4TH TIED. ONE OF THE SIDES
Extensión: 5,451 palabras (10 páginas)Advertencia: muerte de personaje secundario
Toda historia tiene un principio y un final, un por qué, un cuándo... las cosas empiezan por una razón y terminan por otras. Válidas para unos, injustas para otros.
Y esta historia empezó mucho tiempo atrás, un lazo de sangre que debió unir a dos personas, sirvió para darle alimento a un sentimiento negativo que poco a poco fue carcomiendo el alma de un hombre, hasta que dejó de ser humano, hasta convertirse en una bestia realmente, buscando reclamar la sangre que compartía con otro ser, que solamente deseaba una cosa... ser su hermano.
El odio no es solamente un sentimiento, no. Es un ser vivo que yace dentro de ti y se alimenta de los malos deseos y envidias, de los celos y las comparaciones. Sobre todo, cuando desde que naces te hacen saber que no eres nada más que una sombra, que nunca ocuparás un lugar que, aunque según tus creencias está destinado para ti, es otro el que será destinado a disfrutar de la grandeza y el honor.
Jung JiHoon es el hijo mayor del regente de aquel poblado. El joven es un hombre diestro en el arte de la guerra, buen estratega y un excelente orador. Ha tomado clases con los mejores maestros del poblado. Sin embargo, nunca ha sido ni será considerado para ocupar el lugar que dejaría vacante el hombre que le engendró. No, nunca será digno de eso el hijo de una de las muchas concubinas que el gran y justo Jung KwangHo tiene en su palacio.
Solamente el hijo de la esposa de aquel hombre será el que algún día se hará llamar rey, su hermano menor por dos años, YUNHO.
Nadie había esperado el nacimiento de YunHo después de JiHoon. Sobre todo después de que la esposa de su alteza diera a luz una hija y estuviera a punto de perder la vida al nacimiento de una segunda hija que murió al poco tiempo, víctima de alguna enfermedad de recién nacidos (o era lo que todos creían). Nadie se imaginó que pudiera dar a luz un tercer hijo y este fuera el tan ansiado heredero.
La madre de JiHoon enloqueció de rabia, maldiciendo y llamando deidades, convocándolas a quitarle la vida al neonato. Pero tal parecía ser la buena estrella de aquel pequeño ser al que nombraron YunHo, que ninguna de sus maldiciones surtió efecto.
Entonces hizo lo que mejor sabe hacer una mujer amargada y envidiosa, empezó a envenenar lentamente el alma de su hijo. Puso en él la semilla de lo que más adelante se convertiría su propio hijo, en un reflejo de su maldad y sus celos.
La máscara era perfecta. El pequeño JiHoon fingía a la perfección el cariño de hermanos que debía existir para el nuevo miembro de “su familia”, pero por dentro ardían los deseos de que su hermano menor desaparezca de la faz de la tierra. Ese usurpador, ese pequeño ladrón de padres y cosas. Los celos oscurecían esa pequeña alma que poco a poco empezó a perder su pureza y su inocencia.
Sobre todo, en la adolescencia, cuando los sentimientos son confusos, cuando el corazón no entiende razones, cuando el amor enceguece… sobre todo, cuando ella apareció en escena. La hermosa Kim JiYool, hija de uno de los ministros de su padre. La hermosa chica cautivó a ambos jóvenes, causando que la aversión de JiHoon hacia su hermano creciera a niveles insospechados al enterarse que la hermosa joven de largos cabellos negros, piel de porcelana y labios rojos había sido prometida a su hermano en matrimonio.
La rabia, los celos, la envidia fueron los que ganaron en el corazón del hermano mayor, quien buscó por todos los medios separarlos, pero no pudo. Los dos menores se amaron desde el primer momento y no nada pudo impedir que acabarán juntos.
JiYool misma le había dejado claro que no estaba interesada en él, nunca lo estuvo como para aceptar ese amor. Porque JiYool sabía, podía verlo en los ojos del hermano del hombre que amaba…
…JiHoon no era bueno.
El mayor entonces empezó a buscar la manera de vengarse. Y ayudado por su madre contactó a Boa-Ssi una mujer pequeña, de un aspecto que daba asco. Encorvada y llena de cicatrices y suciedad, podía pasar perfectamente por una anciana, pero su madre se rió ante eso.
