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domingo, 7 de julio de 2013

Desire and Lust Cap 5

Capítulo 5.

“¡TE TENGO, AMOR!”

Brazos fuertes se enredaron alrededor de la cintura de JunSu, y ella agradecidamente enterró su rostro en el hueco del cuello de YooChun. En ese momento a ella no le importaba quién la sostenía, estaba simplemente feliz de que hubiera alguien. Incluso enredó sus piernas alrededor de la cintura de él, fortaleciendo su agarre en él. Podía finalmente respirar, ella sólo no podía dejar de caer.

“¡No me dejes ir!” Ella lloró.

“¡Nunca!”


Ella nunca se había abrazado alguien con tal fuerza, con tal necesidad. Que YooChun la sostuviera tan estrechamente era… confortante, algo que ella ansiaba durante muchos años antes de convencerse a sí misma que no necesitaba o quería tal cosa. Y ella lo creería otra vez; mañana.

Giran más rápido y más rápido, izquierda y derecha, cayendo hacia lo desconocido. Nausea batía en su estómago. No entendía que estaba pasando; sólo sabía que el agua como si nunca hubiera estado, dejando únicamente este túnel negro en espiral que se estiraba eternamente.

“YooChun…” jadeó. “¿Qué está pasando?”

“¡No te preocupes, amor! Terminará en un momento.”

¿Hablaba de la muerte?

Relampagueantes luces una vez más ardían a través de sus oídos, luciérnagas parpadean, extinguían todo demasiado pronto y lo remplazaban con esa espesa, opresiva oscuridad.

Los grupos de gritos incrementaron en volumen y rompían su frágil control. No. ¡No! Sus sienes martillaron con un dolor agudo. Su sangre se helaba, sin embargo, sudor perlaba su piel. El miedo la atrapó en un doloroso apretón.

Cuando era una niña pequeña, su cuento de hadas favorito había sido Alicia en el País de las Maravillas. Una y otra vez, leía sobre Alicia cayendo por el agujero del conejo, y quería caer en ese hoyo ella misma. No ahora. Ahora ella se sentía como Alicia cayendo en picada a lo desconocido, no le gustaba.

Alicia había aterrizado en un completo nuevo mundo: y ese pensamiento asustó más a JunSu que nunca aterrizar en lo absoluto.

“No estoy segura… cuánto más… puedo seguir…” ella jadeó.

Entonces, súbitamente, YooChun golpeó una sólida base. Sus rodillas se doblaron, absorbiendo el impacto, y la vibración estremeció a través de ella. Los brazos de él se estrecharon alrededor de su cintura, sosteniéndola con su determinada fuerza.

“Toma un momento para respirar.” La deslizó abajo por su cuerpo, pulgada por gradual pulgada. “Respira para mí, amor. No siento tu pecho moviéndose.”

Dentro. Fuera. Aire llenó y dejó sus pulmones. Dentro. Fuera. Sorpresivamente, ella se calmó. Podía oler su esencia, salada, sofocante. Podía sentir su calor, su fuerza.

“¡Bien! Bien, pero estás pálida.” YooChun dijo con un indicio de preocupación en su voz.

“Siempre estoy pálida.” Ella murmuró. Sus ojos apretados fuertemente cerrados, ella se dio cuenta, lentamente los forzó a abrirse.

Habían entrado en una caverna. Tragó saliva ¿Cómo habían entrado a una caverna? Las paredes eran desoladas y rocosas, rocas plateadas salpicadas de carmín. Una esencia metálica cubría el frío, frío aire, y ese frío, frío aire continuaba enredado alrededor del cuerpo mojado casi desnudo de JunSu, ahuyentando la calidez de YooChun. Esa gélida brisa alborotó su falda y cabello, y ella se estremeció.

Lentamente se giró, fijándose en cada detalle. Uno a uno, los guerreros iban saliendo de una  clara poza como-gelatinosa, que se arremolinaba misteriosamente. Juntaban tan aterradas, temblantes mujeres como podían sostener. Niebla se amontonaba alrededor de ellos y flotaba hasta el techo. La escena entera era como sacada de una película. ¿Dónde estoy?

