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martes, 15 de abril de 2014

Desire and Lust Cap 7

Capítulo 7.

“¡YOOCHUN!” JUNSU DIJO, su voz temblorosa. Tan temblorosa como su cuerpo. “Ayúdame.”

“Me ocuparé de esto. No te preocupes.” Todo a la vez, YooChun se sentía enfurecido de que alguien se atreviera a intentar apartar a JunSu de él, encantado de que JunSu se sentía más segura con él y asustado de que pudiera perderla realmente.

Y por su primo, no menos.


Ellos no compartían una fácil camaradería, por la sed de poder de SiWon que lo hacía rebelde. Salvaje. ¿Cómo YooChun iba a cambiar la mentalidad de los soldados? No sabía.

“Hay otras dos mujeres en la fila.” YooChun dijo. “¿Estás seguro que no preferirías una de ellas?”

SiWon asintió, nunca una vez mirando hacia las mujeres en cuestión. Determinación llenaba sus ojos. Determinación… y lujuria. ¿Por la cabeza de YooChun? ¿Por el cuerpo de JunSu? De cualquier manera, YooChun no se rendiría fácilmente.

Ni SiWon lo haría, aparentemente. “¡La quiero!” El hombre dijo firmemente.

El cuerpo suave de JunSu se presionó en la dureza del de YooChun. Su helada esencia lo envolvió, alimentando su propio sentido de determinación.

“Te desafiaré por ella.” YooChun fijó a su primo con una mirada dura. “Te daré la oportunidad de desafiar a tu rey.” SiWon no podía tomar el trono de esa manera, pero había mucho honor en pelear con el rey. Incluso sí; ¡Cuando! SiWon perdiera, él sería alabado por haber participado en tan raro suceso.

Por un momento, un muy corto destello de tiempo, SiWon consideró la oferta. Él había empezado a asentir, pero se detuvo. Él sacudió su cabeza en vez. “Inaceptable.” Frunciendo el ceño, agarró la empuñadura de su espada. “La noche pasada, tuviste carne femenina en exceso, haciéndote fuerte. He estado abandonado por semanas. No estamos en igual condición.”

La quijada de YooChun se apretó dolorosamente. ¿Su primo esperaba por una noche con JunSu, entonces una pelea con el rey? “Puedes pasar la noche con las tres mujeres que me complacieron. Ellas se asegurarán que estás fortalecido. Podemos pelear por JunSu al día siguiente.”

Las cejas negras de SiWon se arquearon… una ilegible emoción… brilló en sus ojos azules. “Dijiste que no reclamarías otra mujer de la superficie, sin embargo, ahí estás de pie, tratando de hacer precisamente eso.

“¡Espera!” JunSu levantó las manos. “Sostén todo. ¿Dormiste con tres mujeres al mismo tiempo, YooChun?” Hubo ella estado enfrentándolo, él sentía certeza de que lo hubiera abofeteado. “¿Qué esperas que me una al tren del amor? ¡Eres repugnante! ¡Todos ustedes lo son!”

“¿Las quieres o no?” preguntó a SiWon, ignorándola.

Sus labios curveando en una sonrisa, SiWon apuntó a JunSu. “Quiero a esa. Como es mi derecho.”

“Ella te causará nada excepto problemas.” Sus dientes estaban apretados estrechamente, tenía problemas para sacar las palabras.

“¡Eso es correcto!” JunSu asintió, mechones de cabello blanco bailando sobre sus hombros. “Te apuñalaré mientras duermes. Cortaré tus pelotas y las usaré de aretes. Yo… yo…”

El color se desvaneció de las mejillas de SiWon, y él tragó. Al menos sus tratos a SiWon eran más violentos, YooChun reflexionó. Ella solamente quería sacarle los ojos.

“La quiero todavía.” SiWon dijo, aunque no sonaba tan confiado. Su primo no cedería. Frustrado, furioso, YooChun dio un gruñido animal. Nunca mentía a sus hombres, nunca retiraba su palabra. Su padre había muerto cuando YooChun era sólo un niño, dejando a YooChun encargarse del ejército ninfo. Había tenido que probarse a sí mismo digno y capaz una y otra vez. Él tuvo.

“¡Hónralos!” Habían sido las moribundas palabras de su padre. “Lidéralos. Protégelos. Eres el único responsable de su destino.”

Él pudo tomar a JunSu y nadie pudo contradecirle, quejarse de su falta de honor, ¡Sí! Incluso maldecirlo al eterno Hades. Pero no contradecirlo.