- Mi pequeño, Boa-Ssi no tiene edad.- le había dicho su madre al llevarle dentro de la cueva que servía de refugio a la mujer.- Así de pequeña y con un aspecto de poca cosa, Boa-Ssi tiene un poder impresionante.- continuó TaeHee explicando a su hijo.- Ella es la esposa del demonio, se aparea con él en las noches de luna llena y él la llena con su poder.
JiHoon miró con desprecio a la mujer que rebuscaba algo entre las pocas cosas que había en aquel lugar tan inmundo.
- Eso dirán las chismosas del pueblo, madre, pero yo dudo que algo como… “esto” logre aparearse, ni siquiera con un ciego.- se burló el hombre.
Y JiHoon no supo cómo o en qué momento apareció ante él una hermosa mujer de pequeños ojos cafés y hermosa cabellera castaña, casi dorada, que tenía una daga presionando su cuello, rasgando su piel.
- Tú no sabes nada de la vida, mocoso insensato.- La mujer movió el filo de la cuchilla haciendo un corte poco profundo, pero que hizo derramar unas gotas de su sangre.
- Por favor, Boa-ssi…- Le habló TaeHee.- es sólo un niño.- imploró tomando con reverencia la mano con la cual la bruja empuñaba la daga.
- Sólo porque te tengo cierta consideración, TaeHee.- Señaló con una voz dulce y seductora, separando la cuchilla del cuello de JiHoon, mientras lentamente la hermosa mujer desaparecía y quedaba ante ellos el mismo ser putrefacto que su madre le había presentado.
El moreno sacó un pañuelo para ponerlo sobre la herida, asombrándose que había dejado de sangrar, pero la daga con la que la mujer le había herido, tenía la cantidad suficiente de su sangre para mezclarla dentro de una taza con algunas otras cosas que JiHoon no pudo identificar.
- Me disculpo, Boa-ssi.- dijo elevando una ceja, tragando con dificultad y aparentando que aquello no le había afectado.- No creí que estuviera ante alguien con su poder.
La mujer sonrió mostrando unos dientes chuecos y macillosos.
- Tu hijo tiene todo para ser el sucesor. Él podría llevar a este país a una nueva época dorada, TaeHee.- La mujer miró de arriba hacia abajo al muchacho para seguir mezclando lo que sea que tuviera en ese recipiente y que empezaba a tener un olor muy extraño.- pero primero… primero hay que deshacernos de los estorbos.- se acerca al moreno y le tiende la taza con el menjurje.- bébelo… todo… no dejes una gota y no lo escupas. Eso te ayudará a agudizar tus sentidos y aclarar tu mente.
Su madre lo animó a hacer lo que le decían mientras miraba la mezcla en el tazón. El fuerte aroma provocaba sus sentidos.
- ¡Bebe!- Le ordena con un grito la bruja.
Y el joven duda aun en obedecer. Mira a su madre una vez más antes de armarse de valor y empujar el contenido del traste en su boca.
El sabor acre y putrefacto le hizo querer volver el estómago al momento.
- Ni te atrevas a vomitarlo, niño.- le advierte la vieja.- Traga. ¡AHORA!
JiHoon hace lo ordenado, pasó por su garganta la mezcla hedionda, y cuando por fin pudo respirar sin tener arcadas, se incorporó mirando a ambas mujeres. Un ardor nacía de su estómago y se extendía por todo su cuerpo, sus extremidades, su cabeza se sentía caliente y a punto de explotar sus ojos ardían y su corazón latía con rabia, como si una enorme furia lo embargara. Sentía la necesidad de ir en busca de alguien, cualquier persona en realidad que le sirviera para sacar esa furia, golpeándola hasta ver su sangre correr.
- Mantén esa furia, muchacho.- dijo la vieja tomando el tazón de sus manos mientras reía.- Tu destino ha sido marcado. Siempre será así, tú naciste para eso… para odiarlo.- La bruja se alejó dando vueltas en la cabeza a la situación.- Ahora podrás ver mejor tus oportunidades, tus ventajas y ya llevas una. Eres consciente de que lo odias y tienes que deshacerte de él antes de que se dé cuenta el muy iluso.