Temblando, JunSu enfrentó a su captor una vez más. Su mirada viajó sobre él, empezando con sus pies en-botados, subiendo por sus musculosas piernas, evitando su masculinidad… parte a su pecho. Gotas de agua escurrían sobre sus pequeñas tetillas cafés, a través de su aro de plata,  y se acumulaban en su ombligo. No tenía vello en el pecho, ni una hebra se atrevía a estropear su perfección. Cuerda tras cuerda de tentadores músculos congregados en su bronceado estómago.

¿Cómo se podía ser una persona totalmente perfecta?

Su mirada se dirigió hacia arriba otra vez, finalmente encontrando su rostro. Su salvajemente, asombrosamente perfecto rostro. Perfectas cejas arenosas, perfectos ojos cristalinos, perfecta nariz. Perfectos labios, exuberantes y rosas. Claro, ahora lucía moretones bajo los ojos porque le había golpeado en la nariz. Incluso con los moretones, sin embargo, era la más sensualmente erótica criatura que había visto jamás. Él usaba la confianza como un manto; irradiaba primitiva ferocidad.

Alcanzándola, él gentilmente trazó con la punta de sus dedos la frente, nariz y barbilla de ella, enjuagando el agua. Ella quería apartarlo, pero no podía reunir la fuerza. Su contacto repercutió a través de ella como un cable vivo. Caliente. Abrasador.

“Bienvenida a tu nuevo hogar, pequeño rayo de luna.” Deseo recubría sus palabras; como si él sintiera las chispas, también. “Bienvenida a Mirotic”

Mirotic. Ella parpadeó una vez, dos veces. Mirotic… ¿La ciudad sepultada bajo el mar? ¿Cómo el océano del que había recién salido? De ninguna manera. De ninguna maldita manera. “Por favor, dime que quisiste decir Miryang, como en Sur Gyeongsang, Surcorea, y tu acento lo arruinó.”

Sus cejas se fruncieron. “No conozco esta Corea. Me escuchaste correctamente. Has entrado a Mirotic, la ciudad de las más finas creaciones de los Dioses. Hogar de Ninfas, vampiros, demonios, que no tienen que mencionarse, no son importantes.”

¡No! ¡No! ¡No! ¡Infiernos! No. Ella sacudió la cabeza, su mente valientemente, tratando de poner en duda tal explicación. Mirotic era un mito. No podía posiblemente ser real. Las criaturas que él había nombrado eran también mitos. Ellos tampoco podían ser posiblemente reales. Por el amor de dios, ¿Vampiros? ¿Demonios? En pesadillas, tal vez, pero no en la realidad. Bienvenida al País de las Maravillas, Alicia.

¡No! ¡No! ¡No! Pensó otra vez. Tenía que haber otra explicación. Y aún… ella podía pensar en nada más. Había entrado al mar, caído en un oscuro túnel, y ahora estaba en una caverna. Una caverna encontrada debajo del mar, no sobre él.

Mirotic se murmuró por su mente. Tragó saliva, apretando su abrazo con incredulidad, reacia a ceder por incluso un momento. Hacerlo significaría creer en la locura de la pretensión de YooChun; la pretensión de un trastornado secuestrador.

“Así que me ahogué, y ahora estoy en el infierno.” Con ojos entrecerrados, ella inclinó la barbilla tercamente. “Obviamente, tú eres el diablo.”

“Veremos. ¡Hombres!” YooChun llamó con un áspero gruñido. Su penetrante mirada jamás dejó el rostro de ella. “tomen el resto de las mujeres y reúnan al resto del ejército en el comedor. La elección comenzará pronto.”

Con un aire de ansiosa anticipación, saltaron a la acción. Uno de ellos trató de agarrar su brazo, pero YooChun lo detuvo con un fiero “¡Yo llevaré esta!” mientras ella golpeaba la mano del ofensor.

“Como deseé, mi Rey.”

