Capítulo
3.
¡MI
PAREJA! YooChun pensó incrédulo. Él había encontrado a su pareja.
No
había estado buscando, no había querido encontrarla, pero la había encontrado.
Como un legendario reclamo, había captado su esencia y la había reconocido.
Reconocido más allá de cualquier duda. Cada una de sus células había despertado
por ella, respondido a ella.
Cuando
él y sus hombres habían salido primero del portal, guerreros marinos humanos
vestidos con extrañas, entalladas, negras vestimentas les habían atacado e
intentaron arrastrarlos sobre botes que esperaban arriba. Después de eso, los
ninfos no se habían preocupado del escenario de este mundo de la superficie del
que solamente habían soñado. Ellos simplemente quisieron encontrar algunas
mujeres y arrastrarlas a Mirotic.
Una
mujer en particular había cautivado y mantenido su mirada. Era alta y esbelta,
aun bellamente curveada, su estómago plano, sus caderas ligeramente
redondeadas. Sus piernas eran largas y afiladas y subían directamente al nuevo
centro de su mundo.
Su
cara angelical contaba con una deliciosa pequeña barbilla, brillantes mejillas
y una delicadamente inclinada nariz. Sus ojos en forma de almendra y cafés, un
rico café, casi dorado, llenos de una llamativa vulnerabilidad y una innegable
determinación, compensadas por asombrosamente pálidas, gloriosamente largas
pestañas.
Nunca
había visto piel tan clara y luminosa como la de ella, ni siquiera en un
vampiro. Como la misma luna que había visto brillar en los cielos, ella era
suave y radiante. Etérea. Sus manos picaban por levantarlas y acariciarla
lentamente, prolongando y saboreando, asegurándose que no se desvanecería, un
inalcanzable sueño.
Mientras
por la ropa que usaba, él hacía votos para mantenerla vestida exactamente así
por el resto de su vida. Las muchas tiras de verde pasto colgando de su
cintura, se separaban con cada respiración suya, revelando suculentas visiones
de sus muslos. No, él no había querido encontrar su pareja; y una humana, no
menos. Pero debajo de la ira, estaba un hambre posesiva que no podía negar. No
quería negar.
Él
había sido complacido por mujeres (muchas, muchas mujeres) por muchos años, que
había olvidado lo que se sentía cómo era desear una por su cuenta. Simplemente
mirar y rogar. Ya su sangre ardía con un aparentemente insaciable fuego, su
piel se estremecía. Mía. Sus músculos endurecían. Mía.
Obviamente,
ella aún no le había reconocido como su pareja. De hecho, parecía que ella
solamente quería que su desaparición. Interiormente se burlaba. Permaneciendo
como ella estaba, parecía intocable, esta pareja suya, pero tocarla él lo
haría. Moriría, si no lo hacía.
YooChun
se detuvo, parpadeó, las palabras haciendo eco a través de su mente. Él
moriría, si no lo hacía. ¿Cuántas veces una mujer le había dicho algo similar?
¿Qué moriría si él no la tocaba? ¿Qué moriría si él no la follaba? Nunca había
entendido hasta justo ahora, estudiando a la pequeña rayo de luna.
Ella
era esencial para su existencia. Él odiaba ese hecho, podía, pero ahí estaba.
Mientras
él bebía de ella, sus labios se separaron levemente, como si no pudiera decidir
si aspirar una bocanada de aire o dejar salir un grito. YooChun quería que
hiciera ambos. Quería que su nombre se deslizara de su lengua mientras jadeaba
y gritaba en su clímax. Ella era su pareja; su mujer; y lo probaría a
cualquiera que dijera lo contrario. Incluso a ella. Oh, sí. Cada una de sus
células lo sabía, sabía que ella le pertenecía. Nunca jamás sería capaz de
disfrutar otra mujer. ¿Disfrutar? Pensó. Casi rió. ¿Había disfrutado a una
mujer realmente hasta ahora?
Él
quería al rayo de luna. Sólo
mirándola ahora, su cuerpo se olvidó de los excesos del día, estaba hambriento
por una probada de ella.
Pero
ella le había dicho no. Muchas veces. Había huido de él, también. YooChun aún
no había abatido su sorpresa sobre ese hecho. O su excitación. El guerrero
dentro de él se deleitó con el reto de hacerla cambiar de opinión y hacerla
desesperar por tenerlo.
Su
mirada se desvió a la pequeña daga que ella sostenía, levantada y lista, y las
esquinas de su boca se contrajeron. ¿Realmente pensaba mantenerlo alejado de
ella con esa insignificante hoja?
Pero
ella tenía mucho que aprender sobre un determinado guerrero ninfo.
“Reúnan
todas las mujeres sin pareja.” Dijo a sus hombres, hablando en su lengua
nativa, nunca quitó su mirada del objeto de su fascinación.
Ella
retrocedió un paso. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho se tranquilizó.
