Capítulo
13.
POSEIDON
ESTABA ABURRIDO. Él era el Dios del mar, gobernante de peces, gente del océano
y olas del mar, él estaba aburrido. Últimamente incluso las tormentas y la
destrucción que causaba fracasaban en divertirlo. Gente gritaba, gente moría,
yada, yada, yada.
Tal
vez le importaría si los humanos no hubieran olvidado su existencia. Pero ellos
no lo servían más; ellos no lo adoraban más… dos de los cuales eran sus deberes. Después de todo, él había ayudado a crear a la ingrata
raza.
Trazó
sus dedos a través del moteado líquido rodeándolo. Tenía que haber algo para
combatir esta constante sensación de tedio. Crear un huracán o tsunami; no. Los
últimos pocos habían estado bostezables; empezar una guerra; no demasiado
esfuerzo para demasiado poca recompensa. Abandonar el agua y entrar a Olimpo;
no otra vez. Los otros Dioses eran egoístas y codiciosos y no quería lidiar con
ellos.
¿Qué
podía hacer? ¿Qué podía hacer? Los únicos mundos en los que hubo dominado eran
la Tierra y Mirotic, él pensó, enderezándose. Oh, oh, oh. Era eso… sí, lo era.
Por primera vez en lo que parecía una eternidad, él experimentaba un destello
de excitación.
Él
no había considerado a Mirotic y su gente en años. Él había caminado lejos de
ellos, pensando… esperando, tal vez… que se destruyeran ellos mismos así que nunca
más tendría que contemplar lo que él consideraba una abominación. En cambio,
ellos habían prosperado y él les había dejado, porque habían obedecido las
leyes que él había puesto en el lugar. Más que eso, había sido completamente
cautivado en sus humanos y había olvidado sobre las razas de criaturas hechas
antes de que la fórmula del hombre hubiera sido perfeccionada.
Sí,
ya era hora que checara Mirotic y sus ciudadanos.
Poseidón
no pudo evitarlo. Él sonrió.
~°~°~°~°~
JUNSU
MIRÓ la espalda de YooChun mientras la guiaba a través del palacio, siguiendo
el mismo camino que habían tomado anteriormente. Ella no protestó. Músculos se
tensan y agrupan en sus hombros desnudos. Sangre se mezclaba con arena, y ambos
eran salpicados todo sobre él, formando líneas y círculos en su piel.
Él
había casi matado a un hombre. Su propio primo, no menos. Pudiera haber,
realmente, si las heridas de SiWon llegaran a infectarse. Había hecho esto sin
vacilación. Sin remordimiento. Ella lo había visto hacerlo y no se había estremecido.
Ella
también había estado demasiado aliviada de que era vencedor y viviría.
La
pelea se había desplegado como algo salido de una película. YooChun se había movido
con JunSu* y fluidez cada intrincado paso tan hermoso como era peligroso. Un
amenazante ballet. Su corazón había tamborileado erráticamente en su pecho,
entonces se detuvo cuando YooChun fue herido. Ella no había estado preparada
para la ira que había sentido hacia SiWon en ese momento.
No
había estado preparada para el miedo que sintió por YooChun
Ellapudo
haber huido y escapado en la locura. Pero no lo hizo. Ella se había quedado. No
porque le había prometido a YooChun- una promesa hecha bajo coacción no era
realmente una promesa, a su manera de pensar- sino porque saber el resultado de
la batalla había parecido vital para su propia supervivencia.
Yo
por este medio reclamo a JunSu como mi mujer. Mi pareja, mi reina, él había
dicho.
Sus
palabras flotaban en su mente, haciéndola estremecer ahora como si estuvieran
en la arena. Él había les dicho, y ellos no la habían molestado tanto como
debieron haber. Ellos no la habían molestado del todo, realmente. Ella
realmente había experimentado un estremecimiento de; gruñó sólo recordando…
alegría. Sólo entonces, YooChun tropezó con sus propios pies, pero la acción la
trajo al presente. “Estás herido,” Ella dijo, como él no lo supiera ya. Su
preocupación por él se duplicó. “Necesitas un doctor.”
