Capítulo
9.
YOOCHUN
PASÓ la noche entera pegado a la puerta de JunSu. Ella finalmente había
obedecido, al final se había deslizado al sueño. Terca chica ella era, había
peleado hasta el final.
Él
estaba híper-consciente de cada uno de sus movimientos. Cada sonido que ella
hizo. Por horas había buscado una manera de salir de la habitación, entonces se
había caminado y murmurado en voz baja sobre “¡Hombres estúpidos!” “¡Emociones
estúpidas!” y “¡Estúpidas ciudades místicas vueltas a la vida!” Pero sus pasos
se habían alentado eventualmente, sus insultos eventualmente cesaron. Él la
había escuchado flotar a la inconsciencia con un suave suspiro. Una rápida
mirada había confirmado que, efectivamente, ella duerme, tendida en el frío
duro suelo, su cabello derramado a su alrededor como una cortina de nieve.
Él
sospechaba que había evitado la cama a propósito, y él todavía estaba
frunciendo el ceño sobre ese hecho. ¿Ella pensaba que él no la tomaría si no
estaba en la cama? Tonta mujer. Él pudiera tomarla donde fuera, sin embargo él
pudiera tenerla.
Dioses,
él deseaba tanto tocarla.
Sólo
una caricia… qué embriagador pensamiento. Seguramente no había nada malo con
ponerla en la cama. Él era su hombre, después de todo, y era su deber ver por
su comodidad.
Él
no debía –él sabía que no debía- pero se permitió a sí mismo entrar a la
habitación. Corrió el encaje que cubría la puerta. Mucho como él probablemente
imploraba contacto sexual con ella, no la tocaría en ese sentido. Esa había
sido su promesa a SiWon… y a JunSu. Y él mantendría esapromesa. Dioses,
ayúdenlo, la mantendría.
Sus
pasos callados, él se movió hacia ella. Ella permanecía en el suelo, sobre su
espalda, una mano sobre su cabeza, la otra cerca de su oído. Contuvo su
aliento.
Ella
parecía como una Diosa de invierno, una ninfa de la nieve, más encantadora que
Afrodita misma. Ese pálido cabello adornado alrededor de su delicado rostro,
los mechones tan sedosos brillaban como si hubieran sido rociados con luces de
estrellas. Sus pestañas eran ligeras, solamente una sombra más oscura que su
cabello. Sus labios, esos suaves, exuberantes,
todos-tus-sueños-vueltos-realidad labios estaban separados, rogando por ser
besados.
Resiste,
se ordenó a sí mismo. Resiste su atractivo.
Demasiado
tarde.
Ella
pronunció un entrecortado, rico en-sueño suspiro. Su inexhaustible deseo
reclamó vida instantánea, llegando por ella. Frenético por ella. Él quería ese
suspiro en sus oídos, en su pecho –más abajo aún- su aliento cálido y
acariciante. Si solamente ella no pareciera tan suave y vulnerable, tan lista
para ser tomada…
Ella
iba a ser la más grande de sus satisfacciones, su más grande placer.
Maldito
SiWon al Hades, queriendo algo… alguien… ¡Que le pertenece a YooChun! Mientras
la maldición hacía eco en su mente, él encontró sus labios levantándose en
torcido humor. ¿Cómo podía culpar al hombre por codiciar tan encantador bocado
como JunSu?
¡Hades,
sí! Él decidió en el siguiente instante. Frunció el ceño. Ella estaba destinada
a ningún hombre excepto él mismo, y esos quienes creyeran de otra manera
merecían una dolorosa muerte. YooChun nunca había querido algo tanto como
deseaba a JunSu, y no siendo capaz de tenerla inmediatamente era… difícil.
Duro; literalmente,
Inclinándose,
la recogió en sus brazos. Era tan ligera como recordaba. Tan suave. Tan cálida.
Tan adorable, “Aún te tengo,” le dijo. “Di nada si estás de acuerdo conmigo.”
Por
supuesto ella no respondió.
Él
estaba sonriendo, su humor restaurado mientras la cargaba a la cama.
Gentilmente la puso en el colchón, sus brazos ya protestando por su pérdida. Le
quitó sus sandalias y trazó sus dedos sobre sus pies de coral-pintado. Mientras
se enderezaba, alisó el cabello de su cara y se deleitaba en la sensación de su
gloriosa piel. Tan fría como lucía, ella estaba sorprendentemente,
maravillosamente caliente.
