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que no me permitieron o no he obtenido el permiso
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martes, 15 de abril de 2014

Desire and Lust Cap 14

Capítulo 14.

LA DRA. KIM KIBUM ató su lacio cabello negro encima de su cabeza con una delgada tira de tela. Como siempre, un poco de su cabello más corto escapó del confinamiento y cayó por sus sienes.

¿Cómo me metí en esta situación?


Ella miró abajo al hombre acostado inconsciente en la cama de seda zafiro. Su hermoso cabello negro estaba extendido sobre sus grandes hombros. Sus pestañas grababan sombras en sus mejillas. Su nariz estaba ligeramente torcida, sus labios exuberantes.

Lucía como un ángel caído.

Un agonizante, ensangrentado, ángel caído con dolor enganchado.

Sangre brotaba de los gruesos cortes en su pecho y muslo. Su piel, ella sabía de verlo anteriormente, era usualmente morena. Ahora estaba pálida, teñida ligeramente de azul porque él había pasado por una forma leve de choque. Ella era cirujana, pero habría preferido sus herramientas en su hospital con sus enfermeras. No los tarros de aceite y arena que le habían sido dados, no el ambiente no estéril, no el jefe saliente en guardia permanente en la puerta. Todavía, KiBum no podía dejar a su paciente morir. No lo haría.

Ella había estado aterrada desde que había sido tomada por estas gigantes, descomunales bestias, pero por primera vez desde que entró a esto, lo que sea que fuera, se sentía en control.  Como ella misma. Confiada y en su elemento.

KiBum se movió al guardia parado en la puerta, y él se aproximó a ella. Ella no retrocedió, pero se obligó a mantenerse firme mientras señalaba* lo que necesitaba.

La cara de él arrugó la cara con confusión, y él levantó sus manos, como una orden para ella para que se aquiete. “No entiendo qué estás haciendo. ¿No puedes hablar?”

Ella suspiró internamente. Sus cuerdas vocales habían sido severamente dañadas hace muchos años. No había cicatrices en el exterior; no, sus cicatrices eran internas. Ella había sido atacada; un borroso, ennegrecido, odiado recuerdo que ella no podía permitirse revivir en el momento, no si ella esperaba funcionar; y mientras ella podía hablar, su voz era… fea.

“Aguja,” Ella graznó. “Hilo.” Lo primitivo que obviamente él era, probablemente no conocía un escalpelo de un cuchillo para mantequilla. “Herramientas quirúrgicas.”

Él se encogió ante el brusco, roto sonido, pero asintió y salió corriendo. Cuando regreso un corto rato después, le entregó un abultado maletín negro. Ella lo desenrolló, encontrando un escalpelo de bronce, largos delgados ganchos y muchas agujas de acero.

“Fuego” Ella dijo. “Agua caliente.”

Entendiendo, él tomó un candelabro encendido de la pared y lo arrojó a la chimenea. Los troncos dentro rápidamente capturaron flama, crujieron y ardieron. Después, él había reunido el contenedor de agua, ella calentó los instrumentos sobre el fuego.

Una vez que todo estaba tan esterilizado como ella pudo conseguir, sus manos fregadas limpias, ella al fin se acercó a su paciente, lista para actuar. Él todavía tenía que moverse, todavía tenía que hacer un simple sonido. Sus rasgos estaban relajados, indiferentes.

Ambos la exaltaban y la preocupaban. Al menos no sentiría el dolor de su aguja. Pero tal profundo sueño… KiBum cuadró sus hombros y se puso a trabajar. Ella cortó sus pantalones, limpió las boquiabiertas heridas, e hizo lo mejor para reparar el tejido desgarrado; lo cual estaba en mejor forma de lo que ella se había atrevido a esperar. Sonaba fácil, sonaba rápido, pero ella estuvo a su lado por muchas horas y el sudor perlaba sobre su piel. Hacia el final, la fatiga sacudió sus brazos y espalda.