Él
no giró a enfrentarla. “Tú actuarás como mi curadora.”
El
pensamiento era tan atractivo como preocupante. “Sé nada sobre el cuidado de
heridas.”
“Confío
en ti.”
¿Por
qué? Ella no confiaba en ella misma. No alrededor de él. “puedo hacer más daño
que bien.”
“JunSu,”
Él dijo claramente exasperado. “Eres la única persona que quiero tocándome en
cualquier manera.”
Dicho
así… “Bien. Pero cuando mueras, puedes decirle a Dios que te advertí.”
Sus
hombros se estremecieron, ella pudo escuchar el retumbante ronroneo de su risa.
Sin ser pedido, los labios de ella avanzó en una media sonrisa y olvidó sus
preocupaciones. Le gustaba su diversión.
“¿Estabas
tratando de salvarlo?” ella preguntó. “¿O accidentalmente perdiste su corazón?”
La
pregunta lo hizo tensarse. “Yo nunca pierdo un objetivo pretendido.”
Aparentemente
el orgullo masculino era el mismo para ninfos como para humanos. “¿Y qué si te
reta otravez? ¿Y qué si hace trampa la próxima vez golpeándote desprevenido?”
“No
lo hará.”
“¿Cómo
puedes estar seguro?” ella persistió.
“SiWon
perdió. Fue mostrado como el guerrero más débil. Si me mata en el futuro o no,
él nunca será aceptado como líder.”
“Oh.”
A penas logró la respuesta de una sílaba, tan enojada estaba por el pensamiento
de YooChun muriendo.
“Lo
que es más,” YooChun continuó inadvertido, “Él no necesitaba morir para que tú
te conviertas en mi mujer, y esa es la principal razón por la que peleé contra
él.”
Un
estremecimiento rodó a través de ella. “No soy tu mujer.”
“Cesa
tus protestas, Luna. Solamente te
avergonzarán cuando al final admitas tu amor por mí.”
Ella
resopló, pero rápidamente cambió el tema. Las palabras de él eran un poco
demasiado… proféticas. “¿A dónde me estás llevando?” ella dijo, estudiando el
corredor iluminado con antorchas, con sus familiares melladas y raspadas
paredes. Reconociendo el área, la respuesta la golpeó, y cada molécula de aire
en sus pulmones se congeló. “¡No!”
Una
pausa. Un suspiro. “Mi alcoba.” Él admitió de mala gana. “Sí.”
El
estómago de ella se cerró contra el súbito bombardeo de sensaciones eróticas.
YooChun. Cama.
Infierno.
No.
Ella
se estremeció otra vez. “¿Vas a encerrarme dentro?” La pregunta temblaba de ella.
“No.”
Había más determinación en esa única palabra que lo que ella había oído en su
vida entera.
“¿Qu-qué
vas a hacerme?” Muy profundo, ella ya sospecha la respuesta iba a ser… “hacerte
el amor, Luna. Voy a hacerte el
amor.”
“No,
no ¡No!” ella clavó sus talones en el pulido suelo de ébano, llevándolo a un abrupto alto. “Me niego. ¿Me
escuchas? ¡Me niego!”
Lentamente
él se giró y la encaró. No liberaba su mano. Sus exuberantes labios estaban
firmes, su severa expresión grabada en piedra. “He sido herido,” él dijo como
ella debería saber por qué eso era importante.
Ella
le frunció el ceño. “Puedo ver que estás herido. Incluso te lo señalé. Pero tú
deberías saber que tú sufrirás más heridas si tratas y me llevas a la cama.”
“Estoy
herido.” Él repitió. “El sexo me fortalece. Sanaré más rápido una vez que te
haya penetrado.”