“Sueña
conmigo, Luna,” él murmuró.
La
rosada punta de la lengua de ella emergió y corrió sobre sus labios. Una ola de
deseo lo atravesó mientras se imaginaba a sí mismo encontrando su lengua con la
suya propia. Enroscándose. Teniendo un duelo. Probándose.
Chupando.
“Soñaré
contigo, no tengo duda.” Prolongando un momento más, trazó la punta de su dedo
sobre el acoplamiento de sus labios.Ella suspiró entrecortadamente otra vez. Su
estómago se apretó; cada músculo en su cuerpo endureció.
No
podía apartar sus ojos de ella, pero sabía que tenía que dejarla pronto, o no
sería capaz de hacerlo en absoluto. El más tiempo que él se quedaba, el más que
su control de deslizaría. Ya se aferraba precariamente a un sentido de honor
que no estaba seguro que poseía más. Un sentido de honor que verdaderamente
despreciaba por primera vez en su existencia.
Una
mirada a JunSu y ella era todo sobre lo que él pensaba, todo lo que él
anhelaba, deseaba, necesitaba.
¡Vete!
Ahora. Lentamente, tan lentamente él se retiró de la habitación. Su mirada
permaneció en su celestialmente silueta tanto como era posible. Cuando el
encaje finalmente bloqueó su vista, sus manos se apretaron en puños. Inclinó su
frente contra la fría pared.
Tengo
que ganarla. No puedo dejar que otro la tenga.
Enderezándose,
anduvo por la longitud de la antecámara, bordeando sillones y armaduras. Las
gruesas suelas de sus botas golpeaban contra el suelo ónice. Por primera vez en
semanas, ni un simple miembro de su ejército se había acercado a él durante
estas horas del atardecer. Estaban encerrados en sus habitaciones o en los
corredores más allá; flotando en las nubes de éxtasis encontradas únicamente en
los dulces brazos de una mujer.
Incluso
SiWon estaba ausente.
YooChun
rogó que su primo llegara a estar tan enamorado de sus actuales amantes que
olvidara todo sobre JunSu. Si no… bueno, YooChun sólo tendría que pensar en
algo que SiWon encontrara irresistible, algo que hubiera puesto por encima de
la importancia de una compañera de cama. ¿Qué?
SiWon
era un buen hombre (a veces), un fuerte guerrero, con un (ligero) corazón leal.
¿Cuál era la debilidad del hombre? ¿Mujeres? Sin lugar a dudas. Las mujeres
eran las debilidades de todos los ninfos. ¿Poder? Definitivamente. ¿Armas? Lo
más seguro. SiWon las coleccionaba. De cada guerrero asesinado o superado, él
había tomado sus armas y las había colgado la pared de su alcoba.
La
mirada de YooChun se desvió a su propia espada, descansando contra un cofre de
ónice. La Calavera. Grande, afilada. Letal. Una de las más finas espadas jamás
hecha. No, la más fina jamás hecha. Hecha a mano por Hefestos, herrero de los
Dioses. El arma había asesinado muchos de sus enemigos, desgarrándolos con
incurables heridas. Era la única de su tipo. Su marco trenzado y su punta de
cráneo alargado eran envidiados por cada soldado que la veía.
Él
odiaba rendirse, pero su compañera tenía mucha más importancia para él. Incluso
una compañera quien no quería nada que ver con él. ¿Lo aceptaría SiWon?
Suspiró,
la respuesta permaneciendo un misterio. Como mucho misterio el cómo ganar el
bien-guardado corazón de JunSu. ¿Joyas? ¿Bonita ropa? Si lo pensaba, incluso
por un momento, que ella valoraba todas esas cosas, él habría corrido con ella
ese mismo segundo y la habría llevado a la Ciudad Exterior. Le compraría todo
lo que ella deseó. Pero hasta aquí, ella no parecía impresionada por su
riqueza, queriendo solamente regresar a casa.
¿Tenía
ella enemigos qué asesinar? Si así, él alegremente pondría sus cuerpos sin vida
a sus pies.
Empujó
una mano a través de su cabello. Incertidumbre sobre una mujer era extraña y
horrible y desafiante y emocionante. Ganarla –derrotando a SiWon y superando la
propia resistencia de JunSu- despertaba sus más profundos instintos de
guerrero. Él alegremente presentaría a Hades su alma y vida eternamente
condenadas, sólo por estar con JunSu.