Mientras se había dicho a sí mismo, se daba cuenta ahora que no podía. ¿Cómo podía esperar que ella se enamorara –lo amara-  de un hombre deshonroso? “He dicho que no reclamaría las mujeres traídas aquí, y no lo haré.” Él dijo.

JunSu se tensó y cerró sus manos sobre los brazos de él, los cuales estaban todavía alrededor de su cintura, y enterró sus uñas en su piel.

“Y no lo haré…”él continuó, cambiando a su lengua nativa, así JunSu no entendería el resto de la conversación. “…Sin alcanzar términos amigables. Permíteme comprártela.”

Una vez más, SiWon sacudió la cabeza. “No.”

¡Maldito el hombre! “¿Qué puedo hacer, primo? La mujer…” Se detuvo, presionando sus labios. “Es mi pareja.”

Las fosas nasales de SiWon se dilataron, y mostró los dientes. Dio un amenazante paso hacia adelante. “Ella no parece pensar así. No te ha aceptado como tal...”

“Es humana. Sus reacciones deben ser diferentes a las nuestras.”

“Dirías cualquier cosa para conservarla.”

“En esto no miento. SI la tomas, ella nunca podrá  amarte. Nunca será capaz de darte su corazón. En su alma, ella siempre me pertenecerá.” Ambos conocían las maneras de las parejas y los ninfos. Amor era amor. Que JunSu fuera humana no hacia diferencia. Él había hecho a SiWon entender. “Cuando la lleves a tu cama, será mi cara la que imagine. Mi cuerpo lo que anhele. ¿Puede tu orgullo soportar tal cosa?”

Oscuro, pesado silencio recibió a su declaración. Su primo palideció, su quijada se apretó.

“¿Qué le dijiste?” JunSu miraba de él a SiWon y de SiWon a él.

La mirada de SiWon se concentró en YooChun. “Debo pensar en lo que has dicho. Estemos lejos de ella esta noche y discutamos su posesión en la mañana.”

Desde que él había hablado en el lenguaje de la superficie, ella entendía “¿Posesión?” jadeó.

¿Permanecer lejos de ella esta noche? El cuerpo de YooChun se sacudió en horror. Desde el primer momento, había pensado únicamente en poseerla. Negándosela a sí mismo, tal vez, sería la cosa más difícil que habría hecho.

“Estoy… de acuerdo.” Al menos, su primo tampoco estaría permitido a tocarla tampoco.

“Bueno, no estoy de acuerdo.” JunSu aporreó su pie, determinada a ser reconocida.

Él estrechó su agarre en ella, esperando callarla. Por supuesto, no funcionó.

“Déjenme salvarles a ambos de muchos problemas.” Dijo. “No quiero a ninguno de los dos. Ahora soy una razonable…”

YooChun resopló.

“Razonable mujer.” Ella terminó, mirándolo sobre su hombro. “Estoy dispuesta a olvidar el completo episodio de Los Putos Hombres de Mirotic, si alguno solamente. Me. Llevara. A casa.”

Ignorándola, SiWon cruzó sus brazos sobre su pecho. “¿Dónde se quedará ella esta noche?”

“La pondré en la cámara junto a la mía. Ambos guardaremos su puerta.”

Su primo pausó por un momento, corriendo la idea por su mente. Él asintió. “Muy bien.” YooChun bajó sus brazos de JunSu, instantáneamente lamentando la pérdida de su suavidad, su calor. Ella debió sentir  la misma pérdida, ya sea que lo admitiera o no, porque enlazó sus brazos alrededor de su cintura y se estremeció.

“¡Maldita sea!” ella tamborileó sus dedos sobre sus costados. “¿Alguien me prestará atención y me dirá quién me llevará a casa?”

“¡Yo estoy!” YooChun respondió antes que SiWon pudiera responder. “Yo estoy llevándote a casa.”

Con un jadeo sobresaltado, ella giró y lo enfrentó. “¿Realmente? ¿Me llevarás a casa? ¿Ahora?”

Él bebía de ella, pegado de nuevo a su belleza. ¿Cómo podía una mujer hacerle doler tan intensamente? ¿Hacerle olvidar todas las que han llegado antes que ella hasta que solamente ella existía?

Levantó la mano, él mantenía su palma cara-arriba. “¿Vendrías conmigo de buena gana?”

Sospecha súbitamente cubrió sus rasgos. “¿No estás mintiéndome?”

“Nunca.”

Por un largo rato, ella hizo nada. Entonces, tentativamente puso su mano en la de él. Sus dedos se entrelazaron, un perfecto ajuste.

