Capítulo
14.
LA
DRA. KIM KIBUM ató su lacio cabello negro encima de su cabeza con una delgada tira
de tela. Como siempre, un poco de su cabello más corto escapó del confinamiento
y cayó por sus sienes.
¿Cómo
me metí en esta situación?
Ella
miró abajo al hombre acostado inconsciente en la cama de seda zafiro. Su
hermoso cabello negro estaba extendido sobre sus grandes hombros. Sus pestañas
grababan sombras en sus mejillas. Su nariz estaba ligeramente torcida, sus
labios exuberantes.
Lucía
como un ángel caído.
Un
agonizante, ensangrentado, ángel caído con dolor enganchado.
Sangre
brotaba de los gruesos cortes en su pecho y muslo. Su piel, ella sabía de verlo
anteriormente, era usualmente morena. Ahora estaba pálida, teñida ligeramente
de azul porque él había pasado por una forma leve de choque. Ella era cirujana,
pero habría preferido sus herramientas en su hospital con sus enfermeras. No los
tarros de aceite y arena que le habían sido dados, no el ambiente no estéril,
no el jefe saliente en guardia permanente en la puerta. Todavía, KiBum no podía
dejar a su paciente morir. No lo haría.
Ella
había estado aterrada desde que había sido tomada por estas gigantes,
descomunales bestias, pero por primera vez desde que entró a esto, lo que sea
que fuera, se sentía en control. Como
ella misma. Confiada y en su elemento.
KiBum
se movió al guardia parado en la puerta, y él se aproximó a ella. Ella no
retrocedió, pero se obligó a mantenerse firme mientras señalaba* lo que
necesitaba.
La
cara de él arrugó la cara con confusión, y él levantó sus manos, como una orden
para ella para que se aquiete. “No entiendo qué estás haciendo. ¿No puedes
hablar?”
Ella
suspiró internamente. Sus cuerdas vocales habían sido severamente dañadas hace
muchos años. No había cicatrices en el exterior; no, sus cicatrices eran
internas. Ella había sido atacada; un borroso, ennegrecido, odiado recuerdo que
ella no podía permitirse revivir en el momento, no si ella esperaba funcionar;
y mientras ella podía hablar, su voz era… fea.
“Aguja,”
Ella graznó. “Hilo.” Lo primitivo que obviamente él era, probablemente no
conocía un escalpelo de un cuchillo para mantequilla. “Herramientas
quirúrgicas.”
Él
se encogió ante el brusco, roto sonido, pero asintió y salió corriendo. Cuando
regreso un corto rato después, le entregó un abultado maletín negro. Ella lo
desenrolló, encontrando un escalpelo de bronce, largos delgados ganchos y
muchas agujas de acero.
“Fuego”
Ella dijo. “Agua caliente.”
Entendiendo, él tomó un candelabro encendido de la pared y
lo arrojó a la chimenea. Los troncos dentro rápidamente capturaron flama,
crujieron y ardieron. Después, él había reunido el contenedor de agua, ella
calentó los instrumentos sobre el fuego.
Una
vez que todo estaba tan esterilizado como ella pudo conseguir, sus manos
fregadas limpias, ella al fin se acercó a su paciente, lista para actuar. Él
todavía tenía que moverse, todavía tenía que hacer un simple sonido. Sus rasgos
estaban relajados, indiferentes.
Ambos
la exaltaban y la preocupaban. Al menos no sentiría el dolor de su aguja. Pero
tal profundo sueño… KiBum cuadró sus hombros y se puso a trabajar. Ella cortó
sus pantalones, limpió las boquiabiertas heridas, e hizo lo mejor para reparar
el tejido desgarrado; lo cual estaba en mejor forma de lo que ella se había
atrevido a esperar. Sonaba fácil, sonaba rápido, pero ella estuvo a su lado por
muchas horas y el sudor perlaba sobre su piel. Hacia el final, la fatiga
sacudió sus brazos y espalda.
