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martes, 15 de abril de 2014

Desire and Lust Cap 9

Capítulo 9.

YOOCHUN PASÓ la noche entera pegado a la puerta de JunSu. Ella finalmente había obedecido, al final se había deslizado al sueño. Terca chica ella era, había peleado hasta el final.

Él estaba híper-consciente de cada uno de sus movimientos. Cada sonido que ella hizo. Por horas había buscado una manera de salir de la habitación, entonces se había caminado y murmurado en voz baja sobre “¡Hombres estúpidos!” “¡Emociones estúpidas!” y “¡Estúpidas ciudades místicas vueltas a la vida!” Pero sus pasos se habían alentado eventualmente, sus insultos eventualmente cesaron. Él la había escuchado flotar a la inconsciencia con un suave suspiro. Una rápida mirada había confirmado que, efectivamente, ella duerme, tendida en el frío duro suelo, su cabello derramado a su alrededor como una cortina de nieve.


Él sospechaba que había evitado la cama a propósito, y él todavía estaba frunciendo el ceño sobre ese hecho. ¿Ella pensaba que él no la tomaría si no estaba en la cama? Tonta mujer. Él pudiera tomarla donde fuera, sin embargo él pudiera tenerla.

Dioses, él deseaba tanto tocarla.

Sólo una caricia… qué embriagador pensamiento. Seguramente no había nada malo con ponerla en la cama. Él era su hombre, después de todo, y era su deber ver por su comodidad.

Él no debía –él sabía que no debía- pero se permitió a sí mismo entrar a la habitación. Corrió el encaje que cubría la puerta. Mucho como él probablemente imploraba contacto sexual con ella, no la tocaría en ese sentido. Esa había sido su promesa a SiWon… y a JunSu. Y él mantendría esapromesa. Dioses, ayúdenlo, la mantendría.

Sus pasos callados, él se movió hacia ella. Ella permanecía en el suelo, sobre su espalda, una mano sobre su cabeza, la otra cerca de su oído. Contuvo su aliento.

Ella parecía como una Diosa de invierno, una ninfa de la nieve, más encantadora que Afrodita misma. Ese pálido cabello adornado alrededor de su delicado rostro, los mechones tan sedosos brillaban como si hubieran sido rociados con luces de estrellas. Sus pestañas eran ligeras, solamente una sombra más oscura que su cabello. Sus labios, esos suaves, exuberantes, todos-tus-sueños-vueltos-realidad labios estaban separados, rogando por ser besados.

Resiste, se ordenó a sí mismo. Resiste su atractivo.

Demasiado tarde.

Ella pronunció un entrecortado, rico en-sueño suspiro. Su inexhaustible deseo reclamó vida instantánea, llegando por ella. Frenético por ella. Él quería ese suspiro en sus oídos, en su pecho –más abajo aún- su aliento cálido y acariciante. Si solamente ella no pareciera tan suave y vulnerable, tan lista para ser tomada…

Ella iba a ser la más grande de sus satisfacciones, su más grande placer.

Maldito SiWon al Hades, queriendo algo… alguien… ¡Que le pertenece a YooChun! Mientras la maldición hacía eco en su mente, él encontró sus labios levantándose en torcido humor. ¿Cómo podía culpar al hombre por codiciar tan encantador bocado como JunSu?

¡Hades, sí! Él decidió en el siguiente instante. Frunció el ceño. Ella estaba destinada a ningún hombre excepto él mismo, y esos quienes creyeran de otra manera merecían una dolorosa muerte. YooChun nunca había querido algo tanto como deseaba a JunSu, y no siendo capaz de tenerla inmediatamente era… difícil. Duro; literalmente,

Inclinándose, la recogió en sus brazos. Era tan ligera como recordaba. Tan suave. Tan cálida. Tan adorable, “Aún te tengo,” le dijo. “Di nada si estás de acuerdo conmigo.”

Por supuesto ella no respondió.

Él estaba sonriendo, su humor restaurado mientras la cargaba a la cama. Gentilmente la puso en el colchón, sus brazos ya protestando por su pérdida. Le quitó sus sandalias y trazó sus dedos sobre sus pies de coral-pintado. Mientras se enderezaba, alisó el cabello de su cara y se deleitaba en la sensación de su gloriosa piel. Tan fría como lucía, ella estaba sorprendentemente, maravillosamente caliente.