¿Rey? ¡Rey! Ellos golpeaban en una gruesa escalera de madera, con las mujeres cerca de sus talones. Muchos de los hombres estaban riendo y palmeaban las espaldas de los otros. “¿A quién elegirás?” Escuchaba que uno de ellos decía. Otro respondió con un fuerte “Quiero a la pelirroja. Sus pechos son…” Su plática se desvaneció.

Un hombre permaneció detrás. O tal vez había estado esperando aquí en la caverna. No estaba mojado como todos los demás. Usaba una camiseta blanca con un profundo cuello V que casi alcanzaba su ombligo y unos estrechos pantalones negros.

YooChun finalmente liberó su mirada de ella y la dirigió al rezagado guerrero. “¿Cómo están los prisioneros?” preguntó.

¿Prisioneros? Los ojos de JunSu se abrieron, y se agarró la garganta. ¡Dios mío!

El hombre dio una brusca respuesta en ese extraño lenguaje que ella había oído a YooChun usar anteriormente, pero YooChun sacudió su cabeza. “Habla en lengua humana.”

“¡Sobreviven!” El hombre dijo frunciendo el ceño.

Espera. ¿Lengua humana? ¿Qué hacía eso del dialecto de YooChun? ¿Inhumano?

“¿Te han dado algún problema?” YooChun preguntó.

“Ninguno en absoluto, mi Rey.”

“Muy bien. Continúa viendo sus necesidades.” Movió la mano en despedida, frunció el ceño, entonces llamó al hombre de regreso. “¿Ha habido alguna noticia sobre nuestras mujeres?”

“¡Ninguna!”

“Muy bien,” dijo, su decepción clara. “Continúa.”

El hombre asintió y salió, sus botas golpeaban en el suelo rocoso.

“¿Qué prisioneros?” JunSu se encontró preguntado con un suspiro tembloroso.

“Bestias. Asesinos.” Se giró hacia ella. Y ella una vez más fue golpeada por la total majestad de él. Aire helado en su espalda, puro calor en su frente. “No tengas miedo. No se les permitirá acercarse a ti. Algunos son un presente para mi amigo, SeungHyun, y algunos serán usados para negociar.” Que siniestros sonaban ambos planes. ¿Qué había planeado el hombre para ella entonces? ¿Sería ella un presente para uno de sus amigos? ¿Sería usada como una herramienta de negociación?

La miraba con una aterradoramente intensa posesividad. El agua en su cabello estaba ya secando, iluminando los mechones con un rico, dorado miel. Muchas de esas hebras ambarinas cayeron sobre su frente y gotearon pequeñas persistentes gotas en sus mejillas.

“Veo incredulidad en tus bellos ojos.” Inclinando un hombro contra la áspera pared plateada. “y haré lo mejor para probar mi declaración de que esto es Mirotic. Lo más rápido que aceptes la verdad, más rápido me aceptarás.”

Antes de que ella pudiera responder, levantó la mano y apretó la piedra detrás de ella. Su mano rozó su desnuda piel, enviando esas eléctricas descargas a través de su sangre. Ella giró viendo una de las enormes piedras incrustada en la pared, deslizarse hacia atrás y hundirse profundamente. Como si descendiera, una puerta secreta revelándose. Las piedras crujieron y gruñeron mientras se separaban. Pulgada por pulgada, suave, vidrioso cristal era expuesto.

Ella abrió la boca como una imitación de una puerta. Sin ser invitados, sus pies la encaminaron a la orilla. El agua se arremolinaba detrás del recinto, arena se balanceaba en el fondo del mar. Coral rosa y peces multicolores bailaban un flojo vals. Plantas esmeralda se levantaban orgullosamente.

“Ese es el fondo del océano,” ella dijo, impresionada y asombrada. “Ese es el maldito fondo del océano.”

“Lo sé. Descubrí esta pared hace solamente unos pocos días y he pasado muchas horas aquí abajo. Impresionante, ¿no lo es?”

Un gentil murmullo hizo eco en sus oídos cuando ella aplasto su palma contra el cristal. La frialdad y las vibraciones del agua le aseguraron que no era una alucinación. Mi Dios. Mirotic. Mientras miraba afuera, tratando de luchar a brazo partido contra lo que estaba viendo, una magnifica, mujer de cabello oscuro nadó hacia el cristal. No, no una mujer. Las cejas de JunSu se fruncieron con asombro. Una sirena. Una pecho-desnudo cola-meneándose sirena.

