Capítulo
16.
“NUNCA,
EN TODA MI VIDA, he sido complacida como lo fui la noche pasada.”
“Yo
tampoco.”
“Dios,
yo tampoco.”
JunSu
miró alrededor de la habitación. Había un sofá, mil cojines de seda, libros que
lucían como si fueran hechos de lienzos más que de papel, agujas e hilos. Un
cuarto de entretenimiento, ella pensó. Grandioso. Las mujeres estaban en todos
lados, un mar de agitación y risas. Ella nunca había visto un mejor ejemplo de
un harén.
La
mirada de JunSu se desvió a la puerta cubierta con cortina, y mordió su labio.
Ahora es el momento. “Damas,” ella dijo tranquilamente. Aplaudió con sus manos
hasta que había ganado la atención de cada una. “Es hora de pensar sobre salir
de aquí. Hay suficientes de nosotras para sobre pasar a los guardias. Podemos
buscar un camino a casa.”
Algunas
rieron. “¿Por qué en el mundo quisiéramos hacer eso?”
“No
me voy a ir.” Alguien más dijo.
“Me
voy a quedar.”
“Si
intentas huir, gritaré por YooChun.”
JunSu
apretó sus dientes en frustración y en irritación. “¿Por qué se quieren
quedar?” Ella dijo las palabras para misma, también. “No significan nada para
estos tipos.”
Por
sobre una hora, las damas alabaron el éxtasis sexual que ellos les habían dado.
Por sobre una hora, ella contó con discursos sobre el hogar y respeto. Muchas
mujeres finalmente se cansaron de escucharla y llamaron a los guardias. Mucho
para su disgusto, YooChun fue convocado.
No
le tomó mucho al rey para responder. Él entró a la habitación sin preámbulo.
Estaba sudado y sucio. No dijo nada, sólo la tomó de repente, enredándola en
sus brazos, y procedió a besar el aliento fuera de ella.
El
besó duró solamente unos pocos momentos, justo suficiente para recordarle su
sabor y volverla loca mientras consumía todos sus sentidos. Cuando él la alejó,
estaba jadeando. Las mujeres estaban acercándose a él, alcanzándolo… tocándolo.
JunSu
les frunció el ceño.
“Se
buena.” Le dijo. “Y te llevaré a la Ciudad Exterior cuando finalice el
entrenamiento.” Con eso, él se fue.
Oh,
injusto, ella pensó, para hacer tal promesa.
Suspiros
de decepción llenaron la habitación. Tratando de alentar sus erráticos latidos
y enfriar su acalorada piel, JunSu encontró una esquina abierta y se dejó caer
en un cojín. Ella no pudo evitarlo; realmente quería ver la Ciudad Exterior en
persona. La simple vista que había tenido no era suficiente. Desde el momento
que la había visto por primera vez, ella había querido respirar su aire y
absorber su ambiente.
Escaparía
mañana.
No
estoy aliviada con esto. No estoy feliz de pasar más tiempo con YooChun. Para
distraerse a sí misma, usó sus nuevos suministros para hacer anti-tarjetas.
Hacer las tarjetas siempre había sido un gran aliviador de estrés para ella, y
si alguna vez hubiera necesitado desestresarse, era ahora. Ya tenía unas pocas
en mente.
“Mientras
los días pasan, estoy feliz que no estés aquí para arruinarlos por mí.”
“¿Quieres
un pedazo de mí? Oops, lo siento. Ya le di uno a tu hermano.”
Una
tercera tarjeta apareció de repente en su cabeza, era tan diferente a las otras
que ella parpadeó en sorpresa. “Algunos hombres no son tan malos. Creo.”
Antes
de que pudiera meditarla, alguien dijo. “Estoy tan celosa que fuiste elegida
por YooChun, el rey.” En ese momento todos los ojos se enfocaron en JunSu. “¿Es
tan bueno como luce?
“Él
incluso peleó por ti.” Otra suspiró soñadoramente. “¿Cuán romántico es eso? Soy Victoria, por cierto.”
“Soy
Luna.” Dijo una elegante, casi real rubia. “Pertenezco a Kris.”
“Soy
Crystal” dijo una simple morena de voz suave.
“SungMin.”
Dijo la pelirroja que quería pelear contra ella por tener demasiado cerca a
KyuHyun. Ahora ella parecía jovial, incluso cariñosa.
Incesantemente,
ellas se presentaron a sí mismas. Aunque habían sido invitadas y amigas de su
madre- o tal vez del nuevo esposo- JunSu realmente no las había conocido hasta
ahora. “¿No somos las chicas más afortunadas en el mundo?” Victoria dijo.
