Capítulo
12.
DESPUES
DE UNA MIRADA FINAL a JunSu, YooChun dio media vuelta, enfrentando a su primo y
empujando al rayo de luna detrás de
él, su cuerpo actuado como un escudo. ¿Cómo osa su primer beso con JunSu, su
pareja, su primera y única, ser interrumpido?
¡Y por este hombre! Furia hervía y burbujeaba a través de su sangre, un
corriente río de lava líquida.
“¿Puedo
recomendar a ustedes dos sentarse y discutir sus problemas antes que recurran a
una matanza?” JunSu sugirió primeramente. Ella trató de dejarlo de lado. Cuando
eso no funcionó, ella acechó alrededor de su hombro.
“¡No!”
SiWon. Presumida expectación coloreaba su cara. El hombre verdaderamente
pensaba ganar y llegar a ser rey.
“¡No!”
YooChun replicó, incluso sabiendo que JunSu no quería que peleara. Mientras que
él no quería negarle nada, luchar haría. Incluso si estaba en desventaja.
Mientras SiWon había pasado la noche ganando fuerza gracias a sus conquistas sexuales,
YooChun no… había. Ni siquiera se había auto-complacido.
Sin
mirar atrás, YooChun levantó la mano hacia atrás, la palma extendida, para que
JunSu pusiera su mano en la suya. Ella se había rehusado dos veces antes y
coerción había sido necesaria. Él esperaba que se rehusara una vez más. Pero él
tenía que tratar, tenía que tocarla una vez más antes de entrar en la arena.
Asombro
golpeó a través de él cuando sus dedos lentamente se entrelazaron con los
suyos. Su mano era suave y delicada, los huesos finos, la piel suave. El no
pudo ayudarse. Estaba parado en el lugar, trazando sus dedos sobre los de ella.
Sus uñas se sentía perfectamente redondeadas, y él sabía que estaban pintadas
del color de los corales. Más que nada él quería succionarlas en su boca.
Ella
apretó su mano y su asombro se intensificó. ¿Le ofrecía consuelo? ¿Una
silenciosa advertencia? No sabía, pero se deleitaba en la acción.
¿Estaba
ella llegando a preocuparse por él? Había respondido a su beso tan
apasionadamente, explotando de fría a flameante en segundos. Había respondido,
había querido. Justo como él había. Él
se había acostado con muchas mujeres durante años, más de las que podía contar.
Todavía ninguna nunca había agitado su corazón como ella hacía. Un simple beso
y él había ardido por ella incontrolablemente. Él no quería sólo su cuerpo. Él
quería todo lo que ella tenía para dar.
Después,
se prometió, después.
“Estoy
esperando…” SiWon dijo, impaciente.
Los
ojos de YooChun se redujeron. “¡Vamos!” le dijo a JunSu, ignorando a su primo.
Furia alimentaba sus pasos mientras él la condujo por el resto del pasillo.
SiWon
permaneció en su lugar, mirándolos.
YooChun
se metió por delante de él, empujando al necio hombre fuera de su camino. Nadie
podía tratarlo con tal falta de respeto. Por el momento en que su batalla
privada terminara, cualquiera que albergara pensamientos de tomar su lugar
vería el error de sus caminos.
Tal
vez debería llevar a JunSu a su habitación y ponerle un guardia en la puerta.
Él no estaba seguro si quería que ella viera su lado más vicioso, el animal
dentro de él. Un animal mutilado y conquistado. Ya ella protestó por la
confrontación.
Aunque
tanto como él quería protegerla de la bestia dentro de él, él quería que lo
viera, que sepa sus fuerzas y sepa que él podía cuidarla. Quien sea, lo que sea
el enemigo.
“¡Bien,
esto es divertido!” JunSu dijo secamente.
“Espera
hasta que la batalla realmente empiece.” YooChun replicó.
La
mirada de SiWon perforaba su espalda, y él sentía el calor de ella mientras se
dirigía hacia adelante. Arena arrojaba de sus botas. La Plaza se desbordaba con
los guerreros. Él lo notó. Circundaban los muros, rebosando con anticipación y
ansiedad. Bien. Él quería que todos sus
hombres atestigüen el evento venidero.
Muchos
guerreros habían traído a sus mujeres, y estás féminas estaban entremezcladas
con los hombres. Ellas estaban cubiertas en las túnicas de las criaturas de
Mirotic, violeta y amarillo y rosadas bufandas tejidas con hilos de plata.
