Capítulo
7.
“¡YOOCHUN!”
JUNSU DIJO, su voz temblorosa. Tan temblorosa como su cuerpo. “Ayúdame.”
“Me
ocuparé de esto. No te preocupes.” Todo a la vez, YooChun se sentía enfurecido
de que alguien se atreviera a intentar apartar a JunSu de él, encantado de que
JunSu se sentía más segura con él y asustado de que pudiera perderla realmente.
Y
por su primo, no menos.
Ellos
no compartían una fácil camaradería, por la sed de poder de SiWon que lo hacía
rebelde. Salvaje. ¿Cómo YooChun iba a cambiar la mentalidad de los soldados? No
sabía.
“Hay
otras dos mujeres en la fila.” YooChun dijo. “¿Estás seguro que no preferirías
una de ellas?”
SiWon
asintió, nunca una vez mirando hacia las mujeres en cuestión. Determinación
llenaba sus ojos. Determinación… y lujuria. ¿Por la cabeza de YooChun? ¿Por el
cuerpo de JunSu? De cualquier manera, YooChun no se rendiría fácilmente.
Ni
SiWon lo haría, aparentemente. “¡La quiero!” El hombre dijo firmemente.
El
cuerpo suave de JunSu se presionó en la dureza del de YooChun. Su helada
esencia lo envolvió, alimentando su propio sentido de determinación.
“Te
desafiaré por ella.” YooChun fijó a su primo con una mirada dura. “Te daré la
oportunidad de desafiar a tu rey.” SiWon no podía tomar el trono de esa manera,
pero había mucho honor en pelear con el rey. Incluso sí; ¡Cuando! SiWon
perdiera, él sería alabado por haber participado en tan raro suceso.
Por
un momento, un muy corto destello de tiempo, SiWon consideró la oferta. Él
había empezado a asentir, pero se detuvo. Él sacudió su cabeza en vez.
“Inaceptable.” Frunciendo el ceño, agarró la empuñadura de su espada. “La noche
pasada, tuviste carne femenina en exceso, haciéndote fuerte. He estado
abandonado por semanas. No estamos en igual condición.”
La
quijada de YooChun se apretó dolorosamente. ¿Su primo esperaba por una noche
con JunSu, entonces una pelea con el rey? “Puedes pasar la noche con las tres
mujeres que me complacieron. Ellas se asegurarán que estás fortalecido. Podemos
pelear por JunSu al día siguiente.”
Las
cejas negras de SiWon se arquearon… una ilegible emoción… brilló en sus ojos
azules. “Dijiste que no reclamarías otra mujer de la superficie, sin embargo, ahí
estás de pie, tratando de hacer precisamente eso.
“¡Espera!”
JunSu levantó las manos. “Sostén todo. ¿Dormiste con tres mujeres al mismo
tiempo, YooChun?” Hubo ella estado enfrentándolo, él sentía certeza de que lo
hubiera abofeteado. “¿Qué esperas que me una al tren del amor? ¡Eres
repugnante! ¡Todos ustedes lo son!”
“¿Las
quieres o no?” preguntó a SiWon, ignorándola.
Sus
labios curveando en una sonrisa, SiWon apuntó a JunSu. “Quiero a esa. Como es
mi derecho.”
“Ella
te causará nada excepto problemas.” Sus dientes estaban apretados
estrechamente, tenía problemas para sacar las palabras.
“¡Eso
es correcto!” JunSu asintió, mechones de cabello blanco bailando sobre sus
hombros. “Te apuñalaré mientras duermes. Cortaré tus pelotas y las usaré de
aretes. Yo… yo…”
El
color se desvaneció de las mejillas de SiWon, y él tragó. Al menos sus tratos a
SiWon eran más violentos, YooChun reflexionó. Ella solamente quería sacarle los
ojos.
“La
quiero todavía.” SiWon dijo, aunque no sonaba tan confiado. Su primo no
cedería. Frustrado, furioso, YooChun dio un gruñido animal. Nunca mentía a sus
hombres, nunca retiraba su palabra. Su padre había muerto cuando YooChun era
sólo un niño, dejando a YooChun encargarse del ejército ninfo. Había tenido que
probarse a sí mismo digno y capaz una y otra vez. Él tuvo.
“¡Hónralos!”
Habían sido las moribundas palabras de su padre. “Lidéralos. Protégelos. Eres
el único responsable de su destino.”
Él
pudo tomar a JunSu y nadie pudo contradecirle, quejarse de su falta de honor,
¡Sí! Incluso maldecirlo al eterno Hades. Pero no contradecirlo.
