Capítulo
5.
“¡TE
TENGO, AMOR!”
Brazos
fuertes se enredaron alrededor de la cintura de JunSu, y ella agradecidamente enterró
su rostro en el hueco del cuello de YooChun. En ese momento a ella no le
importaba quién la sostenía, estaba simplemente feliz de que hubiera alguien.
Incluso enredó sus piernas alrededor de la cintura de él, fortaleciendo su
agarre en él. Podía finalmente respirar, ella sólo no podía dejar de caer.
“¡No
me dejes ir!” Ella lloró.
“¡Nunca!”
Ella
nunca se había abrazado alguien con tal fuerza, con tal necesidad. Que YooChun
la sostuviera tan estrechamente era… confortante, algo que ella ansiaba durante
muchos años antes de convencerse a sí misma que no necesitaba o quería tal
cosa. Y ella lo creería otra vez; mañana.
Giran
más rápido y más rápido, izquierda y derecha, cayendo hacia lo desconocido.
Nausea batía en su estómago. No entendía que estaba pasando; sólo sabía que el
agua como si nunca hubiera estado, dejando únicamente este túnel negro en
espiral que se estiraba eternamente.
“YooChun…”
jadeó. “¿Qué está pasando?”
“¡No
te preocupes, amor! Terminará en un momento.”
¿Hablaba
de la muerte?
Relampagueantes
luces una vez más ardían a través de sus oídos, luciérnagas parpadean,
extinguían todo demasiado pronto y lo remplazaban con esa espesa, opresiva
oscuridad.
Los
grupos de gritos incrementaron en volumen y rompían su frágil control. No. ¡No!
Sus sienes martillaron con un dolor agudo. Su sangre se helaba, sin embargo,
sudor perlaba su piel. El miedo la atrapó en un doloroso apretón.
Cuando
era una niña pequeña, su cuento de hadas favorito había sido Alicia en el País de las Maravillas. Una
y otra vez, leía sobre Alicia cayendo por el agujero del conejo, y quería caer
en ese hoyo ella misma. No ahora. Ahora ella se sentía como Alicia cayendo en
picada a lo desconocido, no le gustaba.
Alicia
había aterrizado en un completo nuevo mundo: y ese pensamiento asustó más a
JunSu que nunca aterrizar en lo absoluto.
“No
estoy segura… cuánto más… puedo seguir…” ella jadeó.
Entonces,
súbitamente, YooChun golpeó una sólida base. Sus rodillas se doblaron,
absorbiendo el impacto, y la vibración estremeció a través de ella. Los brazos
de él se estrecharon alrededor de su cintura, sosteniéndola con su determinada
fuerza.
“Toma
un momento para respirar.” La deslizó abajo por su cuerpo, pulgada por gradual
pulgada. “Respira para mí, amor. No siento tu pecho moviéndose.”
Dentro.
Fuera. Aire llenó y dejó sus pulmones. Dentro. Fuera. Sorpresivamente, ella se
calmó. Podía oler su esencia, salada, sofocante. Podía sentir su calor, su
fuerza.
“¡Bien!
Bien, pero estás pálida.” YooChun dijo con un indicio de preocupación en su
voz.
“Siempre
estoy pálida.” Ella murmuró. Sus ojos apretados fuertemente cerrados, ella se
dio cuenta, lentamente los forzó a abrirse.
Habían
entrado en una caverna. Tragó saliva ¿Cómo habían entrado a una caverna? Las paredes
eran desoladas y rocosas, rocas plateadas salpicadas de carmín. Una esencia
metálica cubría el frío, frío aire, y ese frío, frío aire continuaba enredado
alrededor del cuerpo mojado casi desnudo de JunSu, ahuyentando la calidez de
YooChun. Esa gélida brisa alborotó su falda y cabello, y ella se estremeció.
Lentamente
se giró, fijándose en cada detalle. Uno a uno, los guerreros iban saliendo de
una clara poza como-gelatinosa, que se
arremolinaba misteriosamente. Juntaban tan aterradas, temblantes mujeres como
podían sostener. Niebla se amontonaba alrededor de ellos y flotaba hasta el
techo. La escena entera era como sacada de una película. ¿Dónde estoy?