Enderezó sus hombros, levantó la cuchilla más alto y dio un paso de regreso a
su lugar. ¡Ah! Una mujer de coraje. Una que pelearía hasta la muerte. Él sonrió
deseándola por completo.
“¿Qué
es lo que quieren con nosotros?” Ella demandó, usando el mismo lenguaje que las
otras mujeres de la superficie habían usado.
Él
difícilmente la había escuchado; estaba demasiado concentrado en la manera en
la que sus labios suaves-como-pétalos se movían tan sensualmente. Por la
pequeña lengua rosa que él había percibido dentro. Su polla se sacudió en
reacción.
De
repente una mujer frotó la punta de sus dedos en su brazo. Él arrancó su mirada
del rayo de luna; seguramente una de
las cosas más difíciles que había hecho nunca; y miró hacia abajo. No sólo una
mujer, él se dio cuenta, si no muchas lo rodeaban. Ellas habían hecho su camino
hacia él y sus hombres y estaban corriendo sus manos sobre ellos, haciendo ooh
y aah. Algunas incluso frotaban sus pechos contra ellos.
YooChun
reprimió un jadeo de sorpresa cuando se dio cuenta de que un hombre trataba de
besar a NichKhun. NichKhun puso una expresión de total horror y empujó al
determinado hombre lejos.
“¿Solamente
las sin pareja?” KyuHyun preguntó, sus ojos cerrándose en rendición cuando una
bonita morena lamió su clavícula.
“¡Solamente
las sin pareja!” confirmó.
Los
ninfos eran capaces de oler otro hombre en las mujeres, y esas mujeres con
amante permanente serían dejadas aquí. Si el pequeño pálido rayo de luna que le mantenía tan
embelesado ya había sido emparejada, él la habría tomado de cualquier manera.
Sin reserva. Pero él sabía por su dulce hipnotizante esencia que ella
pertenecía a ningún hombre, salvo a él mismo.
Sin
necesidad de ningún otro estímulo, sus hombres saltaron en acción, atrayendo a
las mujeres sin pareja para alinearse. Por supuesto, estas mujeres obedecieron
sin vacilación, sus instintos femeninos instruyéndoles a obedecer cada edicto
de los ninfos. Las emparejadas lloraron de angustia porque no fueron elegidas y
trataron de meterse en la fila. Incluso el hombre que deseaba a NichKhun
intentó tomar un lugar en la fila.
Cuando
un hombre humano protestaba por los acontecimientos, era rápidamente abatido:
un duro puñetazo a la sien que lo arrastraba a la inconsciencia. La mayoría
estaba demasiado asustada para hacer algo y permanecía encorvada y temblorosa
en los límites de la tienda. ¡Qué enclenques hombres! YooChun pensaba. ¿Nunca
se habían comprometido en una batalla antes? No se podía imaginar actuando de
tal manera.
Regresó
su atención al rayo de luna. “¿Sabes
quién soy?”
“¿Qué
quieren con nosotros?” demandó ella por segunda vez, ignorando su pregunta. Él
rió con su más perversa risa. “Lo que cualquier hombre quiere de ti. Tu cuerpo.
Me pertenecerás. ¡Ahora, vamos!”
En
vez de obedecer, ella enseñó los dientes frunciendo el ceño, mostrando una
blanca línea de perfección. ¿Por qué no podía ser hipnotizada por él? ¿Por qué
no estaba rogando por su contacto? El misterio lo intrigaba.
“No
puedes hacer esto,” ella escupió. “Lárgate de aquí antes de que llegue la
policía y seas arrestado.”
¿Policía?
¿Arrestado? YooChun frunció el ceño. “Cambiarás de opinión con respecto a mi
posesión sobre ti… esto lo juro.” Maniobró alrededor de las mujeres que todavía
competían por su atención, y cerró la distancia entre él y el rayo de luna. Los ojos de ella se
abrieron con cada uno de sus pasos. Lo más cerca que él venía, más su deliciosa
fragancia lo atraía como una cadena. Excepto…
Uno
de sus hombres la alcanzó primero, sus brazos se envolvieron en su cintura
desde atrás y jalándola en sus brazos. Ella pateaba, peleando como un vampiro
hambriento de sangre.
Un
gruñido salvaje subió a la garganta de YooChun, reprimió una ola de total
furia. Furia sobre su tormento; furia sobre su intensa sensación de
posesividad. Mía. Ella me pertenece. Nunca había experimentado momentos de
celos en su vida. Él y sus hombres compartían mujeres todo el tiempo. Pero el
ver que otro hombre sostuviera cercanamente su pequeño rayo de luna le desató.
“¡Mía!”
Él ladró. Incluso pensó en romper los brazos del guerrero para alejarlo de
ella, él todavía recordó. “¡Ella es mía!”
ChangMin
se detuvo, las cuentas de sus cabellos sonaron juntas. El rayo de luna continuaba peleando en sus brazos, golpeando sus puños
en su cara, haciéndolo sangrar y hacer muecas.
Si
la dejaba caer y la hería, YooChun bullía, él moriría.
