Capítulo
6.
YOOCHUN
TUVO QUE CARGAR a su destinada compañera al comedor. Algo que él disfrutó
inmensamente, aunque ella pateó y gritó insultos por todo el camino. Sus pechos
presionaban en su espalda, sus piernas cubrían su estómago.
Él
rió. ¡Oh! Pero le gustaba el espíritu de esta mujer. Cuán divertida era.
Solamente deseaba saber su nombre. “La tuya”, sí como no. Ella se rehusaba a
decirle el verdadero, y eso no le gustaba. No le había importado antes, con
otras mujeres, pero saber el de esta parecía ser necesario para su
supervivencia.
“No
seré tu esclava sexual, y no seré la esclava sexual de tu ejército. ¿Me
entiendes? ¡No lo seré!”
¡No!
Ella sería su amante. Su compañera. Suya. Y solamente suya. Anteriormente había
visto la manera en que sus hombres la miraban, la manera en que sus miradas se
perdían sobre cada curva de su cintura, aguardando atisbos de su pálida piel
debajo de su falda de pasto.
Tal
vez no la mantendría vestida así, como había pensado primero. Tal vez debería
envolverla en una espesa, oscura ropa de cabeza a pies. Como fuera,
probablemente alguno de sus hombres intentaría seleccionarla. ¿Qué hombre podía
resistir el fuego ardiendo debajo de esa fría fachada, rogando por liberarse?
YooChun
mataría antes de permitir que otro hombre la tenga.
Él
le había dicho que su honor no le permitía mentir, pero realmente, el honor no
significaría nada con el enfrentar perderla. Mentiría, engañaría, haría lo que
sea necesario para asegurar que ningún otro hombre intente reclamarla.
Mientras
giraba la esquina, YooChun deseaba que el pequeño rayo de luna le hubiera dejado llevarla a su habitación. Él le
habría mostrado la vista de la ciudad como prometió, ¡Sí!, pero además hubiera
utilizado el tiempo robado al máximo. La hubiera tentado y atormentado hasta
que ella solamente pensara en él. Una caricia prohibida, una prolongada,
caliente mirada. Sus hombres habrían visto cuánto ella lo deseaba, solamente a
él, y habrían estado menos inclinados a elegirla.
Ahora,
tendría que pensar en otra cosa.
“¡Regrésame
a la playa!” Ella dijo golpeando sus puños contra sus nalgas. “¡Ahorita,
maldita sea! Estoy dejando de jugar amable. ¿Me oyes?”
“No
estoy seguro en cuántas maneras puedo decirte que este es tu hogar y vas a
quedarte aquí para siempre.” Tal vez fue mejor que no hubieran ido a su
habitación. Ahora podía acabar con el proceso de selección de una vez. Ahora él
podía probar que ella le pertenecía. Ahora sus hombres podían concentrarse en
su elección.
Él,
claro, podía concentrarse en… “la tuya”. “¿Cuál es tu nombre?” Preguntó.
Mientras su continuo desafío era divertido, él estaba también frustrado.
“Cuando
los policías escuchen sobre esto, tú… tú… Esto es secuestro, tú bastardo.”
Que
ella no lo quería y que habría sigo más feliz si la hubiera dejado en el mundo
de la superficie era tan humillante como extraño. “Estás asustada.” Él
racionalizó. “Lo siento por eso.”
“¿Asustada?
¡Já! ¡Estoy cabreada!”
A
pesar de su negación, él sabía que estaba aterrada. El latido de su corazón
tamborileaba erráticamente contra su espalda, él podía sentir la exhalación
profunda de su respiración contra su piel. Ella peleaba contra la emoción, sin
embargo, mostrando sólo furia. Su admiración por ella incrementó.
Dioses,
él quería; más aún, necesitaba… a ella. Besarla. Conocer el sabor de su lengua.
Había estado a punto de besarla en la caverna. Pero un toque de su dulce
lengüita, y él no hubiera sido capaz de parar. Una caricia y él hubiera
necesitado una segunda y una tercera. Él lo sabía. Habría abierto sus piernas,
lamido con la lengua por su calor, entonces golpeado dentro de ella hasta la
empuñadura. Tan profundo que ella sólo hubiera podido ser capaz de jadear su
nombre.