Temblando,
JunSu enfrentó a su captor una vez más. Su mirada viajó sobre él, empezando con
sus pies en-botados, subiendo por sus musculosas piernas, evitando su
masculinidad… parte a su pecho. Gotas de agua escurrían sobre sus pequeñas
tetillas cafés, a través de su aro de plata,
y se acumulaban en su ombligo. No tenía vello en el pecho, ni una hebra
se atrevía a estropear su perfección. Cuerda tras cuerda de tentadores músculos
congregados en su bronceado estómago.
¿Cómo
se podía ser una persona totalmente perfecta?
Su
mirada se dirigió hacia arriba otra vez, finalmente encontrando su rostro. Su
salvajemente, asombrosamente perfecto rostro. Perfectas cejas arenosas,
perfectos ojos cristalinos, perfecta nariz. Perfectos labios, exuberantes y
rosas. Claro, ahora lucía moretones bajo los ojos porque le había golpeado en
la nariz. Incluso con los moretones, sin embargo, era la más sensualmente
erótica criatura que había visto jamás. Él usaba la confianza como un manto;
irradiaba primitiva ferocidad.
Alcanzándola,
él gentilmente trazó con la punta de sus dedos la frente, nariz y barbilla de
ella, enjuagando el agua. Ella quería apartarlo, pero no podía reunir la
fuerza. Su contacto repercutió a través de ella como un cable vivo. Caliente.
Abrasador.
“Bienvenida
a tu nuevo hogar, pequeño rayo de luna.”
Deseo recubría sus palabras; como si él sintiera las chispas, también.
“Bienvenida a Mirotic”
Mirotic.
Ella parpadeó una vez, dos veces. Mirotic… ¿La ciudad sepultada bajo el mar? ¿Cómo
el océano del que había recién salido? De ninguna manera. De ninguna maldita
manera. “Por favor, dime que quisiste decir Miryang, como en Sur Gyeongsang,
Surcorea, y tu acento lo arruinó.”
Sus
cejas se fruncieron. “No conozco esta Corea. Me escuchaste correctamente. Has
entrado a Mirotic, la ciudad de las más finas creaciones de los Dioses. Hogar
de Ninfas, vampiros, demonios, que no tienen que mencionarse, no son
importantes.”
¡No!
¡No! ¡No! ¡Infiernos! No. Ella sacudió la cabeza, su mente valientemente,
tratando de poner en duda tal explicación. Mirotic era un mito. No podía
posiblemente ser real. Las criaturas que él había nombrado eran también mitos.
Ellos tampoco podían ser posiblemente reales. Por el amor de dios, ¿Vampiros?
¿Demonios? En pesadillas, tal vez, pero no en la realidad. Bienvenida al País
de las Maravillas, Alicia.
¡No!
¡No! ¡No! Pensó otra vez. Tenía que haber otra explicación. Y aún… ella podía
pensar en nada más. Había entrado al mar, caído en un oscuro túnel, y ahora
estaba en una caverna. Una caverna encontrada debajo del mar, no sobre él.
Mirotic
se murmuró por su mente. Tragó saliva, apretando su abrazo con incredulidad,
reacia a ceder por incluso un momento. Hacerlo significaría creer en la locura
de la pretensión de YooChun; la pretensión de un trastornado secuestrador.
“Así
que me ahogué, y ahora estoy en el infierno.” Con ojos entrecerrados, ella
inclinó la barbilla tercamente. “Obviamente, tú eres el diablo.”
“Veremos.
¡Hombres!” YooChun llamó con un áspero gruñido. Su penetrante mirada jamás dejó
el rostro de ella. “tomen el resto de las mujeres y reúnan al resto del
ejército en el comedor. La elección comenzará pronto.”
Con
un aire de ansiosa anticipación, saltaron a la acción. Uno de ellos trató de
agarrar su brazo, pero YooChun lo detuvo con un fiero “¡Yo llevaré esta!”
mientras ella golpeaba la mano del ofensor.
“Como
deseé, mi Rey.”
¿Rey?
¡Rey! Ellos golpeaban en una gruesa escalera de madera, con las mujeres cerca
de sus talones. Muchos de los hombres estaban riendo y palmeaban las espaldas
de los otros. “¿A quién elegirás?” Escuchaba que uno de ellos decía. Otro
respondió con un fuerte “Quiero a la pelirroja. Sus pechos son…” Su plática se
desvaneció.
