Capítulo
11.
TENSION
Y TESTOSTERONA… se desataron en torno a la habitación, suficientemente caliente
que JunSu se sentía ardida. Furia chisporroteaba y chasqueaba; un violento
infierno, apenas apostado en los ojos turquesa de YooChun.
JunSu
estaba acostumbrada a estar alrededor de gente emocional. ¿Cuántas
conversaciones, ataques de celos, había su madre echado sobre los años?
Incontables. Si un esposo llegaba tarde a casa, cristal chino era arrojado a su
cabeza; justo junto con acusaciones de infidelidad. Si un cumpleaños era
olvidado, llantas eran cortadas. ¡Todavía! JunSu no sabía cómo reaccionar a tal
potente furia de YooChun. Alguien que, hasta este punto, había mostrado
solamente deseo, entretenimiento y paciencia. Bueno, había dado destellos de
ira, pero nada como esto.
La
necesidad para matar estaba ahí en su expresión. Sus labios estaban
adelgazados, sus dientes descubiertos como los de un animal. Era frío, capaz de
cualquier mala acción.
“Tengo
una ganga para ti, SiWon.” Nunca su voz había sonado más brusca.
SiWon
no externó reacción, aunque sus ojos había la misma huella de tensión
insatisfecha que YooChun y ChangMin poseían. Aparentemente despreocupado, se
inclinó contra el imponente marco de la puerta, una columna de retorcida
filigrana de oro. “Estoy escuchando.”
“Te
daré mi espada.” YooChun dijo. “Tú puedes tenerla con mi bendición, pero debes
renunciar a todo reclamo de la chica.”
“¡Inaceptable!”
SiWon removió su casco y lo ancló en su costado. Sus negras cejas estaban aladas
arrogantemente. “Hazme rey y puedes tenerla. Ella será tuya para hacer lo que
te plazca.”
JunSu
colocó sus palmas en la mesa, mirando atrás y adelante entre los hombres. Ella
no sabía qué hacer, qué decir. Ella se sintió tan indefensa ahora como se sentía
mirando a sus padres pelear cuando niña.
Tenso,
YooChun sacudió su cabeza. “No puedo hacerte rey simplemente. Tú sabes eso. Mis
hombres nunca seguirían un hombre quien no se hubiera probado digno.”
“Verdad.”
SiWon permitió. “Eso es por qué estoy dispuesto a demostrar que soy digno.”
“¿Y
Cómo planeas hacer eso?”
“Ayer
estabas dispuesto a pelear contra mí. ¿Todavía estás?”
Las
manos de YooChun se abrían y cerraban. “Sí.”
“¿Pero
estás dispuesto a renunciar a tu reino de liderazgo si soy mejor que tú, de
este modo probando que soy digno?”
Una
depredadora quietud se apoderó de YooChun. Por un largo rato él no habló.
¿Considerando sus opciones? JunSu se preguntó. Finalmente él dijo, “Tal cosa
nunca ha sido hecha,” su tono cuidadoso, cauteloso.
La
mano de SiWon se estrechó sobre la empuñadura de su espada. “Aún tal cosa se ha
necesitado hacer frecuentemente.”
JunSu
había creído las tensiones ya altas. Con las últimas palabras de SiWon, la
habitación empezó a pulsar con peligro. Más que nunca, ella no quería que estos
hombres más-grandes-que-la-vida pelearan por ella. Con espadas, por el amor de
Dios. Ella no quería a YooChun peleando, punto. Extrañamente, el pensamiento de
él siendo herido la inquietó.
Solamente
porque no quieres estar pegada con alguien más, alguien menos tolerante, ella
se aseguró.
Ella
miró a su oponente. SiWon aparentaba confianza en su habilidad para ganar. Él
irradiaba la misma arrogancia como YooChun, todavía al mismo tiempo brillaba con
una sed de sangre que no rodeaba al rey.
“¿Por
qué no peleas contra mí en su lugar?” Ella se encontró preguntando a SiWon. Las
palabras se deslizaron de ella sin ser pedidas. “Sería mi más grande placer cortarte
tus bolas y dártelas a comer.”
