Capítulo
2. (M)
UNA
BODA EN LA PLAYA completa con una amplia extensión de reluciente playa,
rompientes olas azules, mágica rosa-dorada puesta de sol y cálida, sofocante
brisa. Pétalos blancos de rosas esparcidos a lo largo de la arena de grano
fino, bailando y girando con cada viento gentil. La pareja que ahora
comprometiendo su amor eterno, miraba profundamente uno en los ojos del otro,
sus manos aferradas juntas y sus labios suavemente abiertos en expectación de
un beso venidero.
¿Había
algo más dulce? ¿Algo más romántico?
¿Había
algo más digno de broma?
Kim
JunSu expulsó un frustrado suspiró y miró hacia abajo a su top de bikini de
conchas y a la falda de pasto. ¿Quién eligió esta clase de basura para las
damas de honor? Alguien que quería que lucieran como bestiales horribles
monstruos, ese quien. Mientras más feas las damas de honor, más bonita la
novia.
Dios,
estaba aterrada de considerar lo que la multitud ricamente vestida de
espectadores pensaba de su traje “déjame-hacerte-unbailehula-del vientre”.
Probablemente se parece a una zombie zorra.
Pálida,
esa era Kim JunSu. Piel pálida, Cabello pálido. Más de una persona se había
burlado de ella, a través de los años, llamándola fantasma, reina de las
nieves, vampiro, albino. La aplastante lista de estigmas seguía y seguía. El
único color que ella poseía provenía de sus ojos; eran de un profundo, rico
café, y eran, en su opinión su único rasgo redentor.
Ella
pudo haber usado el autobronceador que su madre le envió para este evento, pero
las consecuencias de la última vez que probó ese tipo de producto todavía
estaban frescas en su mente: una aterradoramente piel naranja, apariencia
mórbida, manos con manchas y miradas horrorizadas. Tal vez debió pasar un par
de horas en una cama de bronceado, tal vez se ampollaría, pero al menos tendría
algo de color. Rojo de un camión de bomberos, pero era color.
Mientras
estaba parada ahí, una nueva idea para su negocio, Anti-Tarjetas, asomó de
repente en su mente. Debo admitir que trajiste la religión a mi vida, pensó
mirando a la novia que además pasaba a ser su madre, finalmente creo en el
infierno.
Suspiró.
La longitud de su cabello blanco-plateado se esparció en sus hombros, una
perfecta imitación del vestido satín que se desliza ondulante a los tobillos de
su madre. ¿Había alguien más hermosa que JiHyo la próxima-a-ser-la-sra. Kang?
¿Alguien más quirúrgicamente mejorada? ¿Alguien más que iba de paso por los
hombres como un kleenex sexual?
¿Qué
era eso? ¿El sexto matrimonio de su madre?
En
ese momento, su madre miró hacia ella y frunció el ceño. “Espalda recta”
murmuró “Sonríe.”
Como
siempre, JunSu pretendió no notar las órdenes amables. Enfocó su atención en el
ministro.
“Para
amar, honrar y apreciar…” estaba diciendo, su Suave barítono derivando a través
de la menguante luz del sol. En su mayoría, JunSu escuchaba bla, bla, bla,
antes de bloquee su voz del todo.
Amor.
Cuánto despreciaba la palabra. La gente usaba el amor como excusa para hacer
cosas ridículas. Él me engañó, pero me quedo con él porque lo amo. Me golpea,
pero me quedaré con él porque lo amo. Se robó cada centavo de mis ahorros, pero
no voy a presentar cargos porque lo amo. ¿Cuántas veces había pronunciado su
madre esas mismas palabras?
¿Cuántas
veces los novios de su madre habían tanteado a JunSu misma, clamando que ellos
lo habían hecho solamente porque se habían enamorado de su madre y la amaban a
ella? Ella, una simple niña en ese entonces. Pervertidos.
El
padre de JunSu era otro principal ejemplo de tal “el amor es todo lo que
importa” idiotez. Tengo que dejar a tu madre porque me he enamorado de alguien
más. Aparentemente se enamoraba de varios “alguien más”.