Un
hombre permaneció detrás. O tal vez había estado esperando aquí en la caverna.
No estaba mojado como todos los demás. Usaba una camiseta blanca con un
profundo cuello V que casi alcanzaba su ombligo y unos estrechos pantalones
negros.
YooChun
finalmente liberó su mirada de ella y la dirigió al rezagado guerrero. “¿Cómo
están los prisioneros?” preguntó.
¿Prisioneros?
Los ojos de JunSu se abrieron, y se agarró la garganta. ¡Dios mío!
El
hombre dio una brusca respuesta en ese extraño lenguaje que ella había oído a
YooChun usar anteriormente, pero YooChun sacudió su cabeza. “Habla en lengua
humana.”
“¡Sobreviven!”
El hombre dijo frunciendo el ceño.
Espera.
¿Lengua humana? ¿Qué hacía eso del dialecto de YooChun? ¿Inhumano?
“¿Te
han dado algún problema?” YooChun preguntó.
“Ninguno
en absoluto, mi Rey.”
“Muy
bien. Continúa viendo sus necesidades.” Movió la mano en despedida, frunció el
ceño, entonces llamó al hombre de regreso. “¿Ha habido alguna noticia sobre
nuestras mujeres?”
“¡Ninguna!”
“Muy
bien,” dijo, su decepción clara. “Continúa.”
El
hombre asintió y salió, sus botas golpeaban en el suelo rocoso.
“¿Qué
prisioneros?” JunSu se encontró preguntado con un suspiro tembloroso.
“Bestias.
Asesinos.” Se giró hacia ella. Y ella una vez más fue golpeada por la total
majestad de él. Aire helado en su espalda, puro calor en su frente. “No tengas
miedo. No se les permitirá acercarse a ti. Algunos son un presente para mi
amigo, SeungHyun, y algunos serán usados para negociar.” Que siniestros sonaban
ambos planes. ¿Qué había planeado el hombre para ella entonces? ¿Sería ella un
presente para uno de sus amigos? ¿Sería usada como una herramienta de
negociación?
La
miraba con una aterradoramente intensa posesividad. El agua en su cabello
estaba ya secando, iluminando los mechones con un rico, dorado miel. Muchas de
esas hebras ambarinas cayeron sobre su frente y gotearon pequeñas persistentes
gotas en sus mejillas.
“Veo
incredulidad en tus bellos ojos.” Inclinando un hombro contra la áspera pared
plateada. “y haré lo mejor para probar mi declaración de que esto es Mirotic.
Lo más rápido que aceptes la verdad, más rápido me aceptarás.”
Antes
de que ella pudiera responder, levantó la mano y apretó la piedra detrás de
ella. Su mano rozó su desnuda piel, enviando esas eléctricas descargas a través
de su sangre. Ella giró viendo una de las enormes piedras incrustada en la
pared, deslizarse hacia atrás y hundirse profundamente. Como si descendiera,
una puerta secreta revelándose. Las piedras crujieron y gruñeron mientras se
separaban. Pulgada por pulgada, suave, vidrioso cristal era expuesto.
Ella
abrió la boca como una imitación de una puerta. Sin ser invitados, sus pies la
encaminaron a la orilla. El agua se arremolinaba detrás del recinto, arena se
balanceaba en el fondo del mar. Coral rosa y peces multicolores bailaban un
flojo vals. Plantas esmeralda se levantaban orgullosamente.
“Ese
es el fondo del océano,” ella dijo, impresionada y asombrada. “Ese es el
maldito fondo del océano.”
“Lo
sé. Descubrí esta pared hace solamente unos pocos días y he pasado muchas horas
aquí abajo. Impresionante, ¿no lo es?”
Un
gentil murmullo hizo eco en sus oídos cuando ella aplasto su palma contra el
cristal. La frialdad y las vibraciones del agua le aseguraron que no era una
alucinación. Mi Dios. Mirotic. Mientras miraba afuera, tratando de luchar a
brazo partido contra lo que estaba viendo, una magnifica, mujer de cabello
oscuro nadó hacia el cristal. No, no una mujer. Las cejas de JunSu se
fruncieron con asombro. Una sirena. Una pecho-desnudo cola-meneándose sirena.