Un
caliente jadeo burbujeó en la garganta de ella, casi atragantándola. Tú puedes
morir por todo lo que me importa. No voy a dejarte…” ella movió una mano en el
aire “…penetrarme.”
“Encontrarás
mi hacer el amor exquisito.” Las esquinas de la boca de él subieron en un ceño
profundo. “Te lo aseguro.”
“No.”
“JunSu,”
él engatusó. “Dulce rayo de luna.”
“YooChun,”ella
espetó. “Fornicario.”
Un
músculo se crispó al lado de su ojo. “He rechazado todas las otra mujeres por
ti. He públicamente prometido hacerte mi reina.”
“Voy
a grabar ahora mismo diciendo que no me importa una mierda y mi respuesta es
no.”
Si
ella había creído que su expresión era dura antes, a ella ahora le era mostrado
el error de tal suposición. La mirada de él se convirtió en un congelado hielo
turquesa; sus fosas nasales se dilataron. Sus pómulos lucían cortados de
cristal. “Puedo hacerte rogar por ello.”
Ella
se estremeció con miedo, pero dijo “No ruego por nada.”
Él
la miró por un largo rato silenciosamente, entonces pasó una mano a través de
su cabello, causando que muchos mechones rubios cayeran sobre sus ojos. Una
extraña parte de ella –una parte que se revelaba más y más últimamente- la
urgía de levantar la mano y acariciar esos errantes mechones de su hermoso
rostro. Sí, él podía hacerla rogar por ello. Ahí. Ella lo admitía. Su decadente
sabor estaba todavía en su boca, la presión de sus labios impresa en su
memoria. Pero ella tenía que resistirlo. Ella tenía que pelear contra él.
Y
ella tenía, al final, que escapar de él.
Antes
de que ella pudiera dar un paso, sin embargo, él se movió hacia ella, y lamió
sus labios, como si el supiera; sabía, maldito él; exactamente qué travieso
recuerdo se reproducía en su mente y planeaba explotarlo por cualquier medio
necesario. Todos los pensamientos de escape se desvanecieron.
“Te
necesito, JunSu. Más de lo que he necesitado a otra.”
Solamente
YooChun le hablaba en ese tono. Ronca rica, cálida miel. Como si el pensamiento
de su rapto fuera una exquisita felicidad. Como si, en su mente, ella ya esta
desnuda y él esta ya dentro de ella. Ella no tenía ninguna respuesta para él;
no era un cómodo dando.
Silencio
una vez más los abarcaba; esta vez era un silencio consciente silencio, un
pesado silencio. Un silencio tentador. Él esperaba, dejando su mente y su
cuerpo batallar por la supremacía. Permanecer fuerte. Ser fría. Si él la
tocaba… espera. Él estaba tocándola, y se sentía bien. Ella se arrancó libre de
su agarre y avanzó hacia atrás, no importando si la acción era cobarde.
“Limpiaré tu herida, pero eso es. Nada más. ¿Entiendes?”
Él
consideró sus palabras mientras la miraba a los ojos, midiendo su resolución
interna. “¿Estás resistente a mí porque casi maté a un hombre?”
“No.”
Ella admitió.
“¿Entonces
por qué? Algunas mujeres aborrecen la violencia. Algunas son excitadas por
ella.” Más cerca, más cerca él llegaba a ella. “¿Cuál eres tú?”
“Ninguna,”
ella dijo y se respaldo ella misma directo en la pared. Ellajadeó. “Yo sólo
no…” dilo, hiérelo. “Me gustas.”
Él
se detuvo, asomó su mandíbula. Tal vez lo había herido, tal vez no, ella
definitivamente se había herido a sí misma. Mintiendo así causaba que su
estómago se cerrara dolorosamente y su garganta se constriña.
“Muy
bien, entonces,” él dijo, sin tono. “Te permitiré cuidar de mis heridas. Mis
dos brazos necesitan atención.”