Él
conocía a las mujeres y sabía que esta sería violenta con sus pasiones. Viendo
la manera que ella reaccionaba a la ira y el miedo, como un siseante,
rasguñante gato montés. Su deseo sexual no sería diferente. Una vez que ella
hubiera soltado su fuego interno ella explotaría en llamas, quemando a su
amante hasta saciadas cenizas.
Esa
pasión le pertenecía a él, reflexionó oscuramente.
Frunciendo
el ceño, él llegó a una parada. “¿Atacarás a cualquier hombre que intente
reclamarte?” con un gentil tirón, movió el cuerpo de ella hacia abajo por el
suyo. Lentamente, tan lentamente. Sus estómagos desnudos se rozaron, ella
contuvo el aliento. Sus músculos brincaron en excitada reacción.
Ella
podía negarlo, pero estaba consciente de él en una muy sexual manera.
“¿Los
atacarás?” Él repitió. Plantaría la sugerencia en su mente, si es necesario.
“¡Maldita
sea! Lo haré.” Sus ojos lo fulminaron con fuego ámbar, retándolo a
contradecirla o amenazar con castigarla. “Pelearé hasta la muerte. Sus
muertes.”
Como
si él la castigaría por algo que quería desesperadamente. Sus labios subieron
en una sonrisa satisfecha. Desde que
todavía no podía hacerla admitir su deseo por él –aún– ésta era la segunda
mejor cosa.
Terminemos
con esto. Urgencia llenándolo, entrelazó sus dedos y la jaló detrás de él.
Rápidamente pasaron la arena de entrenamiento y así también como las cocinas.
“¿Te gusta el palacio?” Él preguntó antes de que ella pudiera empezar a
protestar otra vez. Mira la belleza, él silenciosamente ordenó. Candelabros
decoraban las paredes, llamas parpadeaban dentro iluminando el camino.
Los
ojos de ella se bloquearon en los murales, murales tan vívidos que parecían
casi vivos. Sensuales escenas multicolores, todos, donde hombres desnudos,
mujeres y criaturas de todas las razas se retorcían en diferentes estados de
orgasmo. Él y sus hombres habían pintado las escenas para hacer el palacio
suyo, no de los dragones. Ninfos eran naturalmente vagabundos, revoloteando de
una ubicación a otra, siempre buscando la siguiente conquista sexual. Nunca les
había importado dónde residían. Pero YooChun había crecido cansado de ese tipo
de existencia. Había querido más para sí mismo, más para su gente. Él no podía
determinar con precisión exactamente qué le había hecho sentir de esta manera;
él solamente sabía que una sensación de inquietud había estado creciendo dentro
de él por meses y que los pensamientos de vagabundear ya no tenía ningún
atractivo.
Cuando
supo que una mera cría de dragón había sido dejada a cargo de este palacio,
había decidido tomarlo. Rápidamente, fácilmente.
Y
así lo hizo.
No
se arrepentía de la decisión. Una vez que había entrado al palacio, su
inquietud había sido remplazada por exactitud. YooChun inclinó la cabeza cuando
un pensamiento se le ocurrió. Tal vez él necesitaba tomar la mujer a su lado de
la misma manera que él había tomado el castillo de los dragones. Con astucia.
Con precisión. Con absoluta falta de misericordia.
¡Oh!
Sí. Lentamente sus labios se levantaron en una sonrisa. Ella pronto se
encontraría en el extremo receptor de un ataque irresistible a gran escala.
Difícilmente podía esperar a comenzar.
“¿Te
gusta el palacio?” Preguntó otra vez.
Ella
vaciló antes de decir, “Seré honesta. Tu hogar, las paredes… me recuerdan a
ti.”
Nuestro
hogar, pequeño rayo de luna, nuestro
hogar. “Gracias.”
Frunciendo
el ceño, ella golpeó su mano, tratando de forzarlo a soltar su agarre. “Ese no
fue un cumplido.”
“¿Siendo
dichas pinturas de sexo, que te hacen pensar en mí, no es un cumplido?”
La
boca de ella se abrió, pero lo espetó cerrándola. “Eso no es lo que quise
decir, y lo sabes.”
Él
rió. “Niégalo todo lo que quieras, pero cada vez que me miras piensas en carne
desnuda y retorciéndose de placer.”
“No
olvides la mordaza y la cuerda.” Ella gruñó. “¡Déjame ir!”