“Ella
será mía.” Él Juró a los cielos. “Ella será mía.”
~°~°~°~°~
HILOS
DE LUZ flotaron del domo de cristal arriba, gradualmente iluminaron la
habitación. Fragmentos de diferentes colores se dispararon en todas
direcciones, a un adorable rocío de arco iris. Azules, rosas, púrpuras, verdes.
JunSu apartó su mirada cansada de ellos y miró directamente hacia arriba:
jadeó. El techo sobre ella estaba compuesto de vidrio, no cristal, y le era
dada una vista completa de su reflejo.
Ella
estaba extendida sobre una cama de sabanas de seda rojas, su pálido cabello y
piel un asombroso contraste. Sus ojos estaban a media asta, pesados y
somnolientos, por círculos oscuros debajo de ellos. Uno de sus brazos
descansaba en su costado; el otro estaba levantando y doblado en su sien.
Todavía vistiendo su sostén de conchas marinas y su falda de pasto, ella podía
haber sido tomada directo de las páginas de la revista Beach Bunny.
Ella
parecía lista y ansiosa por un hombre.
No
sólo cualquier hombre, sin embargo…
Ella
tragó saliva y rodó a su costado. Ella no debía estar en esta cama, ella
pensaba, recordando cómo sus rodillas habían cedido y ella había caído al piso,
demasiado exhausta para levantarse.
Su
mirada se estrechó en la puerta. ¿Había entrado YooChun sin su conocimiento?
¿La había cargado aquí? ¿Visto así? ¿Posado así? Eso… eso… calma. Nada puedes
hacer sobre eso ahora.
Al
menos no la había despertado y tratado de seducirla. No que ella hubiera tenido
la fuerza para mandarlo por su camino. No la noche anterior. No después de las
cosas que le había dicho.
Ella
no había querido caer dormida, ¡Maldición! Ella debía haber estado buscando por
una manera de salir, no soñando con su sexi captor. De sus manos en ella,
trazando los arcosy planos de sus labios, sosteniéndola en su pecho.
Acariciándola.
“Diabólico
hombre,” ella murmuró. Sorpresivamente, no estaba rígida o adolorida mientras
se relajaba. Ella bostezó y frotó el sueño de sus ojos, entonces escaneó la
habitación, esperando que la manera de salir se revelara a sí misma en la luz
del día. La tina de baño todavía echaba vapor con agua caliente, como un
manantial natural. La tela todavía cubría las ventanas. Las columnas todavía se
elevaban al techo con majestuosidad romana.
Excepto
por la cubierta de encaje de la puerta, sin salida mágica presentándose a sí
misma.
Tengo
que salir de aquí, ella pensó, súbitamente urgente, antes de que venga a
buscarme.
Él.
YooChun. Sin ser invitado, su imagen se levantó en su mente. Fuerte, orgulloso.
Sexual. Un hedonista al extremo, con piel que lucía como oscura lamible crema,
cabello tan radiante como oro hilado, y ojos… Dios, sus ojos. Ellos hacían
señales. Ellos se burlaban. Ellos prometían. Sus iris turquesa eran tan
hipnotizantes como un turbulento océano y justo tan profundo. Esas largas,
oscuras pestañas actuaban como el perfecto marco, el perfecto contraste.
¿Qué
estás haciendo gimiendo con él? ¡Tonta! Es hora de irse. Peleando un asalto de
deseo, ella avanzó pesadamente en sus pies; y tropezó sobre sus sandalias. Así.
Él le había quitado sus zapatos. Ella debería estar agradecida que era lo que
había removido.
JunSu
usó el sorprendentemente moderno baño y lavó su cara, esperando que agua además
lavara sus sentimientos indeseados. Entonces ella circuló la habitación, viendo
todo lo que había visto la noche anterior; una prisión.
Probablemente
no hay una salida secreta, ella pensó entonces, pero había una manera. La
puerta del frente. ¿Estaba YooChun todavía guardándola?
Tan
silenciosamente como era posible, ella caminó de puntillas hacia el encaje. Lo
más cerca que ella llegaba, más fuerte la masculina esencia de YooChun llegaba
a ser, una embriagadora mezcla de hombre excitado y guerrero determinado. Su
piel se erizó con deleite. Ella trató de contener su nariz, para pelear contra
la atractiva esencia y el debilitante efecto que tenía en ella.