Zafiros, rubíes y esmeraldas brillaban desde los suaves materiales, y todas las
bufadas se dividen en la parte inferior, ofreciendo destellos de muslo. Finas,
ligaduras metálicas enredadas alrededor de las cinturas de las mujeres,
mostrando las afiladas curvas de algunas, la carne magra delicada de otras.
Ellas oscilaban en edad, talla y belleza, pero cada una con su propio
atractivo.
Ninguna
de ella, vestidas tan finamente como ellas estaban, se comparaba a JunSu. Ni
siquiera cerca.
YooChun
se detuvo enfrente de KyuHyun. “¿Está todo listo?”
“He
tomado cuidado de cada detalle.” KyuHyun río y enrolla su brazo alrededor de su
elegida, una bonita morena. “Mujeres y guerra en un día. Los dioses deben estar
sonriéndonos.”
Sonriendo
o maldiciendo. “Vigila este pequeño bocado por mí.” YooChun dijo, gentilmente
empujando el brazo de JunSu a él. Ella bufó. “Guárdala bien y no permitas a
nadie tocarla.” Él se detuvo, considerando las pasadas relaciones de KyuHyun, y
añadió. “Ni siquiera tú mismo.”
La
risa de KyuHyun cayó y perdió todo rastro de su diversión. “¿Mantenerla
conmigo, pero no tocarle? Esta es la moza que peleaba contra ti. ¿Y qué si
trata de huir?”
“¡Ella
no lo hará!” Él giró su mirada a JunSu y se encontró con sus ojos rebeldes.
“¿Lo harás?”
Ella
estudiaba las uñas de sus dedos. “Lo que tu digas, gran chico.”
Él
exhaló un suspiro caliente. “No quiero castigarte, JunSu, pero lo haré si me fuerzas.”
“¿Si
te forzó?” ella lo miró. “Ahora, ahí está la mentalidad barbárica, si alguna vez la he escuchado. Tal vez
necesite hacer una tarjeta para mujeres que se encuentren atoradas con un
Neanderthal. Podría decir algo simple como, ‘consigue una máquina de afeitar’”
Él
ni siquiera pretendía entender qué había dicho ella. “Prométeme que te quedarás
aquí. Si estoy preocupado por ti, no puedo concentrarme en la espada siendo
oscilada hacia mi.”
Ella
palideció otra vez, una adorable reina de Hielo. Él bebía de su belleza de
nieve.
“Prométemelo”
Él dijo de nuevo, tiernamente esta vez.
La
expresión de ella se suavizó muy ligeramente. “Bien. Lo prometo. Pero solo por
la pelea. La pelea en la que no quiero que participes. Después de eso…”
Satisfecho,
miró a KyuHyun. “Cuando regrese, la quiero en la misma condición en que te la
he dejado. Sin un simple rasguño.”
“Como
si nunca heriría a una mujer.” Su amigo refunfuño.
“Como
si le permitiera herirme.” JunSu dijo, su barbilla inclinada tercamente.
KyuHyun
arqueó sus cejas, una expresión de quien-es-esta-mujer en su rostro. YooChun
reprimió una risa.
La
morena al lado de KyuHyun apuntó un dedo acusador a JunSu “No me gusta que te
estés quedando cerca de KyuHyun.”
JunSu
rodó sus ojos.
KyuHyun
recuperó su diversión y rió. “SungMin es
posesiva de mí. ¿Qué puedo decir?”
“Sólo
asegurarte que mantenga sus manos lejos de JunSu.”
“Yo
puedo llevarla.” JunSu dijo. Sus ojos café oscuro brillaron con reto.
“Yo
sé que puedes, Luna, pero si tu la
hieres, le debería a KyuHyun otra mujer.” Apretó sus delicados hombros en sus
manos y frotó sus brazos. Valiente, dulce cosa. “Preferiría no tener otra
batalla en mis manos.”
Los
labios de JunSu se presionaron en una rebelde línea, y miró hacia abajo a sus
sandalias. Al menos no ofreció otra réplica.
Él
quería besarla justo entonces, embestir su lengua en su boca y sentir su calor,
su humedad. Probar su dulzura. No podía. No todavía. No otra vez. No con el
reto de SiWon colgando sobre sus cabezas.
“¡YooChun!”
Una mujer chilló desde detrás de su pareja. “¡YooChun!”
