Capítulo
15.
SU
PROPIA MUJER quería que permaneciera lejos de ella tanto que había sostenido un
arma contra él, YooChun pensó mientras irrumpía en el comedor. “Mi propia
pareja,” Él gruñó. “Rehusándose a complacerme. Negándose a dejarme
complacerla.”
Tristemente,
él no sabía qué hacer sobre la situación.
Excepto,
tal vez, beberse en el olvido.
Se
detuvo abruptamente cuando vio a ChangMin en la mesa, un diferente tarro en
cada mano. El hombre ya tenía rojos, cristalinos ojos y estaba tambaleándose en
su silla.
ChangMin
era joven, casi cien años de edad. Un bebé, realmente, comparado a los
seiscientos de YooChun. ChangMin era un fuerte guerrero, sin embargo, y rápido
con sus pies. Él no vacilaba en entregar un golpe de muerte a sus enemigos. De
hecho, si un enemigo necesitaba tortura, ChangMin sería voluntario para el
trabajo.
Buen
hombre, ese.
Sin
embargo, ChangMin era impulsivo, guiado por sus emociones. Tal vez él era de
esa manera porque su padre había sido formal, un seguidor de las reglas en extremo.
Nunca desviándose. Como el propio padre de YooChun. Ninguno de ellos quería
terminar como sus mayores. Ambos hombres habían muerto batallando contra
demonios. Demonios que habían clamado ser aliados, solamente para cambiar de
opinión durante una plática de paz y masacrado cada ninfo presente.
Tal
era la manera de los demonios. YooChun, por supuesto, había reunido los
hombres, jóvenes que habían sido, y atacó su campamento el mismo día siguiente.
Mucha sangre había sido derramada durante la subsiguiente batalla. Sangre de
demonio. Había sido su primera victoria—la primera de muchas.
¿Dónde
estaba su victoria ahora? Él podía vencer un arma de demonios, pero no un
pequeño manojo de una mujer. “Mujeres.” ChangMin refunfuñó.
“Mujeres.”
YooChun estaba de acuerdo. Se dejó caer junto al guerrero y tomó uno de los
tarros solamente la mitad del líquido permanecía. Él agotó el contenido de un
trago. Desafortunadamente, no encontró consuelo en el río ardiendo en su
estómago.
“Mi
compañera de cama no me desea.” ChangMin dijo amargamente. “¿Cómo es posible?
Soy un ninfo.”
“Como
yo. Soy el rey. Yo gobierno este lugar. Mi palabra es ley.”
“Tal
vez… tal vez a KiBum solamente le gustan otras mujeres.”
“¡Já!
Su preferencia sexual no importa. A todas las mujeres les gustan los ninfos.
Ellas nos adoran.”
Los
hombros de ChangMin se desplomaron. “No la entiendo. Ella realmente me teme. Me
teme, como si fuera un monstruo que solamente quiere herirla. Nunca he herido a
una mujer. Jamás. Todas las mujeres me adoran. Me desean.” Él suspiró
pesadamente.
“¿Por
qué te estás quejando? Tu mujer no te sostuvo una espada.” YooChun confiscó el
otro tarro y lo agotó. “Además, KiBum no es tu pareja. ¿Por qué no encuentras
otra amante?” Oh, él pudiera tomar su propio consejo. Debería encontrar a otra
desde que JunSu no lo quería.
No,
eso no era verdad. Ella lo desea. Él había visto el deseo en sus ojos, lo
escuchó en su voz, visto en la manera en que sus pezones se moldeaban. Ella
sólo no quería quererlo, y así peleaba con él cada paso del camino.
Su
beso, sin embargo…
Ella
había explotado, vuelto a la vida. Una chispa viviente. Ella no había escondido
su deseo entonces. Ella se había revelado en él. Su cuerpo había ardido por el
suyo, desesperada por él para saciar la necesidad aparentemente imparable.
¿Por
qué no encuentras otra? Derivó de nuevo en su mente. Sus manos se cerraron
alrededor los tarros vacíos, y él los golpeó encima de la mesa. No quería otra
mujer. No podía soportar el pensamiento de tener otra en su cama, realmente.
