Capítulo
8.
EL
CORAZON DE JUNSU TRONABA EN SU PECHO, golpeando tan duro que temía que sus
costillas se quebrarían; sus oídos sonaban fuertemente, y los cubrió con sus
manos para bloquearlos del horrible sonido. Se hundió en la orilla de una
decadente cama hecha-para-sexo de seda roja y terciopelo.
Sin
atreverse a respirar ella miró al vertical, encaje blanco en lugar de la
puerta.
Permaneció
en esa exacta posición por una hora, temerosa… y ¡Maldita sea! Anticipación; de
YooChun siguiéndola dentro de la habitación. Esa mirada en sus ojos cuando lo
había dejado… ella nunca había
encontrado nada tan ardiente. Tan abrasador. Si la hubiera alcanzado el calor
de su mirada, hubiera quemado su piel… tragó saliva. Viéndolo así, había
sentido como si hubiera viajado cerca del sol, lista para arder en llamas en
cualquier momento. Una parte de ella quería quemarse.
En
la Tierra, o más bien en la superficie, ella no tenía que preocuparse por esta
clase de cosas. Deseo, agradecidamente, no era una parte de su vida. Sus
empleados eran mujeres; a propósito había mantenido la oficina libre de
testosterona para evitar la tentación.
“Relaciones.”
Ella murmuró. Ugh. No era que había visto a su madre devorar hombres como
dulces, o que atestiguó que su padre se abría camino entre las mujeres como un
defensa de fútbol americano. No era que sus padrastros habían intentado colarse
en su habitación, forzándola a esconderse en oscuros rincones sólo para tener
un pequeño sueño. No eran incluso los encantadores hombres con los que ella
había salido en ese breve, curioso periodo de su vida.
Ella
el miedo de que ella se volviera justo como ellos, una esclava de sus propios
deseos. Una tonta por amor. Aceptando cualquier mierda que el objeto de su
fascinación repartiera. JunSu suspiró.
Seguro,
había tenido más aventura en estas pocas horas que lo que había tenido en su
vida entera. No había experimentado un momento de soledad, no había tenido que
pretender que todo estaba bien. Ahí arriba, los hombres la habían apartado
permanecido lejos. Si alguien le pedía salir y ella decía no, la dejaban sola.
La mayoría no querían nada que hacer con ella, para ser honestos, encontrándola
demasiado… aguda. Muy fría.
No
YooChun. No se deshacía de él, parecía.
Descansó
su cabeza contra el poste de la cama, el cual estaba intrincadamente tallado
con juguetones dragones y mujeres desnudas. Hasta ahora YooChun había se demostrado
a sí mismo como un hombre de palabra, no había entrado. Incluso no la había
acechado a través del jirón de encaje. Ella sabía que permanecía de guardia
justo delante de la cortina. Lo escuchaba cambiar de un pie a otro.
Tengo
que escapar antes de la mañana.
“No
soy un trofeo.” Murmuró. “no soy un premio para YooChun y su escuadrón del sexo
por el que luchar.”
“¡Sí!
Lo eres…” el hombre de momento dijo.
El
sonido de su ronca, sexi voz le dio una sacudida de puro placer. Hizo saltar su
corazón y calor deslizándose por su piel. Ella brincó en sus pies, su mirada
escaneando la habitación por una salida. Todo lo que ella vio fue la gran tina
que estaba llena con agua caliente. Mechones de vapor enroscados en el techo de
cristal abovedado, el cual mostraba el ahora turbulento océano encima. Olasbatieron
y se arremolinaban, dejando jirones de espuma detrás. Sin cachondas sirenas a la
vista, gracias a Dios. ¿Multicoloridos trajes de togas? Colgadas en el clóset.
La
habitación lucía como si hubiera sido tomada de un set de filmación. Un pedazo
de era con un toque de modernidad. Glamoroso, caro, surreal. Mientras el
tocador estaba hecho de marfil, la silla en frente de él estaba compuesta de
diamantes, los cojines capeados con vívidas sedas violeta, desde el más pálido
lila hasta la más oscura amatista.
Fiel
a las palabras de YooChun, no había otra puerta. No otra; ¡Espera! Mordió su
labio inferior con la fuerza de su excitación, corrió a un velo lavanda colgado
sobre la pared lejana y la empujó a un lado.