Después
que su última esposa lo había engañado y entonces se divorció, JunSu le había
enviado una tarjeta de “Lo siento mucho”. Lo que en realidad había querido
enviar era una tarjeta “Finalmente obteniendo lo que mereces, gran mierda ¿No
lo es?”. Claro, nadie la tenía disponible, lo cual fue la razón de que
comenzara a hacer las suyas propias. El negocio de las anti-tarjetas estaba en
auge. Parecía que había mucha gente ahí afuera que quería decirle a alguien
“vete a la mierda”; de una manera rotunda.
Ella
trabajaba ochenta horas a la semana, pero lo valía. Gracias a tarjetas
populares como “Soy tan miserable sin ti, es casi como si estuvieras aquí” y
“Puedes hacer más con una palabra amable y un arma que con sólo una palabra
amable”, proporcionó trabajo a veintitrés mujeres afines y hacían más dinero
del que hubiera soñado posible.
La
vida, para la pequeña niña de aspecto extraño que nunca había llenado las
expectativas de sus padres, estaba finalmente bien.
“Ahora
puede besar a la novia” el pastor dijo.
Gracias
a Dios. JunSu expulsó un precipitado suspiro de alivio, sus hombros caían
mientras su tensión se derretía. Pronto estaría en un avión, volando a casa, a
Seúl y su tranquilo pequeño departamento. Sin señales de romance que la irrite
ahí. Sin siquiera un gato que la moleste.
En
medio de alegres aplausos, el “ceja-levantada”, “implante-de-mejilla” novio
puso uno [beso] húmedo torpe en la mamá de JunSu. La brillante pareja se giró y caminó
por el pasillo, el lírico sonido de un arpa haciendo eco tras ellos. JunSu
avanzó más cerca del agua, lejos de las masas, escapa dentro de su
ensimismamiento ahora que todos se estaban enfilando hacia la carpa de la
recepción.
Había
cumplido con su deber de hija (otra vez) y no había ninguna razón para
quedarse. Además quería salir del rozador sostén de conchas y la picante falda
de pasto lo antes posible.
“¿A
dónde estás yendo, tonta?” una de las otras damas dijo, enganchándose en su
brazo con sorprendente agarre de acero. “Tenemos planeado tomar fotos y atender
a los invitados.” Así, la tortura no había acabado todavía. Ella gruñó.
Después
de posar una hora para un fotógrafo que finalmente se rindió tratando de
hacerla sonreír, se encontró sirviendo pastel a una fila de invitados
traga-champaña. Muchos de ellos la ignoraron, solamente barren con su pastel y
se alejan. Algunos trataron de hablarle, pero (ella creía) la encontraron
demasiado brusca y se retiraron.
¿Cuándo
terminará esto? Sólo quiero ir a casa. Pero la línea había dejado de moverse,
prolongando su tormento. Grr. Elevó la mirada. Un hombre había pedido su
pastel, pero no había salido del camino. En vez de eso, la miraba, la estudiaba.
“¿Puedo
ayudarle?” preguntó
“Tomaré
una pequeña rebanada de ti, si es lo que estás sirviendo” replicó, balanceando
su plato en una mano y girando su champaña en la otra. Sus ojos negros
brillaban con alegría.
Él
usaba una camisa blanca desabrochada en el cuello, una aflojada corbata negra
de moño y pantalones negros ceñidos al cuerpo. Su cabello negro iba
perfectamente cortado, ni una hebra fuera de su lugar. Un padrino, ella
recordó.
“Señor,
está reteniendo la fila.” Ella forzó un tono duro y una expresión severa
mientras regresaba a rebanar el pastel y apalearlos en los platos. Había
aprendido desde muy temprana edad que era mejor mantener a la gente a distancia
desde la primera. Y si ella tenía que hacerlos odiarla, entonces lo haría,
porque ella no podía permitirse el más ligero indicio de la más suave emoción,
la misma cosa que llevaba a decepción, rechazo y angustia. “Muévase. Ahora.”