Curiosidad
brillaba en sus ojos verdes. Estiró un delicado brazo y colocó su mano
exactamente donde descansaba la de JunSu. Jadeando, JunSu se apartó. El asombro
la golpeó, y su mano cayó a su lado. Su boca se secó. Sus rodillas temblaron.
La criatura frunció el ceño… hasta que su mirada se embelesó en YooChun. Ella
sonrió, placer brillando en sus ojos, y movió la mano.
“¿La
conoces?” JunSu preguntó.
Él
asintió con un movimiento de cabeza, pero no dio más detalles.
La
mujer… sirena… lo que sea, tenía la cara de un ángel, inocente y más adorable
que un largamente esperado amanecer. Largo cabello negro enroscado alrededor de
sus hombros y sus exuberantes pechos. Su cola brillaba como hilos de cristal,
un resplandor de violetas, amarillos, verdes y rosas, cada escala de un
caleidoscopio de colores. Desnudo deseo adornaba sus rasgos mientras miraba a
YooChun.
“¿Me
crees ahora?” Él preguntó.
“¡Sí!”
La admisión dejó a JunSu con una respiración entrecortada. Parte de ella quería
hundirse en el suelo lleno de ramas, hacerse una bola y llorar. He sido
secuestrada por una criatura de Mirotic y acarreada a una ciudad debajo del
mar. La otra parte de ella quería; ella no sabía lo que quería.
Otra
sirena se unió a la morena, una sinfonía de curvas y colores, presionándose
contra el cristal y sonriendo seductivamente a YooChun. La pasión se miraba en
ojos amatista. JunSu no tenía duda de lo que las dos mujeres estaban pensando:
un trío.
“Dijiste
que este es el hogar de las más finas creaciones de los Dioses,” Ella dijo suavemente. Sin
enfrentarlo, ella preguntó. “¿Qué clase de criatura eres tú?” Él ya había
mencionado que no era humano.
“Soy
un ninfo.” Su tono rico en orgullo. “El ninfo, realmente. Rey de mi gente.
Líder. Guerrero.” Él dudó. “Amante.”
Un
ninfo. Otro llamado mito. Un ser sexual. Seductivo. Irresistible. Capaz de dar
placer con una mirada, una palabra. Belleza personificada. YooChun encajaba en
la descripción perfectamente, y eso la asustó mucho más que si hubiera dicho
que era un demonio succiona-almas de los más profundos fondos del infierno.
“Creí que las ninfas eran…”obsesionados con el sexo; comprobado. Continuamente
desnudos; cerca. Dispuestos a dormir con cualquier cosa que se moviera;
probablemente. “Mujeres.” Ella terminó sin convicción.
Él
resopló y caminó más cerca de ella. “Hay mujeres, sí, pero la mayoría somos
hombres.”
¡Dios!
Ella tenía que salir de ahí. Su cercanía perturbaba su sentido de paz y la
reducía a una temblorosa hambrienta-de-sexo hormona. Ya sus pezones habían
endurecido. Su estómago tembló. “Llévame a casa, YooChun. No pertenezco aquí.”
Él
no respondió. La puerta comenzó a cerrar, cerrando el paso a la vista del agua,
gradualmente cerrando el paso a las ahora enfurecidas sirenas golpeando el
cristal. JunSu cubrió su boca con una temblorosa mano. “Por favor… llévame a
casa.”
“Amor,
este es tu hogar ahora. Te juro que pronto llegarás a adorarlo como yo lo
hago.”
Qué
seductor sonaba. Su ronco tono prometía noches interminables de pasión y días
salvaje abandono.
Resistir.
Huir. Más que nunca, necesitaba la seguridad de la insensibilidad. Ella cuadró
sus hombros y levantó la barbilla. Ella sentiría nada por este hombre; sería
ruda, completamente desagradable. A veces era la única manera de mantener a
alguien a distancia. “Me voy a casa.” Ella dijo, determinada. “Con o sin tu
permiso.”