La
vista que la saludó no era lo que ella esperaba, pero la hizo jadear, a pesar de todo. Sus ojos se
abrieron. “¡Querido Dios!”
“¿Espléndido,
no lo es?” YooChun dijo a través de la cortina, como si pudiera ver a través de
sus ojos. Orgullo goteaba de su voz. “la llamamos Ciudad Exterior.”
Ella
se paró frente a una pared de ventanas. Una exuberante vista verde la saludó.
Espeso rocío besaba los árboles, algunos brillaban como esmeraldas, otros tan
blancos como la nieve, rodeaban el paisaje. Claras cascadas caían en
inmaculados ríos. Aves de colores del arcoíris se elevaban encima de la cabeza.
En
el corazón de todo había una atestada, pulsante-de-vida ciudad. Edificios de
roca y madera creaban un laberinto de tortuosas calles. Rayos de luz emanaban
del domo encima, turbio y oscuro, mientras el crepúsculo daba paso a la noche.
Luz de un cristal en vez del sol, JunSu reflexionó. Ella amaría visitar,
quedarse de pie en medio de tal belleza y simplemente disfrutarla. “Estoy tan
cerca como nunca voy a llegar al cielo,” ella suspiró. Miraba abajo a los
acantilados, asombrada por las criaturas que súbitamente veía. Bueno, tal vez
no el cielo. Habían hombres con caras de buey, mujeres con cuerpo de caballo,
leones con alas y… “¡Santa mierda!” ella palmeó una mano sobre su boca,
conmocionada por lo que vio.
Una
profunda, gutural risa saludó a sus oídos. “Debemos trabajar en tu lenguaje,
JunSu.”
El
sonido de esa risa se apoderó de ella eróticamente. El sonido de su nombre en
sus labios, sin embargo, resultó ser más estimulante. Sé ruda. Hazle
disgustarte. Un latido de tiempo transcurrió, ella no dijo nada. No quiero ser
ruda, una parte de ella gimoteó. Rechinó sus dientes. ¡Sólo hazlo! “¡Bueno!...
Me puedes sólo golpear, YooChun.”
“Gracias.
Lo haré.”
Ella
sacudió su cabeza en frustración. El hombre simplemente no podía tomar un
insulto de la manera en la que estaba destinado a ser. Una horda de arpías… la
misma cosa que la había asustado hace un momento… tomó vuelo. Sus enormes
pechos balanceándose mientras ascendían en el aire. Largas afiladas garras se
extendían de sus manos y pies. Sus caras eran horrorosas, con puntiagudas
narices y malévolos ojos negros.
“No
había necesidad de viajar hasta la playa, YooChun,” Ella dijo, tratando otra
vez, “tu pareja perfecta estaba justo aquí en tu propia ciudad todo el tiempo.”
“Solamente
tú serías, amor.”
Su
estómago se encogió ante sus palabras. Forzando su atención lejos de la
fantástica metrópolis, ella estudió las ventanas. La habían hecho del mismo
cristal que el domo, sin grietas, sin costuras. Traducción: sin manera de
abrirla. Aporreó su pie. Así que ella no podía haber escalado las paredes de
afuera. Así que ella estaba tan arriba, y caer a su muerte sería el más resultado
probable. Una chica necesitaba opciones.
“Tal
vez deberías usar este tiempo para llegar a un acuerdo con tu destino en vez de
buscar una manera de escapar.” YooChun sugirió desde su puesto.
“Tal
vez deberías callarte.”
Otra
ronca risa retumbó de él, y ella frunció el ceño en la oscuridad, drogando
sensualidad de ella. Era más potente esta vez. Seductor. Silenciosamente
rogándole a unirse a él en su alegría.
“¿Por
qué encuentras mis insultos tan divertidos?” la mayoría de la gente tan rápido
como puede huye de ella.
“Realmente
no quieres decir lo que dices.” Él explicó pacientemente. “Sospecho que deseas
lo opuesto, de hecho.”
Un
temblor la atravesó. Asombro; sí. Más que nunca antes. Impresionante sin duda.
Ninguno, ni siquiera su familia, había jamás sospechado la verdad. Ella no
disfrutaba hiriendo a la gente; ella simplemente no era lo suficientemente
valiente para arriesgarse a hacer un amigo. ¿Cómo sabía él? Ella aclaró su
garganta, forzando un tono duro. “Tú no me conoces lo suficiente para juzgar lo
que quiero decir y lo que no.”