Sé
casual, sin afecto. “Gee, gracias. Tú me permitirás.” Ella resopló esperando
lucir debidamente no impresionada. ¿Mientras ella le administraba auxilio
‘accidentalmente’ la tocaría? ¿Ronronearía su cálido aliento en sus oídos,
sobre su piel y dejar que su mirada al rojo vivo la devore? “Pero no habrá…
caricias.”
Porque
había una mejor pregunta: ¿Sería capaz de resistirlo?
Ya
su resolución se tambaleaba en un terreno precario. Tal vez jugando al doctor
no era tan inteligente, después de todo. Ella habría que estar en alerta total.
Estar con YooChun, ella sospechaba, sería como si se inyectara ella misma llena
de heroína. Adictiva, letal y absolutamente estúpido. Si ella podía resistir tomando esa primera,
experimental probada, ella no tendría que lidiar con la retirada. Y después de
que ella lo remendara, podría dejarlo con una conciencia clara.
Tú
ya tuviste una probada. ¿Recuerdas ese beso al rojo vivo? ¡Cállate!
“Mientras
me ayudes,” él dijo. “No te acariciaré. Si, sin embargo, cambias de opinión y
deseas que así lo haga, solamente tienes que decirlo.”
Sin
darle tiempo a responder, le tomó la mano, giró y pateó de nuevo a movimiento.
Con sus palabras finales sonando en sus oídos, ella estaba consciente de cada
punto de contacto entre ellos. Suavidad contra callos ásperos.
“¿Tienes
algo de Neosporín?” Ella preguntó, esperando sacar de su mente todo lo
relacionado a sexo.
“No
tengo idea, así como no sé qué es eso.”
Cuando
su cabello estaba húmedo, tenía un pequeño rizo en él, ella se dio cuenta.
Entonces ella frunció el ceño. ¿Por qué le importaba su estúpido cabello? “Es
medicina para tus brazos.”
“Reuniré
todo lo que necesitas.” Ellos llegaron a la entrada de la habitación, y con su
mano libre, él agitó hacia un lado el blanco encaje.
Él
caminó dentro; ella le siguió en sus talones. Aunque la habitación estaba
localizada en el mismo corredor que en el que ella había dormido, era más
masculino que el suyo, una combinación de campo de batalla y ocio. Una cama
grande ocupaba la parte lejana, con arrugadas sábanas violeta y oro y la
impresión de un gran cuerpo masculino. Armadura dorada y un arsenal de armas
colgadas por ganchos de rubí. Luces de arcoíris brillaban desde las paredes,
como diamantes atrapados en vidrios.
Al
lado, vapor se rizaba desde una poza de baño, enroscándose alrededor de los
pétalos de flores que flotaban en la superficie. Ese era un toque femenino, y
ella sabía que YooChun no era el responsable. Una de sus muchas amantes debió
haber preparado el agua.
“¿Este
es tu dormitorio principal?” ella preguntó. “Sí.” Él liberó su mano.
Lentamente
giró. “He notado que algunas de las paredes tienen hoyos, como si cosas han
sido raspadas de ellas. Joyas ¿Cierto? ¿Como estas?”
“Sí.”
Él repitió.
“¿Por
qué esta habitación está intacta todavía? ¿Y la otra recámara tuya, en la que
dormí?”
“Después
de que tome posesión, me aseguré que fueran dignas de mí.”
Habló
sin atisbo de arrogancia, ni dejo de orgullo. Solamente verdad. “No piensas tan
altamente de ti mismo, por lo que veo.”
Allí
de pie, YooChun tomó ante la vista de su mujer. Luego bebió ante la vista de la
cama. Grande, atrayente. Violetas sábanas con borde dorado. Él quería a JunSu
ahí, extendida y abierta para su vista. Por su tacto. Estando dentro de esta
habitación, teniendo una cama cerca y a JunSu dentro de alcance, demostraba un
intoxicante problema.
¿Por
qué había prometido no tocarla sexualmente mientras lo atendía?