Un
músculo se marcó en la quijada de SiWon. Los labios de YooChun se crisparon
como si reprimiera una… ¿sonrisa? ¿Un ceño? Los dos hombres en la mesa rieron,
agradecidamente relajando.
“Eso
me gustaría verlo,” el demasiado-guapo-para-ser-real habló. Cabello negro, ojos
violetas. Si ella recordaba correctamente, su nombre era NichKhun. “JunSu no
peleará.” YooChun dijo.
“Como
si una mujer pudiera ser mejor que yo,” SiWon resopló. “Bueno, YooChun.” Él se
enderezó, su armadura tintineando siniestramente. “¿Qué dices? ¿Pelearemos, el
ganador se hace rey con todos los derechos sobre la mujer?”
Lentamente,
YooChun se deslizó en sus pies. “Acepto. Sin embargo, el ganador permanecerá
como rey y mantendrá a la mujer.”
“Solamente
el tiempo dirá,” Fue la respuesta satisfecha de SiWon.
“Ahora
espera sólo un minuto.” JunSu golpeó la mesa, frustrada cuando los recipientes
no temblaron y la comida y la bebida no se pudieron derramar. “Están actuando
como niños. No hay razón para pelear.”
YooChun
levantó su fiera mirada a ella. Al menor había obtenido su atención. “En esto, Luna, tú tendrás tus maneras. Mi primo
está en extrema necesidad de una lección.”
“¿Él
es tu primo?” Ella fregó una mano sobre su cara. Esto era peor de lo que había
pensado. “Habían veces que quería matar a mi familia, YooChun, pero tienes que
resistir la tentación.”
“¿Cambiarás
tu decisión?” SiWon le preguntó, ignorando a JunSu como si ni siquiera
estuviera en la habitación. “¿Cuándo tú pierdes?”
NichKhun
y KyuHyun gruñeron como animales al insulto de su rey, entonces hubo solamente
silencio.
“¿Estás-
Llamándome- Un mentiroso?” Cada silaba parecía ser arrancada de él.
Las
mejillas de SiWon se colorearon de un brillante, vívido rojo. “Mis disculpas.
Esa no fue mi intención.”
Sólo
un poco apaciguado, YooChun extendió los brazos, abarcando la habitación y a
cada uno en el interior. "Tenemos testigos. NichKhun y KyuHyun por este
medio que se hará constar mi consentimiento a esta batalla... y el
resultado."
Pánico
desplegó puños afilados dentro de JunSu, batiendo dolorosamente. Iban a
hacerlo; ellos iban a pelear. El conocimiento estaba ahí, produciéndose en sus
ojos.
“¿Cuál
es tu arma de elección?” YooChun preguntó a su primo, cruzando sus brazos sobre
su pecho.
“¡Espadas,por
supuesto!” Era la respuesta. “El arma de un verdadero guerrero.”
“¿A
muerte?”
SiWon
consideró la idea y frunció el ceño. “No quiero matarte, YooChun. No te odio.
Fuimos amigos una vez, cuando niños, pero yo nací para mandar. Las órdenes
deben ser mías para dar, no recibir.”
Por
un largo tiempo los dos hombres simplemente se miraron uno al otro. Finalmente
YooChun asintió. “Ve a la arena, SiWon. Estaré ahí dentro de poco.”
“Otra
orden.” SiWon miró como si quisiera protestar pero al final asintió. Se giró
sobre sus talones y se alejó. A JunSu no se le dio tiempo de discutir.
“NichKhun,”
YooChun dijo, “reúne el resto de los hombres. Quiero que vean qué sucede a
aquellos que piensan usurpar mi poder. KyuHyun, ve y prepara mi equipo.”
Sillas
se deslizaron hacia atrás. Pasos latían con fuerza.
No
puedo creer que esto esté pasando, JunSu pensó.
Ella
había sido raptada de la boda de su madre—se encoge de hombros. Había sido
arrastrada bajo del agua y dentro de una ciudad perdida—bostezo. Había sido
elegida para ser la amante del rey— ¿Podía alguien pasarle una lima de uñas?