Eso
tendrá que servir. Le hubiera gustado darle una transfusión, pero sabía que tal
cosa era imposible aquí. El hombre que la había escogido la noche anterior,
ChangMin, había intentado aliviar su angustia explicándole dónde estaba y por
qué había sido traída aquí. Claro, su explicación había solamente intensificado
su miedo.
Ninfos.
Mirotic. Sexo. Primero ella no había querido creerle. Sin embargo, después de
todo lo que había atestiguado hoy, ya no tenía el lujo de incredulidad. Peleas
con espadas y muros enjoyados. Cojines de seda revistiendo cada pared y guerreros
teniendo sexo encima de ellos. Sirenas y techos de cristal que producen luz.
Mujeres volviéndose locas, volviéndose hambrientas de sexo.
ChangMin
había esperado la misma fácil (y entusiasta) respuesta de ella. Cuán
sorprendido había estado al encontrarse con bofetadas y patadas y, ella estaba
avergonzadas de decirlo, sollozos. Pero finalmente, la había dejado sola. Él
había sido extrañamente… dulce sobre la entera situación. Sorpresivamente
protector.
Aun,
él se arrepentía de su elección ya; él tenía que. Esta mañana ella había
captado atisbos de guerreros (desnudos) en la cama con sus elegidas (desnudas
también). Algunos de ellos no había estado durmiendo. ChangMin tenía que querer
eso para sí mismo, pero ella no podía dárselo. Simplemente no podía.
KiBum
le había solamente permitido escogerla, así ella sería alejada del gran grupo
de hombres. Un guerrero, ella podía (posiblemente) podía
pelear. ¿Pero todos ellos? No hay manera.
Ella
suspiró... por las siguientes horas, ella permaneció sentada junto al hombre
inconsciente –SiWon era su nombre, ella recordaba- poniendo un cálido húmedo
trapo sobre su frente y haciendo en su poder para ponerlo cómodo y evitar que
se enfríe. Como había perdido tanta sangre, él era susceptible a hipotermia.
“KiBum”
ella súbitamente escuchó a ChangMin decir desde la puerta. Él sonaba
esperanzado. “Es hora de llevarte a mi cámara.”
El
corazón le pateó a toda marcha. Permanece tranquila. Poco a poco ella se giró a
encararlo. Él estaba parado junto al guardia, quien estaba pretendiendo
estudiar la pared. ChangMin era un atractivo hombre con cabello castaño y ojos
verdes, y una parte de ella deseaba que fuera una mujer normal quien pudiera
disfrutar alguien como él. Verdaderamente, sólo mirarle le hacía sentir…
adolorida por dentro. Ella sacudió su cabeza.
Los
hombros de él se desplomaron. Y sus labios se comprimieron en una delgada
línea. “¿Por qué continúas negándote a mí? ¿Te he herido de alguna manera?”
Ella
sacudió su cabeza una segunda vez. Él no tenía, y eso la conmocionó aún. Él
caminó hacia adelante. “Sólo deseo darte placer.”
De
Nuevo una sacudida. “Me quedo.”
Él
había escuchado su voz antes, así que no se encogió esta vez como él había la
primera. ¿Su continuo rechazo causaría que ChangMin explote? ¿Trataría de
forzarla? ¿Mutaría de un chico bueno a una bestia? Un terrible temblor comenzó
en sus extremidades y se extendió a su estómago, dando vueltas.
Su
expresión se suavizó mientras la miraba. “Tú no entiendes las maneras de los
ninfos, KiBum. Debemos estar con una mujer o nos debilitamos.” Él explicó
pacientemente, como lo haría a un niño. “Estoy debilitándome, mientras los
otros se fortalecen.”
“No.”
Cuando ella finalmente decidiera estar con un hombre, sería con uno mucho menos…
intimidante. Alguien que no pudiera romperle el cuello con un movimiento de su
muñeca. Además, ella tenía un trabajo qué hacer. Ella apuntó a su paciente. “Me
necesita.”
ChangMin
la miró por largo rato, un juego de diferentes emociones en su cara.
Desilusión. Arrepentimiento. Resolución. Él giró en sus talones y se alejó.