“Pero
me gustaría.”
Mientras
él hablaba, su rostro nadaba ante la mente de ella. Perfectamente masculino,
robusto y salvaje. Si ella se atreviera a tocarle, seguramente su cabello sería
sedosamente suave y los hilos dorados harían cosquillas en sus palmas. Ella lo
sabía.
“¿Me
dejarías, JunSu?” él preguntó tranquilamente.
Ella
pudo distinguir la silueta sombría de su cuerpo, más allá de la puerta. Ella
miraba sus dedos fuertes trazando el encaje que los separaba. ¿Estaba
imaginando que la cortina era su cuerpo? Imaginando esas puntas de sus dedos
rodeando sus pezones, caminando hacia abajo por su estómago, pasando su ropa
interior y… un escalofrío le sacudió, y frunció el ceño.
Este
tipo de reacción era inaceptable. “¡No!” ella dijo. “No habrá llegar a conocernos.”
Ella ya lo deseaba. ¿Qué pasaría si ella realmente aprendiera qué le hacía
motivar?
Ella
valoraba su independencia, su soledad, y estando con un ninfo despojaría capa
por preciosa capa. Tantas veces ahora, ella había visto mujeres llegar a estar
sin sentido ante ellos, olvidando todo excepto el sexo. JunSu se rehusaba a
permitir que el mismo destino cayera sobre ella.
“Necesito
algo de ti, pequeña JunSu, y estoy dispuesto a tratar contigo. Convenir,” YooChun
dijo, interrumpiendo sus pensamientos. “Negociar.”
Los
ojos de ella se estrecharon en su larga silueta. “¿Para qué, exactamente?”
“Estaré
silencioso toda la noche si tu accedes a darme todos tus afectos.”
Ella
resopló. “Tú no estás consiguiendo mi afecto.”
“Halagos,
entonces. ¿Me darás tus halagos?”
“No.
Absolutamente, no.”
Él
suspiró con lamento. “¿No me darás algo?”
“Estoy
dándote dolor ¿No lo estoy?”
Él
hizo una pausa, suspiró. “Sí, lo estás.”
Deja
de hablar con él y encuentra una manera de salir de aquí, su mente gritó. Pasos
recortados, se acercó a la pared del fondo, con joyas incrustadas. En el área
de sala y comedor, la pared había sido descubierta, como si alguien le había
robado las joyas.Aquí, la riqueza abundaba. Tal vez…ella se iluminó. Tal vez
una de las joyas era realmente un cerrojo que abriría una puerta a alguna
especie de corredor.
“Deseo
convertirme en tu esclavo, JunSu. Deseo proveer para cada deseo, ver por tu
cada placer.” La voz de YooChun era suave y fascinante. “¿Tú no deseas tales
cosas de mí?”
Ella
luchó para endurecerse contra él, para conservar la pared de hielo alrededor de
sus emociones. Si ella nunca había decidido – no lo permita dios- entrar en una
relación, no sería con un ninfo (a.k.a. un prostituto). No importa cuán
irresistible. JunSu se conocía bastante bien para saber que ella odiaba
compartir. Había compartido a sus padres con sus siempre-cambiantes amantes.
Ella había compartido su niñez con algunas veces crueles, raramente cariñosas
hermanastras y hermanastros, con soledad y desilusión.
Si
alguna vez se entregaba a alguien, sería a un hombre que la quisiera a ella y a
ella solamente. Un hombre que renunciaría a su vida por hacerla feliz. Ella a
cambio, haría lo mismo.
¿Estaba
pidiendo y ofreciendo mucho? Absolutamente. Pero era lo que quería y no se
conformaría con menos; incluso aunque ella sabía que era un sueño imposible.
Tal vez era porque eso quería en primer lugar. Si ella no lo podía tener,
entonces ella no tenía por qué preocuparse sobre agonía.
YooChun
habló una buena conversación, y Dios sabe que él probablemente andaría un
delicioso camino rompe-mentes sobre todo su cuerpo, pero él haría lo mismo por
cualquier y toda mujer que sea cautivada por su fantasía.