Una
vez en la puerta, ella apretó el material y la corrió a un lado. Todo el rato,
su corazón tamborileó un ritmo entrecortado. …Da-dum da-dum da-dum. ¿Estaría él
ahí, despierto y esperando? ¿O había
agradecidamente, benditamente, caído dormido?
“Buenos
días, JunSu.”
Ella
jadeó. YooChun se paró justo enfrente de ella, brazos cruzados sobre su macizo
pecho, piernas preparadas separadas. Sus miradas se enlazaron, se enfrentaron.
Su traicionero corazón perdió su ritmo y dio un vuelco. Él lucía tan
increíblemente apetitoso como antes. Su cuerpo encordado con los más estrechos
abdominales que ella había visto jamás. Cabello dorado caía en su frente y
hombros.
Ella
lamió sus labios. “¿Qué estás haciendo aquí?”
Su
mirada azul se arrastró sobre ella, desprendiendo las conchas, apartando el
pasto. “Esperando por ti, por supuesto.”
Un
escalofrío se disparó a los largo de su columna vertebral. Oh, su voz. ¿Cómo
podía haber olvidado esa no-tomen-prisioneros voz? Pura tentación. Total
decadencia. Ella mentalmente reforzó las paredes de hielo alrededor de ella. Él
era un lascivo secuestrador. Peligroso en todo sentido.
Sí,
ella había querido arrojarse a él la noche anterior. Ahora en la luz del día,
ella se dijo que había sido un momento de alteraciones en el juicio. Un momento
de cansancio y locura.
“¿Soñaste
conmigo?” él preguntó.
“Sí,”
ella admitió a regañadientes. Ella había. Ella había soñado con sus manos
acariciándola, con su boca devorándola.
Sus
exuberantes labios avanzando en una sorprendida pero placentera sonrisa.
“Tú
estabas desnudo,”” Ella le dijo.
Su
sonrisa se propagó; sus ojos brillaron con satisfacción.
“Y
atado…”
Él
arqueó sus cejas en presumida expectativa. “No sabía que la idea de bondage te
complacería.”
“Oh,
amo la idea de atarte.” “Ella pausó dramáticamente. “Justo como en mi sueño. Tu
estarás asegurado a un hormiguero y las cositas te comerán vivo.”
Su
sonrisa cayó completamente, pero el brillo en sus ojos no disminuyó. “Mujer
Cruel.” Él apoyó sus hombros en la pared del costad, una pose de carnal
relajación. Cae en mis brazos, su postura proclamaba. Te atraparé. “Soñé
contigo, también. Desnuda.”
Súbitamente
mareada, ella retrocedió un paso.
Él
no mostró piedad y avanzó un paso hacia ella. “Tú estabas extendida para mi
placer.” Sus ojos eran párpados pesados ahora, maliciosos. Atento. “Y disfrutarte
hice. Dos veces.”
Ella
dejó caer la cortina en su lugar, cortando el sexi hombre de su vista. Respira,
ella tenía que respirar. El oxígeno que ella se las arregló para traer, quemó
su garganta, carbonizó sus pulmones. Él tenía solamente que hablar y sus
palabras empezaban a dibujar una imagen en su mente. Una terriblemente hermosa
imagen.
Su
rica risa flotaba a través de la pequeña distancia, envolviéndola en un
decadente escalofrío. “Hay túnicas en el clóset si deseas cambiar,” él dijo.
“Las conchas lucen… incómodas.”
Esa
no había sido la palabra que él había deseado decir, ella sabía. Había habido
una maliciosa inflexión en su voz, como si hubiera querido decir ‘fácilmente
removible’ o ‘exquisito’ por tanto, ¿Cambiar? Infiernos, sí. “¿Me llevarás a
casa hoy?” su voz tembló.
“Estás
en casa.”… Ella lo apagó, tomando una pequeña cantidad de satisfacción de la
acción, incluso aunque él no podía verlo. Entonces, con nada más qué hacer,
ella caminó al closet. Ella había dado a los vestidos dentro solamente una
superficial inspección la noche anterior. Cambiar de ropas sería bueno.
Vestidos
femeninos abundaban, un mar de colores y sedas. Había largos y fluidos, apenas
pañuelos unidos por pura suerte. Uno en particular atrajo y mantuvo su
atención. Era una pañería de marfil enroscado con oro. Ambos, el dobladillo y
la ranura de la pierna, estaban torcidos con hojas ámbar y flores esmeralda. Joyas
centellaban de la V profunda en el cuerpo.