“Me
gusta el sonido de la cuerda.”
“¡Lo
harías, tú sucio pervertido!”
El
aire era pesado con anticipación y excitación mientras caminaba dentro del
comedor. La tuya se aquietó, jadeó.
Él se detuvo y enredó un brazo alrededor de su cintura. Por una vez, ella no
protestó. No peleó. La conmoción probablemente la mantenía cautiva.
“Hemos
llegado.” Él anunció. Un contingente de guerreros se alineó en un lado de la
habitación. Un fragante grupo de mujeres se alinearon en el otro. Una larga
mesa de madera, grabada con cabezas de fieros dragones los separaba.
Él
había querido decir que destruyan la mesa. Pero no había encontrado otra
suficiente larga para sus hombres.
Tal
vez la conservaría, y amaría a su mujer en ella.
Las
paredes eran simple ónice y marfil. Antes, zafiros y esmeraldas, diamantes y
rubíes habían brillado desde la amplia extensión, pero habían sido removidos
por soldados humanos hace meses. Estos humanos habían sido sacrificados por los
dragones, proporcionando la oportunidad que YooChun necesitaba para birlar a
sus hombres dentro y conquistar.
Usualmente,
los ninfos sólo atacan cuando son provocados, manteniendo su bestial naturaleza
bajo estricto control. A pesar de que los dragones eran los enemigos de los
únicos aliados que poseían: los vampiros. Diferente a otras razas en Mirotic,
los vampiros no maldecían a los ninfos por sus poderes sobre las mujeres; ellos
no lo veían con celos. SeungHyun, el rey, lo encontró divertido. Sacudiéndose
al lado de YooChun, su pareja dijo, “No estoy poniéndome en el menú de este… su
buffet.” Su codo golpeó en su estómago, casi sacando el aire de sus pulmones.
“Estate
quieta, mujer.”
“¡Muere,
bastardo!”
Sus
hombres les miraban con diversas expresiones de terror. Él había enseñado a sus
hombres el lenguaje de la superficie, para él, conocimiento equivalía a poder,
así que ellos sabían exactamente lo que el pequeño rayo de luna le había dicho. Las mujeres simplemente no actuaban
así. No con YooChun, al menos. Las mujeres lo amaban y adoraban. Ellas peleaban
por su atención. Ellas rogaban por sus caricias.
¡Ellas
no le ordenaban morir!
Él
no estaba avergonzado por esta demostración, sin embargo. Él estaba exaltado.
Si YooChun, el más deseado de los ninfos, falló en seducirla, sus hombres
sabían que estaban destinados a fallar con ella también. Y por elegirla y
fallar, estarían forzados a dormir solos esta noche, algo que ellos esperaban
evitar. Por ahora, ellos querían sexo. No amor, no una pareja, sólo sexo.
YooChun
se había forzado a sí mismo a fruncir el ceño cuando tocó su trasero, sabiendo
que eso daría aliento a sus travesuras más aún.
Ella
chilló. “¿Me nalgueaste? Dime que no me nalgueaste, YooChun, antes de que
presente tu nariz a mi puño. ¡Otra vez!”
Ah,
él amaba escuchar su nombre de sus suaves, rosados labios. Porque su cara
estaba tan pálida, el color de sus labios destacaba como un faro, suculentos y
rogando por ser probados.
“Estoy
esperando…” Ella gruñó.
“No.
Eres hermosa.”
Primero
su expresión se suavizó, le era regalada la mirada de una dulce y vulnerable
mujer. Él casi la besaba, incapaz de contenerse. Entonces la furia brilló en
sus ojos, ahuyentando la imagen derrite-corazones. “No me hables así. No me
gusta.”
Él
parpadeó. ¿Ella prefería que él pronunciara cosas desagradables? Interesante.
Confuso y singular, también, pero algo para considerar. ¿Por qué una mujer
quería tal cosa? ¿Era una defensa contra él?
“Mi
Rey.” KyuHyun solicitó. “Estamos listos. Hemos instruido a las mujeres que
permanezcan en la línea hasta que sean elegidas.”
Un
rápido conteo reveló más hombres que mujeres. “Mi élite escogerá primero.”
YooChun dijo. Ellos habían peleado en más batallas, eran más fuertes, más
rápidos y necesitaban más sexo que un soldado promedio.