Curiosidad brillaba en sus ojos verdes. Estiró un delicado brazo y colocó su mano exactamente donde descansaba la de JunSu. Jadeando, JunSu se apartó. El asombro la golpeó, y su mano cayó a su lado. Su boca se secó. Sus rodillas temblaron. La criatura frunció el ceño… hasta que su mirada se embelesó en YooChun. Ella sonrió, placer brillando en sus ojos, y movió la mano.

“¿La conoces?” JunSu preguntó.

Él asintió con un movimiento de cabeza, pero no dio más detalles.

La mujer… sirena… lo que sea, tenía la cara de un ángel, inocente y más adorable que un largamente esperado amanecer. Largo cabello negro enroscado alrededor de sus hombros y sus exuberantes pechos. Su cola brillaba como hilos de cristal, un resplandor de violetas, amarillos, verdes y rosas, cada escala de un caleidoscopio de colores. Desnudo deseo adornaba sus rasgos mientras miraba a YooChun.

“¿Me crees ahora?” Él preguntó.

“¡Sí!” La admisión dejó a JunSu con una respiración entrecortada. Parte de ella quería hundirse en el suelo lleno de ramas, hacerse una bola y llorar. He sido secuestrada por una criatura de Mirotic y acarreada a una ciudad debajo del mar. La otra parte de ella quería; ella no sabía lo que quería.

Otra sirena se unió a la morena, una sinfonía de curvas y colores, presionándose contra el cristal y sonriendo seductivamente a YooChun. La pasión se miraba en ojos amatista. JunSu no tenía duda de lo que las dos mujeres estaban pensando: un trío.

“Dijiste que este es el hogar de las más finas creaciones de  los Dioses,” Ella dijo suavemente. Sin enfrentarlo, ella preguntó. “¿Qué clase de criatura eres tú?” Él ya había mencionado que no era humano.

“Soy un ninfo.” Su tono rico en orgullo. “El ninfo, realmente. Rey de mi gente. Líder. Guerrero.” Él dudó. “Amante.”

Un ninfo. Otro llamado mito. Un ser sexual. Seductivo. Irresistible. Capaz de dar placer con una mirada, una palabra. Belleza personificada. YooChun encajaba en la descripción perfectamente, y eso la asustó mucho más que si hubiera dicho que era un demonio succiona-almas de los más profundos fondos del infierno. “Creí que las ninfas eran…”obsesionados con el sexo; comprobado. Continuamente desnudos; cerca. Dispuestos a dormir con cualquier cosa que se moviera; probablemente. “Mujeres.” Ella terminó sin convicción.

Él resopló y caminó más cerca de ella. “Hay mujeres, sí, pero la mayoría somos hombres.”

¡Dios! Ella tenía que salir de ahí. Su cercanía perturbaba su sentido de paz y la reducía a una temblorosa hambrienta-de-sexo hormona. Ya sus pezones habían endurecido. Su estómago tembló. “Llévame a casa, YooChun. No pertenezco aquí.”

Él no respondió. La puerta comenzó a cerrar, cerrando el paso a la vista del agua, gradualmente cerrando el paso a las ahora enfurecidas sirenas golpeando el cristal. JunSu cubrió su boca con una temblorosa mano. “Por favor… llévame a casa.”

“Amor, este es tu hogar ahora. Te juro que pronto llegarás a adorarlo como yo lo hago.”

Qué seductor sonaba. Su ronco tono prometía noches interminables de pasión y días salvaje abandono.

Resistir. Huir. Más que nunca, necesitaba la seguridad de la insensibilidad. Ella cuadró sus hombros y levantó la barbilla. Ella sentiría nada por este hombre; sería ruda, completamente desagradable. A veces era la única manera de mantener a alguien a distancia. “Me voy a casa.” Ella dijo, determinada. “Con o sin tu permiso.”