Antes
de que él tuviera tiempo para contestar, ella se sacudió en movimiento y corrió
hacia el remolino. Sus sandalias se hundían en la roca y las ramas. Respiración
atrapada en su garganta, ardiendo, instándola. Casi ahí… sólo otro paso.
YooChun
la tomó por el brazo y la giró.
“¡No!”
Ella gritó, pateando hacia atrás.
“Si
entras al portal sin mí, morirás.” Las palabras contenían un inconfundible dejo
de furia. Su mano se estrechó en ella. “Nunca serás capaz de nadar la extensión
del agua sola. ¿Entiendes? Morirás ahí afuera, tu cuerpo nada más que alimento
para peces.”
Ella
se tranquilizó, la sangre helada en sus venas. El agua… ¿Cómo pudo haber
olvidado el agua? Como si él hubiera encadenado sus muñecas y tobillos a la
pared, estaba atrapada. Dejar y morir. Quedarse y… ¿Qué? No importaba,
realmente. Vivir aquí no tenía ningún atractivo; no cuando ella tenía al Rey
Placer con quien lidiar.
“Tú
puedes nadar la distancia,” Ella dijo, usando su más altivo tono. “Te ordeno
que me lleves a casa.”
“Es
mi más grande placer darte cualquier cosa y todo lo que pidas, pero no puedo
darte eso. Todo lo demás que desees será tuyo.” Él liberó su agarre en ella y
trazó con la punta de sus dedos a lo largo de su clavícula. “Algún día,
pronto... espero ser eso que tú deseas.”
¡Alerta
roja! ¡Alerta roja!
Ella
tenía que alejarse de él, tenía que escapar de ese tentador deseo. ¿Cómo? ¿A
dónde podía ir?
“Al
menos dime tu nombre.” Él convenció.
“¡La tuya!” Las palabras salieron sin
aliento, más que insultando, como si fuera a propósito. Exquisito fuego se
arrastraba por el mismo camino que sus dedos, entonces viajaban por la longitud
de su espalda. Peligroso.
Una pesada pausa se estiró ente ellos. Todo el
rato, YooChun irradiaba una sensación de distracción, tristeza y enojo.
¿Tristeza? Ella frunció el ceño.
Seguramente no. Corpulentos guerreros He-Man nunca estaban tristes. ¿Estaban?
Los
brazos de él se curvearon en torno a su cintura, una impenetrable fuerza. “Ven
entonces, la tuya, te mostraré el
palacio.” La condujo hasta la larga tortuosa escalera, gruesa y toscamente
construida.
No
sabiendo qué más hacer, ella lo siguió sin protestar. Realmente, ¿qué podía
ella decir? ¿Déjame en esta húmeda caverna a podrirme? Dios, ¿En qué pesadilla
había entrado? Cada segundo que pasaba llegaba a ser más surreal y más
condenado que el último.
Tenía
que haber otro camino a casa; solamente tenía que encontrarlo. JunSu estudiaba
las marcas en las rocas, mientras más alto llegaban, menos ásperas se
convertían. Ellas parecían estar espolvoreadas con resplandor, brillando e
invitándola a tocar. Incapaz de resistir, ella rozó la punta de sus dedos sobre
la suave superficie.
YooChun
se detuvo abruptamente. Ella chocó en su espalda y jadeó ante el fiero contacto
de cuerpo entero. Mientras ella precipitadamente retrocedía, él se giró y la
enfrentó. La empujó contra la fría pared. Sus cejas fruncidas fieramente, sus
ojos turquesa brillando con un objetivo.
“¡Cierra
tus ojos!” Ordenó.
Su
imponente postura no le daba miedo. Ella luchó contra una oleada de excitación.
Embriagante, maravillosa excitación. “¡Infiernos! ¡No!” ella dijo.
“No
es una petición, amor. ¡Eso fue una orden!”
“Deberías
haberme llevado a casa cuando tuviste la oportunidad. No haré nada que tú
digas. ¡Te lo dije antes!”
Una
de sus cejas se arqueó. “Mantén tus ojos abiertos, entonces.”
Ella
rió. “Buen intento.”
Él
sacó un frustrado suspiro. “No quiero que sepas el camino de regreso al portal.
No me obligues a vendarte los ojos.”
“¿Obligarte?
