Capítulo 1. (M)
Al
amanecer, YooChun, rey de las Ninfas, se desenredó de la desnuda, durmiente
mujer a su lado… solamente para descubrir que sus piernas estaban entrelazadas
con otras dos desnudas, durmientes mujeres.
Con
una risita contenida, medio dormida, se dejó caer hacia atrás en la suavidad de
la cama. Hilos negros de cabello femenino cayendo en cascada sobre sus hombros,
sedosos mechones rojos flotaron sobre su estómago, entrelazándose hermosamente
con otras trenzas rubias de mujer. Satisfacción tarareaba dentro de él.
Había
únicamente cuatro féminas en la residencia y todas las cuatro eran
deliciosamente humanas. Absolutamente sexual. Cautivante. Hace unas pocas
semanas, justo después de que su ejército había tomado control de esta
fortaleza, las mujeres habían entrado accidentalmente a través de un portal
conduciéndolas desde el mundo de la superficie. Los Dioses deben haber estado
sonriéndole la pasada tarde, porque tres de ellas habían encontrado el camino
directo a su cama.
Sonrió
lentamente y su mirada viajó sobre las saciadas bellezas durmiendo tan
pacíficamente a su alrededor. Altas, voluptuosas y bañadas por el sol eran
ellas, con rostros que van desde atrevidamente moreno hasta encantadoramente
claro.
Como
sea que ellas luzcan, no le importó. Simplemente, amaba a las mujeres. Amaba su
poder sobre ellas y no estaba avergonzado de él. No estaba arrepentido. Gozaba,
disfrutaba, saboreaba.
Devoraba.
Aunque
ninguna en particular había sido nunca más que algo pasajero, había adorado
cada exquisita pulgada de ellas. Sus dulces suavidades, sus gemidos entrecortados.
Sus sabores decadentes. Él amaba la manera en que sus piernas se apretaban
alrededor de su cintura (o cabeza) y dándole la bienvenida al paraíso, le permitían
un suave desliz o una ruda embestida—lo que sea que le sucede para preferirlo
al momento.
Mientras
yacía ahí, la luz desenrolló sus largos delgados dedos desde el techo de
cristal encima de él, acariciándolo todo, tocando y bañando a sus acompañantes
en un haz de resplandeciente sombra y trémula iluminación. El deseo perfumó el
aire, cercanamente palpable en sus cabezas. El calor irradió desde cada uno de
los cuerpos femeninos, tejiendo un peligrosamente seductivo capullo alrededor
de él.
Sí,
él llevaba una dulce, dulce vida.
Las
mujeres solamente tenían que mirar a YooChun para implorar por él. Oler su
eróticamente seductiva esencia de Ninfo para disponerse ellas mismas a su
placer. Escuchar su ronca, embriagante voz para desnudarse para él. Sentir una efímera
caricia de la punta de sus dedos para hacer erupción, pico tras delicioso pico
para rogar por más. No se jactaba de eso; era un simple hecho.
Justo
entonces, la mujer con el cabello negro se movió y descansó su pequeña,
delicada mano en su pecho. ¿Jessica? ¿Yoona? No estaba seguro de su nombre. No
podía recordar ninguno de sus nombres realmente. Eran cuerpos, en una larga
línea de bien complacidos cuerpos en los que había encontrado socorro; mujeres
que habían elegido ansiosamente permitirle dentro.
“YooChun”
La de cabeza oscura jadeó, una exquisita plegaria. Su expresión siendo suave
por el despertar, pero su mano empezó un lento deslizamiento hacia abajo y
envolvió su miembro, acariciando arriba y abajo, despertándolo de su
adormecimiento.
Sin
escatimar en ella una mirada, se agachó y apretó la palma de ella a la suya,
deteniendo su movimiento y acercando sus dedos a sus labios para un casto beso.
Ella se estremeció y sintió sus pezones endurecer contra el costado de él.
“No
esta mañana, dulzura.” Él dijo, hablando en su lengua nativa. Había tomado el
completo largo de las últimas dos semanas, pero finalmente había dominado el
extrañamente fluido idioma de ella. Una vez que se lo imaginó, era como si
alguna parte de él siempre lo hubiera sabido. “En unos pocos momentos debo
estar en mi camino. Me necesitan en otra parte.”