Mientras
se había dicho a sí mismo, se daba cuenta ahora que no podía. ¿Cómo podía
esperar que ella se enamorara –lo amara-
de un hombre deshonroso? “He dicho que no reclamaría las mujeres traídas
aquí, y no lo haré.” Él dijo.
JunSu
se tensó y cerró sus manos sobre los brazos de él, los cuales estaban todavía
alrededor de su cintura, y enterró sus uñas en su piel.
“Y
no lo haré…”él continuó, cambiando a su lengua nativa, así JunSu no entendería
el resto de la conversación. “…Sin alcanzar términos amigables. Permíteme
comprártela.”
Una
vez más, SiWon sacudió la cabeza. “No.”
¡Maldito
el hombre! “¿Qué puedo hacer, primo? La mujer…” Se detuvo, presionando sus
labios. “Es mi pareja.”
Las
fosas nasales de SiWon se dilataron, y mostró los dientes. Dio un amenazante
paso hacia adelante. “Ella no parece pensar así. No te ha aceptado como tal...”
“Es
humana. Sus reacciones deben ser diferentes a las nuestras.”
“Dirías
cualquier cosa para conservarla.”
“En
esto no miento. SI la tomas, ella nunca podrá
amarte. Nunca será capaz de darte su corazón. En su alma, ella siempre
me pertenecerá.” Ambos conocían las maneras de las parejas y los ninfos. Amor
era amor. Que JunSu fuera humana no hacia diferencia. Él había hecho a SiWon
entender. “Cuando la lleves a tu cama, será mi cara la que imagine. Mi cuerpo
lo que anhele. ¿Puede tu orgullo soportar tal cosa?”
Oscuro,
pesado silencio recibió a su declaración. Su primo palideció, su quijada se
apretó.
“¿Qué
le dijiste?” JunSu miraba de él a SiWon y de SiWon a él.
La
mirada de SiWon se concentró en YooChun. “Debo pensar en lo que has dicho.
Estemos lejos de ella esta noche y discutamos su posesión en la mañana.”
Desde
que él había hablado en el lenguaje de la superficie, ella entendía
“¿Posesión?” jadeó.
¿Permanecer
lejos de ella esta noche? El cuerpo de YooChun se sacudió en horror. Desde el
primer momento, había pensado únicamente en poseerla. Negándosela a sí mismo,
tal vez, sería la cosa más difícil que habría hecho.
“Estoy…
de acuerdo.” Al menos, su primo tampoco estaría permitido a tocarla tampoco.
“Bueno,
no estoy de acuerdo.” JunSu aporreó su pie, determinada a ser reconocida.
Él
estrechó su agarre en ella, esperando callarla. Por supuesto, no funcionó.
“Déjenme
salvarles a ambos de muchos problemas.” Dijo. “No quiero a ninguno de los dos.
Ahora soy una razonable…”
YooChun
resopló.
“Razonable
mujer.” Ella terminó, mirándolo sobre su hombro. “Estoy dispuesta a olvidar el
completo episodio de Los Putos Hombres de Mirotic, si alguno solamente. Me.
Llevara. A casa.”
Ignorándola,
SiWon cruzó sus brazos sobre su pecho. “¿Dónde se quedará ella esta noche?”
“La
pondré en la cámara junto a la mía. Ambos guardaremos su puerta.”
Su
primo pausó por un momento, corriendo la idea por su mente. Él asintió. “Muy
bien.” YooChun bajó sus brazos de JunSu, instantáneamente lamentando la pérdida
de su suavidad, su calor. Ella debió sentir
la misma pérdida, ya sea que lo admitiera o no, porque enlazó sus brazos
alrededor de su cintura y se estremeció.
“¡Maldita
sea!” ella tamborileó sus dedos sobre sus costados. “¿Alguien me prestará
atención y me dirá quién me llevará a casa?”
“¡Yo
estoy!” YooChun respondió antes que SiWon pudiera responder. “Yo estoy
llevándote a casa.”
Con
un jadeo sobresaltado, ella giró y lo enfrentó. “¿Realmente? ¿Me llevarás a
casa? ¿Ahora?”
Él
bebía de ella, pegado de nuevo a su belleza. ¿Cómo podía una mujer hacerle
doler tan intensamente? ¿Hacerle olvidar todas las que han llegado antes que
ella hasta que solamente ella existía?
Levantó
la mano, él mantenía su palma cara-arriba. “¿Vendrías conmigo de buena gana?”
Sospecha
súbitamente cubrió sus rasgos. “¿No estás mintiéndome?”
“Nunca.”
Por
un largo rato, ella hizo nada. Entonces, tentativamente puso su mano en la de
él. Sus dedos se entrelazaron, un perfecto ajuste.