Eso tendrá que servir. Le hubiera gustado darle una transfusión, pero sabía que tal cosa era imposible aquí. El hombre que la había escogido la noche anterior, ChangMin, había intentado aliviar su angustia explicándole dónde estaba y por qué había sido traída aquí. Claro, su explicación había solamente intensificado su miedo.

Ninfos. Mirotic. Sexo. Primero ella no había querido creerle. Sin embargo, después de todo lo que había atestiguado hoy, ya no tenía el lujo de incredulidad. Peleas con espadas y muros enjoyados. Cojines de seda revistiendo cada pared y guerreros teniendo sexo encima de ellos. Sirenas y techos de cristal que producen luz. Mujeres volviéndose locas, volviéndose hambrientas de sexo.

ChangMin había esperado la misma fácil (y entusiasta) respuesta de ella. Cuán sorprendido había estado al encontrarse con bofetadas y patadas y, ella estaba avergonzadas de decirlo, sollozos. Pero finalmente, la había dejado sola. Él había sido extrañamente… dulce sobre la entera situación. Sorpresivamente protector.

Aun, él se arrepentía de su elección ya; él tenía que. Esta mañana ella había captado atisbos de guerreros (desnudos) en la cama con sus elegidas (desnudas también). Algunos de ellos no había estado durmiendo. ChangMin tenía que querer eso para sí mismo, pero ella no podía dárselo. Simplemente no podía.

KiBum le había solamente permitido escogerla, así ella sería alejada del gran grupo de hombres. Un guerrero, ella podía (posiblemente) podía pelear. ¿Pero todos ellos? No hay manera.

Ella suspiró... por las siguientes horas, ella permaneció sentada junto al hombre inconsciente –SiWon era su nombre, ella recordaba- poniendo un cálido húmedo trapo sobre su frente y haciendo en su poder para ponerlo cómodo y evitar que se enfríe. Como había perdido tanta sangre, él era susceptible a hipotermia.

“KiBum” ella súbitamente escuchó a ChangMin decir desde la puerta. Él sonaba esperanzado. “Es hora de llevarte a mi cámara.”

El corazón le pateó a toda marcha. Permanece tranquila. Poco a poco ella se giró a encararlo. Él estaba parado junto al guardia, quien estaba pretendiendo estudiar la pared. ChangMin era un atractivo hombre con cabello castaño y ojos verdes, y una parte de ella deseaba que fuera una mujer normal quien pudiera disfrutar alguien como él. Verdaderamente, sólo mirarle le hacía sentir… adolorida por dentro. Ella sacudió su cabeza.

Los hombros de él se desplomaron. Y sus labios se comprimieron en una delgada línea. “¿Por qué continúas negándote a mí? ¿Te he herido de alguna manera?”

Ella sacudió su cabeza una segunda vez. Él no tenía, y eso la conmocionó aún. Él caminó hacia adelante. “Sólo deseo darte placer.”

De Nuevo una sacudida. “Me quedo.”

Él había escuchado su voz antes, así que no se encogió esta vez como él había la primera. ¿Su continuo rechazo causaría que ChangMin explote? ¿Trataría de forzarla? ¿Mutaría de un chico bueno a una bestia? Un terrible temblor comenzó en sus extremidades y se extendió a su estómago, dando vueltas.

Su expresión se suavizó mientras la miraba. “Tú no entiendes las maneras de los ninfos, KiBum. Debemos estar con una mujer o nos debilitamos.” Él explicó pacientemente, como lo haría a un niño. “Estoy debilitándome, mientras los otros se fortalecen.”

“No.” Cuando ella finalmente decidiera estar con un hombre, sería con uno mucho menos… intimidante. Alguien que no pudiera romperle el cuello con un movimiento de su muñeca. Además, ella tenía un trabajo qué hacer. Ella apuntó a su paciente. “Me necesita.”

ChangMin la miró por largo rato, un juego de diferentes emociones en su cara. Desilusión. Arrepentimiento. Resolución. Él giró en sus talones y se alejó. Ella dio un suspiro de alivio y, asombrosamente, desilusión.

