Capítulo
4.
CUANDO
TE TENGA EN MI CAMA, estarás desesperada por ello. Desesperada por mí.
Para
JunSu la total confianza de su voz era más aterradora que si hubiera gritado
las palabras. Como era, un delicioso calor se tejía por su sangre. Un calor que
le suplicaba que dejara de resistirse y disfrutara cada caricia robada, cada
caricia del aliento del hombre en su piel.
Sin
importar que las otras mujeres en la tienda estaban acariciando al guerrero
como si fuera un inocente gato casero. Hagan eso a una inocente muñeca
inflable. Ellas estaban rogando; ¡Sí! Rogándole que les haga el amor.
Quejándose, incluso y gimiendo. Sonidos de éxtasis flotaban a sus oídos.
Entrégate,
su cuerpo suplicó. Pruébalo. Una probada no te herirá.
Presa
del pánico de su propia débil fuerza de voluntad, JunSu golpeó la palma de su
mano en la nariz de su captor. Su cabeza se batió hacia atrás y sangre goteó
hasta su labio. “¿Por qué hiciste eso?” Él demandó después de una sorpresiva
pausa.
Agradecidamente,
su agarre en ella se aflojó. JunSu inclinó su espalda y él luchó para mantener
su agarre en ella. JunSu se las arregló para liberarse y caer en sus pies.
¡Fuera de aquí! El sentido común le gritó. Ahogando los cada vez mayores
lamentos de su cuerpo para que se quede. Ella avanzó, arrastrando su mirada
salvaje en toda dirección, buscando por su mamá. Su respiración surgió en
superficiales, irregulares jadeos.
Ella
vio a Jongki, yaciendo inconsciente en el suelo. Cuando había protestado las
acciones de los guerreros, uno de ellos lo había golpeado. Vio a Gary, el nuevo
esposo de su madre, buscando frenéticamente en la multitud. Pero no había señal
de su mamá. ¡Maldita sea! ¿Dónde estaba? Ellas podrían tener una inestable
relación, pero no podía, no lo haría… dejarla atrás.
JunSu
avanzó, con la intención de seguir la cabeza de Gary y pasó por las masas, pero
el guerrero detrás de ella se apoderó de su muñeca en una pinza tipo tornillo.
Su sangre corrió ardiente por el sensual contacto, entonces el frío del miedo.
Le
había preguntado si le había olido y ella dijo que no. Bueno, había mentido.
Ella inhaló su erótica viril fragancia cada vez que él estaba cerca. E
incendiaba sus hormonas en un delirio. Ahora no era diferente.
“¡Me
golpeaste!” Él dijo. La sorpresa sin diluir, estratificada en sus palabras,
como si nadie hubiera osado a levantarle la mano antes. “¿Por qué hiciste eso?”
Silenciosa,
JunSu se giró y le arrodilló en las pelotas. Sólo levantó la pierna y boom.
Contacto. Se dobló, un silbido forzado jadeando desde su garganta.
“No
tan caliente para mi cuerpo ahora, ¿verdad?” Ella murmuró, sin dejar su
búsqueda.
“Eso…
duele.” Rechinó los dientes.
“Claro
que lo hizo y hay más de dónde ese vino, si me agarras otra vez.”
Sin
otra palabra, ella salió disparada, todavía buscando… buscando… ¡Ahí!
Finalmente. En una esquina, su nuevo padrastro tenía sus brazos alrededor de su
madre, encerrando una combativa JiHyo en el lugar.
JunSu
saltó sobre sillas caídas y bordeó mesas volteadas, resbalándose y deslizándose
a lo largo de un río de ponche rojo. Alguien enredó un brazo alrededor de su
cintura y la acarreó contra una pared de piedra de un pecho; y no era su
guerrero. La esencia de este hombre era diferente, no exactamente como exótica.
Incluso su piel se sentía diferente, no exactamente tan ardiente. Sus brazos
poseían una leve polvareda de vello oscuro.
Ella
gritó y lanzó su cabeza hacia atrás, golpeándolo en la barbilla. Su cuerpo
entero vibró con la fuerza del golpe. Él gruñó algo y ella no tenía que conocer
su lenguaje para saber que estaba maldiciendo. Sus brazos cayeron; ella se dio
la vuelta, lista para pelear.
