DEJAR A JUNSU DORMIDA en su cama… en la cama de
ellos, YooChun modificó… era la cosa más difícil que él nunca había hecho. Sus
suaves, pálidos mechones contrastaban sobre las sábanas violeta, tan etérea
como un sueño. Sus rasgos estaban relajados, la arenosa longitud de sus
pestañas echaban sombras sobre sus pómulos. Sus labios estaban llenos y rosados
por sus besos.
Ya se había vestido, se había tirado
apresuradamente una camiseta negra y pantalones antes de que hubiera perdido la
resolución de salir. Como líder de este palacio, era su deber ver a sus
invitados. Pero más que eso, quería ver las defensas del palacio y asegurar que
estaban bien fortalecidas, suficiente mente fuertes para resistir el más
violento de los ataques.
Este pacífico respire que los vampiros les habían
dado no duraría mucho tiempo, él lo sabía. Uno estaría de regreso. YooChun
solamente esperaba que fuera más tarde que temprano. Lo más que tendría para
solidificar sus lazos con JunSu, mejor.
No pudo resistir poner un casto beso en la punta
de su nariz… lo cual probó ser un error. Ella murmuró por lo bajo, un gorgoteo
airado de palabras ininteligibles. Una ella pudo haber sido su nombre. Él de
repente estaba duro como roca por ella, tan excitado como si nunca la hubiera
tomado. Vete. Ahora. Antes de que no puedas.
Forzar un pie en frente del otro requirió de toda
su concentración. Pero lo hizo, su rápida zancada ampliando la distancia. Ahora
que JunSu había decidido quedarse, sabía que empezaría a su hogar el suyo propio,
dotándolo con pequeños toques de su personalidad.
Flores llenarían probablemente las habitaciones, y
él tomaría gran placer en procurarlas para ella. Pinturas, piedras de colores,
almohadas de cuentas. Él la llevaría a la ciudad y conseguiría todo lo que ella
quisiera, todo lo que necesitaba. Todas las cosas que las mujeres usaban para
hacer un hogar, bien, un hogar. Nada le faltaría, cada deseo suyo lo
concedería.
Estaba riendo mientras entraba al comedor. Los
vampiros rodeaban la mesa. La mayoría agarraban copas llenas con algún tipo de
sangre, estaba seguro. Muchos ninfos estaban aquí, aunque la mayoría estaban en
sus deberes y si no en deberes, amando a una mujer. No había mujeres presentes.
SeungHyun quien había reclamado la cabeza de la
mesa, lo miró y señaló hacia él.
“¿Actuando como el rey del lugar ya?” YooChun dijo
con una risa. Se dejó caer en el lugar ahora vacío al lado de su amigo.
“Por supuesto.” SeungHyun bebió de su copa. “No
creo haberte visto tan saciado, YooChun.”
“La vida de pareja va de acuerdo conmigo.”
Una Cortina de tristeza revoloteó sobre la
expresión de SeungHyun. “Lo recuerdo bien, vida de pareja.”
SeungHyun había perdido a su pareja hace muchos
años. Ella había sido una humana, descendiente de esos que los dioses habían
desvanecido de la superficie y tirado en la ciudad por castigo. Un astuto grupo
de dragones la había rapto y quemado. No YunHo, pero un contingente de los
hombres de su tutor. No importaba para SeungHyun que YunHo era inocente. El rey
de los vampiros despreciaba a todos los dragones y los quería destruidos.
YooChun record bien la devastación que SeungHyun
había soportado cuando había descubierto los restos carbonizados de su amor. Su
dolor había sido intenso y desgarrador.
“Los dragones han capturado un grupo de ninfas.” YooChun dijo. “Y eso es algo que no puedo
permitir.”
“Sería mi placer recuperarlas por ti.” El rey
vampiro dijo con entusiasmo.
“No. No quiero que tus vampiros vayan detrás de
ellos. Me gustaría mandar a mis hombres, pero si lo hago así, necesitaré
completar por la pérdida aquí.”