Antes de que él tuviera tiempo para contestar, ella se sacudió en movimiento y corrió hacia el remolino. Sus sandalias se hundían en la roca y las ramas. Respiración atrapada en su garganta, ardiendo, instándola. Casi ahí… sólo otro paso.

YooChun la tomó por el brazo y la giró.

“¡No!” Ella gritó, pateando hacia atrás.

“Si entras al portal sin mí, morirás.” Las palabras contenían un inconfundible dejo de furia. Su mano se estrechó en ella. “Nunca serás capaz de nadar la extensión del agua sola. ¿Entiendes? Morirás ahí afuera, tu cuerpo nada más que alimento para peces.”

Ella se tranquilizó, la sangre helada en sus venas. El agua… ¿Cómo pudo haber olvidado el agua? Como si él hubiera encadenado sus muñecas y tobillos a la pared, estaba atrapada. Dejar y morir. Quedarse y… ¿Qué? No importaba, realmente. Vivir aquí no tenía ningún atractivo; no cuando ella tenía al Rey Placer con quien lidiar.

“Tú puedes nadar la distancia,” Ella dijo, usando su más altivo tono. “Te ordeno que me lleves a casa.”

“Es mi más grande placer darte cualquier cosa y todo lo que pidas, pero no puedo darte eso. Todo lo demás que desees será tuyo.” Él liberó su agarre en ella y trazó con la punta de sus dedos a lo largo de su clavícula. “Algún día, pronto... espero ser eso que tú deseas.”

¡Alerta roja! ¡Alerta roja!

Ella tenía que alejarse de él, tenía que escapar de ese tentador deseo. ¿Cómo? ¿A dónde podía ir?

“Al menos dime tu nombre.” Él convenció.

“¡La tuya!” Las palabras salieron sin aliento, más que insultando, como si fuera a propósito. Exquisito fuego se arrastraba por el mismo camino que sus dedos, entonces viajaban por la longitud de su espalda. Peligroso.

 Una pesada pausa se estiró ente ellos. Todo el rato, YooChun irradiaba una sensación de distracción, tristeza y enojo. ¿Tristeza?  Ella frunció el ceño. Seguramente no. Corpulentos guerreros He-Man nunca estaban tristes. ¿Estaban?

Los brazos de él se curvearon en torno a su cintura, una impenetrable fuerza. “Ven entonces, la tuya, te mostraré el palacio.” La condujo hasta la larga tortuosa escalera, gruesa y toscamente construida.

No sabiendo qué más hacer, ella lo siguió sin protestar. Realmente, ¿qué podía ella decir? ¿Déjame en esta húmeda caverna a podrirme? Dios, ¿En qué pesadilla había entrado? Cada segundo que pasaba llegaba a ser más surreal y más condenado que el último.

Tenía que haber otro camino a casa; solamente tenía que encontrarlo. JunSu estudiaba las marcas en las rocas, mientras más alto llegaban, menos ásperas se convertían. Ellas parecían estar espolvoreadas con resplandor, brillando e invitándola a tocar. Incapaz de resistir, ella rozó la punta de sus dedos sobre la suave superficie.

YooChun se detuvo abruptamente. Ella chocó en su espalda y jadeó ante el fiero contacto de cuerpo entero. Mientras ella precipitadamente retrocedía, él se giró y la enfrentó. La empujó contra la fría pared. Sus cejas fruncidas fieramente, sus ojos turquesa brillando con un objetivo.

“¡Cierra tus ojos!” Ordenó.

Su imponente postura no le daba miedo. Ella luchó contra una oleada de excitación. Embriagante, maravillosa excitación. “¡Infiernos! ¡No!” ella dijo.

“No es una petición, amor. ¡Eso fue una orden!”

“Deberías haberme llevado a casa cuando tuviste la oportunidad. No haré nada que tú digas. ¡Te lo dije antes!”

Una de sus cejas se arqueó. “Mantén tus ojos abiertos, entonces.”

Ella rió. “Buen intento.”

Él sacó un frustrado suspiro. “No quiero que sepas el camino de regreso al portal. No me obligues a vendarte los ojos.”