“Sueña conmigo, Luna,” él murmuró.

La rosada punta de la lengua de ella emergió y corrió sobre sus labios. Una ola de deseo lo atravesó mientras se imaginaba a sí mismo encontrando su lengua con la suya propia. Enroscándose. Teniendo un duelo. Probándose.

Chupando.

“Soñaré contigo, no tengo duda.” Prolongando un momento más, trazó la punta de su dedo sobre el acoplamiento de sus labios.Ella suspiró entrecortadamente otra vez. Su estómago se apretó; cada músculo en su cuerpo endureció.

No podía apartar sus ojos de ella, pero sabía que tenía que dejarla pronto, o no sería capaz de hacerlo en absoluto. El más tiempo que él se quedaba, el más que su control de deslizaría. Ya se aferraba precariamente a un sentido de honor que no estaba seguro que poseía más. Un sentido de honor que verdaderamente despreciaba por primera vez en su existencia.

Una mirada a JunSu y ella era todo sobre lo que él pensaba, todo lo que él anhelaba, deseaba, necesitaba.

¡Vete! Ahora. Lentamente, tan lentamente él se retiró de la habitación. Su mirada permaneció en su celestialmente silueta tanto como era posible. Cuando el encaje finalmente bloqueó su vista, sus manos se apretaron en puños. Inclinó su frente contra la fría pared.

Tengo que ganarla. No puedo dejar que otro la tenga.

Enderezándose, anduvo por la longitud de la antecámara, bordeando sillones y armaduras. Las gruesas suelas de sus botas golpeaban contra el suelo ónice. Por primera vez en semanas, ni un simple miembro de su ejército se había acercado a él durante estas horas del atardecer. Estaban encerrados en sus habitaciones o en los corredores más allá; flotando en las nubes de éxtasis encontradas únicamente en los dulces brazos de una mujer.

Incluso SiWon estaba ausente.

YooChun rogó que su primo llegara a estar tan enamorado de sus actuales amantes que olvidara todo sobre JunSu. Si no… bueno, YooChun sólo tendría que pensar en algo que SiWon encontrara irresistible, algo que hubiera puesto por encima de la importancia de una compañera de cama. ¿Qué?

SiWon era un buen hombre (a veces), un fuerte guerrero, con un (ligero) corazón leal. ¿Cuál era la debilidad del hombre? ¿Mujeres? Sin lugar a dudas. Las mujeres eran las debilidades de todos los ninfos. ¿Poder? Definitivamente. ¿Armas? Lo más seguro. SiWon las coleccionaba. De cada guerrero asesinado o superado, él había tomado sus armas y las había colgado la pared de su alcoba.

La mirada de YooChun se desvió a su propia espada, descansando contra un cofre de ónice. La Calavera. Grande, afilada. Letal. Una de las más finas espadas jamás hecha. No, la más fina jamás hecha. Hecha a mano por Hefestos, herrero de los Dioses. El arma había asesinado muchos de sus enemigos, desgarrándolos con incurables heridas. Era la única de su tipo. Su marco trenzado y su punta de cráneo alargado eran envidiados por cada soldado que la veía.

Él odiaba rendirse, pero su compañera tenía mucha más importancia para él. Incluso una compañera quien no quería nada que ver con él. ¿Lo aceptaría SiWon?

Suspiró, la respuesta permaneciendo un misterio. Como mucho misterio el cómo ganar el bien-guardado corazón de JunSu. ¿Joyas? ¿Bonita ropa? Si lo pensaba, incluso por un momento, que ella valoraba todas esas cosas, él habría corrido con ella ese mismo segundo y la habría llevado a la Ciudad Exterior. Le compraría todo lo que ella deseó. Pero hasta aquí, ella no parecía impresionada por su riqueza, queriendo solamente regresar a casa.

¿Tenía ella enemigos qué asesinar? Si así, él alegremente pondría sus cuerpos sin vida a sus pies.

Empujó una mano a través de su cabello. Incertidumbre sobre una mujer era extraña y horrible y desafiante y emocionante. Ganarla –derrotando a SiWon y superando la propia resistencia de JunSu- despertaba sus más profundos instintos de guerrero. Él alegremente presentaría a Hades su alma y vida eternamente condenadas, sólo por estar con JunSu.