Tanto
como él amaría quedarse y perderse en otra hora (o dos) de tan delicioso
libertinaje, sus hombres aguardaban por él en la arena de entrenamiento. Ahí,
él les ayudaría a afilar sus habilidades con la espada y a desvanecer la
frustración que les azota tan fieramente todos estos muchos días. Con optimismo
sus siempre-presentes necesidades carnales serían olvidadas mientras se
preparan para la guerra que él sabía, esperaba en el horizonte.
Guerra.
Suspiró. Desde que su ejército conquistó este castillo y lo robó de los
dragones--- dragones ya debilitados de una batalla previa contra los humanos---
la guerra había sido inevitable. Lo aceptó. Pero ahora, sus hombres estaban
debilitados. No de la batalla, sin embargo.
Ellos estaban débiles de la falta de sexo. Y eso era inaceptable.
El
contacto sexual ayudaba a sus mentes y cuerpos a reciclar energía. Esa era la
manera de las ninfas. Tal vez debió haber traído ninfas femeninas con ellos a
este palacio. Pero para mantenerles a salvo, les había obligado a quedarse
atrás. No había anticipado estar separados de ellas por tanto.
Desde
que la batalla inicial había terminado, había convocado sus mujeres aquí.
Desafortunadamente no habían llegado y no había rastros de ellas en las
interiores o exteriores ciudades. La preocupación creció en él diariamente.
Había enviado un batallón de hombres a buscarlas--- con la orden de matar a
cualquiera que haya podido herirlas. Ay de sus enemigos, la ira de un ninfo era
algo terrible.
A
pesar de su preocupación, no dudaría que las mujeres--- quienes necesitan sexo
tan desesperadamente como los hombres--- habían tropezado con un grupo de
hombres y todavía no terminan su orgía.
Eso no ayudaría a sus hombres, de todos
modos.
“Hmm…
te sientes bien.” La mujer de cabello oscuro a su lado suspiró. “Estando cerca
de ti y mejor que haciendo el amor con cualquier otro hombre.”
“Lo
sé, dulzura.” YooChun pronunció distraídamente.
Sin
un fin a la vista de la abstinencia de su ejército, debe haber sentido culpa
por sus excesos la noche anterior. Y habría sentido culpa si hubiera sido el
que convocó a las mujeres aquí. Pero
ellas lo habían seguido, rasgando sus ropas y trazando con sus lenguas cada
pulgada de su carne antes de que pusiera un pie en la habitación.
Realmente,
él había intentado despegárselas y mandarlas a sus hombres, pero ellas lo
atacaron todo en lo más difícil. ¿Qué más pudo haber hecho excepto rendirse?
Cualquier otro hombre --- con una totalmente funcional polla, eso es--- habría
hecho lo mismo.
Tal
vez, después de la sesión de entrenamiento, sugeriría una vez más que estos
bocados deliciosos encontraran otros amantes.
“Sé
que tienes que irte… pero estoy agonizando por tocarte, YooChun.” Negras
pestañas revolotearon tímidamente y la mujer de cabello negro frunció sus
labios en una mueca enfurruñada. Bajó su codo, poniendo sus exuberantes pechos
en su directa línea de visión. “No me digas no.” Suplicó, trazando con la punta
de su dedo alrededor de su tetilla. “Cuidaste tan bien de mí la noche pasada.
Déjame cuidar de ti ahora.”
En
su otro lado, sus otras acompañantes se movieron.
“Mmm…”
la de rizos de fuego suspiró. “… días”
La
otra se estiró como un gatito satisfecho, pronunciando un bajo, ronco ronroneo.
Mientras avanzaba a una posición sentada, sus desaliñados cabellos dorados cayeron
en sus hombros. Cuando lo miró, sonrió lentamente, seductivamente. “Buenos
días” arrastró las palabras, el sueño pegado a su voz.
“Estuviste
asombroso” La pelirroja dijo, sus pálidos ojos azules se abrieron con
rememorada satisfacción.