Él quería “ahora” de ella, una momentánea diversión, sin ataduras después de
eso.
No,
gracias.
Ella
pudo haber tenido eso en la superficie.
Silenciosamente
ella trabajo en la habitación por dos horas, sintiendo cada onza de la pared y piso que ella podía
alcanzar. Para su enorme desilusión, frustración y furia, ella no encontró
cerrojos escondidos. Estaba atrapada aquí. Si estuviera en casa, ella estaría
en pacíficamente… escondida en la cama, ahora. Sola. Y solitaria, su mente elevó la voz.
“¡Cállate!
¡Tú, estúpido cerebro!” murmuró. Solitaria estaba bien. Además tenía una vida
plena. Ella se habría levantado en la mañana, habría tenido café con su
asistente y discutido los eventos del día. Ella habría presentado una nueva
idea para tarjeta, probablemente algo con las líneas Felicitaciones por tu
nuevo ascenso. Antes de que te vayas, ¿Te molestaría quitar el cuchillo de mi
espalda? Probablemente lo necesitarás otra vez. Su asistente habría reído, el
resto de su staff habría reído, ella se habría sentido como una inteligente apreciada
persona. No como una confundida, caliente adolescente.
“Ve
a dormir, Luna…” YooChun dijo
cortando sus pensamientos. “Percibo que estás molesta. Desde que no puedo confortarte como me gustaría…”
“Bueno,
tú eres responsable de ello.” Enredó una mano en su cabello, casi arrancando en
los mechones. “Por favor, YooChun. Llévame de regreso a la playa.”
Una
pausa. Pesada. Espesa. “¿Qué es tan importante que debes regresar a ello?”
“Mi
hogar.” Pagado en su totalidad. “Mi trabajo.” Su única real fuente de éxito.
“¿Cuál
era tu trabajo?”
Él
había usado tiempo pasado. Ella se aseguró de usar presente. “Yo hago tarjetas
de anti-felicitación.” Ella dijo orgullosamente.
“Dime
sobre estas anti-tarjetas.” Él suplicó.
Era
un tema que aceptó. “Hay muchas compañías que producen cursis Te amo, Te extraño tipo de saludos. No la mía. Ellas dicen lo opuesto.”
“No
estoy sorprendido.” Dijo, riendo. “¿No puedes hacer tales tarjetas aquí?”
Ella
podía, pero no quería, así que ignoró su pregunta. ¿Dios, cómo iba a salir de
aquí?
“Noto
que no mencionas amigos o familia.” Él dijo un corto rato después.
Sabiendo
exactamente dónde esta conversación iba dirigida, ella debió haberla detenido
entonces. Debería haberle dicho que se perdiera y la dejara sola. Pero por
alguna razón no lo hizo, no lo hizo. No pudo. “¡Eso es correcto!” Se encontró a
sí misma diciendo.
“¿Por
qué?”
Ella
inclinó su frente sobre la fría pared y apretó sus ojos cerrados. Miente. Hazlo
sentir culpable. “No tengo muchos amigos,” ella admitió en cambio, la verdad
una tangible entidad que se rehusaba a ser negada. “Y no me llevo bien con mi
familia.”
“¿Por
qué?” él repitió.
Por
qué en realidad. “Tú probablemente has notado que no tengo las más dulce de las
personalidades.”
Él
ladró una rápida risa. “Tal vez lo noté.”
“Eso
tiende a alejar a la gente.” Lo que ella pretendía. Sus manos se deslizaron
hacia arriba por la pared resplandeciente y se anclaron detrás de su cabeza.
Decirle sobre su vida era peligroso, dándole municiones sobre ella, pero ella
no parecía poder detenerlo. Él llamó a algo muy profundo dentro de ella. Algo…
primitivo.
“No
me has apartado.” Él dijo tranquilamente.
“No,
no he…” ella suspiró. ¿Por qué no había? ¿Por qué él no había corrido de ella?
¿Corrido tan rápido como sus pies pudieran arrastrarlo?
“¿Qué
es tan importante sobre tu hogar y tu trabajo que no puedes quedarte aquí
conmigo? Yo puedo ser tu familia. Yo puedo ser tu amigo. Puedes vender esas
tarjetas a mí.”
“Yo
trabajé duro por mi hogar. Es mío. Yo trabajé duro para hacer de mi trabajo un
éxito. No tengo nada aquí.”