Ella
nunca debió haber venido aquí, nunca debió haber tomado el vuelo. Nada bueno
venía de las bodas de su madre. Sólo dolor y sufrimiento, y esto era lo peor de
todo.
El
“He-Man” la miró a través de sus entrecerrados ojos azules. “Sólo quería
besarte.” Él dijo en su lenguaje esta vez, su voz tan pesadamente acentuada que
ella tuvo problemas descifrando las palabras. Cuando su frenética mente
finalmente dedujo su significado, ella lo abofeteó.
“¡Ow!”
“Sin
besos.” ¿Qué era con el escuadrón
esteroides y su obsesión carnal? Déjame complacerte. Estarás desesperada
por mí. ¡No, no y no! Excepto por el líder. O el que ella asumía que era el
líder. Anteriormente, cuando habían entrado primero en la tienda, él había
hablado en ese extraño lenguaje y todos los hombres habían corrido a la acción.
A él, ella neciamente deseaba.
Ella
cerró los ojos. La etérea, hermosa cara de él se formó en su mente. Ojos de
“Fóllame”, labios de “Fóllame”. Cuerpo de “Te follaré”. Ella mordió el interior
de su mejilla hasta que probó sangre. ¿Cómo ejercía un embriagador, seductivo
poder? Aún ahora ella ardía, y le dolía y lo anhelaba.
Un
invitado de la boda obviamente gay vestido con un top rosa de lentejuelas y
pantalones de terciopelo negro se acercó al guerrero enfrente de ella. Sin
pedir permiso, el hombre enredó sus ágiles brazos alrededor de la cintura del
guerrero y besó su hombro bronceado por el sol.
El
guerrero se puso rígido, y su boca se estiró en una mueca. “Te dije que te
detengas. No. Me. Toques. Eres un hombre. ¡Actúa como uno!”
JunSu
no esperó a escuchar el resto de la conversación. Ella saltó alrededor de su
supuesto captor, cerrando el resto de la distancia entre ella y su mamá.
“Vamos, tenemos que salir de aquí.” Ella dijo al mismo tiempo que JiHyo “Si no
me dejas ir, Gary, te apuñalaré mientras estés dormido y cortaré tu corazón.”
Líneas
de tensión entrecorcharon los demasiado delgados labios del novio. Preocupación
y miedo brillaron en sus ojos. “¿Qué debo hacer?” preguntó, mirando a JunSu.
La
urgencia golpeó a través de ella. “Sólo lánzala sobre tus hombros, al estilo de
los bomberos, y larguémonos de aquí. Antes de que sea demasiado tarde.”
“Es
demasiado tarde” Escuchó detrás de ella.
La
familiar, ronca voz la hizo estremecer. Hacía sus músculos tensarse, listos
para la sublime satisfacción. Ella se derritió. No, se puso tensa. Una de las
manos del líder se deslizó por su desnudo estómago, morena y dura contra su
pálida suavidad. Estremecimientos rompían sobre su piel. Su otra mano se
deslizó por su hombro, a lo largo de su clavícula y se ancló a su pecho
cubierto por conchas marinas. Ambos brazos tiraron de ella hacia atrás y la
encerraron contra él, musculoso pecho dándole la bienvenida de nuevo. Esa
deliciosa esencia de virilidad y oscuridad, noches de luz de luna flotaron
hasta ella.
Debía
protestar. Al menos regañarlo por tal atrevimiento. Las palabras se rehusaban a
dejar su boca, sin embargo, y ella contaba sus bendiciones que no apoyaría su
cabeza en su hombro.
“No
más pelea.” Su cálido aliento besó el hueco de su oreja, disparando peligrosas
chispas a través de sus terminaciones nerviosas. “Mi nariz todavía duele,”
añadió malhumorado, “Así como mi po… hombría. Tal vez lo primero que necesito
enseñarte es cómo tratar la citada hombría.”
¡Oh!
Dios… hundiéndose… hundiéndose… más profundo bajo su hechizo. Si no fuera por
la barrera de conchas de su sostén sus dedos habrían rodeado su pezón,
probablemente apretando y enrollándolo. Sus rodillas casi se derrumbaron.