“¿Obligarte? Por favor…” Su risa se convirtió en una mirada penetrante. “Seriamente dudo que pueda obligarte a hacer algo que no quieras hacer ya. Lo mismo es cierto para mí. No me gustas, no confío en ti y nunca serás capaz de inclinarme a tu voluntad.”

“Pude haberte mentido.” Mientras él hablaba, cerraba la pequeña distancia entre ellos, hacinándola, devorando su espacio personal, pero no la tocaba. No, la dejaba anhelándolo. “Pude haberte dicho que te quedarías ciega si mirabas las rocas. No habrías sabido la diferencia. Pero habrá únicamente verdad entre nosotros. No importa cuán cruel, siempre te diré la verdad.”

Su desafío se escurrió y miedo reclamó el centro del escenario; más allá de los focos de deseo peleando por su vida. Su tono era tan definitivo. Verdaderamente él esperaba que permaneciera aquí. Verdaderamente esperaba que le obedeciera. Que confiara en él.

YooChun había dicho antes que él y sus hombres la querían a ella y a las otras por sus cuerpos. Traducción: sexo. ¿Iban a ser esclavas sexuales? ¿Iba a ser la esclava de YooChun? Los ojos de JunSu se redujeron a pequeñas rendijas. Moriría primero; y mataría a cualquier hombre dentro de su alcance en el proceso. Había pasado su niñez como una esclava de los mandatos de sus padres. JunSu, besa a tu nuevo papi. JunSu, dale a esa mujer mi número de teléfono. JunSu no te atrevas a usar malas palabras.

Ella había peleado duro por su independencia y no se rendiría a nadie.

“¿Las otras mujeres tuvieron que cerrar sus ojos?” preguntó.

Él corrió su lengua sobre sus dientes. “¡No!”

“Bien, ahí tienes tu respuesta.”

Él inclinó su cabeza hacia ella, cortando la restante distancia entre ellos, pulgada por preciosa pulgada. Su cálido aliento le acarició el rostro, pero todavía no la tocaba. Su masculina esencia flotaba deliciosamente. “A diferencia de ti, las otras mujeres no trataran de escapar.”

“No sé sobre eso. La de cabello negro no lucía feliz de estar aquí.”

Algo oscuro se asentó en su expresión. No enfurezcas al hombre. No le digas que hará. “¿Y qué si prometo no tratar de huir?” Ella no intentaría, ella iba a tener éxito.

“Me reiría por esa mentira descarada, y entonces te regañaría por mentirle a tu hombre.”

“¡No eres mi hombre!”

“¡No todavía!” Pero lo seré hizo eco entre ellos, no pronunciado, todavía poderoso sin embargo.

“Jamás.” Ella dijo entre dientes.

Sus cejas se fruncieron, confusión se asentó en sus hermosos rasgos. “Continúas pasmándome. ¿Cómo eres capaz de resistirme con tal fervor?”

¿Estaba resistiéndolo? Ella no sabía. Nunca se había sentido tan… necesitada. Aun cuando la rebeldía golpeaba duros puñetazos a través de ella, su corazón golpeaba, su piel se estremecía. Su calor se deslizaba sobre ella, dentro de ella, rompiendo y socavando el hielo que ella valoraba. Sus pezones todavía se alzaban por él, sus piernas ligeramente separadas, invitando a un íntimo deslizamiento. Sólo… invitando.

Sus fosas nasales se dilataron como si él sintiera su creciente excitación. Si se movía otra pulgada, se ajustaría a sí mismo totalmente contra ella. Finalmente. Parte de ella gritó en protesta, parte de ella temblaba en bienvenida.

“Quiero tocarte y besarte, amor, y sentir…”

“¡No!” ella gritó. “No besar. No tocar. ¡Y por el amor de Dios, deja de llamarme ‘amor’!” Pero, ¡Oh! El pensamiento de sus labios dándose un festín en los de ella era embriagador. “No te conozco, y como dije, estoy malditamente segura que no me gustas. Me secuestraste. Mereces tiempo en la cárcel, no una sesión de caricias.”