Sus brazos ansiaban a JunSu. Sus piernas ansiaban a JunSu. Su polla ansiaba a
JunSu. JunSu exudaba una esencia especial y cada parte de él reconocía a otras
mujeres como imitaciones. Impostoras.
JunSu
lo había envuelto en una terrible y maravillosa y odiada y amada… lujuria.
Consumiente Lujuria. ¿Cómo podía ganarle? Ella dijo que ansiaba su hogar y su
trabajo. Bueno, él no podía darle el primero, pero podía darle el segundo.
Anti-tarjetas, ella dijo. Le gustaba escribir, ella dijo. La primera cosa en la
mañana llevaría lienzos y piedras de escritura.
¿Derretiría
eso su resistencia?
Solamente
podía esperar.
Además
de ganar sus afectos, él quería conocer todo sobre ella. Su pasado, su
presente, su futuro. ¿Qué la hizo ser la mujer que era? Mientras él quería
derribar sus defensas al piso, sólo labrar a través de ellos, él sospechaba que
ella necesitaría gentil galanteo. Él suspiró.
“…
no puedo encontrarlas.” ChangMin dijo.
“Lo
siento. Estaba pensando en JunSu. ¿Qué dijiste?”
Frunciendo
el ceño, ChangMin arrancó una miga de la mesa y la arrojó a un lado. “Las
únicas mujeres sin amantes son las tres mujeres de la superficie quienes
llegaron primero. No puedo encontrarlas y créeme, he buscado.”
“Están
aquí alrededor, en algún lugar.” Él frotó su quijada. “Se mostrarán en algún
momento, estoy seguro. Puedes reclamar una y darle tu moza de cabello negro a
otro guerrero.”
“Mujeres.”
ChangMin dijo otra vez. Se levantó, miró hacia las cocinas y regresó con una brazada
de tarros enjoyados. “Mujeres.” YooChun acordó. Él rápidamente agotó uno de los
dos tarros, el contenido no ardía más. “Le he dicho a JunSu cuánto placer puedo
darle, pero ella no escucha.”
“Tal
vez necesite oír unos pocos testimonios de tus antiguas amantes.”
Él
parpadeó. En su presente estado, eso no parecía tan mala idea. Ella podía
asumir que su profesión era nada más que orgullo, pero ella tendría que creer a
las mujeres quienes realmente experimentaron la dicha de su contacto. ¿No lo
haría? Nada más la había convencido.
“No
creo que a KiBum le importarían testimonios.” La voz de ChangMin estaba
arrastrando un poco las palabras. “Creo que ella todavía me temería.” Él Gruñó.
“No las necesitamos.”
“No
las necesitamos.” YooChun repitió, levantando todavía otro tarro. Pero la
declaración le supo tonta en su boca. Su supervivencia dependía de JunSu, así
que sí, la necesitaba.
“Me
estoy volviendo débil como un bebé.” ChangMin admitió. “Anteriormente, me
tropecé y caí en el pasillo como un torpe dragón recién nacido.”
“Los
dioses seguramente nos maldijeron cuando nos ligaron al sexo.”
“Antes
de venir aquí, habría dicho que nos bendijeron. Habría dicho que éramos
obviamente sus favoritos.”
Ninguno
de ellos tenía esa ilusión en el momento.
“Mucho
más tiempo,” ChangMin añadió, “Y ni siquiera auto-complacerme me ayudará.”
“¿Nuestras
mujeres no saben que tenemos necesidades?”
Por
un largo rato, ningún hombre habló. ChangMin finalmente dijo, “No creo que
quiera encontrar mi pareja. Tal vez vagaré por todo Mirotic, sirviendo a cada
mujer que encuentre.”
“El
peligro en eso, mi amigo, es que muchas mujeres se convertirán en tus esclavas.
Y desde que no habrá ningún otro ninfo contigo, tú tendrás que ver sus
necesidades. Todas sus necesidades por ti mismo. Ellas se volverán resentidas
del tiempo que pases con las otras; y si dejan atrás a un enamorado
despreciado, ese enamorado te cazará por venganza.”
ChangMin
lo miró. “Gracias por destruir mis sueños.” Dijo secamente.
“De
nada.”
“La
pareja humana de KangIn no le está dando problemas. ¿Por qué es eso, qué crees?