Él
sabía que ella había malentendido sus intenciones; este era su nuevo hogar.
Pero dijo nada. No todavía.
SiWon
gruñó y tendió su propia mano a JunSu. Segundos pasaron mientras ella le
miraba. Cada músculo del cuerpo de YooChun se tensó. Si tomaba la mano de
SiWon, podía alentar las intenciones del hombre. Negaría la validez de la
declaración de YooChun.
Un
latido pasó. Entonces, otro.
Ella
estabilizó a YooChun con una exasperada mirada. “Bueno. ¿Qué estás esperando?
Vamos. Si nos apuramos, seré capaz de tomar mi vuelo de regreso a Seúl.”
¿Vuelo?
¿Ella podía volar? Seguramente no. Alejó su confusión y se concentró en su
sorpresa. Ella había ignorado a SiWon y su ofrecida mano como si no existieran.
Pero a él, le pidió ayuda. Por dentro, YooChun aullaba de triunfo.
“¡Tao!”
Llamó a uno de los hombres restantes. “Prepara la habitación siguiente a la
mía.” Con optimismo, el leal hombre sabría lo que realmente deseaba… el remover
todo rastro de las mujeres humanas que él había complacido la noche anterior.
Desafortunadamente, ellas no se habían limitado solamente a la cámara
principal. JunSu explotaría al ligero indicio de sensualidad, y él no quería enfadarla.
Tao
asintió, lanzando una anhelante mirada a las dos restantes mujeres y se
apresuró a obedecer.
SiWon,
quien no se había movido, al final dejó caer su brazo a su lado. “Mejor sé
precavida, mujer, y trátame con cuidado.” Su voz era baja, rasposa. “Puedo
cambiar mi parecer y elegir tomarte ahora.”
“En
desacuerdo ya.” YooChun chasqueó la lengua, aunque realmente quería atacar.
“¿Por
qué no ustedes dos van al infierno y me libran del problema de mandarlos ahí?”
JunSu dijo, irradiando absoluta inocencia. Total dulzura. “Ahora, sé un buen chico y llévame a casa como prometiste, YooChun.”
Él
percibió la mirada atónita de SiWon, y libró una sonrisa. Esa lengua afilada de
JunSu justo pudo salvarlos. Se volvió a los otros. “Kai, Kris, pueden elegir
entre las dos finales.” Mientras ellos aplaudían, él enfrentó a JunSu y dijo.
“Este camino…” La guió por el corredor.
Unos
pocos de los guerreros, él notó, no lo habían hecho en sus habitaciones.
Algunos estaban en el proceso de hacer el amor a sus nuevas mujeres, justo ahí
en el corredor, mientras otros habían simplemente empujado a sus amantes contra
la pared y estaban agasajándose entre sus piernas. Gemidos, ronroneos y
quejidos de deleite hacían eco. “¡Mi dios!” JunSu jadeó.
Tal
vista era común en la casa de los ninfos, pero no le mencionaría eso a JunSu.
Con
ella cerca de sus talones, y SiWon cercano a los de ella, la condujo por la
pasada cocina, la arena de entrenamiento y las barracas de los soldados; donde
más gemidos y ronroneos abundaban.
“¿Alguna
vez se detienen?” JunSu murmuró oscuramente.
Asombro
y –¿era eso deseo?-mezclado en su voz. ¡Sí! Él se dio cuenta. ¡Sí! Lo era. El
asombro lo divirtió. El deseo lo excitó en un primitivo nivel. Si ella fuera
suya, él hubiera derrotado al primero y explorado lentamente el segundo justo
entonces y ahí. Pronto, él juró. Pronto.
Sus
cámaras estaban en un corredor lejos del resto del palacio. Cada habitación era
espaciosa, con grandes pilas de baño, una inmensa cama y una pared panorámica
de ventanas que ofrecía una asombrosa vista de la ciudad Exterior debajo.
“Gracias
por aceptar llevarme de regreso,” JunSu dijo. “Sé que no quieres, y estoy
agradecida.”
Él
nunca había escuchado tal gentil, tierno tono de ella. Ella incluso usó una
expresión de gratitud genuina, la dulzura de ello suavizando sus rasgos y
regalándole un brillo radiante. Él no podía permitirle deleitarse en falsasconjeturas
por más tiempo. “No estoy llevándote de regreso a tu mundo, Luna. Estoy llevándote a tu hogar. Tu
nuevo hogar.”
Ella
siseó en una corriente de aire; sus uñas se clavaron en su carne. “Tú sabías lo
que pensaba, tú engañoso bastardo.”
