Advertencia

Hola, Bienvenidas al Blog NOT ALLOWED
Como su nombre hace referencia, aquí tengo historias
que no me permitieron o no he obtenido el permiso
para traducir pero que de cualquier manera hice y no
era justo no compartirlas.
Queda ESTRICTAMENTE PROHIBIDO sacar
las historias de este blog o este se borrará.
Les pido su colaboración y discreción.
Muchas gracias.

martes, 15 de abril de 2014

Desire and Lust Cap 8

Capítulo 8.

EL CORAZON DE JUNSU TRONABA EN SU PECHO, golpeando tan duro que temía que sus costillas se quebrarían; sus oídos sonaban fuertemente, y los cubrió con sus manos para bloquearlos del horrible sonido. Se hundió en la orilla de una decadente cama hecha-para-sexo de seda roja y terciopelo.

Sin atreverse a respirar ella miró al vertical, encaje blanco en lugar de la puerta.


Permaneció en esa exacta posición por una hora, temerosa… y ¡Maldita sea! Anticipación; de YooChun siguiéndola dentro de la habitación. Esa mirada en sus ojos cuando lo había dejado…  ella nunca había encontrado nada tan ardiente. Tan abrasador. Si la hubiera alcanzado el calor de su mirada, hubiera quemado su piel… tragó saliva. Viéndolo así, había sentido como si hubiera viajado cerca del sol, lista para arder en llamas en cualquier momento. Una parte de ella quería quemarse.

En la Tierra, o más bien en la superficie, ella no tenía que preocuparse por esta clase de cosas. Deseo, agradecidamente, no era una parte de su vida. Sus empleados eran mujeres; a propósito había mantenido la oficina libre de testosterona para evitar la tentación.

“Relaciones.” Ella murmuró. Ugh. No era que había visto a su madre devorar hombres como dulces, o que atestiguó que su padre se abría camino entre las mujeres como un defensa de fútbol americano. No era que sus padrastros habían intentado colarse en su habitación, forzándola a esconderse en oscuros rincones sólo para tener un pequeño sueño. No eran incluso los encantadores hombres con los que ella había salido en ese breve, curioso periodo de su vida.

Ella el miedo de que ella se volviera justo como ellos, una esclava de sus propios deseos. Una tonta por amor. Aceptando cualquier mierda que el objeto de su fascinación repartiera. JunSu suspiró.

Seguro, había tenido más aventura en estas pocas horas que lo que había tenido en su vida entera. No había experimentado un momento de soledad, no había tenido que pretender que todo estaba bien. Ahí arriba, los hombres la habían apartado permanecido lejos. Si alguien le pedía salir y ella decía no, la dejaban sola. La mayoría no querían nada que hacer con ella, para ser honestos, encontrándola demasiado… aguda. Muy fría.

No YooChun. No se deshacía de él, parecía.

Descansó su cabeza contra el poste de la cama, el cual estaba intrincadamente tallado con juguetones dragones y mujeres desnudas. Hasta ahora YooChun había se demostrado a sí mismo como un hombre de palabra, no había entrado. Incluso no la había acechado a través del jirón de encaje. Ella sabía que permanecía de guardia justo delante de la cortina. Lo escuchaba cambiar de un pie a otro.

Tengo que escapar antes de la mañana.

“No soy un trofeo.” Murmuró. “no soy un premio para YooChun y su escuadrón del sexo por el que luchar.”

“¡Sí! Lo eres…” el hombre de momento dijo.

El sonido de su ronca, sexi voz le dio una sacudida de puro placer. Hizo saltar su corazón y calor deslizándose por su piel. Ella brincó en sus pies, su mirada escaneando la habitación por una salida. Todo lo que ella vio fue la gran tina que estaba llena con agua caliente. Mechones de vapor enroscados en el techo de cristal abovedado, el cual mostraba el ahora turbulento océano encima. Olasbatieron y se arremolinaban, dejando jirones de espuma detrás. Sin cachondas sirenas a la vista, gracias a Dios. ¿Multicoloridos trajes de togas? Colgadas en el clóset.

La habitación lucía como si hubiera sido tomada de un set de filmación. Un pedazo de era con un toque de modernidad. Glamoroso, caro, surreal. Mientras el tocador estaba hecho de marfil, la silla en frente de él estaba compuesta de diamantes, los cojines capeados con vívidas sedas violeta, desde el más pálido lila hasta la más oscura amatista.

