First Tied
Advertencia: Uso de palabras altisonantes, muerte de pjExtensión: 2945 palabras
-¡NO! ¡Ya... No... Ya! ¡Appa!- decía con ojos llorosos mientras su pequeño cuerpo era lastimado por aquellas manos que en forma de puños se estrellaban en contra de él.
A su corta edad, no podía saber qué era lo que había hecho mal para que ese hombre que le dio la vida le tratara de esa manera. El pequeñito de apenas cinco años se encogió sobre sí mismo, sintiendo su cuerpo arder y que sus pulmones pesaban, casi no podía respirar.
- ¡Maldito hijo de puta! Contigo, voy a desquitar lo que esa perra me hizo... voy a matarte con mis propias manos.- Gritaba aquel hombre con rencor y mientras tanto, bebía de una gran botella de licor barato, antes de llevarse aquel cigarro mal hecho de mariguana a sus resecos labios.
- ¡Appa!- sollozaba, llevando sus manitas a sus ojitos, pero el hombre no demostró compasión alguna. Dándole una patada que envió al niño debajo de la cama.
- ¡Y si te vuelvo a encontrar en casa de alguna de las viejas chismosas de las vecinas, vas a ver lo que te voy a hacer, ChangMin!- gritó como loco bebiendo el último sorbo de su botella y aventándola vacía al piso, haciéndola añicos.
Buscó en sus bolsillos, pero no encontró si quiera un solo won, por lo que "ganar" dinero en ese momento era esencial para abastecerse de nuevo de esa bebida embrutecedora. El pequeño seguía llorando en silencio, cuando el hombre salió de aquel derruido cuarto que llamaba hogar.
- Umma...- llamaba quedito a la mujer que le abandonó sin remordimiento alguno, en manos de aquel monstruo.- Umma...- le seguía llamando una y otra vez, ignorando que ella no regresaría más.
Poco a poco el dolor se fue haciendo más fuerte, su pequeño cuerpo no lo resistiría demasiado, su mente se bloqueó, dejándolo caer en la inconsciencia.
~°~°~°~°~
El hombre se tambalea mientras intenta seguir caminando, ignorante de aquellos dos pares de ojos que le vigilan desde una distancia considerable.
- ¿Estás seguro, JaeJoong?- la voz profunda de uno de esos seres, sacó de su concentración al más bajo. Su mirada negra había estado centrada en aquel hombre demasiado tiempo y su pareja lo conocía, sabía que había elegido su presa para aquella noche, y eso le alegraba.
El hombre alto de cabellos castaños sonrío, le daba esperanzas. Hacia demasiado tiempo que su pareja no elegía una presa con tanta facilidad, JaeJoong cada día se debilitaba más y más, parecía haber perdido interés en su vida inmortal, en los cambios de los siglos, en la cacería de sus presas humanas. YunHo temía que pronto se retirara a enterrarse en un lugar lejos de él, que no pudiera ni siquiera saber en donde descansará su cuerpo debilitado para poder cuidarle.
El de cabellos rubios largos sonrío y le miró con esa misma expresión de frialdad, que conjuntado con su pálida piel casi traslúcida le daba la apariencia de una muñeca de porcelana. Apariencia que a YunHo le había había llamado la atención hace un par de siglos atrás, cuando le conoció en un estanque a las afueras del pueblo donde el menor vivía. Sin saberlo, JaeJoong se había convertido en el propio motivo del mayor para evitar enterrarse o aislarse del mundo.
- Sí, a él... lo quiero.- dijo sin extenderse mucho.
El pelirrubio salió de su escondite, llegando con rapidez y habilidad hacia el individuo que esperaba parado en un callejón. JaeJoong no sabía porqué le había elegido. Tal vez que fuese un ladronzuelo de esos de los que hay tantos en las calles de Seúl, tal vez porque es drogadicto y alcohólico... no lo sabe.
Se acerca sigilosamente, colocándose tras él, pero algo lo detiene... un olor específicamente... un aroma que JaeJoong había sentido antes y pensaba nunca tener que volver a enfrentar.
En ese momento de titubeo, el ladronzuelo se gira y le apunta con una navaja, amenazándole, diciéndole entre balbuceos que le entregara todo lo que tenía. Sin perder su misma expresión hermética, JaeJoong sacó una billetera de entre sus ropas y se la entregó sin resistencia, ganándose la sorpresa de su pareja, que a varios metros de distancia observaba todo, por si tenía que intervenir.
Sin embargo, JaeJoong le dejó irse, sin ninguna objeción.
- ¿Qué ocurre?- sintió a YunHo murmurar al aire, que claramente llegó a sus finos oídos. El pelirrubio sonrío y negó con la cabeza.
- Sólo quiero jugar... hace rato que no lo hacemos.- responde mientras camina siguiendo la misma dirección del ladrón.