Él
nunca había seducido a una mujer antes. Ellas siempre lo deseaban, sin provocación
necesitada. JunSu le hizo sentir perdido. Mientras él estaba hambriento de cada
parte ella, ella continuamente lo alejaba. Y de todas las mujeres en el mundo
ella debía desearlo más.
¿Cuánto
tiempo podía su cuerpo resistir al rechazo?
No
mucho, él sospechaba.
Él
reunió trapos limpios, una vasija de agua caliente, un frasco de aceite
limpiador, y un frasco con arena curativa de los bosques de los dragones. Lo
puso todo en una bandeja. Sus oídos permanecieron atentos a cada movimiento de
JunSu, para que ella no decidiera retirarse por la puerta. Sorpresivamente, no
lo hizo. Ella permaneció exactamente donde le había dejado, en el centro,
mirando alrededor.
Sus
ojos se encontraron mientras él caminaba hacia ella. Dioses, era adorable. Su
pálido cabello estaba detenido en sus hombros, una erótica cortina. Besarla. En
vez de poner la bandeja en sus manos extendidas, se inclinó lentamente, dándole
amplio tiempo para darse cuenta de lo que estaba haciendo.
No
podía resistir. Tenía que hacerlo, era inevitable parar. Sin caricias, él
racionalizó.
Sus
labios ligeramente rozaron los de ella. Un beso gentil, sin lengua, pero
excitante a pesar de todo. Su esencia de nieve dulce llenó su nariz, como
hubiera capturado un jadeo en su boca. “Gracias por atenderme.” Él dijo, su voz
tan suave como su tacto.
Los
ojos de ella se habían abierto y ahora brillan con un rastro de miedo. ¿De él?
¿O de ella misma? “No soy conocida por mi gentileza.” Ella advirtió. Su voz
tembló. “Así que probablemente quieras guardar tus gracias.”
Él
reprimió una sonrisa y se enderezó. ¿Entonces por qué eres conocida, pequeño rayo de luna?”
“Por
ser una perra.” Mordiendo su labio ella se apropió de la bandeja de su agarre y
giró en sus talones.
“Ese
no es un cumplido ¿Lo tomo?”
Sus
hombros se levantaron en un gesto mientras se hacia un cofre amatista. “No para
algunos.” Ella apoyó la bandeja en la superficie.
Después,
él le explicó qué necesitaba hacer con cada artículo, sopesó la única silla del
dormitorio –tratando de no hacer muecas- y la puso cerca de JunSu. “Te gusta
que la gente piense que eres fría y sin sentimientos. Incluso has intentado tu
más fuerte para convencerme de eso. Muchas veces. ¿Por qué?” Los labios de ella
se fruncieron, y ella se movió la silla con un movimiento de su mano. “Sólo
siéntate y cállate. Mi madre me hizo ver terapeutas cuando era una niña, así
que no necesito un diagnóstico amateur ahorita.”
“Dime.”
Él suplicó. Permaneció de pie. Ella probablemente piensa que quería ser fría,
pero él vio los momentos de calidez y suavidad que ella había intentado
fuertemente de ocultar. Él notó la manera en que ella a veces vacilaba antes
que emitía un insulto, como si ella se tuviera que forzar a decirlo. Y cuando
ella hablaba de su indiferente naturaleza, había un anhelo triste en sus ojos
cafés, una necesidad que ella no había aceptado todavía.
“No
hay nada qué decir realmente. Por sobre los años, aprendí que las emociones
sólo traen dolor y molestia.” Ella lo
empujó de sus hombros. La fuerza de ella no se comparaba con la de él, pero se
acomodó en la silla, no obstante.
Con
algo temblorosos dedos, ella frotó la arena oscura de su hombro, cuidadosa de
evitar su herida. Él hizo una mueva
mientras un afilado dolor irradiaba de una esquina de su cuerpo a la otra.
El
frunció el ceño. “No estaría sufriendo ahorita, si simplemente aceptaras lo
inevitable e hicieras el amor conmigo.”