“Como
tú estuviste… dulzura.” Otra vez trató
de recordar su nombre, pero no pudo. Se encogió de hombros, no era tan
importante de cualquier manera. Todas eran dulzura para él. “La mañana ha
llegado y es hora para que cada uno emprenda sus deberes.”
“No
nos eches. No todavía.” La de cabello oscuro dijo. Su cálida respiración
abanicó su oído antes de que su lengua saliera y trazara la curva de su mejilla
izquierda. “Déjanos tener otra---” besó su quijada “---probada de---”
mordisqueó su cuello “---ti.”
Tres
conjuntos de manos y pechos estaban súbitamente alrededor de él. Calientes,
ávidas bocas le succionaban. Húmedos, necesitados núcleos femeninos se frotaban
contra él. La esencia de un nuevo deseo emanaba desde la cama, envolviéndolo.
“Sólo
estando cerca de ti me hace desesperar por venir.” Una jadeó.
“Tú
siempre sabes lo que quiero, incluso antes de que yo sepa.” Otra exhaló. “No
puede tener suficiente de ti.” “Soy adicta a ti.” La tercera respiró. “Moriré
sin ti.”
Gemidos
y llantos de placer hicieron eco en sus oídos, la insaciable lujuria de las
mujeres las hacía desenfrenadas por su toque. Un fiero fuego se encendió en su
propia sangre, fortaleciéndolo como solamente el sexo podía. A veces, cuando la
necesidad llegaba a él, era reducido a un estado animal, tomando a sus amantes
con una salvaje intensidad mejor adecuada para el campo de batalla.
Ahora
era una de esas veces.
Con
un gruñido, abrió su boca y aceptó el beso de alguna, sus manos enredándose en
el cabello y en la dulcemente perfumada piel. Tal vez se uniría a sus hombres
para el almuerzo…
~°~°~°~°~°~
CLANG!
WHOOSH! CLANG!
Sudor
corría por el desnudo pecho de YooChun, viajando por los músculos tensos,
acumulándose en su ombligo, mientras oscilaba su espada, golpeando el pesado
metal en el arma levantada de su oponente.
KyuHyun
se tambaleó hacia atrás y cayó sobre su trasero, arrojando suciedad por todos
lados. Algo de ello, roció las recientemente botas pulidas de YooChun.
“¡Arriba!
Hombre…” Ordenó cuando KyuHyun se
mantuvo indefenso.
“¡No
puedo!” Su amigo jadeó.
YooChun
frunció el ceño. Esa era la cuarta vez que KyuHyun había golpeado el suelo
durante su sesión de entrenamiento y ellos solamente habían estado practicando
por una hora. Usualmente tan leal y poderoso como YooChun mismo, la debilidad
de KyuHyun hoy era desconcertante.
La
culpa que había logrado negar más temprano, rugió a la vida. El debió haber
enviado a las mujeres en su camino la tarde anterior, debió haberlas resistido
más determinadamente esta mañana. Mientras él era más fuerte, estos endurecidos
guerreros eran reducidos a esto.
“¡Maldita
sea!!” KyuHyun murmuró, su voz tensa. Todavía permanecía en el suelo, su cabeza
inclinada y sostenida en sus manos levantadas, cabello dorado escudaba sus
ojos. “No estoy seguro cuánto más pueda soportar así.”
“¿Qué
sobre el resto de ustedes?” YooChun hundió la punta de su espada en la arena,
una punta que había sido formada y afilada en la imagen de un alargado y letal
cráneo; una punta que infligía irreparable daño. La había acertadamente llamado
LA CALAVERA.
Su
mirada viajó por las filas de su ejército. Algunos estaban sentados en un banco
afilando sus cuchillas mientras otros se inclinaban sobre una pared de piedra
plateado-blanca, expresiones perdidas, muy alejados. Solamente KangIn apareció
listo para algo más que una siesta. Y solamente KangIn le prestó el mínimo de
atención.
Bueno,
eso no era del todo verdad. SiWon estaba encorvado, sus codos descansando en
sus rodillas, su cabeza inclinada a un lado mientras miraba hacia YooChun con
innegables destellos de furia sus ojos.
¿Qué
estaba molestando a su primo ahora? “Alinéense”, YooChun ordenó al grupo entero
“¡Ahora!” La agudeza de su tono finalmente atrajo su atención.