La
élite aplaudió. Los otros gimieron de decepción.
“Quédate
quieta,” él le dijo a su mujer, sabiendo muy bien que ella haría lo opuesto. “Y
quédate en esta línea. Mis hombres necesitan una buena mirada de ti.”
Para
su total deleite, ella replicó. “Como el infierno. No importa cuán ansiosas
todas las demás puedan estar, no aceptaré tranquilamente este concurso T-y-A.
No me quedaré aquí pasivamente.”
Sin
embargo, ella no se retiró. No, ella presionó en el lado de él, permitiendo que
la rodeara con su fuerza, aunque no lo enfrentó. Su hombro rozó su pecho y muchos
mechones de su sedoso cabello atraparon su pezón en un bucle. Podía oír el
errático latido de su corazón, podía sentir la suavidad de su suave, suave
piel.
Él
extendió sus dedos sobre sus costillas y ella se estremeció. Tenía que ver su
rostro, tenía qué ver qué emociones quedaban ahí, aunque todavía ella no lo
encaraba. Incapaz, él acunó su rostro y la hizo mirarlo, sus miradas se
enfrentaron y se sostuvieron. El resto del mundo se desvaneció, como siempre
parecía hacer cuando la miraba. Sus ojos eran terciopelo oscuro, rico y cálido,
absolutamente fijos en su pálido rostro.
“¿Cuál
es tu nombre?” Se encontró preguntando otra vez.
“No
hay razón para que lo sepas.” Ella dijo entrecortadamente. Ella lamió sus
labios, entonces corrió el grueso inferior entre sus dientes. Su miembro brinco
en reacción. “Me estoy yendo pronto. ¡Muy pronto!”
Como
si él permitiera que este delicioso bocado lo dejara. “Si te prometo ayudarte a
apartar a estos hombres,” Él murmuró. “¿Me lo dirás?”
“Yo…
tal vez.” Sus párpados se entrecerraron, y la longitud de sus pestañas echó
puntiagudas sombras sobre sus mejillas. “¿Por qué me ayudarías?”
Por
qué en realidad. La respuesta debería ser obvia para ella. “Te quiero guardar
para mí.” Declaró las palabras tanto como sea posible, sonriendo lentamente,
ansiosamente. Necesitaba una reacción extrema de ella. Cualquier cosa para
espantar a sus hombres más allá.
Como
él esperaba, ella empezó a luchar contra él. “No soy un pedazo de carne. Esto
no es un buffet. Deberías avergonzarte de ti mismo.”
YooChun
se forzó a sí mismo a suspirar. “Si no permaneces en la línea, me veré obligado
a sostenerte aquí.” Una oleada de triunfo barrió a través de él. Las cosas
estaban saliendo justo como él esperaba. “KyuHyun.” Llamó.
“¡Sí!
Mi Rey...” KyuHyun dio un paso hacia adelante, su color en alto.
“Como
segundo al mando y líder de la élite, puedes tener la primera elección.”
YooChun aflojó su agarre en su cautiva, así sus movimientos eran más obvios.
Ella se retorció cuanto más, sus jadeos y gruñidos llenaban el aire. Las
acciones, los sonidos lo excitaban.
KyuHyun
sonrío y se acercó a las mujeres, empezando por el extremo lejano. Femeninos
gorjeos y ronroneos hicieron eco a través del espacioso recinto. “¡Elígeme! ¡Elígeme!”
explotaban.
Disfrutando
su papel, el guerrero lentamente bordeó su camino por la fila, parando aquí y
ahí para abrir la cremallera de los vestidos de las mujeres y echar un vistazo
a sus pechos. Para unas pocas felices, probó el sabor de sus pezones.
Desafortunadamente, él no había hecho su elección cuando llegó al pequeño rayo de luna, y él la estudió con deseo
en sus ojos esmeralda.
La
quijada de YooChun se apretó. ¡Mía! Él pensó otra vez. Su agarré se estrechó.
KyuHyun
alcanzó a separar la falda de la mujer.
“Soy
JunSu,” Ella dijo con prisa, casi en un chillido. “Mi nombre es Kim JunSu.”
YooChun
supo inmediatamente, lo que ella quería de él. Te ayudaré a apartar a todos
estos hombres si me dices tu nombre, él había prometido. Prometió a JunSu.