El
hombre no se alejó como ella esperaba. “Creo que tal vez necesito…”
“JunSu,
querida…” Su madre la llamó alegremente. La cara esencia de su perfume emanaba
desde ella, mezclándose con el aroma de azúcar y especias mientras flotaba al
lado de JunSu. “Estoy tan contenta que hayas conocido a tu nuevo hermanastro,
Jongki.”
¿Hermanastro?
No otro. Mostraba exactamente cuánto contacto había tenido JunSu con su mamá
en estos pocos años pasados. No había sabido que el novio número seis tenía
hijos. Realmente, ella no había conocido a su más nuevo papá hasta una hora
antes de la boda.
JunSu
miró a Jongki “Nunca he actuado bien con otros” ella dijo para suavizar el
borde de su más reciente rudeza. Pero eso era, nada más.
“Eso
escuché.” Dijo él, riendo entre dientes.
Incluso
era mucho más atractivo cuando reía así. Mirando a otro lado, tomó dos platos y
los dio a la gente detrás de él. “Fue bueno conocerte, Jongki, pero realmente
necesito terminar de servir a los invitados.”
La
banda eligió ese momento para romper en una suave, romántica balada. Jongki
todavía no tomaba la indirecta y se alejaba. “Nunca pensé que diría esto, pero
¿Quieres bailar conmigo, hermanita? Después de que termines aquí, por
supuesto.”
Abrió
su boca para decir no, pero ningún sonido emergió. Quería decir sí, JunSu se
dio cuenta. Incluso aunque sus hermanastras y hermanastros cambiaban más frecuentemente
que su ropa lo más probable es que nunca volviera a ver a este hombre otra vez,
ella quería decir sí. No porque ella estuviera atraída por Jongki o nada como
eso, si no porque él representaba todo lo que siempre se había negado a sí
misma. Y necesitaba mantener negándose. Más seguro de esa manera.
“No,”
dijo “sólo… No.” Una vez más volvió su atención al pastel.
Su
madre pronunció una extraña risa. “No hay razón para ser ruda, JunSu. Un baile
no te matará.”
“Dije
que no, Eommonim.”
Hubo
una pesada pausa, entonces, “Tú” su madre dijo, con una voz bruscamente dura.
Apuntó a una de las otras horriblemente vestidas damas. “Ocúpate del pastel.
JunSu, ven conmigo.”
Fuertes
dedos se enroscaron en la muñeca de JunSu. Un minuto más tarde ella estaba siendo
arrastrada fuera de la carpa de la recepción a la orilla de la playa. Aquí
vamos otra vez… suspiró. Esto siempre pasaba. Cuando sea que ella y su madre se
veían forzadas a compartir el mismo espacio, JiHyo siempre estallaba y JunSu
siempre dejaba recuerdo de qué decepción era.
Dios,
no necesito esto. Arena se apretaba entre sus pies calzados con sandalias,
mientras una brisa cálida y salada la envolvía. Su falda de pasto crujía sobre
sus rodillas. Mechas de etérea luz de luna iluminaba su camino. Las olas
cantaban una gentil, calmante canción.
Los
aterciopelados ojos cafés de su madre--- ojos exactamente como los suyos
propios--- se entre cerraron levemente.
Soltó la mano de JunSu como si tocándola pudiese causar arrugas prematuras.
“Estás tratando a mis invitados como si estuvieran enfermos.”
JunSu
cruzó sus brazos alrededor de su cintura. “Si me conocieras por completo…” dijo
suavemente. “Sabrías que así trato a cualquiera.”
“¡No
me importa cómo trates a alguien más! Tú tratarás a todos aquí, incluso a
Jongki; ¡no!, especialmente a Jongki, con respeto. ¿Me entendiste? Sólo…”
empujó un mechón de cabello de su cara. “… pretende que tienes un corazón por
unas pocas horas.”
Eso
picó. Gravemente. Pero JunSu se forzó a sí misma a sonreír. “¿Por qué no vas,
encuentras a tu nuevo esposo y le dejas que te tranquilice? Esta clase de
preocupación sólo causará que te marchites como una pasa.”
Jadeando
aterrada, su madre palpó la piel alrededor de sus ojos, sintiendo sus patas de
gallo. “Justo tuve botox. No debería tener ni una simple línea o pliegue. ¿Ves
una arruga? ¿Ves una maldita arruga? No puedo levantar mis cejas para
encontrarlas, los músculos no funcionan.”