JiHoon escuchaba atento cada palabra que salía de los ajados labios de la mujer pequeña.
- Primero será lo que más orgullo le dé, después lo que más ama y luego, cuando esté débil y con la guardia baja…
- Su propia vida. - completó JiHoon.
Boa asintió sonriendo ampliamente.
- Por supuesto, todo esto será sin que nadie sepa que eres tú quién está detrás de todo esto… o nadie en su sano juicio te dejará ascender al trono.- La mujer llevó las manos a su pecho.- Claro que todo esto tiene un precio.
El moreno frunce el ceño con enojo, pero antes que pudiera alegar nada, su madre se adelantó abriendo un envoltorio que sacó de entre sus ropas. Dos hermosas pulseras de oro con un tejido intrincado se hallaban entre sus manos, puestas como ofrendas a la vieja.
- Espero que esto sea suficiente para empezar.- dijo al tiempo que extendía las manos e inclinando la cabeza.
- ¡Madre, no! Tus joyas.
- Cuando seas rey, me comprarás otras y mejores.- dijo la mujer con confianza mientras entregaba el oro a la bruja.
- ¿Cuándo empezará todo esto?- pregunta el joven con ansiedad.
- La paciencia es una virtud con la que habrás de aprender a convivir, joven Jung.- La mujer escondió el pago entre sus harapos.- Será antes de lo que te imaginas.
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JiHoon aprendió a sonreír a pesar de todo, aunque la ahora esposa de su… hermano le miraba con desconfianza, él aun simulaba y muy bien que era el mejor hermano mayor, que era guía y hasta cierto punto maestro de su hermano, quien, como su padre, YunHo se dirigía a ser un gran líder justo y generoso.
El mayor esperaba con ansias el momento. Y desconfiaba mucho de los supuestos “frutos” de confiar en la vieja Boa, cuando poco a poco empezaron a cambiar las cosas en el pueblo.
Y todo comenzó aquel día, cuando un grupo de personas atravesó el poblado. No hablaban, no se les podía ver los rostros porque iban cubiertos de pies a cabeza y ni siquiera sus ojos podían distinguirse.
Las personas que estaban en la plaza en aquel momento sólo pudieron observar que atravesaran el lugar, haciéndose a un lado para abrirles paso, como si una fuerza invisible les empujara lejos del camino de aquella gente. El cielo aquel día estaba nublado y suaves gotas caían del cielo, como presagio de que algo iba a ocurrir.
Una extraña y peculiar plaga llegó a los cultivos, haciendo que las frutas, verduras y legumbres se pudrieran incluso antes de madurar, dejando incluso la planta inservible, sin que se pudiera remplazar. La tierra no dejaba germinar nada. Pronto aquello llegó a los animales de corral que, habiendo comido de las plantas contaminadas, enfermaban y morían.
Y la contaminación llegó al agua. Pronto los alimentos empezaron a escasear, por más medidas que el Sr. Jung pudo haber tomado para una eventualidad así, las reservas iban menguando, junto con la vida de su pueblo.
Muchos empezaron a migrar, buscando otras tierras mejores, trabajo, alimentos o simplemente asustados por la creencia de un maleficio o mal de ojo sobre el pueblo. Sobre todo, cuando decían que había algo oculto en un lugar en el centro del bosque, entre lo más profundo, en donde no llega la luz del sol a tocar la tierra por lo espeso del ramaje entretejido de los grandes árboles.
Hombre letrado, KwangHo no creía en nada de esa superstición, y trabajaba junto con sus médicos y los hombres de campo para controlar la situación.
JiHoon no estaba contento y se lo hizo saber a su madre. TaeHee había caído enferma en los últimos días. Nada parecido a lo que sucedía a las demás personas del pueblo. Más bien era un debilitamiento, como si se fuera consumiendo lentamente, justo como una vela.
JiHoon había creído que era la preocupación, pero cada día se veía más y más demacrada y débil, como si algo o alguien estuviera drenando su vida.
- Sólo faltaría que esa vieja bruja mate a todos en el pueblo y yo me quede sin nada.- se quejó, sentándose en la orilla del futón donde su madre descansaba.
- Paciencia, querido mío, paciencia… después será tu turno… Veras que todo saldrá bien.- la hermosa mujer sonrió antes de toser.