“¿Deseas que nos quedemos?”
Él asintió. “Si eres capaz.”
SeungHyun no vaciló. “Nos necesitas, nos quedamos.
No hay nada más que discutir.”
SeungHyun siempre había sido de esa manera. Leal.
Dando de él mismo y su tiempo. Eso era por qué YooChun valoraba su Amistad como
lo hacía. No había muchos hombres dispuestos a ayudar a otra raza que no sea la
suya.
Esos quienes ganaban la ira del rey vampiro, sin
embargo, eran enemigos de por vida. SeungHyun vivía por su sufrimiento. Él
nunca olvidaba un error.
“Gracias, mi amigo.” YooChun lo palmeó en su
espalda. “Si alguna vez me necesitas, aquí estoy.”
La cara de SeungHyun era tan pálida como la de
JunSu, aún una pasada de color teñía sus mejillas. “Eres un querido amigo,
YooChun.”
“Como eres tú.” Él se levantó. “Toma todos los
animales que necesites. Si has necesitado de mujeres, lo cual estoy seguro que harás,
tendrás que conseguirlas de la Ciudad Exterior tú mismo, me temo. Han estado
escondiéndolas de nosotros.”
SeungHyun dio una resonante risa. “Eso significa
que son inteligentes.” YooChun resopló. No ofreció el uso de las mujeres
humanas, y SeungHyun no pidió por el honor. Un ninfo probablemente comparte su
amante con otros ninfos, pero no con otras criaturas. Las mujeres entonces
cargarían la esencia de esa criatura y a ningún hombre le gustaba el olor de
otra criatura en su amante. Bueno, no era enteramente verdad. Él podía recordar
que muchos de sus hombres llegaban a estar excitados por eso.
”Hablaremos otra vez pronto.” Él dijo. “Debo ver
ahora el palacio.”
“Te conozco, YooChun. Tal vez veas el palacio,
pero tu verdadera meta es regresar a tu cama.”
Él rió perversamente. “Sí, me conoces bien.”
~°~°~°~°~
UNA DURA CALLOSA MANO dio una palmada en la boca
de JunSu. Ella despertó instantáneamente, un grito presente en su garganta.
Emergió como nada más que un quieto murmullo. Ella sabía que la mano no
pertenece a YooChun. Olía diferente, no
como erótico, como tormenta a punto de caer. No despertar conciencia
dentro de ella.
¿Vampiro, tal vez? YooChun había mencionado que
los vampiros estaban dentro del palacio. Aterrada, ella osciló su puño y
conectó con algo sólido. Su captor gruñó.
“No te muevas otra vez, mujer. No te
lastimaremos.”
Sin inmutarse, ella mordió y pateó.
“No te lastimaremos.” Esa profunda, acentuada voz
dijo. “Por favor, quédate quieta.”
¿Nosotros? Su mirada corrió a través de la
oscuridad. Qué no daría por un destello de luz justo entonces. ¡Borren eso! Un
arma aturdidora o un cuchillo era lo que necesitaba. Ella enredó sus dedos en
la muñeca del hombre y tiró.
“Si debo, te dejaré inconsciente y a ninguno de
nosotros le gustará cómo hacer eso.”
Ella se aquietó, sabiendo que estar inconsciente
era perder esta batalla completamente. Si pudiera liberarse, podía correr y
gritar y encontrar a YooChun.
“Bien.” El hombre-¿vampiro? Dijo. “Ahora voy a
quitar mi mano. Si atraes a tu amante aquí, lo mataremos sin vacilación ¿Entendido?”
Un asentimiento en afirmación. Dentro, ella
gritaba y gritaba y gritaba. No. ¡No! YooChun era fuerte, pero era además carne
y sangre. Ella no sabía cuántos hombres estaban dentro de la habitación. No
sabía qué armas poseían.
Ella tenía que advertirle sin atraerlo a una
emboscada. ¿Qué podía hacer? Piensa, JunSu, piensa.