JunSu
rodó sus ojos. “¿Hemos terminado aquí?”
Su
madre aporreó el pie y frotó “Finalmente he encontrado el amor de mi vida. ¿Por
qué no puedes entender eso y ser feliz por mí?”
“Uh,
Hola… Este es el sexto amor de tu vida.”
“¿Y
qué infiernos? He cometido errores en el pasado. Eso es mejor que aislarme de
todas las relaciones como tú has hecho, sólo para evitar ser herida.” Pausó
alzando su barbilla. “Rechazas a cada hombre. Nunca saliste.”
No,
no lo hizo. No más. Siempre había sospechado de los caminos que habría que
viajar para obtener el legendario “felices por siempre”. En algún punto, sin embargo,
ella había intentado la cosa de las citas. Rápidamente descubrió que los
hombres nunca llamaban cuando decían que iban a llamar. No estaban interesados
en ella como persona, estaban interesados en quitarle la ropa. Admiraban otras
mujeres cuando se suponía que estaban cortejándola.
Mentían,
usaban, engañaban. Y no valían la pena.
JunSu
enredó una hebra de pasto alrededor de su dedo. “Te deseo todo lo mejor con tu
nuevo esposo, Madre.” Sin razón para repetir todo. Otra vez. “Ahora me estoy
yendo a casa.”
“Tú
no te estás yendo a ningún lado hasta que te hayas disculpado con Jongki.” Un
dedo fue empujado en su cara. “Lo trataste miserablemente, y no lo toleraré. No
lo toleraré, ¿Me escuchaste?”
Lo
había tratado miserablemente y se sentía culpable por eso. Pero no se
disculparía. Eso incitaría a conversación. Conversación atraería a amistad, y
amistad incitaría emoción. Emoción, ultimadamente, implicaría todo lo que ella
tan duramente había trabajado para evitar. “¿Realmente esperas que obedezca una
orden maternal tuya? ¿Ahora? ¿Después de una niñez crecida por niñeras?”
“Bueno,
¡Sí!” fue la titubeante respuesta.
“Estás
olvidando algo. Soy la princesa de hielo de amargoslovakia, la gran duquesa de
amargostonia y la reina de amarguralandia. ¿No es así como me has llamado por
años?”
Gentiles
olas salpicaron en la distancia.
“Debería
haber sabido que actuarías de esta manera.” Su madre replicó. Con un giro
molesto de su muñeca, lanzó un oscuro mechón de cabello sobre sus hombros y
miró hacia el agua. “Todo lo que hubiera querido es una linda, hija normal. En
cambio estoy atorada aquí contigo. No serás feliz hasta que hayas arruinado mi
boda.”
“¿Cuál
de todas?” JunSu preguntó secamente. Haciendo a un lado su dolor. Prefería
mucho más la helada insensibilidad con la que usualmente se rodeaba. Esa
insensibilidad la había salvado durante su niñez, llevándola de la depresión y
la desolación a una vida de satisfacción, si no de alegría.
“Todas,
maldita sea.” JiHyo no la enfrentó, pero continuó mirando el agua primigenia.
Otro salpicar se escuchó, esta vez más cerca. “Estás celosa de mí, y por eso tú
nunca has querido que yo sea feliz. Cada vez que estoy cerca, haces algo para
herirme.”
Todas
esas cosas que su madre había dicho, la hirieron más. Después de todo, JunSu
estaba ahí porque quería que su mamá fuera feliz. No había sacado a la mujer de
su vida, porque, a pesar de todo, se preocupaba. Era algo contra lo que había
peleado y odiado, pero ahí estaba. La chica que no se dejaba preocupar por nada
ni nadie más, todavía quería la aprobación de su mami. Ugh. “No me culpes. Tú
sola eres responsable.”
“Gary
y yo queríamos que este día fuera perf…” los ojos de JiHyo se abrieron
grandemente, mirando con lujuria, mientras sus palabras se atascaban en una
abrupta interrupción. “¡Perfecto!” Ella suspiró soñadoramente. “Hmmm… ¡tan
perfecto!”
