CAPITULO
7
Changmin vió las marcas de mordidas en el
espejo. Trazó con su dedo una a una las heridas selladas, su pene comenzó a
endurecer al pensar en la manera en que Hayami hundió sus dientes en él. ¿Por
qué le gustaba eso? ¿Estaba enfermo?
Disfrutaba el dolor de esa manera. Changmin
recordó la primera vez que él se había cortado. Sentía como si el dolor se
fuera a través de sus heridas. Aliviaba la presión. Nunca dejó que nadie lo
supiera y nunca dejó que un John se lo hiciera. Esto era demasiado personal,
demasiado íntimo.
Changmin se puso la camisa y se la abotonó. ¿JaeJoong
y Junsu se lo dirían a todo el mundo? ¿Se alejarían de él ahora?
—Hey,
deja de pensar tan duro. —Hayami entró al cuarto y
envolvió sus brazos por detrás de Changmin—. Oí que tuviste visita. —Su pareja se inclinó y besó la parte de
atrás del cuello de Changmin.
—Genial,
ahora todo el mundo va a saber que Changmin es un loco enfermo. —Jaló
el cabello detrás de sus orejas y pasó la punta de sus dedos por el lavabo,
rehusándose a levantar la mirada.
Hayami lo giró, puso sus nudillos bajo el mentón
de Changmin haciendo que su pareja lo viera. —Mírame, Bambie. Déjame aclararte algo en caso de que aún no lo hayas
descubierto. Soy un mordedor, siempre he sido un mordedor y puede ser que siga
siendo un mordedor por siempre. ¿Qué crees que haría con una tímida pareja en la
cama?
Changmin quería objetar, pero apretó los labios
manteniéndose en silencio.
—Mi
pene está tan duro como para clavar clavos solo con pensar en hundir mis
dientes en ti. Necesito una pareja que pueda aceptar el dolor. Tú eres esa
pareja. Nunca te avergüences de lo que compartimos juntos.
—Hayami señaló hacia la puerta del
cuarto de baño—. ¿Crees que esos
Centinelas de abajo, son extremadamente conservadores en la cama? Infiernos,
no. He oído sus historias. Lo que te gusta es moderado comparado con lo de esos
kinkys bastardos.
La mirada de Changmin fue hacia el bulto en los
jeans de Hayami, lamiendo sus labios, miró a su pareja por entre sus largas
pestañas. —Sabes, puedo ayudarte con
eso. —Changmin trató con su más seductora sonrisa.
—Apuesto
a que puedes. —La voz de Hayami era gruesa cuando
respondió.
Tocaron a la puerta. —Joder. Aguanta ese pensamiento. ―Hayami se inclinó sacando la
mitad de su torso por la puerta del baño—.
Adelante —gritó.
—Uh,
Yunho y yo llevaremos a nuestras parejas al centro comercial, y queríamos
invitarte y a Changmin.
Changmin movió sus manos y negó con la cabeza.
—Quizás
en otro momento. Gracias por pensar en nosotros.
—Seguro.
Hasta luego.
—¿Qué
fue eso, Bambie? ¿No quieres conocer a la gente con la que vivimos? —Su
lobo lo subió al mostrador, acunó su cara y se inclinó a besarlo.
—No
estoy listo para enfrentar a esos dos pequeños chicos. Lo haré, solo que no
ahora. —Parecía que cada vez que estaba alrededor de
ellos algo sucedía. Ahora era más feliz disfrutando a su pareja.
—Como
quieras, Bambie.
Changmin envolvió sus brazos alrededor de su
pareja levantándolo del mostrador y dejando que se pusiera de pie. Permaneció
tranquilo mientras Hayami lo desnudaba. Ellos entraron en la ducha. Hayami lavó
su cabello. La piel de Changmin se erizó ante la sensación de las manos de su
pareja recorriendo su largo cabello.
Ellos ni siquiera habían tenido sexo y Changmin
estaba cerca de correrse.
Hayami justo había terminado de secar a Changmin
con la toalla, cuando alguien golpeó fuerte en su puerta y gritó su nombre.
Envolvió su cintura y cruzó el cuarto.
—¿Qué,
Shingdon? —Hayami gritó.
El Centinela se disculpó por la interrupción. —Yunho ha llamado a todos los centinelas al
área de comida del centro comercial, Junsu se ha perdido.
—Voy
en camino. —Hayami y Changmin se pusieron sus
ropas y bajaron las escaleras, casi cada camioneta estaba saliendo. El camino
de grava estaba lleno. Eso era una triste vista.
Ellos llegaron al centro comercial media hora
después, rompiendo algunas leyes de tránsito para llegar tan rápido como pudieran.
