CAPITULO
1
Hayami Mokomichi dejó el club. No había tenido
suerte en rastrear al hombre que el Alfa Yunho le había enviado a encontrar.
Estaba cansado y listo para conseguir algo de sueño. El club era demasiado
ruidoso, con demasiada gente y las mujeres lo abordaban a cada paso. Hubiera
sido lindo si él bateara de ese lado. Pero Hayami nunca había preferido a las
mujeres.
Había algunos prospectos por ahí pero ninguno de
los hombres le había provocado una erección. Quería un amante para siempre y
todos ellos eran de una sola noche. No gracias. Él ya había tenido su porción
de eso, y quería más que un encuentro sexual. Quería a su pareja, si fuera lo
suficientemente afortunado para encontrarlo.
Hayami decidió dirigirse al hotel y relajarse
con algo de televisión y su mano. Masturbarse era triste, pero tenía sus
ventajas. Si era su única opción en ese momento, él lo aceptaría.
Levantó el cuello de su abrigo mientras se
dirigía a la calle. Ese era un vecindario problemático. Había traficantes de
drogas, literalmente en cada esquina y los prostitutos estaban por todos lados,
salían por cada grieta como las cucarachas cuando enciendes la luz.
Se detuvo ante un borracho sin hogar pidiendo
ayuda para cambiar. La única razón por la que no cedió, era porque no iba a
contribuir a la enfermedad. Había visto la destrucción que el alcohol y las
drogas hacían en la vida de alguien. Y él prefería comprarle al tipo una comida
caliente y una taza de café. Hayami metió las manos en los bolsillos y siguió
por la calle.
Hayami no temía estar ahí. Él era un lobo
Timber, el más agresivo de entre todas las manadas de lobos. Con sus dos metros
cinco y sus ciento diez kilos de puro músculo, nadie iba a joder con él. A sus
trecientos sesenta y seis años, él ya había madurado lo suficiente para saber
manejar toda esa mierda. Además, de ser el Beta de su Alfa Yunho, podría
patearles el culo.
Una ráfaga de viento movió su oscuro cabello, Hayami
giró en una esquina para salir del frío aire. Vio alrededor, hacia los
monótonos edificios que lo rodeaban, deseaba estar de regreso en su hogar, en
la pequeña ciudad en donde vivía, en donde el sonido del bosque acariciaba su
pelo mientras corría entre el bosque. Sin prostitutos gritando que les pagues
por placer. El humo de los escapes por si solo ahogaban sus pulmones.
¿En qué infiernos había estado pensando Yunho
para enviarlo ahí?
Hayami entró en una de las muchas tiendas que
llenaban las calles de la ciudad. Anuncios de cerveza barata y cigarros cubrían
la ventana del frente.
—¿Puedo
ayudarlo?
Hayami se detuvo frente al mostrador. Un grueso
Plexiglás(1) lo separaba del cajero. El hombre se arrancó una costra antes de
arreglar el pollo que tenía en una bandeja bajo una lámpara de calor. Se
estremeció al pensar en alguien comiendo cualquier cosa que esos dedos sin
guantes hubieran tocado.
—¿Tienen
crema de afeitar? —No quería pensar en el hombre
tocando la crema para bajarla del estante. Una vez que estuviera de regreso en
el cuarto del hotel, vaciaría la bolsa en el lavabo y la lavaría antes de
tocarla.
—Tenemos
condones. ¿Necesita condones? Tenemos cerveza Steel Reserve(2), noventa y nueve
centavos la lata. Tenemos cigarros a precios rebajados. —El
extraño cajero le sonrió mostrando sus descoloridos dientes con orgullo.
—No,
solo la crema de afeitar —Hayami sabía que podría haberla
conseguido en el hotel, pero dado que ya estaba ahí, pensó que muy bien podría
llevarla.
—Cinco
con treinta y dos.
Hayami sacó un billete de veinte dólares y lo pasó
bajo la cubierta de Plexiglás.
—Cuatro
sesenta y ocho su cambio. Que pase buenas noches.
Hayami vió el cambio en una maltratada bandeja
cromada. —Le di uno de veinte.
—No,
señor. Recibí un billete de diez dólares. Si me causa problemas, llamaré a la
policía.
Hayami gruñó. No lo presionó por el dinero. Eso
era por principios. Su mano entró entre la bandeja, tomó el Plexiglás y lo
jaló. La gruesa barrera cedió ante su fuerza.
El hombre se quedó con la boca abierta ante Hayami,
se apresuró a abrir la caja registradora y le lanzó el billete de diez dólares
con el resto del cambio. —Ahora, vete. —El
hombre movía sus manos corriendo a Hayami —No
quiero problemas.