Fiel a las palabras de YooChun, no había otra puerta. No otra; ¡Espera! Mordió su labio inferior con la fuerza de su excitación, corrió a un velo lavanda colgado sobre la pared lejana y la empujó a un lado.

La vista que la saludó no era lo que ella esperaba, pero la  hizo jadear, a pesar de todo. Sus ojos se abrieron. “¡Querido Dios!”

“¿Espléndido, no lo es?” YooChun dijo a través de la cortina, como si pudiera ver a través de sus ojos. Orgullo goteaba de su voz. “la llamamos Ciudad Exterior.”

Ella se paró frente a una pared de ventanas. Una exuberante vista verde la saludó. Espeso rocío besaba los árboles, algunos brillaban como esmeraldas, otros tan blancos como la nieve, rodeaban el paisaje. Claras cascadas caían en inmaculados ríos. Aves de colores del arcoíris se elevaban encima de la cabeza.

En el corazón de todo había una atestada, pulsante-de-vida ciudad. Edificios de roca y madera creaban un laberinto de tortuosas calles. Rayos de luz emanaban del domo encima, turbio y oscuro, mientras el crepúsculo daba paso a la noche. Luz de un cristal en vez del sol, JunSu reflexionó. Ella amaría visitar, quedarse de pie en medio de tal belleza y simplemente disfrutarla. “Estoy tan cerca como nunca voy a llegar al cielo,” ella suspiró. Miraba abajo a los acantilados, asombrada por las criaturas que súbitamente veía. Bueno, tal vez no el cielo. Habían hombres con caras de buey, mujeres con cuerpo de caballo, leones con alas y… “¡Santa mierda!” ella palmeó una mano sobre su boca, conmocionada por lo que vio.

Una profunda, gutural risa saludó a sus oídos. “Debemos trabajar en tu lenguaje, JunSu.”

El sonido de esa risa se apoderó de ella eróticamente. El sonido de su nombre en sus labios, sin embargo, resultó ser más estimulante. Sé ruda. Hazle disgustarte. Un latido de tiempo transcurrió, ella no dijo nada. No quiero ser ruda, una parte de ella gimoteó. Rechinó sus dientes. ¡Sólo hazlo! “¡Bueno!... Me puedes sólo golpear, YooChun.”

“Gracias. Lo haré.”

Ella sacudió su cabeza en frustración. El hombre simplemente no podía tomar un insulto de la manera en la que estaba destinado a ser. Una horda de arpías… la misma cosa que la había asustado hace un momento… tomó vuelo. Sus enormes pechos balanceándose mientras ascendían en el aire. Largas afiladas garras se extendían de sus manos y pies. Sus caras eran horrorosas, con puntiagudas narices y malévolos ojos negros.

“No había necesidad de viajar hasta la playa, YooChun,” Ella dijo, tratando otra vez, “tu pareja perfecta estaba justo aquí en tu propia ciudad todo el tiempo.”

“Solamente tú serías, amor.”

Su estómago se encogió ante sus palabras. Forzando su atención lejos de la fantástica metrópolis, ella estudió las ventanas. La habían hecho del mismo cristal que el domo, sin grietas, sin costuras. Traducción: sin manera de abrirla. Aporreó su pie. Así que ella no podía haber escalado las paredes de afuera. Así que ella estaba tan arriba, y caer a su muerte sería el más resultado probable. Una chica necesitaba opciones.

“Tal vez deberías usar este tiempo para llegar a un acuerdo con tu destino en vez de buscar una manera de escapar.” YooChun sugirió desde su puesto.

“Tal vez deberías callarte.”

Otra ronca risa retumbó de él, y ella frunció el ceño en la oscuridad, drogando sensualidad de ella. Era más potente esta vez. Seductor. Silenciosamente rogándole a unirse a él en su alegría.

“¿Por qué encuentras mis insultos tan divertidos?” la mayoría de la gente tan rápido como puede huye de ella.

“Realmente no quieres decir lo que dices.” Él explicó pacientemente. “Sospecho que deseas lo opuesto, de hecho.”