“Una
vez que te hayas bañado y vestido, JunSu, tendremos el desayuno.”
Ella
resopló. “No me voy a bañar hasta que haya
una cerradura en la puerta.”
“Una
cerradura no me mantendría fuera si yo quiero entrar.”
Él
tenía razón, ella se dio cuenta con frustración.
“Te
sentirás mejor después de un baño.”
“Me
sentiré mejor una vez que esté en casa.” Ella dijo oscuramente.
“¿Tengo
que decir lo obvio?” él Suspiró. “¿Otra vez?”
Sus
dientes se apretaron, causando su quijada doler. “¿Qué sobre ese guerrero?
¿SiWon?”
“Negociaremos
con él cuando despierte.” Las palabras gruñendo desde abajo en el pecho de
YooChun.
Sus
dedos apretaron la tela de marfil; era fría y suave contra las puntas de sus
dedos. No pienses en SiWon. Solamente te harás entrar en pánico. Los vestidos,
ella pensaría en los vestidos. Una vez más, su mirada se deslizó sobre el que
ella sostenía. Nunca había usado nada tan femenino. Nunca había poseído nada
tan femenino, por ese material. Esto era algo que una antigua reina griega o
romana habría usado. Delicioso y exquisito. Sin una puntada fuera de lugar o
una falla para ser vista.
“¿De
quién es esta habitación?” Ella preguntó. YooChun había dicho que era suyo- ¿No
había?- pero seguramente él no poseería estos muchos vestidos.
“La
habitación es mía.” Fue su respuesta.
Ella
enfrentó la puerta. Su silueta caminaba de atrás hacia adelante, una larga
diagonal de negro. Un fantasma. “¿Usas
frecuentemente ropa de mujeres, YooChun?”
“¡Dioses,
no!”
Ella
río ante la ofensa en voz. “Entonces ¿porqué tienes todas estas túnicas?” La
respuesta golpeó en ella y perdió su risa. Estaban para sus mujeres. Sus
demasiado-numerosas-para-contar conquistas.
“JunSu.”
Él dijo con cautelosamente.
Usar
los vestidos implicaba que ella era una de sus mujeres. “No te pertenezco, y no
me vestiré como si lo fuera.” Ella se alejó del clóset, de la adorable seda
marfil que tanto deseaba deslizar sobre su cabeza. Ella sufriría en sus conchas
y falda de pasto, muchas gracias, mejor que proclamarse amante de YooChun.
Incluso en tan pequeña manera.
Pequeños
permisos que podían abrir la puerta a otros, más fuertes permisos. Como ceder a
su experto toque.
“Pudiéramos
negociar.” Él engatusó.
¿Y
qué con el hombre y su negociación? “Utilizaré uno de los vestidos y tú… ¿qué?”
“¿Te
besaré?”
Ella
tragó saliva y tuvo la mente en blanco contra las apasionadas imágenes tratando
de forzar su camino dentro. “Tú realmente necesitas trabajar en tus habilidades
de negociación. ¡Apestan!” ¿Su voz había temblado?
“Me
gustaría,” él murmuró. “Chuparte*, eso es.”
Sus
mejillas se fundieron en calor, y un temblor apoderó de ella. “No quiero tus
besos.” Ahí. Finalmente, por fin, ella sabía que había sonado convincente.
“Una
falsa protesta, si es que alguna vez he escuchado una.”
“¡Ofrece
algo más!” ella demandó, antes de que salga de la habitación y lo abofetee.
“¿Tales
como? Y no menciones llevarte a la superficie, para tu conocimiento, no
negociaré en ese punto.”
“No
sé por qué estoy incluso hablándote.” Ella resopló un ardiente suspiro. “Terco,
eso es lo que eres.”
“No
te cambies si es tu deseo. No estoy forzándote, Luna. Me gusta ver tu piel. La
veo y me imagino lamiéndola.”
O-kay.
Así que… ella no podía quedarse vestida en las conchas y pasto, después de
todo.
Estremeciéndose,
con lava líquida en sus venas, ella miró alrededor de la habitación. La
habitación de YooChun, él había dicho. Ella recordó ver ropa de hombre cuando
había buscado por el lugar la noche pasada. Dónde… ¿Dónde? ¡El tocador! Ella
rió mientras corría al grueso. Intrincadamente tallado bello mármol. Los
cajones se deslizaron fácilmente. Dentro del de la parte superior, ponían
camisetas apiladas. Eran grandes y nadaría en ella, pero al menos cubrirían su
(aparentemente lamible) piel.