Él sabía que ella había malentendido sus intenciones; este era su nuevo hogar. Pero dijo nada. No todavía.

SiWon gruñó y tendió su propia mano a JunSu. Segundos pasaron mientras ella le miraba. Cada músculo del cuerpo de YooChun se tensó. Si tomaba la mano de SiWon, podía alentar las intenciones del hombre. Negaría la validez de la declaración de YooChun.

Un latido pasó. Entonces, otro.

Ella estabilizó a YooChun con una exasperada mirada. “Bueno. ¿Qué estás esperando? Vamos. Si nos apuramos, seré capaz de tomar mi vuelo de regreso a Seúl.”

¿Vuelo? ¿Ella podía volar? Seguramente no. Alejó su confusión y se concentró en su sorpresa. Ella había ignorado a SiWon y su ofrecida mano como si no existieran. Pero a él, le pidió ayuda. Por dentro, YooChun aullaba de triunfo.

“¡Tao!” Llamó a uno de los hombres restantes. “Prepara la habitación siguiente a la mía.” Con optimismo, el leal hombre sabría lo que realmente deseaba… el remover todo rastro de las mujeres humanas que él había complacido la noche anterior. Desafortunadamente, ellas no se habían limitado solamente a la cámara principal. JunSu explotaría al ligero indicio de sensualidad, y él no quería enfadarla.

Tao asintió, lanzando una anhelante mirada a las dos restantes mujeres y se apresuró a obedecer.

SiWon, quien no se había movido, al final dejó caer su brazo a su lado. “Mejor sé precavida, mujer, y trátame con cuidado.” Su voz era baja, rasposa. “Puedo cambiar mi parecer y elegir tomarte ahora.”

“En desacuerdo ya.” YooChun chasqueó la lengua, aunque realmente quería atacar.

“¿Por qué no ustedes dos van al infierno y me libran del problema de mandarlos ahí?” JunSu dijo, irradiando absoluta inocencia. Total dulzura. “Ahora, sé un buen chico y llévame a casa como prometiste, YooChun.”

Él percibió la mirada atónita de SiWon, y libró una sonrisa. Esa lengua afilada de JunSu justo pudo salvarlos. Se volvió a los otros. “Kai, Kris, pueden elegir entre las dos finales.” Mientras ellos aplaudían, él enfrentó a JunSu y dijo. “Este camino…” La guió por el corredor.

Unos pocos de los guerreros, él notó, no lo habían hecho en sus habitaciones. Algunos estaban en el proceso de hacer el amor a sus nuevas mujeres, justo ahí en el corredor, mientras otros habían simplemente empujado a sus amantes contra la pared y estaban agasajándose entre sus piernas. Gemidos, ronroneos y quejidos de deleite hacían eco. “¡Mi dios!” JunSu jadeó.

Tal vista era común en la casa de los ninfos, pero no le mencionaría eso a JunSu.

Con ella cerca de sus talones, y SiWon cercano a los de ella, la condujo por la pasada cocina, la arena de entrenamiento y las barracas de los soldados; donde más gemidos y ronroneos abundaban.

“¿Alguna vez se detienen?” JunSu murmuró oscuramente.


Asombro y –¿era eso deseo?-mezclado en su voz. ¡Sí! Él se dio cuenta. ¡Sí! Lo era. El asombro lo divirtió. El deseo lo excitó en un primitivo nivel. Si ella fuera suya, él hubiera derrotado al primero y explorado lentamente el segundo justo entonces y ahí. Pronto, él juró. Pronto.

Sus cámaras estaban en un corredor lejos del resto del palacio. Cada habitación era espaciosa, con grandes pilas de baño, una inmensa cama y una pared panorámica de ventanas que ofrecía una asombrosa vista de la ciudad Exterior debajo.

“Gracias por aceptar llevarme de regreso,” JunSu dijo. “Sé que no quieres, y estoy agradecida.”

Él nunca había escuchado tal gentil, tierno tono de ella. Ella incluso usó una expresión de gratitud genuina, la dulzura de ello suavizando sus rasgos y regalándole un brillo radiante. Él no podía permitirle deleitarse en falsasconjeturas por más tiempo. “No estoy llevándote de regreso a tu mundo, Luna. Estoy llevándote a tu hogar. Tu nuevo hogar.”

Ella siseó en una corriente de aire; sus uñas se clavaron en su carne. “Tú sabías lo que pensaba, tú engañoso bastardo.”