Lentamente
se encaminaron en una torpe línea, solamente unos pocos de ellos trataron de
aparecer alertas. Su ceño se profundizó. Ellos eran altos y bien constituidos,
sus hombres, con piel bronceada y perfectamente modelados rasgos. La fuerza de
su belleza a veces hacía llorar a mujeres adultas. Pero ahorita ellos lucían
líneas de tensión alrededor de sus ojos y bocas, puños temblorosos y piernas
inestables.
“Les
necesito fuertes y capaces, pero están tan débiles como bebés, cada uno de
ustedes.” En cualquier momento YunHo, rey de los dragones, descubriría que
YooChun había tomado este palacio, derrotando a todos dentro, y atacaría. Cuán
rápido caerían estos guerreros si fueran retados hoy. Apretó los puños a sus
lados. La derrota no era algo que él permitía. Jamás. No, él mejor moriría. Un
guerrero gana. Siempre. Sin excepciones.
KyuHyun
suspiró y fregó una mano por su rostro, su expresión siniestra. “Necesitamos
sexo, YooChun, y lo necesitamos ahora.”
“Lo
sé.” Desafortunadamente, las tres exhaustas humanas durmiendo en su cama no
serían capaces de manejar toda esta lujuria-hambre de los ninfos una vez.
Podía
mandar un puñado de soldados a la Ciudad Exterior para capturar sirenas; una
raza de mujeres que se deleitaban con el sexo tanto como las ninfas hacían.
¿Mujeres peligrosas? ¡Sí! Mujeres quienes atraían, seducían y mataban. Bueno,
trataban de matar. Pero era maravillosamente satisfactorio hacerlas caer,
completamente valen el riesgo.
Sin
embargo, las pocas veces que sus hombres habían entrado en la ciudad en estas
pasadas semanas, mujeres de todas las razas habían permanecido bien escondidas,
evitando a los ninfos como si fueran horribles, apestosos demonios. Ninguna
quería encontrarse esclavizada a la oscura, sexual hambre de los ninfos,
perdiendo toda su identidad, deseando solamente complacer a su amante. Un
inevitable resultado. Incluso para compañeras. Estas mujeres, de quien sea que
pasaron a ser, donde sea que pasen a ser encontradas, serán atesoradas, pero
todavía estaban esclavizadas.
“Puedo
oler las humanas en ti, eso está haciendo mi propia necesidad más intensa.”
NickHun dijo. Con su cabello obsidiana, divinos rasgos y malicioso sentido del
humor, mujeres de todas razas acudían en masa hacia él. No había nada travieso
en él ahora, sin embargo. Él irradiaba celos y resentimiento. “Te mataría si
tuviera la fuerza.”
Más
culpa se extendió por YooChun. Él tenía que hacer esto bien. Tanto como odiaba
admitirlo, había solamente una solución a este predicamento.
“¿Todavía
desean viajar a través del portal?” Preguntó, preparando sus brazos tras su
espalda. Desde el descubrimiento de la extraña, poza vertical en las cavernas
debajo de este palacio; la misma poza que las mujeres habían utilizado para
viajar del mundo de la superficie a Mirotic; sus hombres habían rogado
penetrarla que ya había perdido la cuenta. Cada vez, su respuesta había sido la
misma: ¿Dioses? ¡No! Su amigo Seunghyun, rey de los vampiros, le había dicho
que las criaturas de Mirotic no podían sobrevivir en la superficie por largos
periodos de tiempo.
Además,
necesitaba sus hombres aquí, listos para pelear y defenderse. Pero débiles como
estaban ahora, no obtendrían una victoria sobre un grifo persiguiendo su cola,
mucho menos un brutalmente salvaje respira-fuego.
Si
había la oportunidad de que pudieran encontrar más mujeres humanas, viajar a la
superficie valía el riesgo, se dio cuenta.
“¿Bien?”
dijo
Casi
todos sus hombres sonrieron y se cerraron alrededor de él. Un coro de “Sí”
explotó de sus bocas. Solamente KangIn permaneció quieto, pero entonces, él no
tenía necesidad de visitar la superficie. Él había sido emparejado a la cuarta
mujer humana en la residencia.