“Pero
pudieras.” Él todavía estaba hablando en esa suave, tierna voz. Déjame darte
todo, sus palabras insinuaron.
Un
dolor caliente apretó su pecho. Ella necesitaba fortificarse contra este
hombre, se recordó a sí misma. “¿Por qué estás haciéndome esto? Puedes tener
cualquiera de las otras mujeres. Ellas ansiosamente vendrían a ti y harían
cualquier cosa que pidieras de ellas.”
“Ellas
no son tú.”
Una
simple oración, sí, pero la sacudió hasta la médula. Frunciendo el ceño, ella
se enderezó. “¿Qué es tan especial sobre mí, hmmm? Te desafío a nombrar una
cosa.”
Por
un largo rato él no respondió, y eso tanto la alegró como la derrotó. Estúpida,
se reprendió, por desear alabanzas de él. La meta era convencerlo de que no la
quería. ¿Cierto? “¿Bueno?”
Todavía
nada. Sin una simple observación ni declaración.
“No
pensaba así,” ella murmuró. Volvió su espalda a la puerta y pisó fuerte hacia
la cama, luchando contra la desesperación. Ella necesitaba pensar, considerar todas
sus opciones. Conversando con su secuestrador gastaba valioso tiempo.
Permanecería
despierta toda la noche si tuviera, pero no se rendiría. Encontraría un camino
a casa. No dormiría, incluso aunque necesitaba un descanso. Dormida, ella
llegaría a ser incluso más vulnerable a YooChun. Él sería capaz de entrar a
hurtadillas y hacer cualquier cosa que él quiera a ella; y ella no tendría
idea.
Pero
muy dentro, sabía que era una mentira. Una defensa contra él. Cuando ese hombre
complacía a una mujer, la mujer lo sabría. Incluso en sueños, ella lo sabría.
Su cuerpo cantaría y lloraría con placer.
El
hombre era una amenaza.
Una
amenaza que no podía nombrar una cosa sobre ella que le guste. Bastardo.
“No
entres a esta habitación.” Ella ladró. “¿Me escuchas? Y no me hables otra vez.
Necesito silencio.”
“JunSu”
El
gutural gruñido de su nombre la congeló en el lugar. Había sonado como si
estuviera sufriendo, como si estuviera a punto de car en un largo, oscuro pozo
sin fin. “¿Qué?” ella esperaba por un enojadizo tono, pero la pregunta emergió
como nada más que una brizna de aire. ¿Él estaba herido?
“Eres
la mujer de mi corazón. La única que he esperado por mi vida entera, aunque no
lo sabía hasta que te vi. No hay una cosa que te haga especial para mí, excepto
todas las cosas. Ahora, duerme. Mañana promete ser un día perfecto con
desagrado.”
Justo
así, sus rodillas se doblaron. Ella habría caído de plano en su cara si no se
hubiera agarrado a la orilla de la cama y se hubiera sostenidoerguida. Querido
Dios. Esas palabras. Nadie –ni su madre o su padre, ni hermanos o hermanas, o
una interminable cadena de niñeras- jamás le había hablado así a ella. Hecho
sentirse tan importante, tan necesaria.
Ella
escasamente conocía a YooChun. En su corto periodo de tiempo, juntos, ella lo
había insultado, deseado, maldecido y golpeado. Ahora, con unas pocas palabras,
él la hizo anhelar por arrojarse a él. Para destruir cada muro que ella había
construido, derretir cada pieza de hielo con la que se había cubierto, y sólo arrojarse
a él.
“Querido
Dios” Ella murmuró horrorizada. Lo que ella secretamente siempre había soñado
escuchar había salido de los labios de YooChun. ¿Cómo iba a resistirlo ahora?
Junsu ya febes caer ante Yoochun!!!
ResponderEliminarÉl te ama con todo su ser y su frente!!!
Que mas deseas, mujer golosa!
JUNSU ERES TAN CRUEL CON YOOCHUN. POBRE MIO, El ahí soporrando tus arrebatos de indomable y tu que no quieres dar un poquito de tu kokoro que tanto lo anhela. YAAAA¡¡¡¡ Yo quiero el primer kiko yaaaa mucho sexo aqui y alla y el Yoosu nada de nada(¡.¡)
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