Sus
músculos se pusieron rígidos. ¡Maldita sea! Ya JunSu se le resistía, y le había
hecho su disgusto por su pasada lujuria muy claro. Todavía ahora, dirigiéndose
directamente hacia él, estaba una de las tres mujeres de la otra noche. Ella
empujó su camino a través de la multitud, franjas de cabello rojo arrastrándose
detrás de ella.
“Mi
dulce rey. Vine a desearte bien.”
JunSu,
también, se tensó; antes de que fuera
cargada con el hombro fuera del camino. Él frunció el ceño, estaba a punto de
emitir una reprimenda, pero las manos de la pelirroja estaban súbitamente
acariciando su desnudo pecho, lentamente sobre cada curva y cavidad, jalando
gentilmente el aro de su tetilla, entonces montando los rebordes de su abdomen
y acunando su trasero.
“Acabo
de oír sobre la pelea y quise animarte.”
“No
es esto especial,” JunSu dijo una brisa seca a su tono. “Una lasciva reunión
familiar.”
Viendo
a la recién llegada, YooChun dijo. “Nuestra relación ha terminado, dulzura.” Él
mantenía su tono gentil, no queriendo infligir daño innecesario. Se sentía
culpable por no aprender su nombre. “SiWon es ahora tu amante. Calienta su cama
esta noche, porque necesitará todo el amor que pueda conseguir.”
Sus
labios rosas se cruzaron en un puchero, y ella trazó con la punta del dedo
sobre el ombligo de él. “No quiero calentar su cama. SiWon no me complace como
tu siempre haces.”
“Hice.
Siempre hice. Tengo una pareja ahora.” Él le recordó. Su culpa incrementó.
“Tú
puedes complacer más de una mujer al mismo tiempo, sólo por el hecho. Las tres
de nosotras podemos…”
“Esta
conversación es aburrida.” JunSu suspiró, pero la velada exhalación tenía una
mordida filosa. “Creo que tu primo está listo para cortarte la cabeza. Es
posible que desees darte prisa por salir ahí.”
Con
la mandíbula cerrada, YooChun enredó sus manos alrededor de la cintura de la
pegajosa pelirroja y la entregó a uno de sus hombres. A quién, no le importó.
Ella abrió su boca para protestar, pero él levantó su mano para
silenciarla. En lugar de simplemente
tranquilizarla, todos en la arena dejaron de hablar.
Él
no quería una audiencia para la conversación que necesitaba tener con JunSu.
“Hablaré contigo sobre esto más tarde.” Él dijo, sus ojos solamente para los de
ella.
Ella
se encogió de hombros como si no le importara, pero no podía ocultar el fuego
en su mirada.
Él
tuvo que retener una risa de satisfacción. A su mujer no le gustaba que otras
lo tocaran. Ella podía negarlo, pero él conocía a las mujeres muy bien. Estaba
celosa.
Finalmente
algo iba bien en esta seducción.
“¿Estás,
al fin, listo para comenzar?” SiWon demandó detrás de él.
Con
una final mirada a JunSu, él se giró. Era hora. SiWon se paró en el centro de
la plaza arenosa, balanceando una lanza sobre su cabeza, aflojando sus
músculos. El metal silbó en el aire como un llanto de guerra. En su otra mano, sostenía
un escudo de plata. Excepto por el color, el escudo de YooChun era exactamente
el mismo, con dos alas grabadas en cada lado. En el centro de ambos escudos
descansaba un espada.
SiWon
remplazó su casco, cubriendo su cráneo y sus orejas. El movimiento causó que su
armadura destelle.
YooChun
sostuvo su mano levantada y KyuHyun aporreó una lanza en su agarre. Él sintió
su peso familiar, asintió. KyuHyun entonces le entregó un escudo. Él lo entregó
de regreso. “Remueve LaCalavera del
centro y remplázala con otra espada,” él ordenó.
“Pero,
mi señor, usted nunca ha…”
“Hazlo.”
Él nunca había usado otra espada que la suya, pero no quería infligir
irreparable daño a su primo, y eso era lo que La Calavera haría.
Él
no quería que SiWon muriera. Como SiWon había pronunciado anteriormente, ellos
habían sido amigos cuando niños. Los mejores amigos. Entonces el padre de
YooChun murió y YooChun tuvo que tomar el control, convirtiéndose en líder. Eso
fue cuando el primer resentimiento de SiWon brotó.