- Madre… No entiendo ¿cómo enfermaste tan de repente? Estabas muy sana.- El chico suaviza sus facciones y acaricia su mejilla, mirándola con preocupación.
- A pesar de lo que pienses, mi amor, ya no soy una jovencita.- responde para luego levantar la mano y señalar a un pequeño mueble cerca de su futón.- ¿Podrías darme mi medicina? El pequeño frasco azul.
JiHoon se levantó y regresó con lo pedido, volviendo a sentarse nuevamente, mirando a su madre mezclar el polvo en un vaso de agua.
- ¿El médico real te ha mandado eso?- pregunta mirando sospechoso el contenido que su madre apuraba.
- Sabes que no confío en ese charlatán.
JiHoon suspiró al escuchar a su madre. Le tenía demasiada confianza a Boa como para beber a ciegas cualquier cosa que le ofreciera.
Suspiró y acarició el rostro de la mujer que le sonreía suavemente.
- Tengo que irme, te dejaré descansar, madre.
- Descansaré el día que tú ocupes el lugar de KwangHo.- dice con rabia la mujer.- es tu lugar por derecho. Y eso será pronto... estoy segura.
El moreno asintió, se levantó para salir de la habitación, no sin antes inclinarse y dejar un tierno beso sobre la frente de la mujer.
Cuando JiHoon salió al pasillo, su mirada fue atraía por el caminar apresurado de un par de mujeres. La Princesa JiYool y su dama de compañía iban de salida al pueblo. La joven llevaba medicinas, comida y otras cosas para los niños y mujeres enfermos, a pesar de la oposición de su esposo y el mismo Rey. El mayor la siguió con la mirada fijamente, hasta lograr que ella mirara en su dirección. La hermosa mujer frunce el ceño ante él, mientras JiHoon hace una ligera reverencia con la cabeza. JiYool se cubre con la sombrilla antes de retirarse sin siquiera mirarle una segunda vez.
Bufó por lo bajo y dejó que se marchara, para después divagar en sus pensamientos y así lograr que ese desplante no le afectara más de lo que realmente le hacía. Desde algunos días atrás, había notado extraño a YunHo. El menor tenía bolsas en los ojos, y se veía extremadamente cansado. Se acercó en algún momento a preguntarle, simulando preocupación, pero sabe que es en parte los efectos de las cosas que han ido ocurriendo a lo largo de los días. Y JiHoon no podía esperar a dar el golpe... sin embargo, algo podría hacer para poder quedarse con JiYool, convertirla en su mujer, que ella le diera sus herederos. Sería una humillación más grande para su hermano. Será una lástima que ya estará muerto para entonces.
Lo que no esperaba era el precio tan grande que él tendría que pagar, perder la mitad su corazón y su humanidad.
Boa no había dicho que el trato aún no estaba completo. Y es que hacer tratos con ella era vender tu alma al demonio, así como su madre le había dicho de ella… JiHoon pronto aprendería eso.
La salud de TaeHee se volvió cada vez más y más delicada, hasta que la mujer no podía levantarse ya del futón. JiHoon la visitaba todos los días, dolido de que su padre ni siquiera se preocupara por la salud de su concubina, la mujer que le dio un hijo. Y el joven alimentaba más la rabia, la envidia y sus celos, convenciendo se cada vez más que su padre no lo amaba y no podría importarle menos.
Kim TaeHee falleció una mañana húmeda de otoño, con la única compañía de su hijo y una mucama que la atendía. Jung KwangHo nunca se apareció por esa habitación. De hecho, su hijo fue el único que asistió al funeral, junto con algunas concubinas que conocieron a la mujer, aunque ninguna de Ellas podía decirse realmente su amiga. Tal vez si hubiera tenido una, no se habría envenenado el corazón ella misma con sus pensamientos y envidias.
La indiferencia del hombre caló profundo en el alma del joven, quien se sintió totalmente solo en el momento de decirle adiós a la mujer que le dio la vida. Y JiHoon juró que se arrepentirían, él haría que todos recordaran la fecha y la impondría como día de duelo… Kim TaeHee no fallecería en vano, todo mundo sabría quién era ella.