—Entonces
deja de robarle a la gente. —Hayami tomó el
cambio de la bandeja y lo metió en el bolsillo de sus pantalones de vestir
mientras el hombre se movía alrededor. Tomando la bolsa de papel café, Hayami
la metió en el bolsillo de su abrigo, frotándose la mano en sus pantalones. Él
se pondría spray desinfectante en sus manos cuando llegara a su cuarto.
—Que
pase buenas noches. —El cajero le dijo mientras salía de
la tienda. Qué loco.
Su mirada recorrió el rededor. Notó que el bar
cruzando la calle era uno de los que estaban en su lista por revisar. Irritado,
Hayami bajó a la calle y se dirigió al otro lado.
Evadiendo el tráfico, Hayami trotó hacia el otro
lado de la calle. El bar era como todos, nada especial en eso. Luces de neón
con los nombres de las diferentes marcas de alcohol.
Cuando entró al lugar, el humo de los
cigarrillos lo asaltó. La nueva ley evitaba que la gente fumara en el interior,
pero aparentemente al propietario no le preocupaba. Hayami movía su mano frente
a él mientras recorría el bar.
Se giró un momento, viendo al bailarín stripper
en el escenario.
El chico tenía un lindo cuerpo, uno que Hayami
podía apreciar.
—¿Te
gusta?
Se giró para ver al fuerte hombre con los brazos
cruzados sobre su pecho viéndolo fijamente. El hombre señaló con la cabeza el
escenario. —Puedes alquilarlo.
Hayami giró la cabeza de nuevo hacia el
escenario donde el trasero del joven bailarín se movía de un lado al otro, con
los lujuriosos hombres animándolo. Tenía que admitir que el chico tenía una
buena apariencia y él tenía un cuarto de hotel.
—No,
no es lo mio. —Aunque era tentador, después de todo
era un hombre, pero el pensar en comprar a un hombre no le parecía correcto.
Algunos lo hacían por la emoción. La mayoría no tenía elección. Él no se iba a
aprovechar de la desgracia de otra persona.
El barman se rió fuerte. —Entonces, ¿qué infiernos haces aquí?
—Buscando
a alguien. —Hayami sacó el papel de su bolsillo
interior y se lo dio. El tipo lo tomó y lo revisó, entonces se lo devolvió.
—Lo
siento, no puedo ayudarte.
Esa era la misma historia que Hayami había oído
durante los pasados dos días.
—La
bebida va por la casa. Disfruta del show. —El hombre le
dio un guiño antes de ir con otros clientes.
Hayami se apoyó contra la barra. El hombre del
escenario estaba viéndolo, lamiendo sus labios de manera sugestiva hacia él.
Hayami tomó la bebida que le entregaron y se
sentó cerca del escenario cuando al parecer se había vuelto el blanco del
bailarín que se inclinó y tomó sus tobillos sacando su culo.
El shifter le dio un trago a su bebida mientras
sentía su erección presionándose contra el cierre de sus pantalones de vestir.
Una vez que el show terminó, Hayami salió precipitadamente. El bailarín parecía
estar muy interesado en algo en lo que Hayami no iba a entrar.
Las calles parecían un poco más desiertas cuando
salió. Metió las manos en los bolsillos y suspiró. Sus pies lo dirigieron hacia
el callejón, sabiendo que era el camino más corto hacia su hotel desde la noche
anterior.
—Hey,
chico grande, ¿buscas un buen momento?
Hayami giró los ojos. «Jódete». Siguió
caminando, ni siquiera quería tratar con un chico de alquiler. Si es lo que él
quisiera hubiera tomado al chico del bar.
—Vamos,
bebé. Puedo hacer que te sientas realmente bien. ―El
chico estaba frente a la cara de Hayami, frotándo con sus manos arriba y abajo
su pecho.
Hayami gruñó, enojado de que alguien invadiera
su espacio personal sin ser invitado.
—Tranquilo
amigo. No te voy a lastimar. Solo trato de conseguir algo de dinero para comer.
—El
chico se apartó. Acomodó su cabello detrás de su oreja y bajó la mirada— Lo siento.
Hayami se quedó inmóvil, olfateando el aire a su
alrededor. Se acercó al chico e inhaló profundamente. Su quijada cayó en estado
de shock, entonces rápidamente se recuperó y la cerró.
«¡Mío!»
—Hey,
deja de olfatearme. Eres extraño. —El prostituto dio
un paso hacia atrás. Hayami notó que levantaba la mirada y recorría el callejón
con la mirada. Al darse cuenta que estaban solos el jovencito abrió más los
ojos. Hayami necesitaba llevar a su pareja a su habitación. Cuidar de él.