Emparejado.
YooChun trató de no encogerse. Cuando un ninfo se emparejaba, se emparejaba de
por vida. No importa su edad, no importan sus circunstancias, cuando encontraba
la mujer destinada a vivir a su lado, su cuerpo no imploraría por otra; su
corazón latiría solamente por una. La única. Le había sido dicho que un ninfo
reconocería a esta “única” en el momento que sintiera su aroma, en cambio, ella
le reconocería, eligiéndole por encima de los demás.
YooChun,
también cómo muchos de sus hombres, vivía con miedo de encontrar a su pareja,
durante demasiado disfrutó bien su libertad. Él no se podía imaginar desando a
una sola mujer. Él no podía imaginar una mujer siendo capaz de mantener su
interés y saciar todas sus pasiones por más de una simple noche.
Tal
vez no estaba destinado a tomar pareja. Un hombre podía esperar, de cualquier
manera.
“¿Viajaremos
a través del portal?” Alguien preguntó cortando sus pensamientos.
“Sí”
extendió sus brazos rindiéndose. “Por fin, mis amigos, yo cedo.”
“¿Qué
tan pronto podemos marcharnos?” KyuHyun.
“Gracias,
gran Rey” ChangMin
“Dioses,
mi polla necesita algo de atención femenina” Nickhun
Alivio
goteaba de sus voces, ya la lujuria quema al rojo vivo en sus ojos,
fortaleciéndolos. No los culpaba por su impaciencia por dejar el palacio.
Habría estado reducido a una rugiente bestia si hubiera sido forzado a ir sin
la dulzura de una mujer por tanto como ellos habían. Pero eso era algo que él,
como Rey, nunca había tenido que soportar. Y nunca tendría que soportar, estaba
seguro.
Su
encanto carnal era más grande que el de cualquier otro, ninguna mujer podía
resistírsele. Un hecho que sus hombres habían aceptado desde hace mucho--- y él
mismo lo había disfrutado. “Muchos de ustedes tendrán que permanecer aquí,
resguardando el palacio.” Les informó. “Y esos quienes van, no pueden
permanecer mucho tiempo. No más que una hora, tal vez dos. Traeremos tantas
como podamos, entonces se decide quién recibe a quién.”
“Debimos
habernos ido hace días.” SiWon refunfuñó.
YooChun
eligió ignorarlo. Sabía que la frustración hablaba por su primo.
“¿Por
qué necesitamos regresar tan rápidamente?” Nickhun preguntó, frunciendo el ceño
en respuesta. “Quiero disfrutar de un amante o dos antes de regresar a casa.”
“Sabemos
nada de la superficie, su gente o sus armas, pero más que eso, no sabemos
cuando los dragones nos atacarán. Debemos ir, tomar las mujeres que queramos y
regresar rápidamente.”
Las
cejas arena de KyuHyun se arquearon “¿Nosotros?”
“Les
guiaré, por supuesto.” No enviaría a sus hombres a un territorio inexplorado
sin él. “Pero no se preocupen, no tomaré a ninguna mujer para mí mismo. Las
tres felizmente satisfechas y durmientes mujeres en mi habitación me proveen de
suficiente estimulación para mí.” Por ahora. “Dejaré el reclamo para ustedes.”
Todos son unos ninfomanos pervertidos!
ResponderEliminarYoochun... en verdad eres un caso e.e
Espero que cuando conoscas a Junsu, a él se le ponga flácida por verte xD
Ya me imagino cómo será con el YunJae!!! ><
wa chun eres un pervertido .. caleton... pero se que cuando veas al nalgon se te quitara eso^^
ResponderEliminarUUUUFFF ESTE ES MI PRIMER FIC EN ESTE GENERO Y CREO QUE SI NO DIGO ESTO ME VIY A MORIR. " odiooooo a Jessicaaa¡¡¡¡y quiero matar a la tal Yoona(>.<) Lo bueno de esto es que som x cero a la izquierda para mi Chunie.wooo amo a mi Ninfo no puedo esperar a que Chunnie se tope coN Junsu y le ponga en predicamento jajak
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