“Puedo hacer que yo te guste.” Él apoyó sus brazos en cada lado de la cabeza de ella, atrapándola en un duro círculo de músculos, tocando su cabello, pero no su piel. “Puedo hacerte…”

La verdad de su reclamo brillaba entre ellos sin piedad. Porque muy dentro, ella admitió que cada segundo que pasaba, él le gustaba más. Ella lo quería más. Quería ese contacto piel-a-piel que él le estaba negado. ¿Lo estaba haciendo a propósito? ¿Haciéndola desesperarse por algo que sabía que no podía tener?

¡Idiota! JunSu no necesitaba mucha experiencia con los hombres para saber que ella colgaba de un precario borde. Si él la presionaba, ella podía derrumbarse. Ella tomaría el momentáneo placer que él le ofrecía y estaría contenta con eso. Pero en la rendición, ella no sería mejor que las otras, olvidando su atroz crimen y lanzándose a sus sexis pies.

Sería una más de esas patéticas criaturas quienes hacían cualquier cosa por placer, todo por amor. Justo como su mamá.

Haciéndolo despreciarte. Hiriéndolo. ¡Ahora! Determinada, ella levantó su rodilla. Él anticipó el movimiento y brincó hacia atrás, fuera de la distancia del ataque. Su boca afinada y firme.

“Te advierto ahora.” Él se encontró con su mirada, azul de otro mundo contra franco café. Determinación contra determinación. “Lucha contra mí, si debes, pero no intentes escapar. Te castigaré, no tengas duda.”

Ella se forzó bufar. “Todavía no he empezado a luchar. ¿Y qué infiernos quieres decir, me castigarás?” La furia no tenía que forzarla. Incrementaba con cada palabra que ella pronunciaba. “Hace un momento dijiste que no podrías herirme.”

“Hay maneras para castigar a una mujer que no la lastimaría físicamente.”

“Y apuesto que sabes cada una de ellas, ¡Tú enfermo pervertido!”

Él liberó un largo, frustrado suspiro. “No tenemos el tiempo para pelear ahora. Ven. Te mostraré Mirotic antes de que nos reunamos con los demás.” Levantó, ofreciéndole su mano.

Ella miró los dedos de punta roma de él, a las callosidades y cicatrices recortadas a través de su palma, un contraste a su perfecta belleza. Mientras miraba, su ira se agotaba. Total fuerza yacía ahí, durmiente ahora, pero dispuesta a matar en cualquier momento. Excepto… él podía haberla aplastado con esas manos en cualquier momento. Él le había mostrado nada excepto gentileza.

Necia mujer, se reprendió, poniendo su mano en la de él. Claro que él no te ha herido. Necesita una esclava sexual saludable. Sus dedos se entrelazaron con los de ella. En el momento del contacto, oscuros, eróticos pulsos hormiguearon a través de ella. Ellos se habían tocado antes,  en cada vez se había suscitado chispas. Pero esta vez… era más intenso. Una más profunda consciencia en su contacto piel-a-piel ella quería tanto, pero no había querido querer. Jadeando, trató de retirarse de él, del servidor de la conexión. Él la sostuvo estrechamente.

“Mía.” Él dijo.

Ella mordió el interior de su mejilla contra el placer que una declaración forjó. “No entiendo nada de esto. No te entiendo.”

“Lo harás. A su tiempo.”

Las terribles palabras; ¿Advertencia? ¿Promesa?; sonaban en su cabeza mientras ella trepaba el resto de las escaleras de madera. Al final, dos puertas de cristal eran mantenidas abiertas por dos gigantescos rubíes. ¿Topes de puerta enjoyados?

La curiosidad pudo más que ella. “¿Por qué tienes la entrada abierta de esa manera?”

“Un medallón de dragón es necesario para abrir y cerrar las puertas, y no deseo usar nada perteneciente a un dragón.” Escupió la palabra dragón como si fuera una maldición.

¿Qué clase de respuesta podía ella ofrecer a eso?

Él miró sobre su hombro con el ceño fruncido. “Y mejor que no intentes buscar un medallón. Si lo haces, serás castigada.”

“¿Seré castigada por respirar?” Ella soltó. Él parecía estar buscando una excusa para castigarla.