Con
una rápida mirada a la puerta, ella se arrancó las odiadas conchas y las arrojó
al piso con alivio. Ella tiró la camisa y el negro, suave-cremoso material le
hizo suspirar en deleite. El segundo cajón contenía pantalones, todos de cuero,
todos negros. El hecho de queestaban tan bien doblados, le pareció… extraño.
Doméstico.
Estos
ninfos eran todo, excepto domésticos.
Ella
no habría duda si las mujeres que había visto dejando la habitación la noche
anterior eran responsables. Cuidando de todas las necesidades de YooChun,
incluso su lavandería.
Una
chispa de celos ardió dentro de ella. “No, eso no es verdad. No estoy celosa.”
Ella murmuró en un estéril intento por convencerse a sí misma. Movimientos
acortados, cuando se quitó el pasto de la cintura, dejándolo acumularse en el
suelo, entonces tiró de los pantalones. Ella tenía largas piernas, pero aun así
los paneles de material la empequeñecían. Ella se deslizó en sus sandalias.
No
había espejos (a menos que contara los de encima de la cama) así que tenía que
adivinar cómo lucía. Ridícula. Estaba segura. Estrafalaria. Y eso, a su manera
de pensar, era perfecto. Ella quería ese demasiado-intenso tipo SiWon la
encontrara completamente no atractiva.
YooChun,
también, ella se recordó.
Mientras
se quedaba ahí, decidiendo qué hacer ahora, la esencia masculina de YooChun
flotó a ella, llenando sus fosas nasales. Fuerte, picante. Tan excitante, sus
pezones se endurecieron abrasando la camisa que ella usaba ahora. ¿Por qué
estaba oliéndolo? Ella no estaba por la puerta, no estaba siquiera cerca.
Ella
giró y volvió, solamente entonces dándose cuenta que la embriagante fragancia
se enroscaba desde las ropas. Sus ojos se abrieron. ¡Miserables ropas!
Maravillosas ropas. ¿Las había usado él? ¿Habían tocado
su cuerpo? Un dolor palpitaba entre sus piernas.
Ella
nunca había sido una criatura sexual, y estas nuevas continuas sensaciones la
sacudían. ¿Cuánto tiempo podría negarlas? ¿Cuánto tiempo podría resistir? Se
había preguntado antes, pero la respuesta súbitamente parecía inminente. Ella
casi rompía la camiseta y los pantalones. Ella gimió, el sonido brusco y necesitado.
“¿Qué
estás haciendo ahí?” YooChun preguntó, su voz tensa, atraída.´
¿Sabía
él que estaba excitada? Él no podía saber. Por favor, no le dejen saber.
“Estaba… sólo estoy hambrienta.”
Por
muchos segundos, él no habló. Ella usó el tiempo para calmarse, para recitar
ecuaciones matemáticas en su mente. Si él supiera cuan vulnerable era a él, él
saltaría sin misericordia.
“Vamos,
Luna.” Él dijo igualmente. “Te
alimentaré.”
Ella
tragó, pasado el repentino nudo en su garganta. Comería el desayuno con él
porque necesitaba salir de esta habitación y necesitaba mantener su fuerza.
Entonces podría escapar de él y buscar por el palacio una manera de salir. Un
camino a casa. Ella no podía quedarse aquí. No podía permanecer con este
potente hombre un momento más que lo necesario.
“Acabemos
de una vez.” Ella murmuró.
*N.T.
Hay un juego de palabras entre JunSu y YooChun. JunSu dice que YooChun debe
trabajar en sus habilidades de negociación, porque apestan, literalmente dice
“They suck” suck: chupar, de ahí que YooChun le da esa respuesta.
Hahahahahha
ResponderEliminarEn verdad entre el Yoosu hay tension sexual
Y de la fuerte xD
Aunque Junsu se empecine en decir que no es verdad, se lee claramente aue sí x3
Jajajaj Ay Junsu tu si que te pasas. Te gusta la mala vida. Mira que aguantarte las ganas. Yoochunie dile cosas bonitas, ya de por sí esta que se vuelve loca. ok No puedo hacer la imagen de ayoochun rubio como en XMan pero si con el look del concierto T o con el de sorvivor asi todo rudo y lega sexy. Por otro lado a Junsu siii tal cual como en su video 알 면서¡¡¡ solo que rubio.
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