Un temblor la atravesó. Asombro; sí. Más que nunca antes. Impresionante sin duda. Ninguno, ni siquiera su familia, había jamás sospechado la verdad. Ella no disfrutaba hiriendo a la gente; ella simplemente no era lo suficientemente valiente para arriesgarse a hacer un amigo. ¿Cómo sabía él? Ella aclaró su garganta, forzando un tono duro. “Tú no me conoces lo suficiente para juzgar lo que quiero decir y lo que no.”

“Pero me gustaría.”

Mientras él hablaba, su rostro nadaba ante la mente de ella. Perfectamente masculino, robusto y salvaje. Si ella se atreviera a tocarle, seguramente su cabello sería sedosamente suave y los hilos dorados harían cosquillas en sus palmas. Ella lo sabía.

“¿Me dejarías, JunSu?” él preguntó tranquilamente.

Ella pudo distinguir la silueta sombría de su cuerpo, más allá de la puerta. Ella miraba sus dedos fuertes trazando el encaje que los separaba. ¿Estaba imaginando que la cortina era su cuerpo? Imaginando esas puntas de sus dedos rodeando sus pezones, caminando hacia abajo por su estómago, pasando su ropa interior y… un escalofrío le sacudió, y frunció el ceño.

Este tipo de reacción era inaceptable. “¡No!” ella dijo. “No habrá llegar a conocernos.” Ella ya lo deseaba. ¿Qué pasaría si ella realmente aprendiera qué le hacía motivar?

Ella valoraba su independencia, su soledad, y estando con un ninfo despojaría capa por preciosa capa. Tantas veces ahora, ella había visto mujeres llegar a estar sin sentido ante ellos, olvidando todo excepto el sexo. JunSu se rehusaba a permitir que el mismo destino cayera sobre ella.

“Necesito algo de ti, pequeña JunSu, y estoy dispuesto a tratar contigo. Convenir,” YooChun dijo, interrumpiendo sus pensamientos. “Negociar.”

Los ojos de ella se estrecharon en su larga silueta. “¿Para qué, exactamente?”

“Estaré silencioso toda la noche si tu accedes a darme todos tus afectos.”

Ella resopló. “Tú no estás consiguiendo mi afecto.”

“Halagos, entonces. ¿Me darás tus halagos?”

“No. Absolutamente, no.”

Él suspiró con lamento. “¿No me darás algo?”

“Estoy dándote dolor ¿No lo estoy?”

Él hizo una pausa, suspiró. “Sí, lo estás.”

Deja de hablar con él y encuentra una manera de salir de aquí, su mente gritó. Pasos recortados, se acercó a la pared del fondo, con joyas incrustadas. En el área de sala y comedor, la pared había sido descubierta, como si alguien le había robado las joyas.Aquí, la riqueza abundaba. Tal vez…ella se iluminó. Tal vez una de las joyas era realmente un cerrojo que abriría una puerta a alguna especie de corredor.

“Deseo convertirme en tu esclavo, JunSu. Deseo proveer para cada deseo, ver por tu cada placer.” La voz de YooChun era suave y fascinante. “¿Tú no deseas tales cosas de mí?”

Ella luchó para endurecerse contra él, para conservar la pared de hielo alrededor de sus emociones. Si ella nunca había decidido – no lo permita dios- entrar en una relación, no sería con un ninfo (a.k.a. un prostituto). No importa cuán irresistible. JunSu se conocía bastante bien para saber que ella odiaba compartir. Había compartido a sus padres con sus siempre-cambiantes amantes. Ella había compartido su niñez con algunas veces crueles, raramente cariñosas hermanastras y hermanastros, con soledad y desilusión.

Si alguna vez se entregaba a alguien, sería a un hombre que la quisiera a ella y a ella solamente. Un hombre que renunciaría a su vida por hacerla feliz. Ella a cambio, haría lo mismo.

¿Estaba pidiendo y ofreciendo mucho? Absolutamente. Pero era lo que quería y no se conformaría con menos; incluso aunque ella sabía que era un sueño imposible. Tal vez era porque eso quería en primer lugar. Si ella no lo podía tener, entonces ella no tenía por qué preocuparse sobre agonía.