“No
seas un bebe. Te advertí que no era buena en esta clase de cosas.” Ella mojaba
uno de los trapos con aceite. “Esto huele bien ¿Qué es?”
“Jabón,
creo que tu gente lo llama.”
“Nuestro
jabón no huele así, como orquídeas y mágicas cascadas.”
La
barbilla de él se inclinó hacia un lado, y la miró. “Tu quieres que yo te crea
que al margen y sin embargo te gusta complacer a tus sentidos con deliciosos
aromas. “
Frunciendo
el ceño, ella golpeó la ropa contra su herida. Él rió, porque estaba comenzando
a ver un patrón en sus ataques de ira. Cuando su sentido de la separación fue
más amenazado, ella reaccionó con irritabilidad.
Mientras
ella gentilmente frotaba la tela alrededor de la herida, limpiando sudor y
suciedad, ella dijo a regañadientes “Lo hiciste bien ahí afuera.”
Su
diversión tuvo una rápida muerte; asombro lo atravesó. Un gruñido de alivio aún
soplaba de sus labios. Tal vez la violencia no la molestaba tanto como él
temía. Estaba contento, por que significaba que ella probablemente más
fácilmente aceptaría su vida aquí, donde las guerras constantemente se
desencadenaban. “¿Están los hombres de la superficie permitidos a combatir uno
al otro con espadas?”
“No.
No sin consecuencias.”
“¿Qué
quieres decir?”
“Si
un hombre en la superficie mutila otro hombre como tú hiciste hoy, él es
perseguido y encerrado. Si la victima muere, él puede ser ejecutado.”
Él
roló su explicación por su mente. “¿Y qué si un hombre se esta protegiendo a sí
mismo o a esos que ama?”
“Hay
todavía consecuencia, simplemente no son tan severas. La gente en mi mundo
demanda por la cosa más tonta imaginable. Escuché de un caso donde un hombre
irrumpió en la casa de otro hombre. El ladrón se cayó del techo y demandó al
propietario. Realmente ganó el caso ¿Cuán tonto es eso?
“No
creo que me gustaría vivir en la superficie entonces.”
“Bueno,
me gusta.” Ella dijo defensivamente.
Él
suspiró. “Este corte es muy profundo.” Ella murmuró explorando el borde con sus
dedos. “Creo que necesitas puntadas.”
Él
mordió su labio para esconder su mueca de dolor. Él nunca había tenido que
lidiar con sus heridas antes. Después de una batalla él inmediatamente le hacía
el amor a una mujer y sus heridas desaparecían de su propio acuerdo, “lo que
necesito es sexo.” Él intentó en un tono seductivo, pero sonó reprochante.
“Contigo.”
Ella
frunció el ceño, incluso mientras tiernamente secaba la herida. “Estoy más que
dispuesta a ir a conseguir una de las otras mujeres para ti.”
Mientras
sus palabras hacían eco entre ellos, ella presionaba los labios. Una
combinación de ira y miedo-- ¿Qué el tomaría su oferta?—revoloteaba sobre su
expresión.
“Ah,
pequeño rayo de luna. ¿Cuándo
aprenderás que solamente tú lo harás?”
Ella
se relajó, su expresión se suavizó. “Sí, bueno, ¿Cuándo aprenderás que no
duermo con todo el mundo?”
“¿No
he explicado ya que eres mi pareja?” Él no quería escuchar otra de sus
negativas, así que añadió, “tus protestas son tontas.”
“Una
pareja es una compañera dispuesta, ¿Cierto?
Creo que ambos sabemos que no estoy dispuesta. No soy tu compañera. O tu
reina. No soy una reina.”
Incapaz
de evitarlo, él dobló los finales del cabello de ella y coló los mechones sedosos
entre sus dedos. Los atrajo a su nariz y los olió. Ah, dulce cielo. “Hueles tan
bien.”
“No
puedo decir lo misma para ti.”
Él
no se ofendió. “Estoy definitivamente más en la necesidad de un baño. ¿Te
importaría acompañarme?”