Todo de repente parecía insignificante, de ensueño.
Esta
batalla, sin embargo… era pesadilla pura.
“Estoy
pidiéndote no hacer esto,” le dijo a YooChun. Estaban solos ahora, nadie a la
vista. “Él obviamente no me quiere. Sólo quiere herirte y tomar tu corona.”
YooChun
se sentó, echándose hacia atrás en la banca y la miró fijamente. “¿Sientes
miedo por mí, Luna?”
Ella
resopló. Dentro, sin embargo, ella tembló con miedo. “Me importa poco sobre ti,
en realidad.” Mentira. Estúpida de ella, sí, pero una mentira a pesar de todo.
Su seguridad le importaba, ella lo admitió silenciosamente. Él había dicho esas agradables cosas a ella.
Su toque le electrificaba. Y él era… dulce, maldita sea. “Yo no quiero ser
empeñada con ese SiWon idiota.” Verdad.
Casualmente,
él metió una uva en su boca. “Te dije que haría cualquier cosa que fuera
necesario para mantenerte y lo dije en serio. Ahora, no voy a tomar ofensa a tu
carencia de confianza en mis habilidades como guerrero porque aún no me has
visto pelear. Tú no me conoces verdaderamente.”
“Y
tal vez no tenga oportunidad de conocerte. No que yo quiera,” ella añadió
rápidamente. “Pero aún.”
“Sin
embargo,” él continuó como si ella no hubiera hablado. “tomaré una gran ofensa
si esta falta de confianza ocurre de nuevo.”
Los
ojos de ella se enfocaron en él con forzada despreocupación. “Estoy temblando.
Realmente.”
Los
ojos de él rodaron con incredulidad y sacudió su cabeza. “¿No tienes sentido,
mujer? Recién te he prevenido de mi ira ¿y tú te burlas de mí?”
“Dos
palabras… ¡Infiernos, Sí!”
Lejos
de enojarlo, sin embargo, sus palabras parecieron divertirlo. “Me gusta tu
ingenio, JunSu. También me gusta tu coraje. Tú me agradas, porque eres una
pareja digna. Una reina digna para mis guerreros.”
¿Reina?
Difícilmente. Mira al enredo en que su propia vida se había convertido. Como si ella realmente necesitara estar a
cargo de otras personas. Y como para el otro, bueno, ella no quería gustarle a
YooChun. Ok, lo hizo. Ella sólo no quería que él le gustara. Lo más que a él le
gustara ella, más determinado estaría para mantenerla, lo más difícil él le
había [de]perseguirla y lo más difícil que sería para resistirlo, recordar quién y
qué era él—y lo menos que ella quería escapar.
“Ven.
He permanecido aquí demasiado, todavía no fui capaz de resistir robar un
momento a solas contigo.” Se puso de pie y levantó su mano, palma arriba, una
silenciosa orden para ella para tomarla. “Están esperándonos en la arena.”
Ella
estudió su palma, incapaz de alejarse. Ella sabía que si entrelazaba sus dedos
con los de él, calor hormiguearía por su brazo. Esa calidez narcotizante. Calor
indeseado. Peligroso calor.
Su
garganta se constriñó. Ella se levantó manteniendo sus manos en sus lados. “Guía
el camino.”
Él
permaneció donde estaba, atrayéndola con un simple ondear de sus dedos.
Ella
cruzó sus brazos sobre su pecho.
Los
labios de él se cruzaron en un incrédulo fruncimiento cuando se dio cuenta que
ella se le estaba rehusando otra vez. “Te permití rehusarte una vez. No te
permitiré hacerlo ahora. Necesito tu contacto, JunSu. Necesito tu fuerza. Mi victoria
depende de ello.”
Ah,
infiernos. Camino a clavar un cuchillo en ella. Sus miradas se cerraron en
reto. La exuberante longitud de sus negras pestañas emitía decadentes sombras
sobre las mejillas de él. ¿Cómo un hombre con cabello rubio tiene tales oscuras
pestañas? Deberían haber sido pálidas como las suyas. “Lo siento.” Ella dijo. Y
lo estaba.