—¿Cuánto
por la noche? —Hayami se maldijo por la pregunta,
pero él no dejaría a su pareja ahí ni un segundo más y dudaba que él se fuera
por su propia voluntad sin pagarle.
Su pareja abrió más los ojos. —Uh, ¿doscientos? —Esa era una
pregunta, no una respuesta.
—Hecho,
vamos. —Hayami se mantuvo al lado del joven mientras
caminaban de regreso hacia su habitación.
El chico estaba asustado. Su vista estaba pegada
al suelo. Hayami apretó fuerte sus labios. Ahora no era momento para preguntas.
Una vez que su pareja hubiera tenido un baño caliente y dormido bien durante la
noche, él descubriría por qué estaba en las calles vendiendo su cuerpo.
Llegaron al hotel. Hayami colocó su mano en la
pequeña espalda de su pareja, guiándolo a través de las puertas doradas con
vidrio del frente. Ellos tomaron el elevador hacia el piso doce, Hayami lo dejó
mientras buscaba la tarjeta-llave. Su mano tropezó con la bolsa de papel café en
su bolsillo. Hayami se estremeció.
Una vez que la puerta se abrió, le permitió a su
pareja entrar y se giró para cerrar la puerta con llave.
—No.
Estoy pagando por toda la noche. ¿Verdad? —Hayami tomó
las muñecas de su pareja evitando que bajara el cierre de sus pantalones de
vestir. Esta no era la forma como quería estar con él, es decir, comprando y
pagando.
Su pareja inclinó la cabeza, era la más erótica
vista que Hayami hubiera presenciado, y requirió nervios de acero para no
sucumbir y entregarse a la vista de su pareja sobre sus rodillas.
—¿Q-qué
es lo que quieres hacer?
Podía ver la cautela en los ojos de su pareja,
por la manera en que su cuerpo se tensaba. No debería ser así. Su pareja
debería estar relajado alrededor de él. El reclamo podría esperar. Su pareja
necesitaba primero sanar su alma.
Hayami se inclinó, colocó sus manos bajo los
brazos de su pareja, levantándolo, para que se pusiera de pie. —Quiero que te des un baño y luego vayas a
la cama.
—Estoy
limpio. Me bañé antes de salir de la casa. Tú eres la primera persona de esta
noche.
«Y el último». Las palabras pusieron de
manifiesto el hecho de que Hayami tenía trabajo por delante con él. Vió a su
pareja dirigirse al cuarto de baño y cerrar la puerta tras él.
Hayami se dirigió a la cama, se desnudó
dejándose los boxers y se deslizó bajo las mantas. Podía oír la tina llenarse y
su pareja desnudarse. Al ser un lobo Timber, su oído era penetrante. Los lobos
Timber podían oír las hojas caer en el otoño.
La puerta se abrió veinte minutos después y su
pareja le mostró sin pudor su sonrosada pálida piel. Hayami levantó las mantas
para que su pareja se le uniera.
El joven subió a la cama, deslizándose hacia
abajo. Hayami lo detuvo, jalándolo hacia su pecho. —No.
—Me
pagaste para dormir contigo. ¿Realmente para dormir?
Hayami se rió de la expresión de su pareja. Era
un cruce entre incredulidad y creer que Hayami estaba loco. —Sí.
Algo causó que la expresión de su pareja
cambiara, su boca formó una redonda ‘O’. —Tu
tubería no funciona. Eso es, uh, está bien.
Hayami se dejó caer hacia atrás carcajeándose. El
joven era cómico. —Duerme.
(1) Plexiglas, plástico duro usado en lugar del vidrio.
(2) La cerveza Steel Reserve es producida por la compañía Steel Brewind de la compañía Miller Coors, se anuncia como contener 8.1 de alcohol y un bajo precio.
Changmin era un prostituto!!! Ya me imagine que tenia un pasado duro pero jamas pense en eso.
ResponderEliminarAigooo Minie en las called vendiendo su cuerpo(>.<) no me hago a la idea... porque mi niño es inteligente e intrepido, se que sabría sacar provecho de ello. Aunque su pasado pesa mas de lo que parece ¿no? Jajakak hasta a mi me dio ternirita y un monton de risa eso de la tuberio jajaj. Aigo Minnie te sacaste la loteria con este Hayami(♡.♡)
ResponderEliminarSiento que el corazón se me hace pasa con ChangMin, es esa situación(TnT) al menos no deja que la pena acabe con la chispa inocente. Minnie no vas a tardar en comprobar que esa tubería está más que Funcional y magníficamente proporcionada.🥰😎🤣
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