JunSu. Él rodó el nombre sobre su lengua, saboreándolo. Disfrutándolo. El
nombre le quedaba. Aparentemente fría, distante, sin embargo, absolutamente
sensual.
“¡Patéalo!”
Él suspiró en su oído. “¡Duro!”
Ella
lo hizo sin titubear, subiendo su pierna y golpeando su pie en el estómago de
KyuHyun. El aturdido guerrero impulsado hacia atrás, tropezó con sus propios
pies y cayó en el suelo. El resto del ejército irrumpió en estallidos de risas.
KyuHyun se puso de pie, frunciendo el ceño a JunSu en confusión.
YooChun
reprimió una sonrisa. Su segundo al mando rápidamente escogió a una linda,
sosegada morena. Ellos se apresuraron del comedor sin una mirada hacia atrás.
Uno abajo… “NicKhun.” YooChun asintió al hombre de cabello negro, de quien su
musculoso cuerpo emitía un palpable aire de ansiedad. “¡Eres el siguiente!” a
JunSu-ah, no podía tener suficiente de su nombre, tan delicado y adorable como
la mujer misma; él le susurró. “Cuando se aproxime a ti, ignóralo. Ni siquiera
lo mires.”
“¿Estás
seguro?” No podía creer que se estaba apoyando en YooChun para salir de este
enredo. ¡Él era uno de los responsables de ello! Pero no podía pensar en otra
alternativa. Dejar que uno de esos bárbaros la “¡reclame!”, entonces la
arrastre lejos y le haga Dios sabe qué, no tenía atractivo. “¿Ignorarlo no
sacará sus instintos de cavernícola?”
“No
con este hombre.” Él sonaba divertido.
NicKhun
tenía cabello ónice, e irradiaba tan azul que rivalizaba con el océano en
pureza. Su sumamente-apetitosa belleza era algo salido de un cuento de hadas.
De alguna manera, sus rasgos eran más perfectos que los de YooChun. Él no hizo
que le doliera, sin embargo. No llenó su mente con imágenes clasificación-X de
cuerpos excitados, desnudos.
El
estómago de JunSu se revolvió con nerviosismo cuando el hombre siguió el
ejemplo de KyuHyun y consideró cada mujer en la línea. Él miró, él probó, él
disfrutó un poco demasiado. JunSu estaba ofendida por las mujeres. ¿Cómo se
atrevía a tratarlas tan casualmente? No importaba que ellas parecieran amarlo.
No importaba que pidieran por más.
Cuando
la alcanzó, él permaneció fuera de la distancia de ataque y cruzó sus brazos
sobre su masivo pecho. La estudió, su intensa mirada se prolongó por cada
curva. Muchos segundos pasaron y YooChun se tensó.
“Quita
las conchas.” NicKhun finalmente dijo. “Me gustaría ver tus pechos.”
Ignorarlo
había sido la advertencia de YooChun. Ella giró su barbilla lejos de NicKhun y
estudió sus cutículas.
“¿No
me escuchaste, mujer? Dije, quita las conchas.”
Ella
bostezó; una hazaña casi imposible. Con los brazos de YooChun enredados a su
alrededor, ella estaba tontamente encendida. No aburrida. A pesar de todas las
otras emociones; miedo, enojo, ofensa; su deseo había permanecido. Creció. No
se sentía como su normal ella misma alrededor del vano y egoísta gigante. Se
sentía como un ser sexual, de quien el único propósito era el placer. Darlo y
recibirlo.
¿Por
qué no se había sentido así en ninguna de las citas a las que había ido? ¿Por
qué ahora? ¿Por qué este hombre?
NicKhun
exhaló un frustrado suspiro. Enredó una mano en sus sedoso cabello y miró a su
jefe. “YooChun hazla mirarme.”
YooChun
encogió sus hombros. “No puedo forzar sus ojos hacia ti.”
“Pero…”
“¿Es
ella la que quieres o no?” las palabras salieron de él, abruptas, bruscas.
Llenas de impaciencia. “Los otros están esperando por su turno.”
Un
fruncimiento oscureció los rasgos de NicKhun. Se apartó de JunSu y miró a la
única pelirroja del grupo. “Te elijo.”