Ella dio un suspiro de alivio y, asombrosamente, desilusión.
Regresa
a trabajar, Kim. Ella giró de regreso al guerrero herido y pasó una mano sobre
su demasiado fría frente. ¿Sobreviviría? Había perdido demasiada sangre.
Él
era más grande que ChangMin. Probablemente más fuerte. Más peligroso,
seguramente. Pero se encontraba a sí misma inclinándose hacia adelante, como
empujada por un poder más fuerte que ella misma. Ella plantó un suave beso en
sus labios, deseando que se mejore. Ella odiaba ver a alguien sufrir. Nadie
sabía mejor que ella como se sentía yacer en una cama, vencido. Casi muerto.
Los
ojos de él parpadearon abriéndose, como si la acción le hubiera dado la fuerza
que necesitara para despertar. Él la miró cerniéndose sobre él y frunció el
ceño. Ella rápidamente se enderezó.
“¿Morí,
entonces?” Ella le escuchó decir.
Su
voz era débil, forzada. Todavía… ella setenía que forzar a sí misma a
permanecer en su lugar. Él está débil. Él no puede herirte, ella otra vez tocó
su frente. Los ojos de él estaban abiertos sólo ligeramente, perro ella podía
ver el dolor –perfecto brillo de sus irises zafiro.
“¿Entré
a Olimpo?”
Ella
sacudió su cabeza.
Su
Mirada se lanzó alrededor de la habitación. “¿Por qué estás aquí? ¿Por qué
estoy…?” Sus palabras a un punto muerto. “YooChun.” Él rechinó los dientes. “La
pelea. Perdí. Yo perdí.” Trató de sentarse.
Ella
gentilmente lo empujó hacia abajo y apartó su cabello de su cara, tratando de
calmarlo y apaciguar su ira. KiBum no sabía qué haría si él decidió luchar
contra ella. Demasiado sorpresivamente, su toque parecía apaciguarlo. Él se
relajó.
Hacienda
una respiración profunda, él levantó su mano y enredó sus dedos alrededor de su
muñeca. Permanece tranquila, permanece tranquila, permanece tranquila. Ella
trató de jalarse, pero él la sostuvo más estrecho.
“¿Qué
estás haciendo aquí, mujer de ChangMin?”
El
pulso de ella martilló en su cuello mientras apuntaba a sus heridas vendadas.
Sus
cejas se fruncieron y él la estudió “¿Eres una curadora?”
KiBum
asintió y una vez más trató de liberarse, pero su agarre permanecía fuerte. Él
debía haber estado débil como un bebé.
“¿No
puedes hablar?” Él preguntó. “Roto.” Ella dijo señalando su cuello con su mano
libre.
Él
no se acobardó al sonido de su voz, y la asombró de lleno. Él liberó su mano y
levantó la suya al cuello de ella, donde el pulso revoloteaba salvajemente
todavía. Sus dedos rozaron la suave piel, como si buscara una herida. Ella se
estremeció, tanto horrorizada como necesitada. ¿Qué estaba mal con ella? Ella
no había reaccionado a un hombre en años, todavía había respondido a dos hoy.
“¿Cómo?”
La
gente siempre preguntaba, como si indagaran sobre el clima o sobre donde había
comprado sus zapatos. Al principio, la pregunta la había tirado, trayendo de
regreso los horribles recuerdos de ser inmovilizada y ahorcada por su
enfurecido, celoso novio. Ella siempre respondía con un casual “Accidente de
auto,” pero ella dudaba que este arcaico guerrero pudiera entender lo que
significaba.
KiBum
mordió su labio y se inclinó hacia él. Tentativa, ella enredó una de sus manos
gentilmente alrededor su cuello y lo sacudió, entonces apuntó a su propio
cuello con la otra.
Los
ojos de él se estrecharon y sus manos se cerraron sobre las muñecas de ella,
mucho más gentil que antes. “¿Alguien te ahorcó?”
Asintió.
“¿Un
hombre?” Las palabras eran tan tranquilas que ella casi no las escuchó.
Otra
vez ella asintió.