Hundido en su dolor, se embriagó buscando un poco de alivio a su alma atormentada. A esa falta de atención y cariño por parte de su padre que le daba a su hijo favorito. Aquella noche acabó tirado en una de las calles lodosas del pueblo, su mente envuelta en una niebla provocada por el alcohol, sus ropas sucias de vómito y suciedad, como cualquier ebrio de vecindad.
Boa caminaba en aquella noche de luna creciente por los oscuros callejones cuando lo encontró. Sabía que estaría hundido, perder a su madre había sido un duro golpe para el menor. La mujer lo miraba divertida, más que sentirse apenada o darle lastima aquel hombre desdichado, simplemente le daba risa. Con trabajos lo levantó y con muchos más trabajos aún lo cargó para llevarlo de regreso a su cueva. Era bastante gracioso ver aquella figura menuda cargando a aquel muchacho tan alto, lo cual demostraba, lo mucho que la apariencia puede engañar.
Estando una vez en la cueva y a la luz de los restos de velas que iluminaban a duras penas el lugar, JiHoon reconoció el horrible rostro de la mujer, echando pestes y maldiciones, trataba de ponerse en pie para golpear a la mujer. La bruja que no ayudó a que su madre se salvara.
Boa en vez de estar atemorizada por las amenazas, le parecía sumamente interesante. Aquella pasión, aquel odio… JiHoon ya no era un ser humano, su madre se había encargado de eso.
- Eres perfecto…- sonríe la mujer mientras se acerca a él, lentamente, convirtiéndose en aquella hermosa mujer que se le presentó el primer día.- te ayudaré a vengarte, JiHoon, con mi guía acabarás con todos los que se han puesto en tu camino. Me encargaré de eso… pero… con una condición. Tienes que seguir todas mis órdenes, sin excepción y sin ninguna objeción. Yo sé lo que es más conveniente para ti.- Él intentó preguntar y la mujer puso su dedo índice en sus labios.- confía en mí y te convertiré en algo más poderoso que solamente el señor de estas tierras.
La mujer se alejó lentamente, sin cambiar su forma. Esta iba a ser también su manera de venganza. No contra KwangHo, contra el pueblo entero que la despreció y la ha obligado a vivir como una paria.
El joven cayó dormido debido a su borrachera y la mujer se encargó de llevarlo a lo más profundo de la cueva, en lo más oscuro, solamente una antorcha hecha de harapos, les iluminaba el camino. En un agujero del tamaño de una persona encorvada, ahí metió a JiHoon encerrándole con barrotes qué hizo surgir con su magia. Esa noche la luna estaba a la mitad de su ciclo. Tenía 14 días para prepararlo todo y que su plan se lleve a cabo. Nada ni nadie iba a impedir que convirtiera a ese joven en su sirviente.
JiHoon despertó con las señales características de una resaca. Sus sienes martillaban, su lengua estaba seca y tenía un horrible sabor en la boca. El olor a tierra mojada llegó a sus narices y trató de levantarse en el reducido agujero, por lógica no podía hacerlo. Empezó a gritar y gritar, hasta que la vieja Boa se apareció llevando un traste sucio entre sus retorcidos dedos.
- ¿Qué demonios, mujer? ¿Qué pretendes?- Le gritó al reconocerla.
La vieja dejó el traste a un lado suyo, como si esperase qué bebiera sin objeciones.
- Adelante, JiHoon. Bebe…. Dijiste que por vengarte harías lo que sea y seguirías mis indicaciones sin replicar.
El moreno le miró con rabia.
- Sácame de aquí, Boa. Déjame ir.- Reclamó de nuevo.
- Vamos, JiHoon…. Tú y yo sabemos que nadie te extrañará en palacio. Que eres tan poca cosa para ellos qué será más bien un alivio qué tú no regresaras.
JiHoon aporreó el puño contra los barrotes, hincado ante esa mujer, que era la posición más cómoda en la que podía estar en el reducido lugar.