Como prometió, el hombre quitó su agarre en su
boca. Ella arrastró un tembloroso suspiro. “¿Quién eres? ¿Qué quieres?”
“Somos dragones, Y vamos a llevarte a casa.”
Dragones. El enemigo. Dios mío. Ellos te violarán
y quemarán, YooChun habían dicho. Ella sacudió la cabeza, mechones de cabello
rozando sus mejillas. “Estoy en casa.”
“Eso es lo que las otras dijeron, pero no nos
conmueve de nuestro propósito.”
“No puedes llevarme. No te dejaré.” Prometí a
YooChun que me quedaría. ¡YooChun! Su mente gritó. Lentamente sus ojos se
ajustaron ala oscuridad. Ella contó cuatro siluetas, cada [una] más alta que la
otra. Armas de todas formas y tamaños estaban atadas a sus cuerpos.
“Podemos hacer lo que queramos.” Uno de ellos dijo
con diversión. “Siéntate. Lentamente.” Ella hizo como le indicaron y la sábana
cayó a su cintura. Frío aire besó su piel desnuda. Jadeando, ella jaló la
sábana hacia arriba. “Estoy desnuda.” Ella no quería decir bruscamente las
palabras en voz alta, pero el darse cuenta la había impresionado. ¡Estúpida,
idiota! ¿Por qué no sólo les pides que te violen?
“Aquí.” Otro de ellos dijo. Estaba a su izquierda.
“Ponte esto.”
Un manojo de material fue empujado sobre su cabeza,
sorprendiéndola. “¿Por qué están haciendo esto?” Ella demandó, rápidamente
jalándolo hacia abajo. Era una toga, suave y fina pero una cubierta al fin y al
cabo.
“Es la voluntad de los dioses.” Fue la respuesta
tranquila. “De pie. Mantén tus brazos a tus costados.”
Ella se deslizo poco a poco de la cama tan
tranquilamente como es posible, esperando que no sintieran su exacta posición.
La puerta estaba a la izquierda, y ella dio un paso, entonces dos. Entonces
arrancó a correr. Fuertes brazos se anclaron alrededor de ella antes de que
alcanzara la cortina, trayéndola a una abrupta detención.
“Maldito.” Ella murmuró, agitando. “Déjame ir.”
“Mujer, te lo advertí.”
Sabiendo que él quería decir dejarla inconsciente,
JunSu incrementó su lucha. Ella arañó con sus uñas, tiró del cabello de su
captor y lo golpeó en el estómago. “¡Voy a rogar a tus dioses para que te
maldigan!”
“Ya lo han hecho.” Un pesado suspiro. “Lamento
hacer eso, pero no me has dado elección.”
Alguien murmuraba una serie de palabras
ininteligibles y una ola de letargo la barrió. Sus párpado se cerraron, tan
pesado que no podía mantenerlos abiertos. El sueño la llamaba, tan seductor
como un ninfo. Ayuda, ella trataba de gritar, sabiendo que al caer dormida iba
a ser alejada de YooChun. Ella necesitaba más tiempo con él.
Duerme… duerme… no. Ella sacudió su cabeza. Gritó.
Abrió su boca, pero ningún sonido emergió. Y todavía el sueño la llamaba,
atrayéndola. Arrullándola.
“Es una luchadora.” Alguien dijo en asombro.
“Nunca he visto nada igual.”
“Ella debía haber caído ya.”
“Duerme, mujer. Mañana, no recordarás nada de
esto.”
La fuerza abandonó sus extremidades lentamente,
rápidamente. No estaba segura. El tiempo dejó de existir. Total oscuridad
arrastraba nudosos dedos dentro de su mente. Pelea… pelea… pe…
Ella no supo nada más.
Nooo noooo Yoochun que haces que no vas donde Junsu??? Quienes eran los bragones?? Yunho?? Oh pobre Seug su amor muerto tan tragicamente. NOOOO JUNSU REACCIONA¡¡¡
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