“Ella será mía.” Él Juró a los cielos. “Ella será mía.”

~°~°~°~°~

HILOS DE LUZ flotaron del domo de cristal arriba, gradualmente iluminaron la habitación. Fragmentos de diferentes colores se dispararon en todas direcciones, a un adorable rocío de arco iris. Azules, rosas, púrpuras, verdes. JunSu apartó su mirada cansada de ellos y miró directamente hacia arriba: jadeó. El techo sobre ella estaba compuesto de vidrio, no cristal, y le era dada una vista completa de su reflejo.

Ella estaba extendida sobre una cama de sabanas de seda rojas, su pálido cabello y piel un asombroso contraste. Sus ojos estaban a media asta, pesados y somnolientos, por círculos oscuros debajo de ellos. Uno de sus brazos descansaba en su costado; el otro estaba levantando y doblado en su sien. Todavía vistiendo su sostén de conchas marinas y su falda de pasto, ella podía haber sido tomada directo de las páginas de la revista Beach Bunny.

Ella parecía lista y ansiosa por un hombre.

No sólo cualquier hombre, sin embargo…

Ella tragó saliva y rodó a su costado. Ella no debía estar en esta cama, ella pensaba, recordando cómo sus rodillas habían cedido y ella había caído al piso, demasiado exhausta para levantarse.

Su mirada se estrechó en la puerta. ¿Había entrado YooChun sin su conocimiento? ¿La había cargado aquí? ¿Visto así? ¿Posado así? Eso… eso… calma. Nada puedes hacer sobre eso ahora.

Al menos no la había despertado y tratado de seducirla. No que ella hubiera tenido la fuerza para mandarlo por su camino. No la noche anterior. No después de las cosas que le había dicho.

Ella no había querido caer dormida, ¡Maldición! Ella debía haber estado buscando por una manera de salir, no soñando con su sexi captor. De sus manos en ella, trazando los arcosy planos de sus labios, sosteniéndola en su pecho. Acariciándola.

“Diabólico hombre,” ella murmuró. Sorpresivamente, no estaba rígida o adolorida mientras se relajaba. Ella bostezó y frotó el sueño de sus ojos, entonces escaneó la habitación, esperando que la manera de salir se revelara a sí misma en la luz del día. La tina de baño todavía echaba vapor con agua caliente, como un manantial natural. La tela todavía cubría las ventanas. Las columnas todavía se elevaban al techo con majestuosidad romana.

Excepto por la cubierta de encaje de la puerta, sin salida mágica presentándose a sí misma.

Tengo que salir de aquí, ella pensó, súbitamente urgente, antes de que venga a buscarme.

Él. YooChun. Sin ser invitado, su imagen se levantó en su mente. Fuerte, orgulloso. Sexual. Un hedonista al extremo, con piel que lucía como oscura lamible crema, cabello tan radiante como oro hilado, y ojos… Dios, sus ojos. Ellos hacían señales. Ellos se burlaban. Ellos prometían. Sus iris turquesa eran tan hipnotizantes como un turbulento océano y justo tan profundo. Esas largas, oscuras pestañas actuaban como el perfecto marco, el perfecto contraste.

¿Qué estás haciendo gimiendo con él? ¡Tonta! Es hora de irse. Peleando un asalto de deseo, ella avanzó pesadamente en sus pies; y tropezó sobre sus sandalias. Así. Él le había quitado sus zapatos. Ella debería estar agradecida que era lo que había removido.

JunSu usó el sorprendentemente moderno baño y lavó su cara, esperando que agua además lavara sus sentimientos indeseados. Entonces ella circuló la habitación, viendo todo lo que había visto la noche anterior; una prisión.

Probablemente no hay una salida secreta, ella pensó entonces, pero había una manera. La puerta del frente. ¿Estaba YooChun todavía guardándola?

Tan silenciosamente como era posible, ella caminó de puntillas hacia el encaje. Lo más cerca que ella llegaba, más fuerte la masculina esencia de YooChun llegaba a ser, una embriagadora mezcla de hombre excitado y guerrero determinado. Su piel se erizó con deleite. Ella trató de contener su nariz, para pelear contra la atractiva esencia y el debilitante efecto que tenía en ella.