Todos los días, Boa se encargaba de llevarle el preparado. A veces era el mismo que le había dado a beber la primera vez que la vio, otras pocas veces contenía trozos enteros de carne cruda, aún con la sangre fresca fluyendo de ella. JiHoon se acostumbró a la carne, pero odiaba el brebaje, era asqueroso, entre lo que podía identificar había heces, orines y sangre de algún animal. Lo cual debía tomar 3 veces al día… y la mujer no se quitaba de su lado hasta verlo acabarse todo lo que le había llevado. Y si no lo hacía, la mujer se encargaba de torturarlo con su magia, no sólo le causaba dolor físico, si no que a la vez azuzaba el dolor en su interior, recordándole todos y cada uno de los rechazos de su padre, el recuerdo fresco de la muerte de su madre y la envidia hacia su hermano menor.
Boa estaba provocando a una bestia herida.
JiHoon había perdido la noción del tiempo, no sabía si era de día o era de noche. Su mente estaba confundida, a tal grado que ya no hablaba, gruñía y rugía ante la menor provocación. Cada vez que Boa se acercaba, intentaba morderla o atacarla y eso en vez de asustar a la mujer le hacía sentir que estaba teniendo éxito.
El día del ritual llegó. Rezando en una antigua lengua que ya nadie recuerda, Boa se dirigió a la cueva, para sacar a la bestia de su guarida. Deshizo los barrotes mágicos, para rodear el cuello del hombre con una cadena. JiHoon parecía en trance y solamente se limitó a obedecer, contrario a lo ocurrido en días pasados qué con solo escuchar sus pasos se alteraba y prácticamente aullaba.
Boa estaba feliz de que su plan haya ido como había pensado desde el principio, la muerte de TaeHee había sido el paso esencial y llegó en el momento preciso. Engañar a KwangHo con una carta que había escrito como si fuera JiHoon, impidiendo que fueran en su busca, pretextando que aún no podía superar la muerte de su madre, había sido el siguiente paso cumplido… y ahora el ritual llega a su culmen. Habían sido dos largas semanas.
JiHoon se tambaleaba en sus dos pies, debido a que estos estaban entumidos por la posición en la que se encontraba en el agujero, pero pronto recuperó el equilibrio. Estaba sucio e incluso aprestaba a sus propios excrementos, pero eso a Boa no le importa, lo importante era qué el día de hoy, JiHoon sólo tenía dos opciones, terminar el ritual… o morir.
La mujer llevaba al hombre hacia el bosque, rezando aquel mantra qué invocaba espíritus ancestrales, qué tal vez ella ni siquiera podía controlar.
La luna iluminaba todo con su luz argenta y gélida, causando que las sombras de los árboles formen figuras fantasmales, tal vez los espíritus que Boa estaba invocando. Llegaron al territorio de una manada de lobos, lobos de los cuales Boa había obtenido todos los fluidos y la carne con que había alimentado a su bestia. Sangre, saliva, orines, e incluso semen y heces habían sido utilizados para que JiHoon absorba la esencia del lobo… además de que ella misma había alimentado su sed de venganza, su lado oscuro.
Los lobos les rodearon rápidamente al sentir la amenaza a su manada. La mujer sonrío, la hermosa Boa era quien llevaría a cabo el ritual hasta el final.
La manada rugió y un aullido se escuchó tras ellos. Era el lobo Alfa. Un hermoso ejemplar, el más grande que hubiese visto nunca, casi dos metros, aún parado en sus cuatro patas, un tupido pelaje blanco con tonalidades en gris y negro, ya que el invierno está cerca.
Boa dijo las últimas palabras del ritual al mismo tiempo que un gruñido feroz salió de la garganta de JiHoon y ella quitó la cadena del cuello del moreno, quien no tardó en tirarle en un ataque frontal hacia el enorme lobo Alfa ante ellos.
El lobo no retrocedió ante el ataque, fauces y garras encontraron piel sana en la cual clavarse y desgarrar. Sangre empezó a derramarse, parecía que la pelea estaba decidida desde un principio, pero Boa sonrió y comenzó su rezo nuevamente. Fue como si la furia qué JiHoon llevaba en su interior le quemará, en su mente las escenas pasadas de su niñez y la muerte de su madre le encendieron la sangre, y el lobo recibió el primer revés en forma de una pata delantera quebrada por las propias manos del moreno.
JiHoon respiró… no, bufó con fuerza antes de arremeter contra el animal nuevamente, aporreándole contra el suelo.