La
manera en que su voz derivo en un ronco ronroneo, como si quisiera quitarse el
vestido y bailar desnuda a la luz de la luna, JunSu había parpadeado en
confusión. “Um, hola. Discusión por aquí.”
“Hombre.”
Tenía un timbre hipnotizante la palabra, un trance que habla de pasión y
secretas fantasías. “Mi Hombre.”
“¿De
qué estás hablando?” JunSu arrastró su mirada al océano. Su boca se abrió en
shock.
Ahí,
brotando del agua como dioses marinos primitivos, estaban seis gloriosamente
altos y musculosos bárbaros. La luna colocada reverentemente detrás de ellos,
envolviéndolos en un halo dorado. Cada uno de ellos, cargaba una espada, para
ser honestos con Dios, una “te rebanaré en un millón pedazos” espada. Además
cargaban hombres vestidos como buzos, anclados bajos sus brazos, otros cubrían
sus espaldas. Otra vez no pudo evitar preocuparse.
Los
guerreros estaban sin camisa, y todos ellos poseían un vigoroso abdomen de
lavadero, piel tan bronceada que le recordaba el oro líquido vertido sobre
acero y caras que ningún súper modelo masculino envidiaría. Sólo que mejor.
Mucho mejor.
Increíble…
surreal… magnificente.
JunSu
tragó saliva y su corazón dio un vuelco. Aire caliente pegó en sus pulmones,
ardiendo y lamiéndola en llamas al rojo vivo. Los seis guerreros estaban
súbitamente mirando hacia ella como si fuera una comida apetitosa, sin requerir
cubiertos. Extrañamente bastante, ella quería postrarse en una mesa, desnuda,
ofreciendo su cuerpo como una cena buffet. Todo lo que puedas comer. Sin cargo.
Humedeció
sus labios, su boca se hizo agua, su piel hormigueando, su estómago apretando.
Estoy encendida. ¿Por qué demonios estoy encendida? Y lo más importante ¿Por
qué no estaba corriendo?
Más
cerca y más cerca ellos venían. Tan cerca que ahora podía ver las plateadas
gotas de agua deslizarse por sus lampiños pechos y amontonarse en sus sexis
ombligos.
Despierta
de esto, tonta, pensó aturdida. Su mirada fue cautivada por el hombre del medio
y por un momento, olvidó moverse. Olvidó respirar. Peligro, su mente aportó.
Letal. Era más carismático que el resto, su cabello oscuro colgando en un
húmedo enredo alrededor de sus perversamente hipnotizantes rasgos. Sus ojos…
Oh, Dios. Sus ojos. Eran azul verdoso ---no taaan humano--- ni el color
mezclando con el otro, pero por sí solo, tan eróticamente seductivo, ella
sintió la atracción de su mirada hasta sus huesos. Sus pezones se endurecieron
y un dolor palpitaba entre sus piernas.
Había
algo feroz en él, algo indómito y salvaje, un destello engañosamente tranquilo
en su expresión que le dijo que él haría lo que el infierno le placiera, cuándo
infiernos quisiera. Y mientras ella lo miraba, él la miraba. Él estudiaba su
rostro, un abrasador parpadeo de excitación en aquellos magníficos ojos suyos,
profundizando y mezclando el azul verdoso a un ardiente turquesa. Pero la
excitación estaba seguida rápidamente de un brillo de ira.
¿Ira?
¿Estaba él molesto? ¿Con ella?
“Míos”
Su madre en una tenue pesca de aliento, todavía perdida en alguna especie de
trance. “Todos míos”
Nunca
dejando su confiada presunción, los guerreros salieron del agua y dejaron caer
los todavía-inconscientes buzos en la playa. Con los brazos ahora libres, el
guerrero de en medio movió su dedo, atrayendo a JunSu hacia él.
Estremeciéndose, ahogándose en su masculinidad, de alguna manera se las arregló
para sacudir su cabeza no. Ve hacia él, su traviesa mente suplicó. Ella sacudió
su cabeza otra vez, violentamente en esta ocasión.