¡Ohmygodsun! Oh… mi… exquisito. Absolutamente exquisito. La larga, dura
longitud de su erección presionó en la hendidura de su espalda baja y la frotó
contra ella.
Sus
ojos se cerraron en rendición, una extraña debilidad invadió sus extremidades.
Ella se había pensado inmune a la lujuria. En todas las citas en las que había
estado, ninguno la había afectado así. Ni siquiera los que habían terminado con
un beso. Esos ahora parecían insignificantes, totalmente aburridos.
Los
hombres la molestaban, se recordó a sí misma, y este la molestaba más que
ningún otro. Sigue pensándolo y tal vez lo creerás.
Para
su horror; cofcoftotalregocijocofcof; trajo su otra mano a jugar, acunando su
otro pecho. “Paraíso…” susurró. “¿Estás segura que no me hueles?”
¿Por
qué quería tanto que ella le oliera? “Estoy segura.”
Pausa.
Entonces, “Imagina cuando te tenga desnuda, cuán intensas las sensaciones
serán.”
Sí,
él la molestaba. Y ella quería ser molestada por el resto de su vida. “Por
favor.” Se las arregló para decir entrecortadamente. Tristemente, no sabía por
qué estaba rogando. ¿Libertad? ¿O más de él?
“¿Por
favor, qué?” no le mostró misericordia, él ronroneó las palabras directo en su
oído. Sus suaves labios se frotaron en el límite exterior; su lengua se lanzó
dentro, tan sólo para retirarse rápidamente y dejarla temblando por más. “¿Por
favor llevarte a mi hogar? ¿Por favor darte incalculable placer? Di las palabras,
y lo haré.”
Oh,
dios.
Alrededor
de ella, gorgojeos y entrecortados gemidos de pasión reinaban mientras otras
parejas aprovechaban el momento para abrazarse. No importa; que ninguno le
prestaba la más ligera atención. Esta gente podía verla, podía ver dónde su
captor tenía sus manos puestas.
Si
no lo paraba pronto, deslizaría sus dedos pasando su falda y los adentraría en
su mismo calor. Lo sabía, lo sentía en la tensión de su agarre. “Por favor.
Déjanos ir. Déjanos solos.”
“Me
temo que eso es lo único que no puedo hacer por ti.” Apretó sus pechos.
“Necesito demasiado estar dentro de ti.”
Ella
tragó saliva. No pienses en sus palabras, no pienses en sus palabras. “Te daré
nada más que problemas. Soy molesta e irritable, la mayoría de la gente no puede
estar a mi alrededor.”
“Pronto
te tendré tan saciada que tolo lo que serás capaz de hacer es sonreír.”
“Sáciame.”
Su madre dijo, finalmente liberándose del agarre de Gary. Se enredó en los
tobillos del guerrero, besando sus pies. “Sáciame, te lo suplico.”
“¡Levántate!”
JunSu demandó. Viendo a su recién casada madre humillándose, la sacó del
sensual hechizo. “¡Corre! ¡Escapa!”
Él
ignoraba a JiHyo, diciendo, “¿Cuál es tu nombre, dul… amor?” La pregunta surgió
tan calmadamente como si fuera algo de todos los días tener a alguien babeando
sobre sus botas.
“Soy
JiHyo” Su madre respondió antes de que ella pudiera hablar, “pero puedes
llamarme como quieras.”
Suspirando,
se agachó, levantó a JiHyo con una mano y la empujó hacia Gary. Su agarre en
JunSu nunca se perdió. “¿Cuál es tu nombre?” repitió, teniendo que hablar sobre
los repentinos sollozos de JiHyo.
Rebelde,
JunSu presionó sus labios en una delgada línea y se forzó a ignorar el
embriagante, seductivo fuego hormigueando a través de ella. ¿Qué podía hacer
para forzar a su mamá a escuchar? ¿Para arrancar a la mujer de su
encantamiento?
“Negociaré
contigo. Te diré mi nombre y entonces tú me dirás el tuyo.” Pausó. Cuando ella
no respondió, continuó. “Soy YooChun, líder de los ninfos. Tú puedes llamarme ¡Oh!