- Rómpele la cabeza, JiHoon, pártela con tus propias manos y aliméntate. Abre su pecho y saca su corazón, bebe su sangre.- Le ordenó la hechicera en voz alta.
JiHoon golpeó con sus nudillos la mandíbula del gran lobo, aturdiéndole lo suficiente para tomarlo por el cuello y morder con toda su fuerza, con toda su furia, rasgando el cuello y las arterias más importantes en este, para después golpear su cabeza contra el saliente de una afilada piedra, cada golpe más fuerte que el anterior. Al final únicamente se escucha el crujir de los huesos del cráneo del animal que se abre mostrando la masa encefálica, la cual es devorada a dos manos por el moreno, quien luego, a mordidas abre el vientre del animal muerto y saca el corazón con sangre fresca aun deslizándose desde su interior. Boa sonríe cuando da la primera mordida.
La luna llega a su máximo en el cielo. Es media noche, e ilumina el valle en todo su esplendor. La sangre del lobo qué baña la cara, cuello y brazos de JiHoon es absorbida por su piel hasta no quedar huella de ella. Un ardor comienza a nacer de su interior, cada una de sus extremidades. Cada vez más fuerte más doloroso. Siente como si sus brazos y piernas son estirados hasta su máximo. Su cara duele, su nariz y mandíbulas se alargan en forma de hocico, su cabeza toma forma alargada y sus orejas suben de lugar. Sus ojos se afilan y su visión se vuelve el blanco y negro, pero sus oídos perciben cada pequeño sonido del bosque, cada aroma en él. Todo su cuerpo se cubre de un tupido y largo pelaje negro.
Pronto se da cuenta de lo que pasa, sus ojos miran sus manos convertidas en garras, sus pies en patas. Rabia, enojo, temor, todo en grandes proporciones burbujea en su interior.
- ¡Lucha, JiHoon! Tienes que controlarlo, tienes que aprender a controlar la bestia que ahora vive en ti.- Le grita Boa antes de sonreír, un alivio había invadido por fin el cuerpo de la bruja. Por fin veía el fruto de su esfuerzo en aquel ser… JiHoon estaba ahí, bajo las capas de odio y dolor que se habían formado, fruto de los celos de su madre y su propia envidia.
El hombre luchó contra la bestia que se formaba en su interior, se retorcía, sus propias garras rasgaban su pecho y cabeza. El hombre dentro de él peleando con el instinto. La bruja sonreía… Él ganaría, estaba segura.
- Vamos, JiHon…- le habla la mujer.
Un terrible aullido se escucha atravesando la noche. Por fin la pelea dentro de él ha terminado. Ella lo sabe, lo ve venir hacia donde se encuentra.
- Tú eres ahora mío, JiHoon… harás lo que yo te diga, cuando yo lo diga…- se da cuenta que la bestia no le presta atención, así que eleva más la voz.- Ahora me perteneces y harás todo lo que yo te ordene.- sonríe la mujer, quien parece que su piel pálida brilla con un tono mortecino a la luz de luna.- Pobre iluso, haber matado a tu madre fue el paso esencial en todo esto. Ahora tu sed de sangre y venganza me pertenecen, sólo yo sé la manera en que puedes volver a ser tú mismo...- y la mujer no esperaba que aquello se volviera en su contra.
JiHoon entre las brumas que aún cubrían su mente había escuchado lo que ella dijo. Boa había sido la causante de la muerte de su madre... el hombre dentro de él trataba de tomar el control, dominar a la bestia. Un largo aullido cruza la noche y en menos de un segundo, tenía a la mujer levantada por el cuello. Gruñendo con fuerza y apretando entre sus dedos/garras el delicado cuello de la bruja, que se quebró con la misma fragilidad con la que se quiebra el cristal. Y el lobo dentro de él gruñó, tomando la cabeza y arrancándola del cadáver con tal fuerza que se lo llevó junto con algunas vértebras del cuello.
Y eso fue algo que la bruja Boa no contempló... Haber llevado a su límite a la misma bestia que ella creó.
La sangre de la bruja ahora estaba cubriendo el pelaje de la bestia. La sangre que a la luz de la luna brillaba cual plata y que se fue incorporando lentamente en él.