La
suave barbilla del hombre se inclinó a un lado y él frunció el ceño. “Ven
aquí”, su voz un ronco murmullo que flotó sobre la pequeña distancia, tan
intoxicante y embriagadora como una erótica caricia.
Otro
estremecimiento se deslizó por su espalda, tan intenso que casi cayó en sus
rodillas. ¿Qué pasaría si realmente la tocaba? ¿Qué pasaría si él perdía esos
labios rosados deliciosos a lo largo de cada curva y hueco suyos?
Detente,
JunSu, una pequeña racional voz dentro de ella le ordenó. Sólo detente.
“Ven
aquí” él repitió.
“Sí”
su madre dijo, ya caminando hacia él. La soñadora mirada en sus ojos
oscurecidos con deseo. “Necesito tocarte. Por favor, déjame tocarte.”
La
parte de JunSu que sabía que estos hombres eran peligrosos, también sabía que algo
estaba mal con su mamá; y con ella misma; pero ella todavía no era capaz de
defenderse. Una maravillosamente intensa sensual confusión estaba tejiéndose a
través de su mente, y nada más importaba.
“¡Pelea
contra esto!” Se dijo a sí misma. “¡Pelea contra esto! ¡Lo que sea que es!”
Librando una batalla mental, pateó y empujó las súbitas imágenes de ella misma
y ese hombre, desnudos, tendiéndose juntos, su boca en sus pechos, sus dedos
deslizándose dentro de ella, sus piernas abiertas, dándole mejor acceso…
“No…
¡No!” Cayó al piso. Incluso mientras hablaba, un manto de calma cayó sobre sus
pensamientos. Una familiar pared helada encerró sus emociones, sacándolo todo,
excepto la necesidad de huir.
Estos
hombres… quienes fueran… lo que fueran… eran, eran peligrosos, sus intenciones
obviamente maliciosas. Tenían espadas, por el amor de dios, e irradiaban
lujuria. Sangrienta lujuria, sexual lujuria, ella no sabía.
Casi
estaban sobre ella.
Frunciendo
el ceño, con el miedo incrementando, alcanzó y aferró el brazo de su mamá,
sacudiendo a JiHyo para detenerla. “No te acerques a ellos”
“Debo…
tocar”
“Tenemos
que conseguir ayuda, advertir a los demás. ¡Algo!”
“Déjame
ir” Ella luchó contra el agarre de JunSu, desesperada para liberarse. “Tengo
que…”
“Tenemos
que regresar a la carpa. ¡Ahora, muévete!”
Arrastrando a su agitada madre detrás de ella, JunSu corrió hacia el
área de recepción, hacia las voces rientes, suave música e incautos invitados.
Mientras corría, osaba mirar detrás de ella. Los hombres no se habían
ralentizado, no se habían alejado. Lujuria y hambre se intensificaron en sus
miradas mientras la seguían.
“¡Ayúdennos!”
Gritó, mientras pateaba arena con cada paso. Corrió la cortina a un lado y
entró a la carpa. “¡Alguien llame a la policía!”
Nadie
la escuchó. Estaban demasiado ocupados bailando y bebiendo olvidándose de ellos
mismos, gracias al bar abierto.
“¡Déjame
ir!” Su mamá continuaba gritando. Cuando falló en ganar su libertad, hundió sus
agudos pequeños dientes en el brazo de JunSu.
“¡Maldita
sea!” JunSu hizo la única cosa en la que ella pudo pensar: enganchó su pie
detrás del tobillo de su madre y empujó, enviando a la novia lanzándola hacia
atrás a la mesa de los postres. Comida y platos se estrellaron en el suelo,
pero al fin su madre permaneció horizontal, tratando de recuperar el aliento.
Mucha
gente miró a JunSu, entonces a la caída novia. Sus ojos se abrieron, algunos en
confusión, algunos en horror, pero la mayoría en asombro.
“Hay
hombres…” JunSu apuntó “… ahí afuera. Hombres peligrosos. Tienen espadas.
¿Alguien tiene un arma? ¿Alguien llamó a la policía?”