“Eres
terca,” él dijo. “Y quieres ser fría.”
Ella
levantó su barbilla. “Te aseguro que soy fría. Soy una perra.”
“Dame
tiempo,” él añadió suavemente. “Te calentaré. Te haré arder.”
Las
palabras estaban mezcladas con promesa, chorreando determinación y por debajo
de ellas estaba un reto: cada resistencia será conocida y conquistada hasta que
te eleves sobre el dulce límite de la rendición.
Ella
tragó saliva, pero todavía no se permitía alcanzarlo.
Un
músculo se marcó en la mandíbula de él. “Tienes un elección. Tomar mi mano o
ser cargada por mis brazos.”
“No
mencionaste mi tercera opción. Salir.” Ella patinó alrededor dela silla y
retrocedió, un simple paso.
“¿Tú?
¿Salir?” Sacudió su cabeza. “No, eres demasiado valiente. Te daré hasta la
cuenta de tres para decidir, entonces haré la decisión por ti. Uno.”
Otro
paso hacia atrás.
“Dos.”
Todavía
otro.
“Tr…”
Ella
corrió hacia adelante y sujetó su mano. Al primer contacto, la calidez que ella
temía se clavó en ella, subiendo, extendiéndose, superando su cuerpo entero.
Pero si él la hubiera perseguido y echado sobre su hombro… él habría… las
sensaciones habrían sido mucho peor. Más
potentes.
Ella
le frunció el ceño. Luz apostaba sus rasgos, dándole un fulgor quita aliento
que ninguna persona debería poseer.
Él
rió. “Eso no fue tan difícil, ¿lo fue?”
“¡Cállate!
¡Sólo cállate!”
Él
rió, pero su risa no duró demasiado. Su expresión se volvió seria. “Tengo tu
esencia en mi nariz, Luna, y puedo
encontrarte donde sea que estés. Donde sea que vayas. Ni pienses en tratar y
escapar de mí durante la batalla.” Con eso, él se volvió en sus talones y
acechó fuera del comedor arrastrándola con él.
Silbando
una respiración detrás de sus dientes, ella luchó para mantenerse con él,
volando hacia delante su cuello- a una velocidad sin precedentes. “Despacio. ¿Y
qué quieres decir conque tu tienes mi olor en tu nariz?” Ella recordó el día
anterior, cuán obsesionado había estado con hacerla olerlo.
“Sólo
que tu esencia está marcada en cada una de mis células.” Él dijo sin molestarse
de encararla. “Como la mía estará pronto en las tuyas.”
“¡No
habrá marcas!”
“Realmente,
no habrá detención para la marca.” Total confianza caía de su voz.
Otra
promesa.
No
lo atraigas. No lo alientes. Su mirada se enganchaba en la pared. Mármol blanco
con incrustaciones piedra plateada, desmenuzadas en pedazos. Marcas de
arañazos, como si alguien hubiera tomado una herramienta para cada pulgada.
Cambiando de tema ella dijo, “¿Qué sucedió aquí?” “Humanos invadieron es mi
entendimiento.”
Su
mirada azotó sobre la espalda de él. Músculos duros y tendones tensos bajo
terciopelo bronce. “¿Los humanos saben sobre Mirotic?
“Algunos…”
Wow.
La gente realmente sabía sobre este lugar, todavía se las arreglaba para
mantenerlo en secreto. “¿Has vivido siempre en este castillo?”
“No.
Mi ejército reclamó el palacio solamente hace un corto tiempo.”
Reclamado
a.k.a. “Robado” ella estaba segura. “¿A quien le pertenecía antes de ti?”
“Los
dragones…”
Ella
patinó para detenerse, forzándolo a parar, también, o arrastras su cuerpo
tendido. “¿Dragones? ¿Dijiste que los dragones solían poseer esta propiedad? ¿Y
tú se los robaste?” Eso explicaba los murales de dragón, los grabados de
dragón, el medallón de dragón del que él le había hablado.