Hayami encontró a Yoochun y Yunho parados a un lado viendo hacia la multitud. Yoochun
parecía que estaba por matar a cada persona que estaba ahí. Podía decir que el
comandante estaba luchando por evitar cambiar.
—Lo
encontraremos. No pierdas la esperanza. Él es inteligente, Yoochun. —Hayami
le pidió a Changmin que se quedara con JaeJoong mientras ellos recorrían el
centro comercial y el área alrededor. Ellos no encontraron nada.
Oyó a Yunho gritar: —Vámonos. —Todos los guerreros se dirigieron a la entrada.
Ellos llegaron al frente de una casa que Heechul
le dijo que pertenecía al hermano de Junsu, quien era el que lo había
secuestrado. Esta mierda parecía ser cada vez peor. Ellos entraron al lugar y
lo encontraron vacío. Después de revisarlo, no encontraron pistas. Eso estaba
mal, considerando que los lobos eran los mejores rastreadores, pero no puedes
rastrear cuando no dejaron nada qué encontrar.
El comandante estaba literalmente arrancando la
cabeza de todos. ¿Qué podían hacer sus hombres? Todos ellos estaban asustados
mientras Yoochun desgarraba la casa buscando a su lindo bebé. El teléfono celular
de Yoochun timbró.
Hayami vió al Comandante caer de rodillas y
gritar.
Changmin los acompañó mientras catorce lobos
furiosos entraban al hospital en una depredadora marcha. Changmin y JaeJoong
estaban en el centro. Nadie alejaba la vista de ellos. Los centinelas estaban cerrados
a modos de protección debido a la preocupación por las parejas.
Yunho fue quien habló con la enfermera para
saber en dónde se encontraba Junsu. Changmin podía decía que Yoochun estaba
hecho un lio. El feroz guerrero caminaba como un zombi. La enfermera señaló los
elevadores. Ellos tomaron los tres y subieron. JaeJoong lo sorprendió tomando
su mano y apretándosela.
De nuevo fue Yunho quien habló. Cuando la
enfermera preguntó si todos eran familia de Junsu, Yunho le informó que todos
ellos lo eran. Eso hizo que Changmin realmente se sintiera que pertenecía a esa
mezcolanza de hombres. Una cálida sensación lo recorrió.
Yoochun fue guiado al fondo mientras todo el
mundo tomó asiento. Hayami jaló a Changmin en su regazo, acunándolo y
meciéndolo. Changmin sabía que Hayami se sentía aliviado de que estuviera bien
y con él. No podía ni imaginar por lo que Yoochun estaba pasando.
Changmin estaba sentado con JaeJoong en el
estudio tratando de imaginar cómo jugar ese maldito juego. Frustrado lanzó el
control al suelo. —Oficialmente apesto
para esto.
—Solo
te falta práctica. Al menos no lo lanzaste al televisor como lo hizo Yunho
cuando se enojó. —JaeJoong se reía.
—Créeme,
pasó por mi mente. Necesito una gruesa y grasosa hamburguesa. ¿Hay un lugar en
la ciudad? —Hombre, él también podría agregar
unas papas fritas. El pensar en eso le hizo agua la boca. También sería bueno
una malteada.
—Si,
veré quién nos puede llevar.
JaeJoong regresó frustrado, diciéndole a Changmin
que la mayoría de los Centinelas estaban afuera patrullando o en el hospital y
los que estaban ahí, bueno, bastardos perezosos.
—¿Hey,
Changmin? ¿Estás en contra de robar un auto? —JaeJoong
revisó alrededor de ellos para asegurarse de que nadie lo escuchara. Eso hizo
que Changmin hiciera lo mismo.
Changmin levantó la cabeza. —Uh, ¿sí? ¿Por qué?
—Porque
estaba pensando en ‘tomar prestado’ el carro de uno de estos flojos. —JaeJoong
se puso de pie, viendo hacia la esquina del pasillo.
—Realmente
no es una urgencia, amigo. —¿Ese pequeño chico
estaba tratando de mandarlo a la cárcel? O peor, enfrentarlo a la ira de un
lobo.
—Bueno,
amigo, a mí sí me urge. Nos vamos. —Tomó un juego de
llaves del tazón de vidrio mientras se dirigía a la puerta del frente. No tenía
ni idea a qué vehículo pertenecía las llaves. JaeJoong presionó el botón para
quitarle la alarma y la camioneta al final de la línea encendió las luces.
—Uh,
Yunho, Creo que necesitamos mudarnos. —Oguri entró en la
oficina del Alfa, confundido.