¿Qué está haciendo que nosotros no?”
YooChun
enlazó sus dedos detrás de su cuello y se echó hacia atrás, echando sus ojos al
techo. Él parpadeó en sorpresa. Dos sirenas tenían sus pechos, manos y caras
presionadas al cristal, mirando hacia abajo a él y ChangMin.
Cuando
se dieron cuenta de que él las había visto, sonrieron lindamente y agitaron la
mano. Él regresó el saludo, pero estaba gruñendo por dentro. Se apretó el
puente de su nariz; un gesto que había captado a JunSu haciendo a veces. Estas
chicas lo querían, le habrían dado la bienvenida ansiosamente si lo pedía (e
incluso si no) ¿Lo haría JunSu?
ChangMin
golpeó su brazo para ganar su atención “¿No tienes una respuesta?”
“He
olvidado tu pregunta.” Él dijo, apartando la mirada de las sirenas. “Lo
siento.”
“Estás
distraído.” Una declaración, no una pregunta.
“Sí.”
“Deseo
saber por qué la pareja humana de KangIn no le da problemas.”
A
YooChun, también, le habría gustado saber la respuesta a eso. Se imaginó la
mujer en cuestión. Era un tímido pajarito. Simple, todavía poseyendo un
deliciosamente relleno cuerpo hecho para las manos de un hombre. Ella no había
puesto pelea alguna. Había simplemente dado una mirada a KangIn y se ofreció a
sí misma a él.
Después
se imaginó a JunSu, quien quería que el mundo pensara de ella como ártica e
intocable. Quien no hablaría de su familia. Cuya belleza lo cegó a todo lo
demás. “Tal vez nuestras mujeres tienen secretos; tristes, dolorosos secretos.
Secretos que les permiten mantenerse alejadas de nosotros y permanecer
indiferentes.”
Él
sabía que JunSu tenía secretos.
Descubrirlos
se estaba convirtiendo en una obsesión. Una necesidad. Como respirar. Como el
sexo. Si ella otra vez se negaba a él, bueno, podría ser reducido a manejarla
con bebida. De una manera u otra, él aprendería la verdad sobre ella.
Ella
le diría cada detalle de su vida. Y en la narración, tal vez encontraría la
llave para suavizarla y ganar su corazón.
ChangMin
tiró una mano a través de su cabello oscuro, y las cuentas sonaron juntas.
“Trataré y adivinaré los secretos de KiBum, y veré si ella me tendrá después.”
Él dijo repitiendo los pensamientos de YooChun. “Este… trabajar para ganar a
una mujer. No es divertido.”
“¡No!”
“He
aprendido que no me gustan los retos.”
“Como
lo he hecho.”
“¡Mujeres!”
ChangMin gruñó.
“¡Mujeres!”
YooChun agregó.
Ellos
chocaron sus tarros y bebieron profundamente.
~°~°~°~°~
JUNSU
YACÍA EN LA CAMA preguntándose dónde YooChun estaba, ¿Qué estaba haciendo? ¿Con
quien lo estaba haciendo? ¿Estaba él con otra mujer?
Había
estado excitado cuando la dejó. Dolorosamente, totalmente excitado. Él
profesaba que no quería mujer excepto a ella, pero los hombres frecuentemente
cambiaban sus opiniones. Especialmente cuando estaban excitados y una mujer les
dijo que no.
Ella
arrugó la sábana de seda en sus manos. Estaba molesta con ella misma. Desde que
YooChun salió furioso, ella no había intentado escapar. No, ella se había
bañado. Ella había pensado en YooChun. Ella se había probado las bonitas togas
en el closet. Ella había pensado en YooChun. Ella se había acostado para una
siesta.
Ella
había querido a YooChun.
Lo
había… extrañado.
Ella
soñó con él cuando cerró sus ojos y lo deseó cuando los abrió. No había escape
del atractivo del hombre.
El
día había pasado. La noche había llegado e ido, y la mañana había una vez más
aparecido. Ninguno le había ofrecido ningún alivio. Hoy ella decidió, iba a ir
a casa. No podía haber más prórroga. No más distracciones. Había llegado tan cerca,
demasiado maldito cerca, para rendirse y despojarse por él. Permitirle a
YooChun tomarla--- en cuerpo y alma. Él era peligroso. Demasiado potente.