Dios. Es lo que las otras habitantes de la superficie han decidido llamarme.”
YooChun.
El nombre se susurró a largo de cada corredor y cavidad de su mente. Él…
espera. ¿Había dicho habitantes de la superficie? “Preferiría llamarte Persona
a quien le voy a patear el trasero. ¿Y qué quieres decir, habitantes de la
superficie?”
Una
pausa, gruesa y pesada y tensa. Entonces, “¡Me sorprendes!” él dijo, el meloso
tono de su voz con confusión. “Yo esperaba que mi compañera…”
Una
cadena de extrañas palabras le interrumpió.
Tensándose,
YooChun enfrentó al hablante. JunSu hizo lo mismo. El hombre estaba
cercanamente tan alto como el que la sostenía, pero su cabello era negro y sus
ojos eran verdes como esmeraldas. Él también sólo usaba pantalones y botas, su
bronceado pecho desnudo en amplia exhibición. Él dijo algo más.
YooChun
respondió en el mismo, cortado lenguaje.
¿Qué
estaban diciendo?
Cuando
el siguiente habló, el hombre de cabello negro señaló hacia JunSu con una
inclinación de su barbilla.
Lo
que sea que YooChun respondió, no era agradable. Su tono era duro, totalmente
inflexible. Cortando con órdenes. El guerrero se pausó solamente un momento, se
encogió de hombros y se alejó.
“¿Qué
fue eso?” preguntó tratando de no caer en pánico otra vez, JunSu ladeó su
cabeza y miró a YooChun. Eso demostraba ser un error. Un gran, gordo error
cubierto de chocolate. En el momento en que sus miradas se encontraron, una ola
de energía sexual destelló entre ellos, más fuerte que antes, innegable e
irresistible. Él la comía con sus ojos, mordida por devastadora mordida,
mentalmente desnudándola, ya montándola. Duro. Rápido.
Desvía
la mirada. Desvía la mirada, ¡Maldita sea! Nada más que esa penetrante y
embriagadora mirada y ella se vendría. Entonces y ahí, sin estimulación física
requerida. Necesidad se enroscaba entre sus piernas, acumulándose ardiente y
húmeda, haciendo espirales a través de su estómago y sus pezones.
“¡Oh,
Dios!” dijo con voz entrecortada. ¡Desvía la mirada! El intenso dolor era
demasiado. “¿Sobre qué era esa conversación?” no quería gritar, pero la
pregunta se arrancó de ella mientras desviaba su mirada al piso.
“Estoy
llevándote a tu nuevo hogar.” Respondió. “Vivirás conmigo y verás todas mis
necesidades. ¿Vendrás de buena gana?”
“¡Infiernos,
no!” Sus ojos se cerraron hacia sus sandalias, mientras luchaba contra la
urgencia de enfrentarlo otra vez. “¡Me estoy quedando aquí! ¿Me escuchas?
¡Estoy quedándome!”
Él
se inclinó, su boca jugaba con su oreja. “Estoy contento de que digas eso.
Ahora te cargaré.”
Sin
otra palabra, le dio la vuelta y la levanto sobre su hombro, como si no pesara nada
más que una bolsa de plumas.
“¡Idiota!
¡Asno! ¡Tarado!” Ella pateó y peleó con toda su fuerza, y su rodilla golpeó en
su estómago. “Bájame. Te haré miserable. Nunca dejaré de pelear contra ti. No
veré tus necesidades.”
“Tú,
amor, me harás un hombre bien satisfecho.” Rechinó los dientes. “Eso te lo
prometo.” Él pasó la línea de mujeres.
A
pesar de sus luchas, JunSu sostuvo la mirada acuosa de su mamá hasta que la
tienda fue corrida por YooChun y la cargó noche adentro. Al menos su mamá no
fue forzada a padecer… lo que sea que estos hombres vayan a hacerle y a las
otras padecer.
El
resto de los hombres siguieron el paso a un lado de YooChun. Las jóvenes
mujeres solteras les siguieron alegremente, felizmente, detrás. Desde adentro
de la tienda, el sonido de sollozos femeninos hizo eco. “Llévame contigo.”
Muchas llamaron. “Por favor, lo estoy suplicando.”