Lentamente
la enfrentó, su expresión confusa. “Eso te molesta. ¿Por qué?”
“Dragones
arrojan fuego y comen humanos como sabrosos bocadillos. Ellos querrán su
palacio de regreso.”
“¡Sí!”
Sus
ojos se abrieron ante su indiferencia. “¿Y eso no te molesta? ¿El pensar en
combatir tales criaturas feroces?”
“No,
¿Por qué debería?” Su pecho parecía expandirse ante sus ojos. “Yo soy más
fiero. Yo soy más fuerte.”
Dios
sálvala de la arrogancia masculina. “Lo siento, no comparto tu confianza.” Ella
dijo secamente.
Él
frunció el ceño. “Si el pensamiento de los dragones te atemoriza…”
“Me
aterroriza,” Ella intervino.
“¿Cómo
reaccionarás cuando te presente a los vampiros?”
Un
jadeo ahogado resoplaba desde su garganta, y cubrió su boca con una mano
temblorosa. “No voy a conocer a los vampiros.”
“Son
nuestros amigos.”
Él
había dicho “nuestros”. No había dicho “mis”. Si no “nuestros”, como si ellos
ya fueran una pareja. “¡Tú me dijiste que esas criaturas estaban en Mirotic,
pero no creí que me harías interactuar
con ellas! Los vampiros beben sangre, YooChun.”
“Ellos
no beberán la tuya.”
Grr…
no había discusión con él. Él tenía una respuesta para todo. “Eso es correcto,
no harán. No voy a conocerlos y no voy a quedarme aquí.”
“Los
vampiros son nuestros aliados. No tienes nada que temerles. No tienes nada que
temer de nadie en esta tierra. Siempre te protegeré. Con mi propio cuerpo si es
necesario.” Su voz goteaba con una sexi, ronca promesa, una vez más destellando
imágenes de cuerpos desnudos, piel húmeda por sudor y temblantes de placer
atravesaron su mente. ¡Grr!
“Sabes,
si tenías cualquier oportunidad de convencerme de quedarme aquí-la cual no
tenías- la volaste con hablar de dragones y vampiros.” Él sacudió la cabeza,
sus cejas se fruncieron. “¿Cómo me distraes, mujer? ¿Por qué estamos
discutiendo esto ahora? Tengo una batalla que ganar. Una mujer para reclamar.”
Él dijo mientras la tiraba para moverse de nuevo.
Mierda.
La batalla. En la distancia ella podía distinguir los sonidos de espadas
resonando juntas. Gruñidos, risas masculinas, excitación.
“Voy
a decir esto una vez más. No quiero que pelees.”
Él
perdió su aire de afecto. Se detuvo, giró y tomó un amenazante paso hacia ella.
Suficientemente cerca que ella podía sentir el calor de su piel, la embriagante
esencia de ella. Veía las manchas azules y grises en sus ojos más brillantes
que las más preciosas joyas. Él llegó a estar totalmente envuelto en malicia.
“Te
advertí lo que pasaría si expresabas tal duda en mi habilidad otra vez. Soy
poderoso, una fuerza para ser temida, y tendré tu confianza.”
Si
él esperaba que ella se disculpara o retrocediera, no obtendría su deseo. Ella
dio un paso hacia él, destruyendo incluso más del espacio abierto entre ellos.
Dónde había alcanzado tal valentía, no sabía. Ella solamente sabía que no día
dejarlo entrar en esa Arena. “Y te dije que no doy una mierda por tu
advertencia.”
Candelabros
brillaban en las paredes, su brillo parpadeando sobre los contornos de su cara.
Sombras y luces peleaban por dominancia, jugando sobre sus mejillas. Él
súbitamente pareció incluso más violento de lo que él había hace un momento.
Hilos
de deseo, el mismo consumiente deseo que ella había encontrado cuando lo había
visto la primera vez saliendo del océano, brilló dentro de ella.
“Tú
lo harás,” él dijo, justo antes que enredara sus dedos en su cabello y tirara
de ella hacia él. Instantáneamente sus labios golpearon con los de ella con tal
fuerza que ella jadeó.