YooChun habló una buena conversación, y Dios sabe que él probablemente andaría un delicioso camino rompe-mentes sobre todo su cuerpo, pero él haría lo mismo por cualquier y toda mujer que sea cautivada por su fantasía. Él quería “ahora” de ella, una momentánea diversión, sin ataduras después de eso.

No, gracias.

Ella pudo haber tenido eso en la superficie.

Silenciosamente ella trabajo en la habitación por dos horas, sintiendo  cada onza de la pared y piso que ella podía alcanzar. Para su enorme desilusión, frustración y furia, ella no encontró cerrojos escondidos. Estaba atrapada aquí. Si estuviera en casa, ella estaría en pacíficamente… escondida en la cama, ahora. Sola. Y solitaria, su  mente elevó la voz.

“¡Cállate! ¡Tú, estúpido cerebro!” murmuró. Solitaria estaba bien. Además tenía una vida plena. Ella se habría levantado en la mañana, habría tenido café con su asistente y discutido los eventos del día. Ella habría presentado una nueva idea para tarjeta, probablemente algo con las líneas Felicitaciones por tu nuevo ascenso. Antes de que te vayas, ¿Te molestaría quitar el cuchillo de mi espalda? Probablemente lo necesitarás otra vez. Su asistente habría reído, el resto de su staff habría reído, ella se habría sentido como una inteligente apreciada persona. No como una confundida, caliente adolescente.

“Ve a dormir, Luna…” YooChun dijo cortando sus pensamientos. “Percibo que estás molesta. Desde que no  puedo confortarte como me gustaría…”

“Bueno, tú eres responsable de ello.” Enredó una mano en su cabello, casi arrancando en los mechones. “Por favor, YooChun. Llévame de regreso a la playa.”

Una pausa. Pesada. Espesa. “¿Qué es tan importante que debes regresar a ello?”

“Mi hogar.” Pagado en su totalidad. “Mi trabajo.” Su única real fuente de éxito.

“¿Cuál era tu trabajo?”

Él había usado tiempo pasado. Ella se aseguró de usar presente. “Yo hago tarjetas de anti-felicitación.” Ella dijo orgullosamente.

“Dime sobre estas anti-tarjetas.” Él suplicó.

Era un tema que aceptó. “Hay muchas compañías que producen cursis Te amo, Te extraño tipo de saludos. No la mía. Ellas dicen lo opuesto.”

“No estoy sorprendido.” Dijo, riendo. “¿No puedes hacer tales tarjetas aquí?”

Ella podía, pero no quería, así que ignoró su pregunta. ¿Dios, cómo iba a salir de aquí?

“Noto que no mencionas amigos o familia.” Él dijo un corto rato después.

Sabiendo exactamente dónde esta conversación iba dirigida, ella debió haberla detenido entonces. Debería haberle dicho que se perdiera y la dejara sola. Pero por alguna razón no lo hizo, no lo hizo. No pudo. “¡Eso es correcto!” Se encontró a sí misma diciendo.

“¿Por qué?”

Ella inclinó su frente sobre la fría pared y apretó sus ojos cerrados. Miente. Hazlo sentir culpable. “No tengo muchos amigos,” ella admitió en cambio, la verdad una tangible entidad que se rehusaba a ser negada. “Y no me llevo bien con mi familia.”

“¿Por qué?” él repitió.

Por qué en realidad. “Tú probablemente has notado que no tengo las más dulce de las personalidades.”

Él ladró una rápida risa. “Tal vez lo noté.”

“Eso tiende a alejar a la gente.” Lo que ella pretendía. Sus manos se deslizaron hacia arriba por la pared resplandeciente y se anclaron detrás de su cabeza. Decirle sobre su vida era peligroso, dándole municiones sobre ella, pero ella no parecía poder detenerlo. Él llamó a algo muy profundo dentro de ella. Algo… primitivo.

“No me has apartado.” Él dijo tranquilamente.

“No, no he…” ella suspiró. ¿Por qué no había? ¿Por qué él no había corrido de ella? ¿Corrido tan rápido como sus pies pudieran arrastrarlo?

“¿Qué es tan importante sobre tu hogar y tu trabajo que no puedes quedarte aquí conmigo? Yo puedo ser tu familia. Yo puedo ser tu amigo. Puedes vender esas tarjetas a mí.”