Una vez en la puerta, ella apretó el material y la corrió a un lado. Todo el rato, su corazón tamborileó un ritmo entrecortado. …Da-dum da-dum da-dum. ¿Estaría él ahí, despierto y esperando?  ¿O había agradecidamente, benditamente, caído dormido?

“Buenos días, JunSu.”

Ella jadeó. YooChun se paró justo enfrente de ella, brazos cruzados sobre su macizo pecho, piernas preparadas separadas. Sus miradas se enlazaron, se enfrentaron. Su traicionero corazón perdió su ritmo y dio un vuelco. Él lucía tan increíblemente apetitoso como antes. Su cuerpo encordado con los más estrechos abdominales que ella había visto jamás. Cabello dorado caía en su frente y hombros.

Ella lamió sus labios. “¿Qué estás haciendo aquí?”

Su mirada azul se arrastró sobre ella, desprendiendo las conchas, apartando el pasto. “Esperando por ti, por supuesto.”

Un escalofrío se disparó a los largo de su columna vertebral. Oh, su voz. ¿Cómo podía haber olvidado esa no-tomen-prisioneros voz? Pura tentación. Total decadencia. Ella mentalmente reforzó las paredes de hielo alrededor de ella. Él era un lascivo secuestrador. Peligroso en todo sentido.

Sí, ella había querido arrojarse a él la noche anterior. Ahora en la luz del día, ella se dijo que había sido un momento de alteraciones en el juicio. Un momento de cansancio y locura.

“¿Soñaste conmigo?” él preguntó.

“Sí,” ella admitió a regañadientes. Ella había. Ella había soñado con sus manos acariciándola, con su boca devorándola.

Sus exuberantes labios avanzando en una sorprendida pero placentera sonrisa.

“Tú estabas desnudo,”” Ella le dijo.

Su sonrisa se propagó; sus ojos brillaron con satisfacción.

“Y atado…”

Él arqueó sus cejas en presumida expectativa. “No sabía que la idea de bondage te complacería.”

“Oh, amo la idea de atarte.” “Ella pausó dramáticamente. “Justo como en mi sueño. Tu estarás asegurado a un hormiguero y las cositas te comerán vivo.”

Su sonrisa cayó completamente, pero el brillo en sus ojos no disminuyó. “Mujer Cruel.” Él apoyó sus hombros en la pared del costad, una pose de carnal relajación. Cae en mis brazos, su postura proclamaba. Te atraparé. “Soñé contigo, también. Desnuda.”

Súbitamente mareada, ella retrocedió un paso.

Él no mostró piedad y avanzó un paso hacia ella. “Tú estabas extendida para mi placer.” Sus ojos eran párpados pesados ahora, maliciosos. Atento. “Y disfrutarte hice. Dos veces.”

Ella dejó caer la cortina en su lugar, cortando el sexi hombre de su vista. Respira, ella tenía que respirar. El oxígeno que ella se las arregló para traer, quemó su garganta, carbonizó sus pulmones. Él tenía solamente que hablar y sus palabras empezaban a dibujar una imagen en su mente. Una terriblemente hermosa imagen.

Su rica risa flotaba a través de la pequeña distancia, envolviéndola en un decadente escalofrío. “Hay túnicas en el clóset si deseas cambiar,” él dijo. “Las conchas lucen… incómodas.”

Esa no había sido la palabra que él había deseado decir, ella sabía. Había habido una maliciosa inflexión en su voz, como si hubiera querido decir ‘fácilmente removible’ o ‘exquisito’ por tanto, ¿Cambiar? Infiernos, sí. “¿Me llevarás a casa hoy?” su voz tembló.

“Estás en casa.”… Ella lo apagó, tomando una pequeña cantidad de satisfacción de la acción, incluso aunque él no podía verlo. Entonces, con nada más qué hacer, ella caminó al closet. Ella había dado a los vestidos dentro solamente una superficial inspección la noche anterior. Cambiar de ropas sería bueno.

Vestidos femeninos abundaban, un mar de colores y sedas. Había largos y fluidos, apenas pañuelos unidos por pura suerte. Uno en particular atrajo y mantuvo su atención. Era una pañería de marfil enroscado con oro. Ambos, el dobladillo y la ranura de la pierna, estaban torcidos con hojas ámbar y flores esmeralda. Joyas centellaban de la V profunda en el cuerpo.