Por favor…” Su risa se convirtió en una mirada penetrante. “Seriamente dudo que
pueda obligarte a hacer algo que no quieras hacer ya. Lo mismo es cierto para
mí. No me gustas, no confío en ti y nunca serás capaz de inclinarme a tu
voluntad.”
“Pude
haberte mentido.” Mientras él hablaba, cerraba la pequeña distancia entre
ellos, hacinándola, devorando su espacio personal, pero no la tocaba. No, la
dejaba anhelándolo. “Pude haberte dicho que te quedarías ciega si mirabas las
rocas. No habrías sabido la diferencia. Pero habrá únicamente verdad entre
nosotros. No importa cuán cruel, siempre te diré la verdad.”
Su
desafío se escurrió y miedo reclamó el centro del escenario; más allá de los
focos de deseo peleando por su vida. Su tono era tan definitivo. Verdaderamente
él esperaba que permaneciera aquí. Verdaderamente esperaba que le obedeciera.
Que confiara en él.
YooChun
había dicho antes que él y sus hombres la querían a ella y a las otras por sus
cuerpos. Traducción: sexo. ¿Iban a ser esclavas sexuales? ¿Iba a ser la esclava
de YooChun? Los ojos de JunSu se redujeron a pequeñas rendijas. Moriría
primero; y mataría a cualquier hombre dentro de su alcance en el proceso. Había
pasado su niñez como una esclava de los mandatos de sus padres. JunSu, besa a
tu nuevo papi. JunSu, dale a esa mujer mi número de teléfono. JunSu no te
atrevas a usar malas palabras.
Ella
había peleado duro por su independencia y no se rendiría a nadie.
“¿Las
otras mujeres tuvieron que cerrar sus ojos?” preguntó.
Él
corrió su lengua sobre sus dientes. “¡No!”
“Bien,
ahí tienes tu respuesta.”
Él
inclinó su cabeza hacia ella, cortando la restante distancia entre ellos,
pulgada por preciosa pulgada. Su cálido aliento le acarició el rostro, pero
todavía no la tocaba. Su masculina esencia flotaba deliciosamente. “A
diferencia de ti, las otras mujeres no trataran de escapar.”
“No
sé sobre eso. La de cabello negro no lucía feliz de estar aquí.”
Algo
oscuro se asentó en su expresión. No enfurezcas al hombre. No le digas que
hará. “¿Y qué si prometo no tratar de huir?” Ella no intentaría, ella iba a
tener éxito.
“Me
reiría por esa mentira descarada, y entonces te regañaría por mentirle a tu
hombre.”
“¡No
eres mi hombre!”
“¡No
todavía!” Pero lo seré hizo eco entre
ellos, no pronunciado, todavía poderoso sin embargo.
“Jamás.”
Ella dijo entre dientes.
Sus
cejas se fruncieron, confusión se asentó en sus hermosos rasgos. “Continúas
pasmándome. ¿Cómo eres capaz de resistirme con tal fervor?”
¿Estaba
resistiéndolo? Ella no sabía. Nunca se había sentido tan… necesitada. Aun
cuando la rebeldía golpeaba duros puñetazos a través de ella, su corazón
golpeaba, su piel se estremecía. Su calor se deslizaba sobre ella, dentro de
ella, rompiendo y socavando el hielo que ella valoraba. Sus pezones todavía se
alzaban por él, sus piernas ligeramente separadas, invitando a un íntimo
deslizamiento. Sólo… invitando.
Sus
fosas nasales se dilataron como si él sintiera su creciente excitación. Si se
movía otra pulgada, se ajustaría a sí mismo totalmente contra ella. Finalmente.
Parte de ella gritó en protesta, parte de ella temblaba en bienvenida.
“Quiero
tocarte y besarte, amor, y sentir…”
“¡No!”
ella gritó. “No besar. No tocar. ¡Y por el amor de Dios, deja de llamarme
‘amor’!” Pero, ¡Oh! El pensamiento de sus labios dándose un festín en los de
ella era embriagador. “No te conozco, y como dije, estoy malditamente segura
que no me gustas. Me secuestraste. Mereces tiempo en la cárcel, no una sesión
de caricias.”