“¿Siempre
habla de esta manera?” SiWon preguntó, externando su primera duda.
“¡Siempre!”
YooChun y JunSu replicaron al unísono.
“¡No
voy a quedarme en tu habitación!” Ella le gruñó a YooChun. “¡Ya te dije eso!”
Él
tuvo que arrastrarla (gentilmente, por supuesto) el resto del camino. SiWon miraba
la interacción con ilegible expresión. Finalmente llegaron a las cercanías de
las habitaciones de YooChun.
Tao
salió por la puerta principal, silbando tenuemente el material colgado allí.
Sus rasgos estaban ruborizados por placer; sus ojos estaban cerrados en
rendición, mientras ciegamente sentía su camino afuera.
Habiendo
captado su esencia, las tres mujeres humanas desnudas lo persiguieron y lo
atraparon en un círculo. Inmediatamente sus manos estaban por completo sobre
él, tocando y acariciando su espalda, mientras gemían en ansiedad. En
impaciencia.
Viéndolos,
un plan de raíces gruesas brotó en la mente de YooChun; y le irritaba que
estuviera reducido a planear e intrigar para tener a una mujer quien debería,
por todo derecho, estar jadeando por él. Él era un rey. Un líder. Su palabra
era ley. “Toma cualquier mujer que desees, Tao, y ve a la cama.”
Los
párpados del guerrero se abrieron con sorpresa. “Mi rey…” él dijo. Una de las
mujeres acunó sus testículos y él gimió. “¿Puedo tener a las tres?”
YooChun
rodó sus ojos. “No. Dos son necesitadas… en otra parte.”
La
boca de JunSu se sacudió, abría y cerraba, cada vez emitiendo un sonido
estrangulado. “Estás tratando a estas mujeres como objetos. ¿Y qué quieres
decir con ‘en otra parte’?” Ella apuntó su dedo a Tao, pero su mirada
permaneció en YooChun. “¿Y qué si la mujer que él escoge no quiere irse con él?
¿Qué entonces?”
“¿Has
dudado de su voluntad?” YooChun señaló al cuarteto retorciéndose con una
inclinación de barbilla. “Ellas están comiéndoselo vivo incluso ahora.”
Los
ojos de ella se estrecharon en ellos, ella hizo un ‘hump’. “Todavía suenas como
un chulo.” Ella murmuró. Entonces, más fuerte. “Levántense por ustedes mismas,
chicas. Díganles a estos hombres que no formarán parte de su libertinaje.”
En
lugar de una respuesta, las tres corrieron su lengua por el pecho desnudo de
Tao y su espalda. El hombre gimió de puro gozo. JunSu apretó el puente de su
nariz y sacudió la cabeza.
“Toma
tu mujer, Tao, y vete.”
“Gracias,
mi rey.” Tao tomó a la morena, quien estaba incluso entonces intentando
deslizar su mano dentro de sus pantalones y corrió con ella. Sus risitas
hicieron eco detrás de ella.
Las
otras dos gimieron ante la pérdida de su amante… hasta que vieron a YooChun.
Aplaudieron y rieron con renovado deleite. YooChun retrocedió, incluso empujó a
JunSu enfrente de él como un escudo.
“Estoy
emparejado.” Les dijo. Ninfos emparejados, generalmente no atraen mujeres con
la misma potencia y fiebre que lo que los que no están emparejados. Estas
mujeres probablemente lo querían todavía, pero nunca lo querrían otra vez más
allá de la razón. Más allá de todo sentido del yo.
Tal
vez los humanos no sabían que esa era la manera de las cosas, ellas se pasearon
hacia él, sin inmutarse.
“¡Lárguense!
Señoras…” JunSu súbitamente ladró. Ellas obedecieron instantáneamente, sus
rasgos se derrumbaron en un puchero.
YooChun
parpadeó en sorpresa. ¿Habían sido celos en el tono de JunSu? ¿Posesividad? ¿Se
atrevía a esperanzarse? “SiWon está en necesidad de una amante.” Él dijo,
apuntando.
Sus
miradas se deslizaron hacia el guerrero en cuestión; de quién sus ojos estaban
abiertos en sospecha. Y anticipación. Ambas mujeres sonrieron lentamente y se
acercaron a él sin duda.
“Eres
tan grande.” La rubia susurró.
“Tan
fuerte.” Añadió la pelirroja.
SiWon
retrocedió, determinado a resistir. “¿He hecho una elección?” él dijo, pero las
palabras eran más una pregunta que una declaración. “La… La pálida será mi
próxima compañera de cama, y debo guardar su puerta esta noche. Por esa razón,
ustedes… pueden… no… tocar… me. Tocarme.” Lo último fue un desenfrenado gemido
de indefensa capitulación.