Él
usó su boca abierta para su ventaja. Su lengua caliente presionó hacia dentro,
pasando sus dientes, pasando cuando pensamiento de resistencia. Su gran cuerpo
la cubrió, poniéndola a arder con etéreas flamas. Flamas que se extienden con
mareante velocidad. Maravillosa velocidad. En pocos segundos ella fue de la
fría, indiferente, intocable JunSu a la salvaje, adolorida, nunca-la-dejes-de-tocar
JunSu. Una mujer que existe solamente para placer. Para sexo y libertinaje.
Para este hombre.
Él
la consumía. Oscura necesidad la consumía. Y ella descubrió que le gustaba ser
consumida.
Su
lengua trabajó con la de ella con experta precisión, causando sus terminaciones
nerviosas volver a la alegre vida. Los pezones de ella se endurecieron, su
entrepierna dolió, su estómago se tensó. El sabor de él era puro calor sexual,
exótico, adictivo. Ella no debería querer, sabía que debía empujarlo, pero se
encontraba enredando sus brazos alrededor de su cuello y aceptándolo
completamente, demandando más.
Un
fiero gruñido de satisfacción escapó de él, rudo, como si no pudiera retenerlo.
“¿Me
deseas?” él murmuró fieramente.
Como
siempre, el sonido de su envinada voz la excitó. Mucho más que antes. Él había
sido hecho para ella, solamente para ella, todas sus acciones, cada
respiración, existía simplemente para complacerla. El pensamiento era
intoxicante como el hombre mismo. Embriagante y sofocante y narcotizante,
“¿Me
deseas?” preguntó él otra vez.
“¡No!”
ella forzó a salir, entonces contradiciéndose por lamer la coyuntura de sus
labios. ¿Quién era esta desenfrenada mujer que ella se había convertido?
La
mujer de YooChun flotaba en su mente.
Sus
callosas manos se deslizaron desde el cuello de ella sobre cada vértebra de su
columna vertebral y se colocaron suavemente en la curva de sus caderas. Sus
dedos gradualmente arrugaron el dobladillo de su camisa. “¡Te deseo!” él dijo fieramente.
Cálido aliento abanicó la mejilla de ella.
Había
una razón por la que ella debía alejarlo. Sí, había definitivamente una razón.
Una razón ella debía… arrastrar la boca de él de regreso a la suya. Probarlo
otra vez. Sentir la fuerza de su pecho luchando contra el suyo, sentir el casi
liberado poder tarareando por su sangre. Sus pezones se endurecieron más y
duele, realmente duele, por contacto.
Él
liberó su camiseta y metió la mano debajo, sus dedos cosquilleando su piel.
Ella jadeó con asombro.
“Tus
pezones duelen por mí, lo sé.” Su caliente mirada se quedó en el área en
cuestión, haciéndola perlarse más aun.
“¡No,
no lo están!” ella negó.
“Sería
mi placer probártelo. Podría pararte en frente de un espejo, lentamente remover
tu top, dejando al descubierto tu carne, pulgada por preciosa pulgada. Puedo
acunar tus pechos en mis manos, enmarcando tus pezones mientras ellos claman
por mi.”
Ella
debía haber estado acostumbrada a ello, incluso esperándolo, pero la imagen que
el describía hizo un túnel en su mente. YooChun detrás de ella, sus brazos
alrededor de ella, amasando sus pechos. Una de sus manos fantasma empezó un
lento, lánguido deslizamiento hacia abajo por su estómago, deteniéndose en los
pálidos rizo entre sus piernas.
“Odio
la idea,” ella mintió entrecortadamente. “¡La odio!” Ella llevó sus manos al
pecho de él, sus palmas sobre sus tetillas. Estaban duras como agujas que su
lengua ansiaban lamer. Succionar. Mientras la punta de su dedo se enredaba en
el ojal de acero que se anclaba ahí, quería lamer y
succionar eso, también.
Él
gruñó. “Me gusta la manera en la que odias.”