“Puedo
hacer que yo te guste.” Él apoyó sus brazos en cada lado de la cabeza de ella,
atrapándola en un duro círculo de músculos, tocando su cabello, pero no su
piel. “Puedo hacerte…”
La
verdad de su reclamo brillaba entre ellos sin piedad. Porque muy dentro, ella
admitió que cada segundo que pasaba, él le gustaba más. Ella lo quería más.
Quería ese contacto piel-a-piel que él le estaba negado. ¿Lo estaba haciendo a
propósito? ¿Haciéndola desesperarse por algo que sabía que no podía tener?
¡Idiota!
JunSu no necesitaba mucha experiencia con los hombres para saber que ella
colgaba de un precario borde. Si él la presionaba, ella podía derrumbarse. Ella
tomaría el momentáneo placer que él le ofrecía y estaría contenta con eso. Pero
en la rendición, ella no sería mejor que las otras, olvidando su atroz crimen y
lanzándose a sus sexis pies.
Sería
una más de esas patéticas criaturas quienes hacían cualquier cosa por placer,
todo por amor. Justo como su mamá.
Haciéndolo
despreciarte. Hiriéndolo. ¡Ahora! Determinada, ella levantó su rodilla. Él
anticipó el movimiento y brincó hacia atrás, fuera de la distancia del ataque.
Su boca afinada y firme.
“Te
advierto ahora.” Él se encontró con su mirada, azul de otro mundo contra franco
café. Determinación contra determinación. “Lucha contra mí, si debes, pero no
intentes escapar. Te castigaré, no tengas duda.”
Ella
se forzó bufar. “Todavía no he empezado a luchar. ¿Y qué infiernos quieres
decir, me castigarás?” La furia no tenía que forzarla. Incrementaba con cada
palabra que ella pronunciaba. “Hace un momento dijiste que no podrías herirme.”
“Hay
maneras para castigar a una mujer que no la lastimaría físicamente.”
“Y
apuesto que sabes cada una de ellas, ¡Tú enfermo pervertido!”
Él
liberó un largo, frustrado suspiro. “No tenemos el tiempo para pelear ahora.
Ven. Te mostraré Mirotic antes de que nos reunamos con los demás.” Levantó,
ofreciéndole su mano.
Ella
miró los dedos de punta roma de él, a las callosidades y cicatrices recortadas
a través de su palma, un contraste a su perfecta belleza. Mientras miraba, su
ira se agotaba. Total fuerza yacía ahí, durmiente ahora, pero dispuesta a matar
en cualquier momento. Excepto… él podía haberla aplastado con esas manos en
cualquier momento. Él le había mostrado nada excepto gentileza.
Necia
mujer, se reprendió, poniendo su mano en la de él. Claro que él no te ha
herido. Necesita una esclava sexual saludable. Sus dedos se entrelazaron con
los de ella. En el momento del contacto, oscuros, eróticos pulsos hormiguearon
a través de ella. Ellos se habían tocado antes,
en cada vez se había suscitado chispas. Pero esta vez… era más intenso.
Una más profunda consciencia en su contacto piel-a-piel ella quería tanto, pero
no había querido querer. Jadeando, trató de retirarse de él, del servidor de la
conexión. Él la sostuvo estrechamente.
“Mía.”
Él dijo.
Ella
mordió el interior de su mejilla contra el placer que una declaración forjó.
“No entiendo nada de esto. No te entiendo.”
“Lo
harás. A su tiempo.”
Las
terribles palabras; ¿Advertencia? ¿Promesa?; sonaban en su cabeza mientras ella
trepaba el resto de las escaleras de madera. Al final, dos puertas de cristal
eran mantenidas abiertas por dos gigantescos rubíes. ¿Topes de puerta
enjoyados?
La
curiosidad pudo más que ella. “¿Por qué tienes la entrada abierta de esa
manera?”
“Un
medallón de dragón es necesario para abrir y cerrar las puertas, y no deseo
usar nada perteneciente a un dragón.” Escupió la palabra dragón como si fuera
una maldición.
¿Qué
clase de respuesta podía ella ofrecer a eso?
Él
miró sobre su hombro con el ceño fruncido. “Y mejor que no intentes buscar un
medallón. Si lo haces, serás castigada.”