Un nuevo aullido rompe la noche. Un aullido lastimero que poco a poco se debilita. El cuerpo de la bestia se estremece, tiembla con fuerza y poco a poco va perdiendo su poder. Sus extremidades vuelven a la normalidad, su cuerpo queda tirado junto al cadáver de la bruja que arrojó a pocos metros de él. El frío de la noche le cala los huesos. Su respiración es trabajosa y cada uno de sus músculos le duele como el infierno. Gime y se queja, pero no puede quedarse ahí. Se pone de pie lentamente, tambaleándose. Es entonces que se da cuenta. La manada de lobos le rodea. El moreno respira profundo, nerviosismo le recorre entero, poniéndose alerta, pensando que en cualquier momento le atacarían, pero se equivocaba.
La manada completa enseñó sus cuellos en señal de sumisión al nuevo Alfa de la manada. JiHoon sonrió. Se miró las manos la sangre de la bruja ha desaparecido por completo. Ha sido ¿absorbida? Ahora él tenía el poder... él tenía la manera de acabar con su padre... y con su hermano... solamente tenía que aprender a controlar ese poder.
Se quedó unos días más en el bosque, conociendo sus nuevos poderes, qué le afectaba y como traerlo de nuevo. Recordaba haber sentido un poder enorme que le recorrió entero la primera vez que se había transformado. Sin embargo, en cada transformación que había logrado hacer, no había podido sentirlo igual. Llegó a la conclusión que la luna era la causa. Necesitaba que volviera a ser una noche de luna llena para probar su teoría, pero no podía esperar tanto. Tenía que regresar pronto a palacio.
Cuando se aventuró a regresar al palacio, fue de noche y todo estaba en calma, la falta de luna le ayudó a pasar desapercibido ante los guardias, con los cuales puso a prueba sus nuevas habilidades, las cuales no le fallaron. Ingresó a palacio y llegó a sus habitaciones, las que alguna vez había compartido con su madre, pero ahora los recuerdos no le dolían, simplemente no había dolor… sólo había odio y rencor. Y pronto su venganza tendría lugar.
Al día siguiente se presentó ante su padre, el hombre le miró con algo que JiHoon interpretó como lastima. Él ya no lo necesitaba, pronto podría deshacerse de él. Pero primero, debía deshacerse de su hermano… iba a apropiarse todo lo que le pertenecía… incluida JiYool.
Aquella mañana vio salir a JiYool a su paseo matutino por los jardines. La siguió con la mirada muy concentrado hasta que ella se dio cuenta. La Princesa le enfrento la mirada, JiHoon sonriendo socarronamente, inclinó la cabeza en una reverencia burlona. Ella entonces desvió la cara, algo había visto en esos ojos que le había causado un escalofrío.
JiHoon respiró profundo. Ya no aguantaba más… Tenía que hacerse de ella, tenía que hacerla suya cuanto antes. Poco le importaba ya lo que su hermano estúpido hiciera. Él tenía ahora la fuerza y el poder para deshacerse de ellos cuando quiera, por lo tanto, también podría empezar a adueñarse de lo que le pertenecía por derecho… empezando por JiYool.
Los días fueron pasando, JiHoon estaba impaciente, buscando el momento propicio para hacerse de “su” mujer.
Wow... Hace tanto que no actualizo este fic que temo que ya lo hayan olvidado. Espero que esta actualización no les haya defraudado y ya estoy trabajantr en el siguiente capítulo. Ahhhh... Espero no me lleve otros tantos añosamas jajaja... Gracias por su paciencia. Se les quiere.


Hola, yo me acorde justo de este fic, pensando nunca mas encontrarlo,pero menos si pude. Espero puedas continuarlo. =)
ResponderEliminarPara cuando las continuaciones de esta historia??
ResponderEliminarHOLA, MUY PRONTO TENDRÉ LA CONTINUACIÓN DE ESTE FIC, SEGÚN YO NO IBA A SER MUY LARGO Y REALMENTE SOLO LO TENGO PENSADO PARA UNOS 6 CAPITULOS PERO LA SRITA INSPIRACION NO HA ESTADO MUCHO DE NNUESTRO LADO ˆˆ
EliminarHola, aquí reportandome de nuevo y es que amo esta historia y quiero seguir leyendo o darle un cierre... X favor no te olvides de esta historia.... Gracias
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