, manteniéndolo cautivo. Adentro y afuera
él se movió. Lentamente. Pura tortura. Ella abría la boca, y se quedaba sin
aliento y jadeaba.
“Algunas
mujeres creen que este ritmo es la causa de su deseo.”
“¿Están…
mal también?” Infiernos, ella estaba ardiendo. Sus células viajaban por su
torrente sanguíneo a toda velocidad, abrasando todo en su camino.
“Oh,
sí. Están mal.”
Él
continuaba deslizando esos dedos dentro de ella, y su estómago se enroscaba,
tensaba; los músculos de sus piernas temblaban alrededor de él. El orgasmo se
tambaleaba en el dulce apunto de llegar. “YooChun.” Ella suplicó.
“Oh,
cómo me gusta mi nombre en tus labios.” Su pulgar frotó su clítoris.
Su
cabeza golpeaba de lado a lado. Ella se quemaba, tan ardiente, acercándose a la
explosión. “Muéstrame,el lugar más receptivo en el cuerpo de una mujer.” Ella
tenía que llegar. Tenía que… moriría… Pronto…
“Por
un beso,” él dijo, esperando negociar incluso ahora. “Te daré el mundo por un
simple beso.”
Sin
vacilación, ella enredó sus labios en los de él. El momento en que su lengua
colisionó con la suya, su sabor llenó su boca. Las exquisitas sensaciones entre
sus piernas se intensificaron. Ella liberó sus tobillos, dejando sus rodillas
caer separadas, y sobre la cama, extendiéndose de par en par para lo que sea
que él pudiera hacer.
Perdida
en pasión, esa era JunSu. Ella estaba exactamente lo que había temido, una
esclava de ello, desesperada por ello. Pero no le importaba. El beso era duro y
caliente, y únicamente llegó a ser más duro y más caliente. Lenguas batallaban,
dientes se enfrentaban. Los dedos de YooChun continuaban bombeándola, tan
frenético e insaciable como el beso.
Pero
entonces, de repente, él se detuvo. Detuvo el beso, detuvo el movimiento de sus
dedos. El cuerpo de ella palpitaba, y un sollozo casi explotó de sus labios.
“¿Qué
estás haciendo?” Ella gimió. Enredó sus manos en el cabello de él y trató de forzar
su boca de regreso a la suya. Finalmente se permitía a sí misma disfrutar de un
hombre, ¿Y él se detenía?
“Ahora
te mostraré dónde eres más sensible, dónde estarás al punto del clímax cada vez
que te toque.”
Hmm.
Sí. “Apúrate.”
Sudor
continuaba goteando desde sus sienes. Las líneas de tensión alrededor de sus
ojos se habían profundizado, marcando sus rasgos. Él también necesitaba alivio,
ella se dio cuenta. ¿Le dolía con la misma inextinguible ferocidad como a ella
le hacía? ¿Estaba desesperado, ansioso? ¿Sentía que explotaría hasta las
estrellas si no la tocaba otra vez?
Sus
labios frotaron los de ella suavemente, una vez, dos veces. “Tu sabor… es como
de nadie más. Como nada que haya tenido nunca. Es adictivo. Creo que moriría
sin él.”
Tócame.
Hazme el amor. “YooChun, estoy contenta que te guste cómo es mi sabor y todo,
pero has tenido un punto a probar aquí y estoy un poco desilusionada que tengo
que recordarte de ese hecho.”
Él
pronunció una trabajosa risa. “Tienes razón. Sólo necesito mirarte por un largo
momento, sólo necesito saborear la vista de ti. Muy pronto te desvestiré
completamente. Muy pronto deslizaré tus pantalones sobre tus piernas.”
Mientras
él hablaba, esa imagen llenó su mente. Ella podía ver muy claramente que él
estaba desvistiéndola. Él tenía enredadas sus manos alrededor de sus…
“Tobillos.”
Él dijo. “Y traeré tu pie a mi boca. Lamo…”
---
el arco, deslizando su lengua lentamente. Ella lo vio, vio las imágenes, más
vívidas con cada segundo que pasaba. Su boca se movía hacia arriba por su
pantorrilla, arremolinando pequeños corazones sobre su piel antes de---
“…
morder el interior de tus muslos. Jadeas y te retuerces, justo como estás
haciendo ahora, y te humedeces aún más para mí. Tan húmeda. Traigo tu propia
mano entre tus piernas y te miro tocarte a ti misma. Tú…”
…
hace círculos son su propio dedos sobre su clítoris, mirándolo todo el tiempo.
En su mente, sus ojos se entrecerraron y la mano de él se enredaba alrededor de
su polla, moviéndola arriba y abajo. Le decía cuánto quería que la boca de ella
remplazara su mano, cuánto deseaba su boca para remplazar la de ella. Entonces
la besaba, pero…
“No
era suficiente. Apetezco otra probada de ti, un sabor más íntimo y hablando de
ella no será suficiente, tampoco. Bajo mi cabeza entre tus piernas. Tus manos
toman mi cabello, jalándolo rudamente porque estás tan ida con necesidad que
eres incapaz de controlar tus reacciones.”
Ella
no podía controlar sus reacciones ahora. Por este momento, JunSu estaba
retorciéndose insaciablemente. Ella todavía usaba sus pantalones, pero
realmente sentía como si manos fantasmas estuvieran trabajándola, como si una
lengua fantasma estuviera lamiéndola. Estaba jadeando, su respiración caliente
en su garganta.
“YooChun,
YooChun,”Ella cantó. “YooChun, por favor.”
“¿Por
favor, qué?” Su voz era tosca, tan tosca. Ronca, muy ronca.
“Por
favor, termíname.”
“Pero
me gusta saborearte.”
“Muéstrame
el lugar más erótico en mi cuerpo, maldición. No vivirás para saborearme si no
te apresuras.
“Moriré
de placer de cualquier manera.” Su voz se rompió con excitación. Él apretó su
clítoris otra vez, y ella casi brinca de la cama. Las decadentes sensaciones
eran agudas, casi dolorosas. “Voy a probarte aquí antes de amarte,” Él dijo. “Y
cuando te ame vas a conocer el lugar más receptivo de placer en mi cuerpo.”
“¿Tu
pene?” Ella jadeó. Estaba casi sin habla. Era demasiado. Él era demasiado. Sus
palabras, sus acciones. Su misma esencia.
“No,
mi…”
“Mi
rey.” Una voz dijo urgentemente.
YooChun
se detuvo. Gruñó bajo en su garganta, y era un sonido animal. Un sonido de
muerte.
Un
momento pasó antes de que JunSu se diera cuenta qué estaba pasando. Había un
guerrero de pie en el borde de la cama, sus ojos en YooChun, su expresión
preocupada. Perdiendo su neblina de pasión, ella gritó y se revolvió por las
sábanas. Mortificación la bombardeaba mientras cubría sus pechos desnudos. Aún
todavía dolía por YooChun.
“Voltéate,
KyuHyun.” Él gruñó. Mostró sus dientes en un fiero, letal ceño. “Estoy a punto
de matarte ya.”
KyuHyun
instantáneamente se giró.
“Déjanos
o te mataré.”
“Dragones,”
KyuHyun dijo. No se fue como le habían ordenado. “Están acercándose, intento de
guerra.”
Ay por Dioooos edto fue wooo¡¡¡ por Dioooo Yoochun aigoooo¡¡¡ ok super sensual la cosa erotica a mas no poder y KyuHyun rompiendo la magia aaaiiiissh en pesimo momento y que manera de sacar del momento. Dios YOOCHUN DIJO COSAS HERMOOOSAS.
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