YooChun
quería que su primo viviera, por siempre un ejemplo lo que sucedería a esos quienes
retaran al rey.
“Cualquier
espada lo hará.” Él dijo. “Cualquiera, excepto La Calavera.”
Una
pausa, entonces el escudo fue tomado de sus manos. Pasos. La fría presión del mango
del escudo. Su escudo dorado, sí, pero su espada no yacía dentro de él más. Una
simple hoja de punta afilada ahora tenía el honor. Él asintió en aprobación.
Esta batalla no era solo sobre JunSu. No más. “Su casco, mi rey.” KyuHyun dijo.
“No.”
él mantenía su mirada en SiWon. “No esta vez.”
“No.”
“Espero
que se golpeen uno al otro hasta una masa sanguinolenta.” JunSu murmuró detrás
de él. “Esto es estúpido.”
Sus
palabras suscitaron muchas risas masculinas y muchos jadeos de horror
femeninos. Él sospechaba que su ira era meramente una defensa contra algo a lo
que ella temía. ¿Perderlo? Él debería estar molesto por la falta de confianza,
pero él estaba extrañamente emocionado.
“¿Cómo
te atreves a decir tal cosa?” La pelirroja dijo acusadoramente.
“Ella
esta permitida a decir lo que sea que ella quiera.” YooChun informó a todos.
“Porque ella algún día será su reina.” Él le echó una mirada sobre su hombro y
vio que ella ahora usaba una expresión de resentimiento. “Eso no significa que
siempre complaceré sus deseos. Esta vez, sin embargo, tomaré gran placer en
conceder parte de su petición.”
“Yo,
también, disfrutaré concediendo parte de su petición.” SiWon dijo.
YooChun
le frunció el ceño. Sopesó el peso de su lanza en una mano, su escudo en el
otro y dio un paso en la arena. Determinado, él circundó a SiWon. El hombre lo
veía, nunca frenando su balanceante lanza. “¿Vamos a empezar?”
“Empecemos.
Quiero ser rey por un largo tiempo.” SiWon admitió.
“Lo
sé. Pero ¿qué te hace pensar que serás un mejor comandante para mi ejército?
Eres demasiado guerra-alegre, demasiado voraz por control.”
“Tales
cualidades deben ser elogiadas.”
“¿Elogiadas?
¿Cuándo el hambre será aplacada? Siempre habrá alguien más para conquistar.
Fueras tú a gobernar mi ejército, los guiarías directo a la guerra. Al final
tengo toda mi fe que conquistarías Mirotic y todos los reyes y reinas dentro,
pero también destruirías la ciudad entera.”
“Mejor
gobernar una tierra diezmada que no gobernar por completo.” Dijo con un rugido,
SiWon saltaba hacia él.
Sus
langas se enfrentaron en medio del aire. Inmediatamente, YooChun contrarrestó,
agachándose, pivotando y recortando. Perdió
mientras SiWon se deslizaba a un lado. Clang. Sus lanzas se encontraron otra
vez. En el siguiente instante SiWon levantó su lanza y YooChun lo embistió
alto. Giró, apuntando al cuello de su primo.
SiWon
salió del camino con una risa. “Volviéndote lento, YooChun.” Removió su casco y
lo tiró a un lado.
YooChun
apuñaló hacia adelante, su lanza y escudo balanceándose simultáneamente. SiWon
rápidamente perdió su sonrisa cuando se vio forzado a esquivar. Tropezó hacia
atrás. La lanza de YooChun casi se hunde en su estómago, pero SiWon bloqueó,
balanceó. Embiste.
Esa
lenta embestida rozó los muslos de YooChun, rebanando ropa mejor que piel.
YooChun cayó en una rodilla, absorbiendo el siguiente golpe con su escudo. Cuando
recuperó el equilibrio, se lanzó hacia adelante. La punta de su arma pasó
zumbando el costado de SiWon, llevando un pedazo de armadura con ella.
“¿Todavía
crees que soy lento?” YooChun preguntó.
Sus
fieras miradas se encontraron, azul contra más azul, y SiWon frunció el ceño. Se
balanceó a la izquierda, perdido, entonces se balanceó a la derecha. Mientras
la lanza se hundía hacia el suelo, YooChun saltó por encima de su mitad,
atrapándola entre sus piernas, trabando su codo en la nariz de SiWon. Sangre
chorreó y SiWon aulló mientras tropezaba, cayendo de una distancia de ataque y
arrojando suciedad en todas direcciones. … “Levántate,” YooChun ordenó.