“¡Si es hecho en dirección de otro hombre, sí!” La advertencia era seria, aunque el tono carecía de verdadero corazón.

“¡Cerdo!”

“Amante…”

“¡Bastardo!”

Él echó otra mirada por encima de su hombro. Esta vez sus labios estaban curvados en una malvada media sonrisa, y sabiendo la intención que brillaba en sus ojos como fuego azul. “Di eso mientras estamos desnudos. Te reto.”

Ella trago saliva y quitó su atención de él. Una mujer inteligente habría estado memorizando su alrededor para posibles rutas de escape, en vez de estar antagonizando con (a.k.a. babeando sobre) su captor.

JunSu se obligó a actuar como una mujer inteligente. Por un largo, sinuoso corredor caminaban. Las paredes ásperas otra vez y completamente áridas, no ofreciendo marcas distintivas para ayudarla a encontrar su camino de regreso. Ellos giraron a la izquierda. Izquierda otra vez. Derecha entonces. Izquierda. Derecha. Ellos pasaron por alto muchas puertas abiertas, pero se movían tan rápidamente que ella no tenía oportunidad de un vistazo dentro.

“¿A dónde estamos yendo?” Ella preguntó.

“Mi alcoba.”

“¿Tu qué?” boca abriendo y cerrando, ella escarbó en sus arenosas, esponjosas sandalias en el suelo de mármol. “Infierno, no. Infierno, no.” Él pudo haberla arrastrado, pero se detuvo y la enfrentó. Su deliciosa boca se torció con diversión. “No haremos el amor esta noche, a menos que ruegues por ello. ¿Apacigua eso el súbito temor que tienes de mi habitación?”

“No,” Rechinó los dientes.

“Solamente deseo enseñarte la ciudad Exterior desde mi ventana.” Él suspiró otro de esos largos sacado suspiros. “Desafortunadamente no hay tiempo para nada más.”

Mirando, ella ancló sus brazos en sus caderas. “Estás mintiendo. Tu clase siempre tiene tiempo para el sexo.”

“¿Mi clase?” La sonrisa rápidamente cayó de su rostro. “Por eso espero que quieras decir la clase honesta. Yo juré nunca mentirte, y no lo haré. Mi honor demanda nada menos. Te dije que no te tocaré esta noche hasta que ruegues por ello, así que de esa manera será.”

JunSu no permitía que su ferviente promesa la doblegara. Incluso si él mantenía su palabra y mantenía sus manos para él mismo, estarían cerca de una cama. Más como una decadente, hecha-para-el pecado cama. ¿Y qué si ella la veía, perdía su voluntad para resistir, y hacía un pase a él? “Tu honor no significa una mierda para mí. No voy a tu habitación.”

Un músculo cosquilleó en la mandíbula de él. Un infierno ardía en sus ojos, una agitante tempestad de azules. De zafiro a turquesa al más pálido violeta. “Muy bien.” Él dijo, cada sílaba precisa. “No robaremos un momento para nosotros mismos. Nos uniremos a los otros. Solamente me puedo esperanzar que tu mojigata naturaleza evite a mis hombres de elegirte.”

“¿Elegirme para qué?” trozó. Ignorando el “mojigato” comentario. Ella sospechaba la respuesta, y casi gritó cuando llegó.

Las cejas de él se arquearon y sus labios cayeron hacia abajo. “para su compañera de cama, por supuesto.”



2 comentarios:

  1. Hahahhahahah
    Me da risa el tira y agloja del YooSu xD
    Chun se ha enamorado a primera vista y Junsu obviamente lo detesta por literalmente tenerlo secuestrado xP

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  2. Ay Junsu me desesperaaaa. No comprende nada porque no se da la oportunidad. YAAAA JUNsuuu Deja de tratar a mi Chunnie como un maldito desgraciado. Pero ya veras niño esperate tantito ya estas a nadiiita del sindrome de estocolmo Jajajajaj. TOMAAALA ESO DE QUE TE ELIJA OTRO NO TE JUSTO VERDAD. PUES SI PASA NO TE QUEJE.

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