*****
Aquellos barrios bajos le trajeron a JaeJoong el recuerdo de una vez hace varios años atrás... durante una de las tantas guerras que habían golpeado aquel pequeño país ahora dividido. Pobredumbre, enfermedad, muerte... tantos olores mezclados, tantos recuerdos aflorando... tal vez fue ahí cuando empezó a decaer, cuando sus ganas de "vivir" se fueron por el desagüe... después de aquella noche hacía más de 50 años.
Algo que creyó pasado, pero no era así.
El hombre entró a un callejón, cayéndose, tal vez por lo drogado, tal vez por lo ebrio, lo ignoraba, pero JaeJoong fue tras él, entre llantas desgastadas, restos de animales muertos, tal vez eso fue en algún momento un televisor. El rubio sólo levantó una ceja ante un gato
que en un basurero se erizó ante su presencia.
Y como siempre, YunHo cuidaba de él a una distancia prudente.
Ninguno de los "vecinos" se halla por ahí a esa hora, con su agilidad bien podría pasar desapercibido, pero esta vez iba caminando lentamente, siguiendo aquella piltrafa humana que se detuvo únicamente a conseguir su licor barato que era más bien alcohol etílico puro de los que cuecen las entrañas lentamente. Tampoco es que JaeJoong tuviera la necesidad de hacerse pasar desapercibido, a pesar de la buena calidad de sus ropas y su figura estilizada, que bien podía pasar por un abogado o un banquero prominente, en este momento le importaba poco si un par de drogadictos se le pusieran en el camino... aunque en realidad, los únicos que andaban por ahí eran él, YunHo y su presa.
Cuando llegaron al cuartucho que JaeJoong supo era el resguardo de aquel hombre, algo se instaló en su pecho... ¿un presentimiento? Tal vez. O solamente el mero placer de la caza como hace tiempo no lo hacía.
El hombre entró y aporreó la puerta, como si quisiera avisarle a alguien que estaba ahí. JaeJoong espero a que llevara poco más de la mitad de su botella. El tipo no era mal parecido, simplemente uno más del montón con una pésima actitud ante las dificultades de la vida. En pocas palabras, un perdedor.
JaeJoong abrió la puerta, mirando el interior con asco. ¿Cómo un ser humano podría vivir en una pocilga como esa? Prefería no conocer la respuesta. El rubio entró rápidamente, y tomó al tipo desprevenido por la espalda, enganchando una de sus manos en su cuello, mientras este por el pánico dejaba caer la botella con su licor.
- ¿Q-qué quieres? Si es tu dinero... toma, toma.- sacó la billetera que JaeJoong le había entregado antes y la arrojó hacia atrás, el rubio solamente la esquivó.
JaeJoong sonrío y negó con un movimiento de cabeza. Lo arrojó a una esquina, pero el tipo, ebrio como estaba, no podía volver a levantarse. El vampiro se acercó lentamente.
- Creí que podría divertirme contigo, incluso dejarte vivir si me hacías un poco de resistencia, pero no vales la pena, ni siquiera el esfuerzo por seguirte.- le dice mientras le levanta del cuello, casi rompiéndoselo con la fuerza de sus dedos.- al menos tu vida servirá para pagarme el desperdicio de tiempo.
Lo acercó a él, dejando salir sus colmillos mientras abría la boca y mordió directamente en la yugular. Saboreando el chorro de sangre que brotó y llenó su boca rápidamente, deglutiéndola mientras el hombre intentaba escapar vanamente del agarre de acero de aquel ser que lentamente iba arrancándole la vida con cada sorbo de sangre.
Pronto dejó de luchar y se entregó al sueño eterno, JaeJoong dejó de beber cuando el corazón del hombre estaba a nada de dejar de salir, únicamente alertado por YunHo que como siempre estaba pendiente de él.
Un mareo se apoderó del pelinegro, consecuencia del licor que estaba en la sangre que acaba de consumir, sin embargo desapareció rápidamente, cuando el alcohol se evaporó por los poros de su traslúcida piel.
- No fue como querías.- le dijo YunHo mirándole desde la puerta.
JaeJoong negó con un movimiento de cabeza, mientras YunHo se acerca a él y limpia los rastros de sangre de la comisura de sus labios, con un pañuelo.
- Vamos a casa.- pidió JaeJoong con una sonrisa apagada. Y el más alto asintió, rodeando su cintura con sus brazos, pegándolo a su cuerpo.
Estaban por dejar el lugar, cuando ese aroma llegó de nuevo a JaeJoong... un aroma que él nunca olvidará jamás. A sangre fresca, sangre joven.
Se separó de YunHo con fuerza, empujándolo lejos de él mientras su mirada recorría el pequeño y desbaratado lugar, preguntándose de dónde provenía.