Reorientada,
su madre sacudió su pie. Despreocupada de que ese glaseado rojo y blanco ahora
rayaba su vestido de diez millones de wons. Ella codeó su camino pasando los invitados.
“Lo necesito. Déjame regresar a él.”
“¿JiHyo?”
Su nuevo esposo preguntó, incrédulo. Se apresuró hacia su esposa y la encerró
en sus brazos. Su expresión preocupada mientras ella luchaba por liberarse.
“¿Qué está mal contigo, gatita?”
“Yo
lo necesito… a él.” La última palabra fue pronunciada en un aliviado, feliz
suspiro.
Los
seis dioses marinos habían sacudido violentamente la carpa. Entraron, ocupando
cada pulgada de espacio respirable y bloqueando la única salida. Inmediatamente
la música chilló hasta detenerse. Los invitados hombres se acobardaron, como si
la muerte hubiera recién llegado y las mujeres jadearon de dicha, casi
moviéndose hacia los guerreros, alargándoles las manos, ansiosas de tocarlos.
“Largo
de aquí…” JunSu gruñó. “Tenemos armas. Armas de fuego… y otras cosas
amenazadoras.”
Los
seis pares de ojos escanearon la multitud, bebiendo en cada detalle… buscando…
buscando… entonces se fijaron en ella. Ella tembló, mareante calidez
provocándola. Imágenes desnudas trataron de correr a través de ella otra vez.
Piel sudorosa, ruborizada, rosada por la excitación…
¡No
otra vez! Forzó a su mente a permanecer en blanco.
¿Quiénes
eran esos hombres? ¿Cómo hacían eso? ¿Cómo hacían para hacerla olvidar qué y
quién era para simplemente disfrutar lo que ella sabía de alguna forma, ellos
podían darle?
Peleando
en una ola de miedo, JunSu tomó el cuchillo del pastel del piso y lo sostuvo en
frente de ella. Glaseado manchó su mano; su corazón golpeaba erráticamente en
su pecho. En la preparatoria ella había tenido unas pocas peleas con sus
hermanastros. Sí, ese había sido su equivocado intento de mantenerlos a
distancia, así a ella no comenzarían a gustarle únicamente para perderlos unos
pocos meses después, pero ella realmente se las había arreglado para ganar
algunas de esas peleas. No que alguno de sus hermanos o hermanas habrían
cargado cuchillos o lucían más músculo que dos cuerpos más constituidos
fusionados juntos.
El
guerrero de en medio, el exquisitamente formado hombre de cabello negro quien
le había hecho señas en la playa, le ordenó una vez más. Había aún un indicio
de enojo en sus ojos, todavía una demasiado-sexual atracción sobre él. Ahora,
sin embargo, parecía el más depredador. Sexual. En la bien iluminada carpa,
ella podía ver el aro de plata brillando en su tetilla.
“Ven.”
Él dijo.
Todo
dentro de ella podía gritar por obedecer, ir hacia él, succionar ese aro con su
boca mientras se frotaba ella misma contra su erección, pero ella tragó saliva
y sacudió su cabeza. “No.” Erección. Dios. Ella ni siquiera había mirado ahí,
pero ella sabía, como si el conocimiento estuviera impreso en cada una de sus
células, que él estaba excitado.
Sus
besables, lamibles labios se levantaron en una lenta, perversa sonrisa, como si
él quisiera que ella se le siguiera negando. “Te enseñaré el error de tus
modales.”
Sip.
Él quería.
Encuentro YooSu! Hay encuentro YooSu! Rai nau!
ResponderEliminarX3
Dios! Junsu! En verdad eres peor que un témpano de hielo D:
De solo leer tus reacciones me han dado calosfríos ><
O.O junsu es mjer aqui.. xD eso es junsu no te dejes tan facilmente asi el sea sexy.. hermoso... perfecto. *v*♥
ResponderEliminarJajajajaj"Noooo pues si que la mamá de Jinsu esta bien traumada coneso del envejecimiento jajaj" y si que es muy ligera ajajaj" Me agrado la actitud de Junsu asi como que "La indomable" vientos Su haste la dificil(^.<) Se respiraaa sexoooo con la presencia de estos Dioces OMG
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