El
degradante debacle continuó por media hora. Solamente otra mujer parecía molesta por los sucesos, la
misma mujer quien había estado tan reacia como JunSu a caminar alegremente
hacia el agua con los ninfos. Era una cosa pequeña y muy bonita, con oscuro,
lacio cabello, grandes, oscuros ojos y una nariz de botón. Y, a pesar de sus
inocentes rasgos de colegiala, ella irradiaba oscura, salvaje sensualidad.
Desafortunadamente
fue seleccionada por un guerrero alto con cuentas en su cabello color arena.
Uno de los hombres todavía en fila… no podía ver cuál; golpeó su puño en la
pared, la fuerza resonó a través de la habitación. “Yo quería esa.”, gruñó.
“Demasiado
mal para ti, SiWon.” Fue la presumida respuesta. “Ella es ahora mía.” Cabello
con cuentas estrechó la mano de nerviosa y tiró de ella desde la fila.
Ella
arrastró sus talones, pero no pronunció una palabra en protesta.
Obviamente
perplejo, él miró por encima de su hombro y frunció el ceño. “No tengas miedo.
No te lastimaré.”
La
chica mordió su labio inferior, lágrimas en sus ojos.
“¡Déjala
ir!” JunSu gritó. Había visto suficiente. “¡Déjala ir ahorita!” ¡Ella no quiere
irse contigo!”
El
ceño de él se profundizó y miró a YooChun en confusión. “Pero… la elegí.”
La
chica elevó una asustada, acuosa mirada a JunSu. Todavía no hablaba, sólo
continuaba mordiendo su labio inferior.
“YooChun…”
se pegó a su muñeca y la apretó. “Tienes que hacer algo respecto a esto. Ella
no quiere ir con él.”
Segundos
pasaron en absoluto silencio. “¿Qué me darás de regreso?” Él finalmente
replicó. “Si hago algo que tú tan dulcemente pediste, mis hombres me creerán
extraño. Pero si fuera a recibir compensación, estaría dispuesto a arriesgar su
placer.”
“Te
permitiré vivir.” Ella dijo a través de sus dientes apretados. “debería ser
suficiente pago.”
Él
río, un ronco, sensual sonido de puro gozo.
¡Maldito
él y su entretenimiento!
“Seré
buena contigo. Por un ratito.” Ella refunfuñó.
Él
no titubeó. “¿Deseas ser elegida por otro guerrero?” Preguntó a la mujer.
Los
ojos de ella vagaron sobre los restantes, ansiosos hombres. Retrocedió, tragando
saliva. Entonces, lentamente sacudió la cabeza.
“Tómala,
ChangMin, pero no la toques, a menos que tengas su permiso. Y no la fuerces a
darte permiso.” Añadió como una reflexión. Se detuvo. “¿Eso te satisface,
JunSu?”
La
forma en la que él dijo su nombre…. Se estremeció y forzó a su mente al asunto
en cuestión. No, no la satisfacía. Pero sabía que él no dejaría que la chica
regresara a la playa. “¿Puede confiarse en que ChangMin obedece tus órdenes?”
“Todos
mis hombres me obedecen.” Había una gran cantidad de ofensa en su tono.
“¡Vayan!” dijo a la pareja.
ChangMin
apuró a la chica de la habitación antes de que JunSu pudiera pronunciar otra
protesta. Otro hombre, el que había golpeado la pared, maldijo por lo bajo.
Y
la “selección” continuó.
Cada
vez que un soldado se aproximaba a ella, YooChun le decía exactamente qué
hacer. Escupe, maldice, desmáyate. Agradecidamente, ninguno la eligió. La fila
disminuyó significativamente, hasta que solamente JunSu y unas pocas
permanecían. Todos los demás se habían desplazado a sus habitaciones.
Después,
cuando esto terminara, sospechaba que YooChun demandaría alguna clase de
recompensa por su ayuda. Más que sólo su promesa de ser ‘buena’. Él aceptó una sensación cuando la atención
estaba desviada de ellos, trazando con sus dedos sobre la curva de sus caderas.
Sumergiendo su pulgar en su ombligo. Sus terminaciones nerviosas estaban en
llamas, clamando por más de él.
Curiosamente,
su conducta posesiva emocionó una parte secreta de ella. Una parte que no sabía
que existía. Cuando alguien se aproximaba a ella, él se tensaba. Unas pocas
veces gruñía bajo en su garganta, como si hubiera resistido todo lo que
pudiera.