Ellas
lo habían alcanzado, y sus manos estaban en él, acariciando. Sus cálidos
alientos estaban probablemente bañando su piel; sus ansiosas esencias
probablemente llenando su nariz. YooChun casi sonreía. Tal vez he perdido ya mi
honor, él pensó, incluso mientras decía. “JunSu no se molestará si no
permaneces en guardia en su puerta esta noche. Un hombre tiene necesidades, y
ella sabe eso.”
“Necesidades.”
El guerrero perdido-en una neblina de-pasión repitió, aturdido.
“Quiero
tu piel desnuda, deslizándose contra la mía.” La rubia dijo, sin aliento.
“Te
quiero, caliente en mi boca.”
SiWon
audiblemente tragó saliva. “YooChun…” él empezó.
“Ve.
Te veré en la mañana.”
“La
pálida…”
“Permanecerá
sin ser tocada.” Esta noche. “Te he dado mi palabra.”
“Confío
en ti.” SiWon se alejó entonces, una mujer sexualmente cargada en cada brazo.
YooChun dudó que pudieran hacerlo en una habitación. Más probablemente, SiWon
ya estaba desnudo y dentro de una, sujetándola contra la pared. Un llanto de
placer extasiado de mujer sonó.
YooChun
finalmente permitió su sonrisa asomarse. SiWon estaba ocupado y él tenía a
JunSu sola, pero no podía probarla o acariciar su cuerpo, se recordó. Había
dado su palabra, después de todo, y su primo confiaba en él. Perdió su sonrisa.
“Increíble.”
JunSu murmuró.
Él
la tomó de los hombros y la giró, dejándola ver su ceño fruncido. “¿Qué
encuentras tan increíble?”
“La
cantidad de sexo comunal que se tenía, por supuesto. ¿Han escuchado de
enfermedades?”
Lucía
tan adorable, quedándose ahí en su antipatía. Tan surreal, como el rayo de luna
que él la había nombrado. Lujuria enroscó fuertes dedos en su sangre. Había
tocado la suavidad de su piel hoy, pero aun tenía que probarla. La había
sostenido, pero todavía tenía que hacerle el amor.
Los
sonidos amorosos hicieron eco de cada corredor del palacio, audibles incluso en
su remoto escondite. Las mejillas de JunSu se sonrosaron. Cuánto habría amado
probar ese color en sus mejillas, para ver si era tan puro como aparentaba. Su
polla endureció dolorosamente.
Ahora
que estaban solos, su cuerpo solamente quería conocer el de ella. Desnudarla.
Hundirse en ella. Golpear, duro y rápido, un ritmo interminable. Ella lo miró,
como si de hubiera dado cuenta de que estaban solos finalmente, y sus fosas
nasales se dilataron. ¿En deseo?
Él
tenía que tenerla, el honor al diablo; tenía que. Hizo puños con las manos a
sus lados, para impedirse levantarlas.
“JunSu,
escúchame muy cercanamente.” Las palabras eran nada más que un gruñido de
necesidad apenas contenida. “Te deseo, pero no puedo tenerte. Si tú no entras a
esa habitación ahora, voy a olvidar que no estoy supuesto a tenerte. Voy a
tomarte. Rasgaré tus ropas y probaré cada pulgada de ti.”
Mientras
él hablaba, ella se alejaba de él. Sus ojos se abrieron, imposiblemente
redondos, aterciopelado café con destellos de ¿Se atrevía a decir, necesidad?
El
paño detrás de ti cubre la única puerta. Si tú la cruzas, incluso una vez, lo
veré como una invitación a tomar lo que tan desesperadamente imploro.”
La
total convicción de su voz debe haberla asustado. Pálida, giró y corrió dentro
de la habitación, pálido cabello detrás de ella, como un grupo de estrellas
fugaces.
Por
un largo rato, el paño colgante en la puerta onduló, desafiándolo a entrar.
Finalmente, se aquietó y YooChun cubrió su rostro con una mano temblorosa.
Teniendo una pareja estaba yendo a ser un infierno, parecía, para él predijo
una larga, dolorosa noche por delante.
Sin
un final real a la vista.
No lo entiendo e_e
ResponderEliminarSiwon no te enloquescascon Junsu, que Junsu es de Yoochun e.e
Entiendelo o te corto las pelotas tbn! XD
Jajaja ay Junsu eres todo un caso. Primero toda rejega luego toda celosa y bueno ya pagaras caro el hacer padecer a mi ratón. SIWON NO SEAS MALOO SE BUENO Y NO LIES A CHUNNIE ANDALE.
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