“¿Siempre habla de esta manera?” SiWon preguntó, externando su primera duda.

“¡Siempre!” YooChun y JunSu replicaron al unísono.

“¡No voy a quedarme en tu habitación!” Ella le gruñó a YooChun. “¡Ya te dije eso!”

Él tuvo que arrastrarla (gentilmente, por supuesto) el resto del camino. SiWon miraba la interacción con ilegible expresión. Finalmente llegaron a las cercanías de las habitaciones de YooChun.

Tao salió por la puerta principal, silbando tenuemente el material colgado allí. Sus rasgos estaban ruborizados por placer; sus ojos estaban cerrados en rendición, mientras ciegamente sentía su camino afuera.

Habiendo captado su esencia, las tres mujeres humanas desnudas lo persiguieron y lo atraparon en un círculo. Inmediatamente sus manos estaban por completo sobre él, tocando y acariciando su espalda, mientras gemían en ansiedad. En impaciencia.

Viéndolos, un plan de raíces gruesas brotó en la mente de YooChun; y le irritaba que estuviera reducido a planear e intrigar para tener a una mujer quien debería, por todo derecho, estar jadeando por él. Él era un rey. Un líder. Su palabra era ley. “Toma cualquier mujer que desees, Tao, y ve a la cama.”

Los párpados del guerrero se abrieron con sorpresa. “Mi rey…” él dijo. Una de las mujeres acunó sus testículos y él gimió. “¿Puedo tener a las tres?”

YooChun rodó sus ojos. “No. Dos son necesitadas… en otra parte.”

La boca de JunSu se sacudió, abría y cerraba, cada vez emitiendo un sonido estrangulado. “Estás tratando a estas mujeres como objetos. ¿Y qué quieres decir con ‘en otra parte’?” Ella apuntó su dedo a Tao, pero su mirada permaneció en YooChun. “¿Y qué si la mujer que él escoge no quiere irse con él? ¿Qué entonces?”

“¿Has dudado de su voluntad?” YooChun señaló al cuarteto retorciéndose con una inclinación de barbilla. “Ellas están comiéndoselo vivo incluso ahora.”

Los ojos de ella se estrecharon en ellos, ella hizo un ‘hump’. “Todavía suenas como un chulo.” Ella murmuró. Entonces, más fuerte. “Levántense por ustedes mismas, chicas. Díganles a estos hombres que no formarán parte de su libertinaje.”

En lugar de una respuesta, las tres corrieron su lengua por el pecho desnudo de Tao y su espalda. El hombre gimió de puro gozo. JunSu apretó el puente de su nariz y sacudió la cabeza.

“Toma tu mujer, Tao, y vete.”

“Gracias, mi rey.” Tao tomó a la morena, quien estaba incluso entonces intentando deslizar su mano dentro de sus pantalones y corrió con ella. Sus risitas hicieron eco detrás de ella.

Las otras dos gimieron ante la pérdida de su amante… hasta que vieron a YooChun. Aplaudieron y rieron con renovado deleite. YooChun retrocedió, incluso empujó a JunSu enfrente de él como un escudo.

“Estoy emparejado.” Les dijo. Ninfos emparejados, generalmente no atraen mujeres con la misma potencia y fiebre que lo que los que no están emparejados. Estas mujeres probablemente lo querían todavía, pero nunca lo querrían otra vez más allá de la razón. Más allá de todo sentido del yo.

Tal vez los humanos no sabían que esa era la manera de las cosas, ellas se pasearon hacia él, sin inmutarse.

“¡Lárguense! Señoras…” JunSu súbitamente ladró. Ellas obedecieron instantáneamente, sus rasgos se derrumbaron en un puchero.

YooChun parpadeó en sorpresa. ¿Habían sido celos en el tono de JunSu? ¿Posesividad? ¿Se atrevía a esperanzarse? “SiWon está en necesidad de una amante.” Él dijo, apuntando.

Sus miradas se deslizaron hacia el guerrero en cuestión; de quién sus ojos estaban abiertos en sospecha. Y anticipación. Ambas mujeres sonrieron lentamente y se acercaron a él sin duda.

“Eres tan grande.” La rubia susurró.

“Tan fuerte.” Añadió la pelirroja.

SiWon retrocedió, determinado a resistir. “¿He hecho una elección?” él dijo, pero las palabras eran más una pregunta que una declaración. “La… La pálida será mi próxima compañera de cama, y debo guardar su puerta esta noche. Por esa razón, ustedes… pueden… no… tocar… me. Tocarme.” Lo último fue un desenfrenado gemido de indefensa capitulación.