—¿Por
qué haríamos eso, Oguri?
—Porque
alguien se robó mi camioneta.
—Hey,
Changmin, ¿Qué hace ese tipo? —Ellos se
encontraban frente a la ventanilla para pedir su orden. Las papas fritas se
estaban cocinando. JaeJoong vio cómo un chico de apariencia jamaiquina con un
sombrero rastafariano(1) salía de una Hummer(2) y entraba al restaurante.
Dos muy musculosas mujeres lo siguieron.
Entraron por un momento y luego salieron. Recorrieron la calle como si
estuvieran perdidos. Luego JaeJoong vio cómo los tres cruzaban la calle hacia
ellos y pasaron por la ventanilla del conductor, ellas entraron al sitio de
comidas rapidas donde se encontraban y el tipo se quedó afuera.
—No
sé, pero el tipo parece que te está mirando. -
Changmin vió con cautela al tipo que parecía estar jugando con su MP3,
levantando la mirada hacia JaeJoong cada pocos segundos.
—Solo
relájate y no hagas contacto visual. —Changmin se
recargó, deseando que la maldita comida les fuera entregada. Sentía que conocía
al tipo, pero no quería preocupar a JaeJoong.
—¿Por
qué él me está mirando? —JaeJoong murmuró. Ambos tenían
las ventanillas abajo.
Las dos mujeres salieron. —No sucede nada ahí adentro —Una de ellas le dijo al jamaiquino.
Ellos vieron al trio cruzar la calle, el tipo subió a la Hummer y ellas
caminaron en la calle pavoneándose y saludando a los carros que pasaban.
—Uh,
Changmin, ¿Son prostitutas?
—Eso
creo, JaeJoong. No sabía que en tu tranquilo pueblo hubiera. —Changmin
se tensó en su asiento, extremadamente incómodo. Esa situación le trajo muchos
malos recuerdos.
Sabía que JaeJoong no sabía nada de su pasado,
pero aún así se sentía avergonzado con el pequeño chico. Sentía como si tuviera
un gran letrero de neón en la cabeza señalándolo como puta.
El Jamaiquino encendió la Hummer y se dirigió
hacia donde estaban ellos, estacionándose a la derecha de su camioneta, salió.
Se apoyó contra la parte de atrás de su vehículo mirando una vez más a JaeJoong.
«Mierda...» Ellos tenían que irse de ahí.
Justo cuando el hombre se enderezó para dirigirse a ellos, una camioneta
Navigator negra se colocó frente a ellos. Las puertas se abrieron y dos muy
enojados hombres salieron. «Oh, joder». JaeJoong estaba cerca de lograr
que los mataran.
Hayami y Yunho se acercaron a sus ventanas.
—Sal
—el
Alfa le ordenó a Changmin.
Changmin salió y Yunho tomó su lugar. Viendo
hacia la Hummer, el tipo no estaba por ningún lado. Changmin subió en el
asiento del pasajero de la Navigator mientras Hayami subía en el asiento del
conductor.
No hablaron en el trayecto a la casa.
Bueno, maldición. Ni siquiera consiguió su
hamburguesa y sus papas. Hayami en silencio lo guió arriba de las escaleras.
—Quítate
la ropa. —Hayami le ordenó—. Toda.
—Hombre
—Changmin
murmuró bajo su respiración mientras hacía lo que se le dijo. JaeJoong le debía
un gran momento por esto. Hayami parecía que podría masticar clavos. Para nada
era bueno. Él prefería a un lobo caliente que a un lobo enojado en cualquier
día, pero parecía que iba a tener a ambos ahora.
—Acuéstate
sobre tu espalda y levanta las manos arriba de tu cabeza. —Mientras
Changmin hacía exactamente eso, Hayami fue al armario y regresó con dos
cinturones. «¡Oh, mierda!» ¿Él iba a ser golpeado?
Hayami aseguró sus muñecas en la cabecera de la
cama entonces las jaló para asegurarse que estaban tensas. —¿Te duele?
—Sí.
—Bien.
Hayami se inclinó y levantó una de las piernas
de Changmin extendiendo sus caninos. El pene de Changmin golpeó su bajo abdomen
cobrando vida. Hayami rozó su pantorrilla, recorriéndola con sus dientes del
tobillo a la rodilla, causando que la piel se volviera de gallina y el pene se
levantara.
—Muérdeme,
por favor. —Changmin gimió con una voz que
invitaba al sexo.
—Si
mi pareja quiere ser un delincuente, tendrá que aceptar su castigo. No
mordidas. —Hayami lo mordía pero no rompía la
piel. Changmin se estaba volviendo loco, quería que su pareja hundiera sus
dientes. «¿No mordidas?»