“Yo trabajé duro por mi hogar. Es mío. Yo trabajé duro para hacer de mi trabajo un éxito. No tengo nada aquí.”

“Pero pudieras.” Él todavía estaba hablando en esa suave, tierna voz. Déjame darte todo, sus palabras insinuaron.

Un dolor caliente apretó su pecho. Ella necesitaba fortificarse contra este hombre, se recordó a sí misma. “¿Por qué estás haciéndome esto? Puedes tener cualquiera de las otras mujeres. Ellas ansiosamente vendrían a ti y harían cualquier cosa que pidieras de ellas.”

“Ellas no son tú.”

Una simple oración, sí, pero la sacudió hasta la médula. Frunciendo el ceño, ella se enderezó. “¿Qué es tan especial sobre mí, hmmm? Te desafío a nombrar una cosa.”

Por un largo rato él no respondió, y eso tanto la alegró como la derrotó. Estúpida, se reprendió, por desear alabanzas de él. La meta era convencerlo de que no la quería. ¿Cierto? “¿Bueno?”

Todavía nada. Sin una simple observación ni declaración.

“No pensaba así,” ella murmuró. Volvió su espalda a la puerta y pisó fuerte hacia la cama, luchando contra la desesperación. Ella necesitaba pensar, considerar todas sus opciones. Conversando con su secuestrador gastaba valioso tiempo.

Permanecería despierta toda la noche si tuviera, pero no se rendiría. Encontraría un camino a casa. No dormiría, incluso aunque necesitaba un descanso. Dormida, ella llegaría a ser incluso más vulnerable a YooChun. Él sería capaz de entrar a hurtadillas y hacer cualquier cosa que él quiera a ella; y ella no tendría idea.

Pero muy dentro, sabía que era una mentira. Una defensa contra él. Cuando ese hombre complacía a una mujer, la mujer lo sabría. Incluso en sueños, ella lo sabría. Su cuerpo cantaría y lloraría con placer.

El hombre era una amenaza.

Una amenaza que no podía nombrar una cosa sobre ella que le guste. Bastardo.

“No entres a esta habitación.” Ella ladró. “¿Me escuchas? Y no me hables otra vez. Necesito silencio.”

“JunSu”

El gutural gruñido de su nombre la congeló en el lugar. Había sonado como si estuviera sufriendo, como si estuviera a punto de car en un largo, oscuro pozo sin fin. “¿Qué?” ella esperaba por un enojadizo tono, pero la pregunta emergió como nada más que una brizna de aire. ¿Él estaba herido?

“Eres la mujer de mi corazón. La única que he esperado por mi vida entera, aunque no lo sabía hasta que te vi. No hay una cosa que te haga especial para mí, excepto todas las cosas. Ahora, duerme. Mañana promete ser un día perfecto con desagrado.”

Justo así, sus rodillas se doblaron. Ella habría caído de plano en su cara si no se hubiera agarrado a la orilla de la cama y se hubiera sostenidoerguida. Querido Dios. Esas palabras. Nadie –ni su madre o su padre, ni hermanos o hermanas, o una interminable cadena de niñeras- jamás le había hablado así a ella. Hecho sentirse tan importante, tan necesaria.

Ella escasamente conocía a YooChun. En su corto periodo de tiempo, juntos, ella lo había insultado, deseado, maldecido y golpeado. Ahora, con unas pocas palabras, él la hizo anhelar por arrojarse a él. Para destruir cada muro que ella había construido, derretir cada pieza de hielo con la que se había cubierto, y sólo arrojarse a él.


“Querido Dios” Ella murmuró horrorizada. Lo que ella secretamente siempre había soñado escuchar había salido de los labios de YooChun. ¿Cómo iba a resistirlo ahora?

2 comentarios:

  1. Junsu ya febes caer ante Yoochun!!!
    Él te ama con todo su ser y su frente!!!
    Que mas deseas, mujer golosa!

    ResponderEliminar
  2. JUNSU ERES TAN CRUEL CON YOOCHUN. POBRE MIO, El ahí soporrando tus arrebatos de indomable y tu que no quieres dar un poquito de tu kokoro que tanto lo anhela. YAAAA¡¡¡¡ Yo quiero el primer kiko yaaaa mucho sexo aqui y alla y el Yoosu nada de nada(¡.¡)

    ResponderEliminar