Regresa a trabajar, Kim. Ella giró de regreso al guerrero herido y pasó una mano sobre su demasiado fría frente. ¿Sobreviviría? Había perdido demasiada sangre.

Él era más grande que ChangMin. Probablemente más fuerte. Más peligroso, seguramente. Pero se encontraba a sí misma inclinándose hacia adelante, como empujada por un poder más fuerte que ella misma. Ella plantó un suave beso en sus labios, deseando que se mejore. Ella odiaba ver a alguien sufrir. Nadie sabía mejor que ella como se sentía yacer en una cama, vencido. Casi muerto.

Los ojos de él parpadearon abriéndose, como si la acción le hubiera dado la fuerza que necesitara para despertar. Él la miró cerniéndose sobre él y frunció el ceño. Ella rápidamente se enderezó.

“¿Morí, entonces?” Ella le escuchó decir.

Su voz era débil, forzada. Todavía… ella setenía que forzar a sí misma a permanecer en su lugar. Él está débil. Él no puede herirte, ella otra vez tocó su frente. Los ojos de él estaban abiertos sólo ligeramente, perro ella podía ver el dolor –perfecto brillo de sus irises zafiro.

“¿Entré a Olimpo?”

Ella sacudió su cabeza.

Su Mirada se lanzó alrededor de la habitación. “¿Por qué estás aquí? ¿Por qué estoy…?” Sus palabras a un punto muerto. “YooChun.” Él rechinó los dientes. “La pelea. Perdí. Yo perdí.” Trató de sentarse.

Ella gentilmente lo empujó hacia abajo y apartó su cabello de su cara, tratando de calmarlo y apaciguar su ira. KiBum no sabía qué haría si él decidió luchar contra ella. Demasiado sorpresivamente, su toque parecía apaciguarlo. Él se relajó.

Hacienda una respiración profunda, él levantó su mano y enredó sus dedos alrededor de su muñeca. Permanece tranquila, permanece tranquila, permanece tranquila. Ella trató de jalarse, pero él la sostuvo más estrecho.

“¿Qué estás haciendo aquí, mujer de ChangMin?”

El pulso de ella martilló en su cuello mientras apuntaba a sus heridas vendadas.

Sus cejas se fruncieron y él la estudió “¿Eres una curadora?”

KiBum asintió y una vez más trató de liberarse, pero su agarre permanecía fuerte. Él debía haber estado débil como un bebé.

“¿No puedes hablar?” Él preguntó. “Roto.” Ella dijo señalando su cuello con su mano libre.

Él no se acobardó al sonido de su voz, y la asombró de lleno. Él liberó su mano y levantó la suya al cuello de ella, donde el pulso revoloteaba salvajemente todavía. Sus dedos rozaron la suave piel, como si buscara una herida. Ella se estremeció, tanto horrorizada como necesitada. ¿Qué estaba mal con ella? Ella no había reaccionado a un hombre en años, todavía había respondido a dos hoy.

“¿Cómo?”

La gente siempre preguntaba, como si indagaran sobre el clima o sobre donde había comprado sus zapatos. Al principio, la pregunta la había tirado, trayendo de regreso los horribles recuerdos de ser inmovilizada y ahorcada por su enfurecido, celoso novio. Ella siempre respondía con un casual “Accidente de auto,” pero ella dudaba que este arcaico guerrero pudiera entender lo que significaba.

KiBum mordió su labio y se inclinó hacia él. Tentativa, ella enredó una de sus manos gentilmente alrededor su cuello y lo sacudió, entonces apuntó a su propio cuello con la otra.

Los ojos de él se estrecharon y sus manos se cerraron sobre las muñecas de ella, mucho más gentil que antes. “¿Alguien te ahorcó?”

Asintió.

“¿Un hombre?” Las palabras eran tan tranquilas que ella casi no las escuchó.