“Una vez que te hayas bañado y vestido, JunSu, tendremos el desayuno.”

Ella resopló. “No me voy a bañar hasta que haya  una cerradura en la puerta.”

“Una cerradura no me mantendría fuera si yo quiero entrar.”

Él tenía razón, ella se dio cuenta con frustración.

“Te sentirás mejor después de un baño.”

“Me sentiré mejor una vez que esté en casa.” Ella dijo oscuramente.

“¿Tengo que decir lo obvio?” él Suspiró. “¿Otra vez?”

Sus dientes se apretaron, causando su quijada doler. “¿Qué sobre ese guerrero? ¿SiWon?”

“Negociaremos con él cuando despierte.” Las palabras gruñendo desde abajo en el pecho de YooChun.

Sus dedos apretaron la tela de marfil; era fría y suave contra las puntas de sus dedos. No pienses en SiWon. Solamente te harás entrar en pánico. Los vestidos, ella pensaría en los vestidos. Una vez más, su mirada se deslizó sobre el que ella sostenía. Nunca había usado nada tan femenino. Nunca había poseído nada tan femenino, por ese material. Esto era algo que una antigua reina griega o romana habría usado. Delicioso y exquisito. Sin una puntada fuera de lugar o una falla para ser vista.

“¿De quién es esta habitación?” Ella preguntó. YooChun había dicho que era suyo- ¿No había?- pero seguramente él no poseería estos muchos vestidos.

“La habitación es mía.” Fue su respuesta.

Ella enfrentó la puerta. Su silueta caminaba de atrás hacia adelante, una larga diagonal de negro. Un fantasma.  “¿Usas frecuentemente ropa de mujeres, YooChun?”

“¡Dioses, no!”

Ella río ante la ofensa en voz. “Entonces ¿porqué tienes todas estas túnicas?” La respuesta golpeó en ella y perdió su risa. Estaban para sus mujeres. Sus demasiado-numerosas-para-contar conquistas.

“JunSu.” Él dijo con cautelosamente.

Usar los vestidos implicaba que ella era una de sus mujeres. “No te pertenezco, y no me vestiré como si lo fuera.” Ella se alejó del clóset, de la adorable seda marfil que tanto deseaba deslizar sobre su cabeza. Ella sufriría en sus conchas y falda de pasto, muchas gracias, mejor que proclamarse amante de YooChun. Incluso en tan pequeña manera.

Pequeños permisos que podían abrir la puerta a otros, más fuertes permisos. Como ceder a su experto toque.

“Pudiéramos negociar.” Él engatusó.

¿Y qué con el hombre y su negociación? “Utilizaré uno de los vestidos y tú… ¿qué?”

“¿Te besaré?”

Ella tragó saliva y tuvo la mente en blanco contra las apasionadas imágenes tratando de forzar su camino dentro. “Tú realmente necesitas trabajar en tus habilidades de negociación. ¡Apestan!” ¿Su voz había temblado?

“Me gustaría,” él murmuró. “Chuparte*, eso es.”

Sus mejillas se fundieron en calor, y un temblor apoderó de ella. “No quiero tus besos.” Ahí. Finalmente, por fin, ella sabía que había sonado convincente.

“Una falsa protesta, si es que alguna vez he escuchado una.”

“¡Ofrece algo más!” ella demandó, antes de que salga de la habitación y lo abofetee.

“¿Tales como? Y no menciones llevarte a la superficie, para tu conocimiento, no negociaré en ese punto.”

“No sé por qué estoy incluso hablándote.” Ella resopló un ardiente suspiro. “Terco, eso es lo que eres.”

“No te cambies si es tu deseo. No estoy forzándote, Luna. Me gusta ver tu piel. La veo y me imagino lamiéndola.”

O-kay. Así que… ella no podía quedarse vestida en las conchas y pasto, después de todo.

Estremeciéndose, con lava líquida en sus venas, ella miró alrededor de la habitación. La habitación de YooChun, él había dicho. Ella recordó ver ropa de hombre cuando había buscado por el lugar la noche pasada. Dónde… ¿Dónde? ¡El tocador! Ella rió mientras corría al grueso. Intrincadamente tallado bello mármol. Los cajones se deslizaron fácilmente. Dentro del de la parte superior, ponían camisetas apiladas. Eran grandes y nadaría en ella, pero al menos cubrirían su (aparentemente lamible) piel.