—Entonces
quiero un abogado. Me declaro no culpable. Ahora muérdeme, ¡maldición!
Hayami sólo se reía, siguió su no agresivo
asalto. Changmin trataba de empujarse con las piernas al interior de la boca de
Hayami y forzarlo a romper la piel, pero Hayami no lo permitía.
—Compórtate.
—¿Dónde
está la diversión en esto? Por favor, pareja, muérdeme.
—No.
—Entonces
desátame. Yo puedo encargarme de esto.
—No.
Changmin comenzó a luchar, jalando sus brazos,
tratando de soltarse de los cinturones, pero Hayami los había asegurado
firmemente. No se movían. Hayami palmeó duro su muslo y Changmin gimió. Un
sonido de necesidad.
—Dije
que te comportes. —Hayami cruzó sus brazos sobre su
pecho—. ¿Entiendes lo que hiciste hoy?
Tú y la pareja del Alfa estuvieron en riesgo no solo de ser secuestrados sino
de cualquier otra potencial amenaza.
—No.
—La
voz de Changmin era de total inocencia.
—Ah,
mi pareja agrega otro cargo. Mentir. —Hayami tomó de la
mesita de noche una delgada pieza trenzada y comenzó a atar precisos nudos
alrededor del pene y las bolas de Changmin—. Ahora, no te vas a correr hasta que te lo permita.
Hayami mordió duro en la parte interna del muslo
de Changmin, Changmin gritó. Podía sentir sus bolas tensarse y su pene pulsar, Hayami
levantó la cabeza y mordió la parte interna del otro muslo.
—Por
favor, oh, por favor. Déjame correrme. Te prometo que haré lo que quieras. —Changmin
sabía que podía darle la luna a Hayami si él desgarraba el maldito cordón de su
pene. El dolor lo estaba llevando a nuevas alturas, pero él no podía liberarse.
Tenía que recordar robar otro auto.
Hayami selló la herida y besó su camino hacia la
grieta del culo de Changmin, entonces empujó las piernas y mordió las nalgas. Changmin
seguía rogando.
Changmin vió cómo Hayami se desnudaba y tomaba
dos cinturones más. Ató los tobillos de Changmin, asegurándolos en la cabecera
también. Changmin se sentía como un contorsionista.
Vio cómo Hayami tomaba algo rosado del cajón
junto con la botella de lubricante. Inclinó el cuello para ver, pero con sus
piernas arriba de su cabeza era imposible. Hayami subió a la cama situándose a
la altura de su hombro.
Hayami empujó algo duro en el culo de Changmin,
mientras hundía sus dientes en el hombro de Changmin. Hayami movía el objeto
duro, dentro y fuera de su culo mientras chupaba la rota piel. Changmin gritaba
jalando las ataduras con la fuerza de su lujuria, dolor y placer recorrían su
cuerpo fuertemente amarrado.
—¿Quieres
correrte? —Hayami dejó la carne con la que se
había dado un festín.
—Por
favor —Changmin rogó en un ahogado murmullo.
Hayami sacó el objeto de su culo, lanzándolo a
un lado. Changmin logró ver el dildo. Hayami se subió a los pies de la cama y
hundió su pene, colocando sus manos en la parte trasera de los muslos de Changmin.
Hayami se empujó dentro de él con toda su fuerza. Solo cuando Changmin pensó
que perdería la cabeza con toda esa lujuria que lo consumía, Hayami desanudó su
eje. —Córrete.
Changmin hizo erupción con fuertes gritos, sus
caderas se movían empujándose hacia el pene de Hayami.
Changmin estaba aturdido. Se estremecía mientras
lo último de su semen era disparado en su interior. Hayami retiró los amarres.
Su lobo cayó a su lado exhausto. Changmin estaba demasiado adolorido como para
moverse.
(1) Gorra o sombrero rastafariano (Miembro de una secta religiosa negra originaria de Jamaica que proclama el regreso de los negros a África, y que aspira a la libertad e igualdad de la gente negra.
(2) Hummer Vehículo ya descontinuado de la General Motor con características militares..
Castigaron a Changmin!! Con lo que le gusta el dolor se me hace que de hoy en adelante sera un niño malo XD
ResponderEliminarPobre Changmin Pago el justo por el pecador jajaj Mira Hayami que tu estrategia correctivo encausa delincuentes no es del todo efectiva jajaj.
ResponderEliminarPobre Changmin Pago el justo por el pecador jajaj Mira Hayami que tu estrategia correctivo encausa delincuentes no es del todo efectiva jajaj.
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