“Sin
tocar.” El hombre en la puerta dijo, probablemente justo notándolo. “Órdenes
del rey. Libérala, SiWon.”
Se
había olvidado de él.
Los
ojos de SiWon se lanzaron al guardia y él frunció el ceño. Los dos hombres se
engancharon en una acalorada conversación que ella no entendió. Durante toda,
SiWon retuvo ese gentil agarre en ella.
Ella
finalmente se las arregló para liberarse, sin embargo. Alivio barrió a través
de ella, y ella frotó su muñeca. Donde él había tocado, la piel estaba cálida. Sensitiva. El hombre era
aterradoramente volátil, violento; cualidades que ella aborrecía. A ella no
debería gustarle su contacto.
“¿Te
gustaría que lo matara por ti?” SiWon preguntó, sorprendiéndola.
Ella
parpadeó confusa y apuntó al centinela de la puerta.
“No.
El que te hirió-“
Ella
vaciló por un momento, entonces sacudió la cabeza.
“El
poder es bueno,” Él dijo, su voz súbitamente debilitándose. “Herir a una mujer
no lo es.” Sus párpados se cerraban, pero él los abría.
Ella
no sabía si creía lo que había dicho o no. De cualquier manera, la golpeó como
una de esas personas que no podían controlar sus acciones cuando estaban
enfurecidos. Después de la pelea con espadas de hoy…
“¿Cuál
es tu nombre?” Él preguntó.
“KiBum.”
“KiBum.”
Él dijo, el nombre como un gusto saboreado en su lengua. Pero en el siguiente
instante, su boca se estrechó en una siniestra línea. La furia oscureció sus
ojos, batiendo como un violento océano. “¿Dónde está ChangMin?”
Ella
se encontró levantándose de la cama, temblando. En un parpadeo, él se había
vuelto violento. ¿Por qué? ¿Qué había hecho ella? Él frunció el ceño mientras
sus párpados se cerraban una vez más. “¿Por qué te alejas de mí, mujer? ¿Vas a
regresar con tu amante?” Lo último fue una burla.
Antes
de que pudiera levantarse de la cama y agarrarla, ella se giró y huyó de la
habitación, insegura donde ir. Solamente sabiendo que tenía que dejar este
lugar. Tenía que dejarlo.
~°~°~°~°~
SIWON
FORZÓ sus párpados a abrirse y maldijo mucho después de que KiBum se había ido.
Él nunca se había sentido tan impotente, y el sentimiento lo enfurecía. Él no
quería que ella fuera con ChangMin. Él quería que ella se quedara. Con él.
Quería que le hablara a él.
Había
sido capaz, habría saltado de la cama y forzarla a regresar. Él era el amo
aquí. Pero no podía incluso consolarla o agradecerle apropiadamente por cuidar
de él. En cambio, ChangMin tenía el privilegio, No que el hombre agradeciera a
KiBum por ayudarlo.
“Síguela,
tú maldito.” Él ordenó a KyuHyun, quien estaba parado en la puerta. “Asegúrate
que llegue a su destino sin peligro.”
“Será
mejor que ver que veas a quien ordenas.” El guerrero gruñó antes de salir tras
KiBum.
SiWon
quería culpar a YooChun por este predicamento, pero no podía. Él expidió el
reto, y su primo lo había golpeado bastante. Como un hombre que valoraba el
poder y el control sobre todo lo demás, él respetaba la victoria de YooChun. Y,
en el momento, él entendió la necesidad de su primo por la pálida mujer, su
voluntad de hacer todo para conservarla.
SiWon
habría hecho todo justo entonces por tener a KiBum.
*N.T.
KiBum usaba lengua de señas de sordomudo.
Vaya sorpresa Kim KiBun aigoooo que fuere que hata sido victima de violencia y con tremendas secuelas. Dios que lindo y gentil fue Changmin.Pero quien realmente se lleva las palmas aqui es Siwon vaya cabalidad. Ay de lios para este triangulo apuesto a que ChangMin sedera a KiBum porque es un encamto de niño.
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