Muchos
chillidos de encantado acuerdo explotaron.
“Bueno,
¿Fue bueno YooChun?” Victoria preguntó ansiosamente. “Si camina como un sueño
húmedo y habla como un sueño húmedo… apuesto a que el rey folla como un
animal.”
JunSu
apostaba que él lo hacía, también.
Y
no le gustaba esta mujer preguntando sobre YooChun, tal vez imaginándoselo
desnudo. Un sentimiento de posesividad creció dentro de ella, ardiente y
enfurecido. Era una posesividad de garras expuestas, dientes gruñendo, que la
sorprendió con su innegable fuerza.
No
lo quieres ¿Recuerdas? Lo mantuviste a raya con una espada. Tuviste tu
oportunidad con él y no la tomaste, así que déjalo ir. Ella debería ser feliz
de que alguien más lo quisiera. Ella debería alentar a Victoria para encontrar
por sí misma si efectivamente, YooChun folla como un animal.
Ella
no lo hizo, sin embargo.
No
podía.
Algo
dentro de ella, una codicia que ella no sabía que poseía dijo, mío. Solamente
mío. Ella odiaba el sentimiento, pero ahí estaba. Se rehusaba a irse.
Crystal
y las demás pronto se cansaron de esperar su respuesta. Realmente se olvidaron
de JunSu enteramente, y reanudaron su conversación sobre sus amantes como si
nunca hubiera sido interrumpida.
JunSu
estiró sus piernas y apoyó sus pies encima de un cojín. Frustración –por tantas
diferentes razones- la carcomía. ¿Frustración sexual? Sí. ¿Confusión?
Definitivamente. Suspirando, apresó su libreta y sus piedras en su pecho. No
quería convertirse en una de esas mujeres enfermas de amor. No quería perderse
ella misma en un hombre.
Y
eso sería lo que sucedería si ella se rendía ante YooChun. Tontamente, parecía
importar menos y menos.
Un
corto rato después, diferentes guerreros comenzaron a vagar dentro de la
habitación, recolectando sus mujeres. Estaban cubiertos en sudor y arena,
incluso sangre. Cada vez que la cortina se levantaba, se encontraba a así misma
tensándose con terror y anticipación. ¿Sería YooChun?
Nunca
era. Pronto solamente había unas pocas mujeres quedándose. Una era la chica con
rizado cabello negro y tristes ojos cafés, la única quien había luchado en la
playa y, como JunSu, no había querido ser elegida por un guerrero. JunSu la
miró por un momento, entonces reunió sus suministros, se paró y caminó hacia
ella.
Normalmente,
JunSu no se acercaría a extraños y comenzaría conversaciones. Eso totalmente
negaba su preferencia a “permanecer objetivo”. Pero había algo vulnerable sobre
esta chica. Algo casi… obsesionante. Se encontró a sí misma estirándose a ella,
se encontró a sí misma simpatizando con su obvia infelicidad.
“Hola.
Soy, uh, JunSu” Dios, se sentía rara. Sin invitación, se sentó.
La
chica le echo una mirada nerviosa. “KiBum” Ella dijo. Su voz era profunda,
rasposa, vacilante y forzada. ¿Una fumadora?
“He
notado que eres la única otra persona que no está en éxtasis por estar aquí.
Fuiste… el que te eligió…”
Ella
negó con la cabeza.
“Bien.”
JunSu suspiró con alivio. Justo enfrente de ella había una mesa apilada con
comida. Ella se inclinó, robó un puñado de cuadrados de pan, entonces le
entregó unos pocos a KiBum. Comieron en silencio por un rato. “Yo, uh, también noté
que dijiste que eras una curadora y que fuiste puesta a cargo del cuidado de
SiWon.”
Un
asentimiento; este vacilante.
“¿Como
está? ¿Vivirá?
Otro
asentimiento; este seguro. Y JunSu vio que había un destello de algo… calor en
los ojos cafés de la chica. Oh, oh, oh. ¿Qué era esto? ¿KiBum tenía un flechazo
por su paciente? “¿Te gusta?” Preguntó.
KiBum
sacudió su cabeza violentamente. Protestando demasiado, en estimación de JunSu.
Ella sabía todo sobre eso. “Asustada,” la chica dijo.
Asustada.
Sí, JunSu había experimentado su parte justa de esa emoción. Al principio, su
miedo había sido de desconocimiento y de si o no YooChun quería herirla. Ahora,
bueno, su miedo era por una razón enteramente diferente. Si ella deseaba a YooChun
tan intensamente ahora ¿Qué pasaría si ella realmente supiera lo que era como
hacer el amor con él?