“Casi
termina.” Él murmuró. Su aliento abanicó su oreja mientras perdía la punta de
sus dedos a lo largo de las protuberancias de su columna vertebral. Ella casi
se desploma en una pila sin huesos. Sólo la sensación repentina e inesperada de
ser observada fortaleció su resolución de no parecer afectada. Sentía una
mirada ardiente perforándola, cargada con intención y determinación. La piel de
gallina rompió en ella mientras sus ojos se lanzaron a través de los hombres
restantes. Y chocaron con un atractivo moreno.
Sus
mirada ven-a-mi-cama de párpados pesados, golpeó en ella y se tensó. Él la
aterró. Había amenaza en sus ojos.
“Apóyate
en mí, si tus pies duelen.” YooChun dijo, confundiendo su reacción.
Ella
jaló su atención del hombre de cabello negro. “Estoy bien.” Dijo cercanamente
sin aliento. Entonces frunció el ceño; había querido romper con él.
Su
captor la mantenía con la guardia baja con sus dulces, comentarios
déjame-cuidarte. Estaba tratándola como un precioso tesoro, viendo por sus
comodidades. No le gustaba. La hacía vulnerable, haciéndolo más difícil el
resistirle.
Tenía
que haber algo que pudiera hacer para que la odiara. Pero ¿Qué? Él reía ante
sus insultos, ignoraba sus burlas. Sigue intentando hasta que lo logres,
maldita sea. Si él continuaba siendo bueno con ella, ella se suavizaría hacia
él. Él podría derretir el hielo que ella necesitaba tan desesperadamente para
sobrevivir. ¿Qué podría pasarle entonces? ¿Amor? ¿Se perdería a sí misma por un
hombre quien nunca podría regresar la profundidad de sus sentimientos? ¡Dios!
No. ¡No! ¡No! ¡No!
Con
toda su fuerza intentó jalarse del agarre de YooChun, para finalmente poner
distancia entre sus cuerpos. Él cerró su agarre, cortando su aliento y
encadenándola en el lugar.
“Estate
quieta, Luna. Ya mi cuerpo tiene hambre por el tuyo, y no estoy seguro cuánto
más puedo tolerar. Casi terminamos aquí.”
Ella
se aquietó, no queriendo excitarlo más. Pero ¡Maldito esto! ¿Por qué tenía que
sentirse tan segura en sus brazos? ¿Segura y maravillosamente excitada? Él era
peligroso para la solitaria vida que había construido… y quería; para ella
misma.
“¡SiWon!”
YooChun llamó. “Tu turno ha llegado.” Él bajó su voz, murmurando en su oído.
“Tu esencia es asombrosa. Te quiero tanto. Quiero…”
“¡Esa!”
Una masculina voz dijo. SiWon, el actual ‘selector’; el moreno de mirada iracunda,
quien había estado mirándola, dio un paso adelante.
YooChun
se congeló. JunSu jadeó. Ella había estado tan segura que había espantado a
todos… pero él había… Querido señor. Hielo heló su sangre.
“¿Qué
dijiste?” YooChun rechinó los dientes. Sus dedos se enredaron tan estrechamente
alrededor de la cintura de ella, escarbando en su piel.
“Quiero
la pálida, la chica en tus brazos.” SiWon apoyó sus piernas separadas, su
expresión severa y petulante. Listo. Miraba como un hombre que ansiaba guerra.
“Dámela a mí. ¡Es mía!”
El proceso de seleccion xD
ResponderEliminarSe pasan en ese tipo de cosas en verdad xD
Aja!!! Pelea de Yoochun contra Siwon por Junsu!!!
Yo le apuesto al frentón!! >-O
No no, de veritas me dio risa como Junsu ahuyentó a cada uno de los grandes soldadosxD
Jajaja fue tan gracioso que Junsu hiciera tal como Yoochun le decia para zafarla en cada elección jajaj" era como sientate, haste el miertito, saca la lengua, cierra la boca jajaj Santo Dios Junsu yaaa deja de torturar a mi Ninfomano Ratón y deja de estar de agasajada a media que pareces masoquista. Me da mellito esto Chunnie v/s ShiWon(¡.¡) que hara mi hermo???
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