“Pero
mi rey, usted dijo que no quería ninguna de estas mujeres de la superficie.
Usted dijo que serían para nosotros.”
Lo
hizo, YooChun se dio cuenta. El recordatorio le envió otra ola de oscura furia
cayendo en él. Él nunca había roto su promesa a sus guerreros antes; ellos
esperarían que mantuviera su promesa hoy, y con razón. Lo cual significaba que
uno de sus hombres esperaba reclamar esta mujer, su pareja, para él mismo,
desnudándola, complaciéndola, viendo su clímax.
No
podía permitir eso.
Cada
instinto que poseía demandaba que hiciera algo, cualquier cosa, para prevenir
que ocurriera. Aún no había nada que pudiera hacer, y lo sabía. Sus ojos se
estrecharon y sus puños se cerraron a sus costados, él dijo “Yo la cargaré…” un
filo de acero en las palabras.
ChangMin
lo miró silenciosamente por un prolongado momento, entonces se encogió de
hombros, dándosela. “Es una salvaje. Tenga cuidado con sus piernas o le pateará
su hombría.” En el momento que sus manos estuvieron libres, ChangMin agarró a
otra mujer, una belleza de cabello negro quien se miraba menos que complacida
por lo que estaba sucediendo.
Mmm.
Muy raro. Otra infeliz. ¿Qué estaba mal con estas mujeres de la superficie?
YooChun
se olvidó de ella, sin embargo, mientras estrechaba gentilmente al rayo de luna entre sus brazos. Ella se
quedó quieta, pequeños golpes rompían su piel. Ella mantenía su cara lejos de
la suya y enredó sus manos sobre su estómago. Incapaz de resistirse, enterró su
nariz en su cuello respirando su fragancia de… nieve y flores silvestres; ¡Sí!
Eso es lo que su esencia era… saboreando la suavidad de su piel.
“¿Hueles
mi esencia?” le preguntó.
“N-no.
¿Debería?”
Sus
hombros cayeron con desilusión. “Si no me bajas…” ella dijo rígidamente, como
si cada palabra fuera forzada de su garganta. “Voy a sacarte los ojos y
comerlos enfrente de ti.”
Él
rió, la desilusión olvidada. Ella tenía un dulce rostro y una natural sed de
sangre. Qué deliciosa contradicción. “¿Por qué no estás rogándome para
complacerte?”
“¿Estás
burlándote de mí?” Ella jadeó. “Alguien necesita entrar a EGOS ANONIMOS, por lo
que veo. ¡Ahora, bájame!”
“No
respondiste a mi pregunta.”
“Y
no lo voy a hacer. ¡Por el amor de Dios, bájame!”
“Quiero
sostenerte. Por siempre.”
Un
músculo cosquilleaba en su mandíbula, esta vez ella no contestó.
“Quisiera
poder darte lo que pides.” Él dijo. “Demasiado bueno… me gusta donde estás.”
El
lado del cuerpo de ella que estaba presionado contra su pecho y todos lados que
su piel tocaba, ardía. “Tal vez, sin embargo, yo estaría dispuesto a negociar
contigo. Tal vez podrías convencerme de conceder tu petición.”
Al
fin, ella dirigió su mirada en su dirección. Cuando sus miradas se encontraron,
azul contra café dorado, él aspiró el aire. La conciencia crepitó en su
interior, más fuerte que antes. Tal belleza. Su fosa nasal quemaba, sabía sus
pupilas dilatadas. Su cuerpo endureció dolorosamente.
Ella
tragó saliva, y su ya pálida piel se volvió más pálida. “Sin negociación. Sólo
bájame. ¿O tú y tu escuadrón de gónadas esteroideas planean violarnos?”
“¿Violación?”
preguntó desfamiliarizado con la palabra. Juzgando por su tono, no era
favorable. “Explícame esto de la violación.”
Ella
lo hizo. Y en la más disgustada voz que él hubiera escuchado.
Él
río de nuevo. ¿Indiferente hombre cerdo? ¿Mujer indispuesta? “Dulce rayo de luna, me diviertes. Nunca he
forzado a una mujer en mi vida. No, cuando yo te tenga en mi cama, estarás
desesperada por ello. Desesperada por mí.”
Ay Chun... e.e
ResponderEliminarLa modestia no lo implementaron cuando te crearon e.e
Aunque... si... eres un dios del sexo hecho y dereho! *-*
JUNSUUUUU QUE BARBAROO ERES GRANDE HASTA PARA HACERTE EL DIFICIL JAJA ES DIVERTIDO IMAGINARTE CON TODO Y TRAJE TAITIANO SACANDOLE LAS CANAS Y TAMBIEN LAS GANAS A MI RATÓN. ESO DEL RECLAMO SE PONE INTERESANTE PORQUE AL PARECER EL RAYITO ES INMUNE(¡.¡) aigooo que bellos que lo llame "Rayo de luna" Cierto no creo que haya mujer que se te resista Chunnie eres todo un sexy dandy¡¡¡¡
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