Oh,
ella lo hacía también. Sus alientos se mezclaban. Sus miradas se encontraron,
un sensual enfrentamiento de turquesa con café, pasión contra pasión.
“Ódiame
un poco más,” él suspiró.
Ella
no pensaba resistir. Se levantó en las puntas de sus pies- su cuerpo parecía
tener mente propia- colocando sus labios justo frente de los suyos. Las manos
de él se estrecharon en su cintura, el agarre necesitado, duro, demandante. No
permitiendo escape. Él reclamó la mitad baja de ella más cerca de él, tan cerca
que ella se situó contra la larga, dura, longitud de su erección.
Un
jadeo caliente, áspero estremeció en ella. Lanzas de placer se arquearon a
través de ella, reproduciendo otros estallidos de sensación. Necesaria
sensación. Bienvenida sensación.
“Quiero
odiarte, también,” le dijo en el mismo tono suave. “Quiero odiarte duro y
rápido la primera vez. Despacio y tierno, la segunda.”
“Mi
rey…” Alguien llamó.
JunSu
escuchó la voz distante y desatendió la interrupción. Más besos. Ella quería
más besos.
Como
si YooChun no notara la voz –o simplemente no le importara- su mirada se
deslizó a la boca de ella. Malvada intención brillaba en sus ojos. Tanto deseo
grillaba desde él, ella tenía problemas para atrapar su respiración. Era un
hombre listo para darle tantos besos como ella deseara.
“Mi
rey,” la voz dijo otra vez, esta vez proyectando iguales medidas de reverencia,
impaciencia y ansiedad.
Los
dedos de YooChun se cerraron en su cintura. “No quiero parar de odiarte,” él
dijo suavemente, un gruñido.
Decir
“Tú debes” casi la mató.
“¿Debo
odiarte?”
“Debes
parar.”
Él
corrió su lengua sobre sus dientes. Sus fosas nasales se expandieron, como si
su sabor se quedara ahí. “Por ahora.”
“Por
siempre,” ¿Qué haces, estúpida? Ella
tragó saliva. Nunca había sido besada con tanta pasión. Tal fervor. Como si el
hombre besando la saboreara. Sería destruido sin ella. Y ella quería como el
infierno experimentar esa urgencia otra vez.
Peligroso,
su mente murmuró.
Pero
lo valdría, su cuerpo respondió.
“Nunca
me odies de nuevo.” ella forzó. Ella tiró de su abrazo, alejándose, súbitamente
frío y vacío. Vacío, como ella había estado a través de toda su infancia.
Él
apresó sus hombros y la giró. Sus ojos estaban comprimidos en pequeñas
rendijas, sus espesas pestañas casi entrelazándose superiores con inferiores.
“Mi más grande placer será… ¿Qué es lo que tu gente dice?; hacerte comer tus
palabras.”
“YooChun,”
otro hombre llamó. SiWon, esta vez. Ella
reconoció el profundo barítono. Impaciente ahora. YooChun no lo encaró. “La
mujer no es tuya para besar.”
JunSu
atrajo sus brazos a su cintura, aplastando un estremecimiento de pavor. Ella
miró sobre su hombro, solamente para ver que el hombre de cabello negro parecía
un ángel de la muerte. Grandioso. ¿Una señal?
“Todavía.”
YooChun dijo, la simple palabra más letal que un espada. Sus ojos nunca dejando
su cara. “Todavía.”
Ellos dos se complemetan totalmete *-*
ResponderEliminarTerminan la frase del otro y Junsu ya va a aceptando poco a poco a Yoochun!
Duro y Fuerte! Asi ddbe ser la primera de todos!
Ay por diooos Junsu en serio que eres terco. WOOO AL FINNN ESTAS CALLENDO EN ÑAS REDES DE MI RATON. INCREIBLE QUE SIGAS NEGANDO LO QUE YA NO PUEDES ESCONDER. ESPERO QUE VIENDO A CHUUNIE O AL BORDE DE LA MUERTE O TOTALMENTE VUELTO LOCO POR NO PERDERTE AL FIN LE DES EL SÍ
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