- JaeJoong ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?- YunHo le pregunta una y otra vez con preocupación.
El rubio mira fijamente hacia aquella vieja cama, lentamente se va acercando, hasta llegar a ella y voltearla de un movimiento, encontrando un pequeño cuerpecito hecho bolita sobre si mismo. Algo dentro de él que creyó muerto, dolió mientras se hincaba junto a esa pequeña figura.
- JaeJoong...- YunHo le llamó suavemente, viéndolo llegar al pequeño niño de cabellos negros y tomarlo en sus brazos, sin saber qué pensar. Por supuesto, la mente de JaeJoong es un dilema para él.
- Ni siquiera en los últimos instantes de su vida pensó en ti... ¿Qué clase de ser era ese?- murmura al pequeño que yace como un muñeco de trapo en sus brazos, su temperatura más cálida que la de cualquier mortal, más desprotegido que cualquier otro ser que hubiese visto antes, excepto por aquella niña...
Aquella niña a la que habían degollado prácticamente frente a él y no hizo nada para remediarlo. Pensó que nunca le afectaría, pero estaba tan equivocado, en sus días y en sus noches, no podía, no pudo olvidar la mirada de aquella pequeña que se desangraba lenta y dolorosamente a sus pies... y el aroma a sangre joven le ha perseguido por décadas.
- JaeJoong.... ¿Qué haces?- le grita YunHo al ver a su compañero rasgar su dedo índice con la punta de uno de sus filosos caninos.
El pelinegro lleva su dedo bañado en sangre a los labios del pequeño, dejando que lentamente se deslice el líquido en el interior de su boquita. Su sangre es como un bálsamo para el niño, que lentamente va recobrando su temperatura normal, mientras bebe de aquel líquido que además cura sus heridas y le va sumiendo en aturdimiento.
"¿Cómo te llamas?" JaeJoong le habla directamente a la mente del niño, que confundida le responde.
"ChangMin."
"ChangMin-ah... todo fue una pesadilla... una horrible pesadilla, pero ahora... de ahora en adelante estarás bien. Estás aquí conmigo y con Appa." Le dice suavemente, besando la frente del pequeño que se esconde en su pecho.
"Umma... veniste por mí." El pensamiento del pequeño le recuerda aquel ruego de la niña hace tantos años atrás, que lloraba por una madre que nunca iba a regresar.
"Si, bebé." Responde. "Ahora vamos a casa. No te preocupes." Va caminando lentamente hacia la puerta del lugar.
- JaeJoong ¿Adónde vas?- pregunta YunHo con el ceño fruncido.
- A casa... nuestro hijo tiene que descansar.- responde tranquilamente saliendo del lugar, llevando al pequeño aun en brazos.
- ¿QUÉ?- el moreno salió tras él, pero JaeJoong solamente llevó su dedo ahora curado, hacia sus labios pidiéndole silencio.
*****
- No, JaeJoong... eso es imposible...- YunHo se paseaba por la amplia sala de aquella casa de principios de siglo, ahora llena con todas las comodidades que la vida moderna ofrecía, aunque en general sólo hacían aparentar.
YunHo ha tenido solvencia económica siempre, JaeJoong jamás ha sabido de dónde saca aquel dinero, nunca le ha importado... hoy ha decidido que no le importaría perder todo eso, si es que YunHo no le ayuda en lo que le ha pedido.
- Tú no estuviste ahí... tú no la viste morir.- le dijo mirándole con ojos humedecidos. Una lágrima sanguinolienta ahora se desliza por su mejilla dejando un rastro rojo en la pálida mejilla.
- Pero crecer a un mortal... como nuestro hijo...
- ¡No voy a dejarlo morir ahí! ¡NO de nuevo! No otra vez...- baja la cabeza el pelinegro, mientras más lágrimas de sangre recorren su hermoso rostro.
- JaeJoong.- el moreno se acerca él, rodeando su cintura con uno de sus brazos y pegándolo a él, para luego limpiar las lágrimas de sus ojos, lamiendo lentamente sus mejillas.- ¿Tanto lo quieres?
- Por favor, YunHo... jamás te he pedido nada...- le ruega suavemente.
- Habrá que protegerlo de otros clanes que intenten matarlo.- argumentó YunHo.
- Yo lo haré con mi propia vida.- respondió JaeJoong.
- Sólo tú podrás convertirle...
- Lo haré únicamente si él me lo pide, o si su vida está en peligro de muerte... nunca antes o después... lo juro.
Ante estas últimas palabras, YunHo se levantó y llamó en voz alta.
- YooChun, JunSu, sé que han escuchado todo.
Los dos mencionados chicos que estaban tras la puerta del salón principal, salieron, bastante avergonzados de su escondite.