Un
temblor la atravesó y tiró el trapo al piso. “Maldita sea. Deja de decir cosas
así.”
“¿Por
qué? Te quiero y no soy el que niega mis deseos.”
“Sip,
lo entiendo.” Se agachó, recogió el trapo y lo arrojó a la chimenea apagada.
Ella tomó un trapo limpio y recogió arena en un enorme bolsillo. “Te das cuenta
que estoy a punto de poner arena en una herida abierta, ¿Cierto?”
“Cierto.”
“¿Y
que todavía quieres que lo haga?
Sus
cejas se fruncieron. “Claro.”
Ella
sacudió su cabeza incrédulo, entonces se encogió de hombro. “Lo que sea. Es tu
infección.” Pero ella vaciló por un momento antes untar los granos en su
herida.”
Él
no habló por largo rato. Él se concentraba en la respiración de ella, gentilmente
abanicando su hombro. Él se concentró en sus dientes, mordiendo su labio
inferior. Su polla estaba creciendo cada vez más dura.
“Los
deseos son una cosa natural, Luna.”
Él dijo. “Lo más que lo niegues, más fuertes ellos llegan a ser, hasta que son
todo en lo que puedes pensar, todo lo que puedes ver.”
“Détente
justo ahí.” Su voz tembló y él sabía que no estaba indiferente por lo que había
dicho. Los pezones de ella eran duros puntos contra su camiseta. “No trates de
engancharme en una conversación sobre deseos, ¿Ok? No estoy interesada.”
Él
agarró su muñeca, cerrando sus dedos sobre sus delicados huesos con dulce
fineza. Todavía no caricias, él se aseguró a sí mismo. La tiró hasta enfrente
de él. La mirada de ella se deslizó de su boca a su erección. Un jadeo de
sorpresa se deslizó de ella. “Tienes razón,” él dijo. Él la necesitaba tanto.
“No debemos hablar sobre ello. Debo mostrarte. Dime cómo mostrarte, JunSu.
Dime.”
Súbitamente
aterrada, ella se apartó de él y hacia la pared, donde ella agarró una de las
espadas más pequeñas. La sostuvo enfrente de ella, luciendo mucho como la reina
guerrera que ella tan vehementemente negaba ser. “No. ¡No! ¿Entiendes?”
JunSu
había estado peleando contra un fiero deseo desde que él se había sentado
primero, y cada vez que él la tocaba, cada vez que la miraba, cada vez que él
le hablaba, su resistencia se desmoronaba un poco más.
Él
se congeló en su lugar, un blanco escudo escondía su expresión. Solamente sus
ojos revelaban cualquier rastro de emoción. Ellos estaban ardiendo con
necesidad e ira y desilusión.
“Muy
bien.” Él dijo. “Esta noche es tuya. No te tocaré.”
No,
el cuerpo de ella lloró. No me escuches. Pelea por mí. “Gracias.” Ella tenía
que permanecer fuerte. Ella no podía rendirse. Las ramificaciones eran
simplemente demasiado geniales,
Ellos
se miraban mutuamente, encerrados en una batalla silenciosa. “Mañana, sin
embargo, me pertenece. No habrá más negaciones a mí. ¿Entiendes?”
Ella
tragó saliva, no se atrevió a hablar.
“Si
te atreves a dejar esta habitación, te arrepentirás.” Él se levantó y la dejó
entonces, alejándose sin mirar atrás.
*N.T. Error del autor
Ves Junsu?
ResponderEliminarNo es tan dificil admitir tus sentimientos e.e
Aunque sea por unos simples seundos ._.
Eres un terco!!!
Mas burro que la mula e.e
Ay Junsuuu eres desesperanteee. Eatas que te mueres por que Chunnie te toque pero eres tan necia y obstinada. Ok yaaa deja de poner peros y hacerte la complicada. POBRE CHUNNIE SUFRE POR NO QUEREER FORZARTE.
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