Con una rápida mirada a la puerta, ella se arrancó las odiadas conchas y las arrojó al piso con alivio. Ella tiró la camisa y el negro, suave-cremoso material le hizo suspirar en deleite. El segundo cajón contenía pantalones, todos de cuero, todos negros. El hecho de queestaban tan bien doblados, le pareció… extraño. Doméstico.

Estos ninfos eran todo, excepto domésticos.

Ella no habría duda si las mujeres que había visto dejando la habitación la noche anterior eran responsables. Cuidando de todas las necesidades de YooChun, incluso su lavandería.

Una chispa de celos ardió dentro de ella. “No, eso no es verdad. No estoy celosa.” Ella murmuró en un estéril intento por convencerse a sí misma. Movimientos acortados, cuando se quitó el pasto de la cintura, dejándolo acumularse en el suelo, entonces tiró de los pantalones. Ella tenía largas piernas, pero aun así los paneles de material la empequeñecían. Ella se deslizó en sus sandalias.

No había espejos (a menos que contara los de encima de la cama) así que tenía que adivinar cómo lucía. Ridícula. Estaba segura. Estrafalaria. Y eso, a su manera de pensar, era perfecto. Ella quería ese demasiado-intenso tipo SiWon la encontrara completamente no atractiva.

YooChun, también, ella se recordó.

Mientras se quedaba ahí, decidiendo qué hacer ahora, la esencia masculina de YooChun flotó a ella, llenando sus fosas nasales. Fuerte, picante. Tan excitante, sus pezones se endurecieron abrasando la camisa que ella usaba ahora. ¿Por qué estaba oliéndolo? Ella no estaba por la puerta, no estaba siquiera cerca.

Ella giró y volvió, solamente entonces dándose cuenta que la embriagante fragancia se enroscaba desde las ropas. Sus ojos se abrieron. ¡Miserables ropas! Maravillosas ropas. ¿Las había usado él? ¿Habían tocado su cuerpo? Un dolor palpitaba entre sus piernas.

Ella nunca había sido una criatura sexual, y estas nuevas continuas sensaciones la sacudían. ¿Cuánto tiempo podría negarlas? ¿Cuánto tiempo podría resistir? Se había preguntado antes, pero la respuesta súbitamente parecía inminente. Ella casi rompía la camiseta y los pantalones. Ella gimió, el sonido brusco y necesitado.

“¿Qué estás haciendo ahí?” YooChun preguntó, su voz tensa, atraída.´

¿Sabía él que estaba excitada? Él no podía saber. Por favor, no le dejen saber. “Estaba… sólo estoy hambrienta.”

Por muchos segundos, él no habló. Ella usó el tiempo para calmarse, para recitar ecuaciones matemáticas en su mente. Si él supiera cuan vulnerable era a él, él saltaría sin misericordia.

“Vamos, Luna.” Él dijo igualmente. “Te alimentaré.”

Ella tragó, pasado el repentino nudo en su garganta. Comería el desayuno con él porque necesitaba salir de esta habitación y necesitaba mantener su fuerza. Entonces podría escapar de él y buscar por el palacio una manera de salir. Un camino a casa. Ella no podía quedarse aquí. No podía permanecer con este potente hombre un momento más que lo necesario.

“Acabemos de una vez.” Ella murmuró.



*N.T. Hay un juego de palabras entre JunSu y YooChun. JunSu dice que YooChun debe trabajar en sus habilidades de negociación, porque apestan, literalmente dice “They suck” suck: chupar, de ahí que YooChun le da esa respuesta.

2 comentarios:

  1. Hahahahahha
    En verdad entre el Yoosu hay tension sexual
    Y de la fuerte xD
    Aunque Junsu se empecine en decir que no es verdad, se lee claramente aue sí x3

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  2. Jajajaj Ay Junsu tu si que te pasas. Te gusta la mala vida. Mira que aguantarte las ganas. Yoochunie dile cosas bonitas, ya de por sí esta que se vuelve loca. ok No puedo hacer la imagen de ayoochun rubio como en XMan pero si con el look del concierto T o con el de sorvivor asi todo rudo y lega sexy. Por otro lado a Junsu siii tal cual como en su video 알 면서¡¡¡ solo que rubio.

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