- Te dije que sabría, Su...- el pelinegro le dijo al mas bajo de los dos, un pelirrojo que hizo un puchero y le daba un codazo para que mantuviera silencio, pero ahora ya sabían de quién había sido la idea de escuchar sin consentimiento.
YunHo sonrió. A pesar de todo, le divertía aquella generación de la familia Park. Eran dos
jóvenes, YooChun era la quinta generación de Park que estaba a cargo del cuidado de los Jung desde que la "maldición" cayó sobre la noble familia hace ya cuatro siglos atrás. YooChun había tomado como compañero de vida a JunSu, un joven de cabellos pelirrojos y de caracter tierno e infantil que había llegado a llenar la casa con su alegría, aunque eso no hubiera ayudado mucho a que el humor de JaeJoong mejorara.
- Usted dirá, Maestro.- dijo YooChun respetuosamente.
YunHo había aprendido a querer a este par, a pesar de que sabe que tarde o temprano los
perderá.
- ¿Entonces se quedará?- preguntó entusiasmado el más joven, evitando así que Yunho responda a la pregunta que YooChun acaba de hacer.
- JunSu, deja que el maestro hable...
YunHo le hizo una señal a YooChun y asintió a JunSu.
- Se queda...- JunSu dio un brinco mientras celebraba, al fín tenía con quien jugar.- YooChun arregla todo para que él sea reconocido como mi hijo y de JaeJoong.- le pidió.
- Un heredero Jung... no habíamos tenido un niño en la familia Jung desde... usted, Maestro.- dijo YooChun recordando lo que su padre y abuelo le habían platicado del origen del linaje Jung.
- Lo sé. Mañana por la mañana te encargarás de eso.- ordenó ante la sonrisa de Jae, esa sonrisa que hace muchos años él no había visto en sus hermosos labios.
- Gomawo.- murmuró el pelinegro, levantándose a abrazar a su pareja, quien no dudó en
rodearlo con sus brazos.
- Sin embargo... aun hay algo que...
YunHo frunció el ceño. Pensaba en los demás clanes de vampiros y hombres lobos. Si ellos se llegaran a enterar que tenía un protegido mortal, lo perseguirían hasta darle muerte.
- ¿YunHo?- El pelinegro le llamó cuando se separó de él, ignorando qué era a lo que se refería su pareja.
El vampiro se dirigió a la habitación donde se encontraba el pequeño, los otros tres siguiendo sus pasos. Una vez sentado a su lado en la cama, YunHo acarició suavemente los cabellos negros del pequeñito que dormía tranquilamente, como si supiera que en esa casa sería amado y protegido.
- YooChun... tráeme la daga de mi familia.- pidió con voz baja, sin embargo, no pudo evitar que su voz removiera al niño de sus sueños.
-¿YunHo?- pregunta con preocupación JaeJoong cuando el joven mortal va en busca de lo que su maestro ha pedido.
- Le has dado de tu sangre ya, JaeJoong... falto yo.- respondió el moreno con una sonrisa, mientras YooChun regresaba rápidamente a la habitación y le entregaba lo pedido.
- Sanguinem meum sanguinem...- YunHo empezó a decir suavemente mientras sacaba la daga de su funda.- animam meam ad vitam...- su voz susurrante se escuchaba en la habitación mientras con la punta de hoja filosa, abría un canal en la palma de la mano del más pequeño, causándole un lloriqueo.
- Yunho, no.- JaeJoong intentó detenerlo, pero luego vio lo YunHo hizo, deteniéndose al verlo mordiendo uno de sus dedos hasta sangrarlo y llevarlo a la herida del niño, mezclando su sangre con la del pequeño.
- Vos protegant.- terminó aquella oración.
- El niño ahora... es un Jung.- murmuró YooChun al ver que la herida en la pequeña mano se cerraba sin dejar cicatriz alguna y se levantaba pidiendo a su Umma.
- Aquí estoy, ChangMinnie... aquí.- murmura JaeJoong abrazándole y acunándolo en sus brazos, deseando poder transmitirle algo de calor y ternura.
El pequeño siguió durmiendo entre aquellos brazos protectores.
- Le he dado de mi sangre, para protegerlo. Será más fuerte y más rápido que los demás mortales, pero sólo tú podrás transformarlo, JaeJoong... porque tu lo regresaste a la vida.- le dice acariciando la mejilla del pelinegro.- tú eres su madre.
JaeJoong asiente y deja al pequeño niño sobre la cama nuevamente.
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N.A. "Sanguinem meum sanguinem, animam meam ad vitam, vos protegant" del latín... Trad. "De mi sangre a tu sangre, de mi vida a tu vida... te protegeré."


Wow, lo cambiaste de sitio. Pero es genial, me preocupe cuando no lo vi en la otra, pero fascinada con esta trama, la he leído varias veces y siempre me atrapa
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