Otra vez ella asintió.

“Sin tocar.” El hombre en la puerta dijo, probablemente justo notándolo. “Órdenes del rey. Libérala, SiWon.”

Se había olvidado de él.

Los ojos de SiWon se lanzaron al guardia y él frunció el ceño. Los dos hombres se engancharon en una acalorada conversación que ella no entendió. Durante toda, SiWon retuvo ese gentil agarre en ella.

Ella finalmente se las arregló para liberarse, sin embargo. Alivio barrió a través de ella, y ella frotó su muñeca. Donde él había tocado, la piel estaba cálida. Sensitiva. El hombre era aterradoramente volátil, violento; cualidades que ella aborrecía. A ella no debería gustarle su contacto.

“¿Te gustaría que lo matara por ti?” SiWon preguntó, sorprendiéndola.

Ella parpadeó confusa y apuntó al centinela de la puerta.

“No. El que te hirió-“

Ella vaciló por un momento, entonces sacudió la cabeza.

“El poder es bueno,” Él dijo, su voz súbitamente debilitándose. “Herir a una mujer no lo es.” Sus párpados se cerraban, pero él los abría.

Ella no sabía si creía lo que había dicho o no. De cualquier manera, la golpeó como una de esas personas que no podían controlar sus acciones cuando estaban enfurecidos. Después de la pelea con espadas de hoy…

“¿Cuál es tu nombre?” Él preguntó.

“KiBum.”

“KiBum.” Él dijo, el nombre como un gusto saboreado en su lengua. Pero en el siguiente instante, su boca se estrechó en una siniestra línea. La furia oscureció sus ojos, batiendo como un violento océano. “¿Dónde está ChangMin?”

Ella se encontró levantándose de la cama, temblando. En un parpadeo, él se había vuelto violento. ¿Por qué? ¿Qué había hecho ella? Él frunció el ceño mientras sus párpados se cerraban una vez más. “¿Por qué te alejas de mí, mujer? ¿Vas a regresar con tu amante?” Lo último fue una burla.

Antes de que pudiera levantarse de la cama y agarrarla, ella se giró y huyó de la habitación, insegura donde ir. Solamente sabiendo que tenía que dejar este lugar. Tenía que dejarlo.

~°~°~°~°~

SIWON FORZÓ sus párpados a abrirse y maldijo mucho después de que KiBum se había ido. Él nunca se había sentido tan impotente, y el sentimiento lo enfurecía. Él no quería que ella fuera con ChangMin. Él quería que ella se quedara. Con él. Quería que le hablara a él.

Había sido capaz, habría saltado de la cama y forzarla a regresar. Él era el amo aquí. Pero no podía incluso consolarla o agradecerle apropiadamente por cuidar de él. En cambio, ChangMin tenía el privilegio, No que el hombre agradeciera a KiBum por ayudarlo.

“Síguela, tú maldito.” Él ordenó a KyuHyun, quien estaba parado en la puerta. “Asegúrate que llegue a su destino sin peligro.”

“Será mejor que ver que veas a quien ordenas.” El guerrero gruñó antes de salir tras KiBum.

SiWon quería culpar a YooChun por este predicamento, pero no podía. Él expidió el reto, y su primo lo había golpeado bastante. Como un hombre que valoraba el poder y el control sobre todo lo demás, él respetaba la victoria de YooChun. Y, en el momento, él entendió la necesidad de su primo por la pálida mujer, su voluntad de hacer todo para conservarla.

SiWon habría hecho todo justo entonces por tener a KiBum.



*N.T. KiBum usaba lengua de señas de sordomudo.

1 comentario:

  1. Vaya sorpresa Kim KiBun aigoooo que fuere que hata sido victima de violencia y con tremendas secuelas. Dios que lindo y gentil fue Changmin.Pero quien realmente se lleva las palmas aqui es Siwon vaya cabalidad. Ay de lios para este triangulo apuesto a que ChangMin sedera a KiBum porque es un encamto de niño.

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