JunSu
se aquietó. Frotó sus ojos y apretó el puente de su nariz. Esto no está
pasando. Seguramente este grande, musculoso, pecadoramente magnífico guerrero
no la estaba cargando sobre su hombro, caminando hacia el océano, determinado a
llevarla a su hogar. Donde sea que eso pudiera ser. ¿Qué debería hacer? ¿Qué
podía hacer?
YooChun
dudó por un momento, igual que los otros. “Hermoso…” murmuró mirando el
aterciopelado cielo nocturno los puntitos de luz de estrellas. “Tan hermoso…”
habló en el lenguaje de JunSu; ¿Para su Beneficio? “Ahora que tenemos nuestras
mujeres, podemos disfrutar la vista.”
“Los
cielos parecen continuar por siempre.” Dijo otro impresionado. Él también habló
en su lengua nativa, siguiendo la guía de YooChun.
“Había
soñado con esta tierra, pero nunca me imaginé tal majestad.”
“¿Está
seguro que no quiere quedarse aquí, mi Rey? Podemos traer el resto del ejército
aquí y…”
YooChun
negó con un movimiento de cabeza y los suaves mechones su cabello rozaron la
espalda desnuda de ella. Se estremeció. “Estoy seguro.” Dijo “SeungHyung fue
muy claro. Permanecer en la superficie es morir en la superficie. Ya no nos
quedamos.” Empezó a seguir, esperando que todos lo siguieran. Ellos lo
hicieron.
“¡Por
última vez, bájame!” JunSu gritó. Palmeó su trasero. “¡Ahora!”
Él
golpeó su trasero en respuesta, entonces, la sorprendió y excitó, masajeando el
lugar del golpe. Su mano se quedó y disfrutó la sensación de su trasero. Si su
falda de pasto se separaba algo más…
Ella
gruñó en su garganta. Molesta con él, molesta consigo misma. Permanecer fría y
sin emociones no era una opción. “Esto es ilegal. Vas a ser capturado. Los
criminales siempre son capturados. En tu juicio voy a pedir la pena de muerte.”
“Mientras
te haya probado, puedo morir como un hombre feliz.”
“¿Se
supone que eso me hará callar?” Golpeó sus puños en su espalda, viendo la arena
pateada a sus pies. El eco que producen las olas llenó sus oídos. “¿Se supone
que me hace feliz que me hayas tenido amarrada como un saco de patatas? ¿Y por
qué infiernos estamos caminando hacia el agua?”
“Te
lo dije. Estoy llevándote a mi hogar.” Con su paso fácil, caminó sobre los
buzos que todavía yacían inconscientes en la playa.
“¿Mataste
a estos hombres?” Demandó. “¿Quiénes eran?”
“Estaban
esperando en el portal y atacaron, así no me detuve para buscar una
presentación. Y no, no los matamos. Simplemente los hicimos dormir.” YooChun
entró en el océano. Frías olas rodaron en sus tobillos… sus rodillas… sus
muslos. Saladas gotas rociaron la cara de ella, ardiendo sus ojos.
Un
jadeo se deslizó de su boca. “¡Alto! Detente en este instante. Bájame.”
Él
siguió moviéndose, más y más profundo en el agua.
“¡Idiota!
¿Qué estás haciendo? Vas a ahogarme.”
“Nunca
permitiré que algún daño te suceda, pequeño rayo
de luna.” Todavía el continuaba en el agua. Las otras mujeres les seguían
felizmente, usando una sonrisa alegre. Como si retozar a sus muertes fuera perfectamente
aceptable. Incluso divertido.
Espera.
No, no todas las mujeres seguían felizmente. Una con cabello oscuro estaba
peleando con su captor, luchando por libertad.
El
corazón de JunSu golpeó en su pecho, un errático golpe de tambor. Un latido de
guerra. “Vas a matarnos a todas. Tú vas a… ¡umph!” ella tragó una bocanada de
agua salada, y la próxima cosa que supo, estaba completamente sumergida. Sus
ojos ardían. Su garganta forzada. Cabello flotaba alrededor de su rostro como mechones
de cintas marfil.