Ellas lo habían alcanzado, y sus manos estaban en él, acariciando. Sus cálidos alientos estaban probablemente bañando su piel; sus ansiosas esencias probablemente llenando su nariz. YooChun casi sonreía. Tal vez he perdido ya mi honor, él pensó, incluso mientras decía. “JunSu no se molestará si no permaneces en guardia en su puerta esta noche. Un hombre tiene necesidades, y ella sabe eso.”

“Necesidades.” El guerrero perdido-en una neblina de-pasión repitió, aturdido.

“Quiero tu piel desnuda, deslizándose contra la mía.” La rubia dijo, sin aliento.

“Te quiero, caliente en mi boca.”

SiWon audiblemente tragó saliva. “YooChun…” él empezó.

“Ve. Te veré en la mañana.”

“La pálida…”

“Permanecerá sin ser tocada.” Esta noche. “Te he dado mi palabra.”

“Confío en ti.” SiWon se alejó entonces, una mujer sexualmente cargada en cada brazo. YooChun dudó que pudieran hacerlo en una habitación. Más probablemente, SiWon ya estaba desnudo y dentro de una, sujetándola contra la pared. Un llanto de placer extasiado de mujer sonó.

YooChun finalmente permitió su sonrisa asomarse. SiWon estaba ocupado y él tenía a JunSu sola, pero no podía probarla o acariciar su cuerpo, se recordó. Había dado su palabra, después de todo, y su primo confiaba en él. Perdió su sonrisa.

“Increíble.” JunSu murmuró.

Él la tomó de los hombros y la giró, dejándola ver su ceño fruncido. “¿Qué encuentras tan increíble?”

“La cantidad de sexo comunal que se tenía, por supuesto. ¿Han escuchado de enfermedades?”

Lucía tan adorable, quedándose ahí en su antipatía. Tan surreal, como el rayo de luna que él la había nombrado. Lujuria enroscó fuertes dedos en su sangre. Había tocado la suavidad de su piel hoy, pero aun tenía que probarla. La había sostenido, pero todavía tenía que hacerle el amor.

Los sonidos amorosos hicieron eco de cada corredor del palacio, audibles incluso en su remoto escondite. Las mejillas de JunSu se sonrosaron. Cuánto habría amado probar ese color en sus mejillas, para ver si era tan puro como aparentaba. Su polla endureció dolorosamente.

Ahora que estaban solos, su cuerpo solamente quería conocer el de ella. Desnudarla. Hundirse en ella. Golpear, duro y rápido, un ritmo interminable. Ella lo miró, como si de hubiera dado cuenta de que estaban solos finalmente, y sus fosas nasales se dilataron. ¿En deseo?

Él tenía que tenerla, el honor al diablo; tenía que. Hizo puños con las manos a sus lados, para impedirse levantarlas.

“JunSu, escúchame muy cercanamente.” Las palabras eran nada más que un gruñido de necesidad apenas contenida. “Te deseo, pero no puedo tenerte. Si tú no entras a esa habitación ahora, voy a olvidar que no estoy supuesto a tenerte. Voy a tomarte. Rasgaré tus ropas y probaré cada pulgada de ti.”

Mientras él hablaba, ella se alejaba de él. Sus ojos se abrieron, imposiblemente redondos, aterciopelado café con destellos de ¿Se atrevía a decir, necesidad?

El paño detrás de ti cubre la única puerta. Si tú la cruzas, incluso una vez, lo veré como una invitación a tomar lo que tan desesperadamente imploro.”

La total convicción de su voz debe haberla asustado. Pálida, giró y corrió dentro de la habitación, pálido cabello detrás de ella, como un grupo de estrellas fugaces.

Por un largo rato, el paño colgante en la puerta onduló, desafiándolo a entrar. Finalmente, se aquietó y YooChun cubrió su rostro con una mano temblorosa. Teniendo una pareja estaba yendo a ser un infierno, parecía, para él predijo una larga, dolorosa noche por delante.


Sin un final real a la vista.

2 comentarios:

  1. No lo entiendo e_e
    Siwon no te enloquescascon Junsu, que Junsu es de Yoochun e.e
    Entiendelo o te corto las pelotas tbn! XD

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  2. Jajaja ay Junsu eres todo un caso. Primero toda rejega luego toda celosa y bueno ya pagaras caro el hacer padecer a mi ratón. SIWON NO SEAS MALOO SE BUENO Y NO LIES A CHUNNIE ANDALE.

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