.
“Pagarás
por eso.” Su primo saltó de pie y corrió directo a él, continuamente apuñalando
hacia adelante.
YooChun
rodeó rápidamente, escudo bloqueando. Sus músculos comenzaban a arder, y el
sudor comenzaba a caer por su cara y pecho en riachuelos. Ya su respiración
emergía en superficiales jadeos. ¡Maldición! A este paso, su fuerza se agotaría
rápidamente. La falta de sexo le hacía eso a un Ninfo.
Mirándose
él mismo cansado, SiWon arqueó alto, intentado apuntar a su hombro en el
balanceo hacia abajo, pero YooChun golpeó la muñeca de SiWon y su primo soltó
la lanza. En desventaja, SiWon se lanzó, rodó y la alcanzó. Sus dedos se
cerraron alrededor de la mitad. Manteniendo un espacio fluido, él giró de nuevo
de pie. Pero YooChun ya estaba ahí, pisando fuerte la lanza y rompiéndola en
dos.
Gruñendo
bajo en su garganta, SiWon pateó. Su pie golpeó en la muñeca de YooChun y
YooChun también perdió su lanza. Ambos hombres, saltaron alejándose,
desenvainaron las espadas de sus escudos.
Mientras
la sangre continuaba goteando por su rostro, SiWon se lanzó hacia adelante,
balanceándose salvajemente. Él aire silbó, zumbó, justo como había hecho antes
de que la batalla empezara. Movimientos más lentos que lo normal, YooChun no
esquivó a tiempo. La hoja rebanó su antebrazo. Sintió la requema de ello, el
ardor de su desgarrada carne.
No
dio una reacción. No le permitió alentarlo más.
Él
apuñaló hacia abajo, luego hacia arriba, giró antes de que SiWon pudiera
contar. La punta de su espada zumbó por la cara de su primo, y el hombre
palideció. Elevó su escudo y golpeó el otro brazo de YooChun, las afiladas alas
cortando piel. YooChun usó el momento para girar y rebanar en el muslo de
SiWon.
Su
primo gritó. Sus rodillas se doblaron en la arena.
“Levántate,”
YooChun gruñó. “No he terminado contigo.”
Apretando
los dientes, SiWon pesadamente se puso en sus pies. Todavía agarraba su espada y su escudo. Sus
ojos estaban oscuros con ira, sus labios hinchados por su sed de poder. “No he
terminado contigo tampoco.” Él tiró su escudo y deslizó una segunda daga de su
costado.
YooChun
arrojó su escudo a un lado también. Él alargó su mano libre, y KyuHyun le
arrojo una segunda daga. Fácilmente atrapó el mango. Dos hojas contra dos
hojas.
Instantáneamente,
él y SiWon saltaron el uno por el otro. Una hoja chocaba, luego la otra, un
baile letal de esquivar y atacar. YooChun giraba mientras trabajaba sus hojas,
se abalanzó y apuñaló.
“Debí
haber nacido de tu padre. Debí haber sido rey.” SiWon jadeaba mientras
esquivaba.
“Los
Dioses no lo creen así.” Apuñala, gira, apuñala.
“Fui
creado para gobernar.”
“Fuiste
creado, sí, pero no para gobernar. YooHwan debía estar aquí, comandándonos a
ambos. Pero él se fue. Mi padre se fue. Y eso me deja a mí. Es también tiempo
pasado que aceptaste eso.” La primera hoja finalmente golpeó en casa, clavando
en el costado de SiWon.
Su
primo gritó y cayó en sus rodillas. El impulso de YooChun lo mantuvo de
retroceder su otra arma. No estaba seguro si habría, aunque, incluso si podía.
Pero él hizo ángulo con su brazo, su segunda arma incrustándose en el hombro de SiWon, cerca de
su corazón, pero golpeándolo directamente. El brillo plateado suavemente
atravesó las ligaduras de la armadura. SiWon jadeó por aire mientras un hilo de
sangre corría de su boca.
Total
silencio llenó la arena. YooChun se enderezó, jadeando.
“¿Porqué… me… dejaste… vivir?” SiWon bulló. “Debiste haber…
golpeado… mi corazón.”