El
hombre idiota mantenía sus brazos cerrados alrededor de ella, una en la curva
de sus rodillas, otra en su pequeña espalda. Sus palmas estaban calientes, tan
calientes, un asombroso contraste contra el frío líquido. Blanco-plateado
cabello continuaba bailando alrededor de ella. Colorido pez nadó pasando su
línea de visión. Ella quería gritar. Oh, cuánto quería gritar. Pero cada vez
que abría su boca, tragaba más agua.
Más
profundo, más profundo él se hundía. Ella necesitaba respirar, ¡Maldición! En
cualquier minuto sus pulmones iban a explotar. YooChun estaba loco. Un asesino
de ahogamiento en una misión suicida.
Ella
peleó contra su agarre con toda su fuerza, pateando, golpeando, rasguñando.
Finalmente el océano llegó a ser tan profundo que él no podía permanecer en
posición vertical. Se inclinaron hacia adelante, y comenzó a usar sus poderosas
piernas para incluso más profundo. Aún más profundo.
Voy
a morir, ella se dio cuenta. Realmente a morir. El terror la golpeó. Sus
pulmones ya gritaban por aire. Había muchas cosas que ella quería hacer y morir
no era una de ellas. Quería escribir un libro, tal vez un sensiblero romance
donde la heroína experimentaba el amor que JunSu siempre se había negado.
Quería tener otro tatuaje, tal vez una bonita flor esta vez. Su primer tatuaje,
una calavera con huesos cruzados en su espalda baja, era algo que había tenido
en un intento para hacer que sus padres la notaran.
Su
mamá lo había notado definitivamente y todavía le enviaba sus cupones para
remover tatuajes cada pocas semanas. Los cupones la divertían, la hacían sentir
que gustaba… si no amada.
Otro
pensamiento trató de formarse, pero su mente se puso en blanco, cortándolo y
llegando a ser tan oscuro como el agua. Respira, mentalmente gritó. Respira
antes de que te desmayes.
De
repente, el agua se hizo clara, tan transparente que podía ver tan perfectamente
como si estuviera en tierra. Incluso la sal se disipó, calmando sus irritados
ojos. YooChun tiró de ella hacia adelante, hasta que estaban cara a cara.
Automáticamente ella intentó alejarse de él, pero él la sostuvo estrechamente.
Tal vez era lo mejor. Ella no quería perder su sencilla conexión con la vida. Y
Justo ahora, YooChun era su única sólida ancla-psicótico, sin embargo, era.
¡Sí!
En el momento, él era ambos, destructor y salvador.
“Respirar…”
articuló con la boca. Su cuerpo rayaba en los espasmos, forzándola a intentar
tomar aire. Sin importar que el agua todavía la rodeaba.
“Pronto”
Él, también, articuló. Señaló con su cabeza y ella sofocó su pánico lo
suficiente para girar y mirar. Sus ojos se abrieron cuando vio el remolino,
gelatinoso remolino avecinándose. ¿Qué infiernos era esa cosa? ¿Y por qué
YooChun nadaba directo a ello?
Tenía…
que detenerlo. Con un tembloroso brazo, alcanzó a bloquear su siguiente impulso.
Las puntas de sus dedos rozaron el remolino. Instantáneamente, el mundo
marino se derrumbó en una oscura nada.,
un abismo la recibió con los brazos abiertos. Mil gritos arrasaron sus oídos,
violentos, intensos. Agujas pincharon cada poro, el dolor casi insoportable.
Una
corriente de luz brillante estalló y pasó zumbando en ella, entonces
desapareció por completo. El viento soplaba, girándola, dando vueltas. ¿Dónde
estaba YooChun? Él, también, había desaparecido. El vértigo la consumía
mientras seguía girando. Sola. Aterrada. Sin final a la vista.
Cayendo…
cayendo…
Adshhhhhh!!!
ResponderEliminarJunsu, debes saber que ese es el ecanto Chunface x3
Asi caen las Casies por este frenton xD
No luches contra tu destino D:
Debes aceptarlo D:
Jajsja la actitud de Junsu me recordo a aquella gatita que reulle a Pepe Le Pu jajaj. Dios Yoochun tienes ese efecto de seducción a flor de piel que wooo no entiendo como Junsu no ha resistido tanto.
ResponderEliminar