“¡Ven!”
JunSu
casi salta de su piel, sobresaltada como estaba por su voz. Lentamente se
sentó, temiendo –anticipando- lo que había visto. Su corazón saltó dentro de su
pecho al momento que lo vio. Él estaba parado en la puerta, sosteniendo la
cortina fuera del camino. Estaba totalmente masculino, puro sexo. Él usaba
pantalones negros y una camisa negra que se ataba en el cuello, y su cabello
estaba completamente en desorden
“¡Ven!”
Él repitió. Nohabía indicio de emoción en su tono. Sus ojos estaban tensos, su
boca adelgazada en… ¿Disgusto? ¿Dolor? Levantó su mano y la señaló con sus
dedos.
“¿Por
qué?” permaneciendo en su lugar, vacilante, ella digitó los finales de su aún
húmedo cabello. “¿Dónde me estás llevando?”
Él
otra vez señaló con sus dedos. “No voy a saltar sobre ti, si eso es lo que
temes.” Cuán distante él estaba, tan diferente a su usual yo.
¿Se
había ya rendido con ella? ¿Ahora planeaba llevarla de regreso a la superficie?
Desilusión la sacudió. ¡Deberías estar emocionada, tú gran tonta!
Ella
tragó saliva, pero se levantó y caminó a él. Ella apretó la mano que él le
ofrecía. Él inmediatamente giró y tiró de ella a través del corredor. “¿Qué
está pasando?” Ella preguntó.
“Debo
practicar con mis hombres. Para asegurarme que no causarás maldades mientras
estoy ocupado, te quedarás en una habitación con otras mujeres.”
“Oh.”
Él no estaba llevándola de regreso, y ella estaba molesta por eso; realmente lo
estaba.
Unos
pocos minutos después llegaron a la habitación en cuestión. Ella no pronunció
una simple protesta, incluso aunque ella no quería pasar tiempo con las mujeres
enfermas de amor, locas por el sexo de la boda de su madre. Bueno, siempre
puedes usar el tiempo lejos de YooChun para escapar. Como enloquecidamente
planeabas.
¡Sí!
Eso es exactamente lo que haría. No más suspirar por YooChun. No más locos
pensamientos sobre quedarse.
Muchos
hombres permanecían haciendo guardia en la entrada. Uno sostenía un bulto de
papel y delgadas, coloridas rocas. YooChun los recogió y se los entregó a ella.
“Creí que quizás disfrutarías escribiendo algo de tus anti-tarjetas.”
Un
momento pasó antes que sus palabras se registraron y la boca de ella se abrió.
Con manos temblorosas, ella apretó el bulto. Cuán… dulce. Él había reunido
esto por ella. Su estómago se tensó con muchas diferentes emociones; emociones
que no quería nombrar. Él no había ido por la ruta fácil y le dio flores y
dulces. No, él había buscado por algo que ella amaba, algo específico para
ella.
“Gracias.”
Ella dijo suavemente.
“Mi
placer.” Él dijo con voz brusca. Él giró a los hombres, diciendo. “Quiero dos guardias…
¡No! cuatro guardias apostados en esta puerta todo el tiempo. Nadie entra o
deja sin mi permiso. ¿Entendido?”
Cada
[uno] de los guerreros asintió.
YooChun
giró de Nuevo a ella. “Debo irme…”
Sus
ojos se encontraron, y ella peleó contra la urgencia de levantarse en las
puntas de sus pies y respirar en su esencia, absorber su fuerza. Bésame, ella
silenciosamente suplicó, odiándose por el deseo pero incapaz de pararlo. Al
final, él no lo hizo. Él sostuvo la cortina y le dio un gentil empuje dentro de
la habitación.
“Hasta
después.” Ella lo escuchó murmurar. Y entonces él se había ido.
Jajaja este YooMin en puntos edrios jajaj lo dicho ChangMin es un encanto de niños perverson y tiernamente cruel. AY Junsu hago esaxtamebte lo que tu en ese lapsus de ausencias Yoochunescas. OK CHUNNIE VAS BIEN YA CAAASIIII YA CASI.
ResponderEliminar