“¿Seré
castigada por respirar?” Ella soltó. Él parecía estar buscando una excusa para
castigarla.
“¡Si
es hecho en dirección de otro hombre, sí!” La advertencia era seria, aunque el
tono carecía de verdadero corazón.
“¡Cerdo!”
“Amante…”
“¡Bastardo!”
Él
echó otra mirada por encima de su hombro. Esta vez sus labios estaban curvados
en una malvada media sonrisa, y sabiendo la intención que brillaba en sus ojos
como fuego azul. “Di eso mientras estamos desnudos. Te reto.”
Ella
trago saliva y quitó su atención de él. Una mujer inteligente habría estado
memorizando su alrededor para posibles rutas de escape, en vez de estar
antagonizando con (a.k.a. babeando sobre) su captor.
JunSu
se obligó a actuar como una mujer inteligente. Por un largo, sinuoso corredor
caminaban. Las paredes ásperas otra vez y completamente áridas, no ofreciendo
marcas distintivas para ayudarla a encontrar su camino de regreso. Ellos
giraron a la izquierda. Izquierda otra vez. Derecha entonces. Izquierda.
Derecha. Ellos pasaron por alto muchas puertas abiertas, pero se movían tan
rápidamente que ella no tenía oportunidad de un vistazo dentro.
“¿A
dónde estamos yendo?” Ella preguntó.
“Mi
alcoba.”
“¿Tu
qué?” boca abriendo y cerrando, ella escarbó en sus arenosas, esponjosas
sandalias en el suelo de mármol. “Infierno, no. Infierno, no.” Él pudo haberla
arrastrado, pero se detuvo y la enfrentó. Su deliciosa boca se torció con
diversión. “No haremos el amor esta noche, a menos que ruegues por ello. ¿Apacigua
eso el súbito temor que tienes de mi habitación?”
“No,”
Rechinó los dientes.
“Solamente
deseo enseñarte la ciudad Exterior desde mi ventana.” Él suspiró otro de esos
largos sacado suspiros. “Desafortunadamente no hay tiempo para nada más.”
Mirando,
ella ancló sus brazos en sus caderas. “Estás mintiendo. Tu clase siempre tiene
tiempo para el sexo.”
“¿Mi
clase?” La sonrisa rápidamente cayó de su rostro. “Por eso espero que quieras
decir la clase honesta. Yo juré nunca mentirte, y no lo haré. Mi honor demanda
nada menos. Te dije que no te tocaré esta noche hasta que ruegues por ello, así
que de esa manera será.”
JunSu
no permitía que su ferviente promesa la doblegara. Incluso si él mantenía su
palabra y mantenía sus manos para él mismo, estarían cerca de una cama. Más
como una decadente, hecha-para-el pecado cama. ¿Y qué si ella la veía, perdía
su voluntad para resistir, y hacía un pase a él? “Tu honor no significa una
mierda para mí. No voy a tu habitación.”
Un
músculo cosquilleó en la mandíbula de él. Un infierno ardía en sus ojos, una
agitante tempestad de azules. De zafiro a turquesa al más pálido violeta. “Muy
bien.” Él dijo, cada sílaba precisa. “No robaremos un momento para nosotros
mismos. Nos uniremos a los otros. Solamente me puedo esperanzar que tu mojigata
naturaleza evite a mis hombres de elegirte.”
“¿Elegirme
para qué?” trozó. Ignorando el “mojigato” comentario. Ella sospechaba la
respuesta, y casi gritó cuando llegó.
Las
cejas de él se arquearon y sus labios cayeron hacia abajo. “para su compañera
de cama, por supuesto.”
Hahahhahahah
ResponderEliminarMe da risa el tira y agloja del YooSu xD
Chun se ha enamorado a primera vista y Junsu obviamente lo detesta por literalmente tenerlo secuestrado xP
Ay Junsu me desesperaaaa. No comprende nada porque no se da la oportunidad. YAAAA JUNsuuu Deja de tratar a mi Chunnie como un maldito desgraciado. Pero ya veras niño esperate tantito ya estas a nadiiita del sindrome de estocolmo Jajajajaj. TOMAAALA ESO DE QUE TE ELIJA OTRO NO TE JUSTO VERDAD. PUES SI PASA NO TE QUEJE.
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