“Vivirás
y te arrepentirás.” YooChun dijo, sin emociones y suficientemente fuerte que
todos pudieran escuchar. “Si tu vuelves a retar mi liderazgo, te mataré sin
pensar. Sin vacilación, sin misericordia. Sin importar que seamos familia. Sin importar
que fuimos amigos una vez.”
La
barbilla de SiWon cayó sobre su pecho, y sus ojos se cerraron. Oscuras sombras
expresaba su rostro cubierto de sangre. Cayó a la suciedad, inconsciente. Granos
de arena empolvaron las botas de YooChun.
Golpeó
la punta de su daga en el costado del cuerpo de su primo y dio media vuelta
para mirar a la multitud de guerreros quienes lo miraban en estupefacción con
la boca abierta. Tal vez habían esperado que matara a su primo. Tal vez habían
esperado que desviara el golpe final completamente.
Su
mirada se encontró con la de JunSu. Mía, su mente gritó. Mía ahora. Nadie puede
decir de otra manera.
Como
sus hombres, su rostro estaba ensombrecido con asombro. ¿Y horror? Él sabía que
debía lucir un espantajo, sangre y arena cubriendo sus brazos, piernas y cara.
Mechones de cabello mojado por sudor pegado a sus sienes.
Tal
vez la población de la superficie no peleaba tan violentamente, pero él no
podía forzarse a sí mismo a arrepentirse de lo que había hecho. Ella le
pertenecía, viviría aquí con él, era mejor para ella aprender su modo de vida
ahora.
Arrancando
su mirada de ella, miró a cada [uno] de sus hombres. “¿Hay alguien más que
desea retar mi autoridad?”
Después
de que el eco de su voz pasó, silencio reinó. Se paseó en frente de ellos.
"Ahora es el momento de emitir tal desafío."
Nadie
pasó adelante.
Él
se detuvo, manos cerradas a sus costados. “Entonces yo por esto reclamo a Kim
JunSu como mi mujer. Mía. Mi pareja. Su reina. El que cuestione esto conocerá
el filo de mi espada.”
En
medio de chillidos ahogados de JunSu, él se movió enfrente de KyuHyun. Él no
miró a JunSu otra vez. No estaba listo para ver qué expresión usaba ella ahora;
¿Rebelde? ¿Furiosa? ¿Disgustada? No estaba listo para conocer sus pensamientos.
KyuHyun
aclaró su garganta. “¿Qué debemos hacer sobre SiWon?”
“Orar
que SeungHo y sus dos hijas visiten.” Las palabras fueron pronunciadas por
costumbre, cuando un Ninfo llega a ser herido, oraciones eran elevadas a estos
dioses de la curación, incluso aunque ellos no habían tenido que ver con la
gente de Mirotic por muchos, muchos años. Nadie sabía por qué los dioses los
habían abandonado, solamente eso tenían.
YooChun
todavía no quería que SiWon muriera. Quería que sufriera.
YooChun
buscó entre la multitud de espectadores. “¿Hay un curador entre ustedes?”
Después
de una pausa, el silencio de ChangMin, la moza de cabello negro dio un paso
adelante. Había lágrimas en sus ojos, mientras levantaba una vacilante mano. Él
le asintió y encaró a KyuHyun. “Toma a SiWon y la curadora a la habitación de
enfermos. Ella lo va a vendar y nada más. Asegúrate que ella no lo toque
sexualmente.” Si ella lo hacía, SiWon sanaría rápidamente, sus heridas se
olvidarían demasiado pronto. Antes de la pelea, YooChun había pensado darle a
su primo una rápida recuperación. No ahora. Él no tenía tiempo para el trabajo que
el hombre, estaba seguro, causaría.
KyuHyun
asintió.
Sin
otra palabra, YooChun tomó la mano de JunSu y la arrastró por el corredor.
Ahora
ella verdaderamente le pertenecía a él; y era tiempo de probárselo.
Me estuve mordiendo las uñas mietras leia la pelea!
ResponderEliminarDips! En si se sabia que Chun hanaria, pero igual! Pobre Siwie x3
Ay por los dioses que tensuonnla de estos hombres. Por un momento creí que Yoochun la tendria mas dificil y que igual SiWon le daba mucho mas batalla, aun asi sufri horrible y creo que Junsu hara el berrinche en grande por la forma en que Yoochun acabo todo.¿Es Heechul o Jae la médico??? OMg ¿¿sera que ahora su a Yoosu lemon???
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