No
se atrevía a encontrarlo, tampoco. Mantente peleando contra la atracción. “Me
pregunto por qué todas las mujeres son esclavas de sus hormonas y nosotras no.”
Reflexionó en voz alta.
“Inteligencia.”
KiBum dijo y ambas rieron.
Pero
el humor de JunSu rápidamente se desvaneció. “No me siento inteligente.”
“Yo
tampoco.” KiBum suspiró abatida, su humor se fue, también.
JunSu
abrió su boca para preguntar por qué, pero su mirada se enganchó en los dos
hombres quienes de repente entraron a la habitación. ChangMin y YooChun.
YooChun se detuvo y se quedó totalmente
inmóvil, viéndola. Un estremecimiento de consciencia se extendió por ella.
Sin
serle pedido, ella se levantó. Su agarre se estrechó en la libreta, pero ella
nunca movió sus ojos de él. Erala más hermosa vista que ella hubiera visto
nunca, y todo lo que podía pensar justo entonces era su boca en la suya.
“¡Vamos!”
él dijo, justo como hizo anteriormente esa mañana.
Ella
lo hizo. Sin protestar. KiBum y todo lo demás olvidado. Mío, su mente murmuró,
todos sus instintos de posesividad resurgieron. Él la llevó por el corredor, y
el corazón de ella daba un aleteo nervioso. Él lucía determinado. Templado.
“¿A
dónde estamos yendo?” Ella preguntó.
“La
Ciudad exterior, justo como prometí.”
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YooChun
escoltó a JunSu fuera del palacio y al calor del medio día. El domo de cristal
brillaba intensamente, y los pájaros silbaban alegremente. Aún no se había ido,
pero él ya tenía una fiera necesidad de regresar. Así cuando llegó a los
establos, rápidamente ordenó a uno de los centauros prepararse para el viaje.
El oscuro hombre-caballo brincó a la acción, trotando hasta él.
“Será
mi placer llevarlos a la ciudad, grande.”
JunSu
se quedó boquiabierta ante él. “Ah, ese caballo es mitad hombre,” Ella dijo “¿Y
esperas que lo monte?”
“Sí.”
Ella
tragó saliva. YooChun montó y le tendió la mano. Tentativa, ella puso su mano
en la suya. La levantó detrás de él, amando el sentirla presionada tan cerca de
él. Mucho como lo amaba, sin embargo, incrementaba su necesidad de correr a lo
largo del viaje. Tú quieres que se
enamore de la ciudad ¿Recuerdas?
“¿La
práctica fue dura?” Ella preguntó después de que el centauro comenzó a
descender los acantilados. Ella sonaba nerviosa.
YooChun
no respondió. Él había trabajado sus hombres y él mismo hasta que el sudor
había vertido de ellos. Hasta que el agotamiento se estableció. Había
necesitado una salida para su frustración, pero no había funcionado.
Había
solamente una cosa que funcionaría.
JunSu
en su cama. JunSu, unida con él.
Nunca
había estado más determinado a ganarla. “Lo siento, pero no podemos quedarnos
mucho tiempo.”
“No
importa. Estoy feliz de visitar.”
Feliz.
Justo la manera que la quería.
Ellos
alcanzaron la Ciudad Exterior en minutos. Como de costumbre, no había mujeres
presentes. Habiendo sentido su llegada, las habían escondido. Solamente
hombres- centauros, minotauros y formoriones- manejaban las mesas y cabinas,
vendiendo sus mercancías, desde comida hasta joyería a ropa.
Mientras
estaban ahí, YooChun vio por cada necesidad de JunSu. Siempre que quería mirar,
él la llevaba. Cuando estaba sedienta, le traía una bebida. Cuando estaba
hambrienta, le compraba un bocadillo. Deliciosos pasteles de carne que seducían
las papilas gustativas. Mientras el tiempo corría, olvidó su necesidad de
regresar y simplemente la disfrutaba.
Al
principio ella era cuidadosa de él y lo trataba fríamente, distantemente. Pero
mientras una tropa de sirenas hombres los pasó en la adoquinada calle, cantando
de amor y pasión, ella se comenzó a calentar, como si sólo no pudiera evitarlo.
Ella miraba con deleite. Grifos cachorros cargados por ellos, persiguiendo sus
colas, y ella brincaba detrás de ellos. Él nunca la había visto tan relajada;
nunca la había visto tan feliz.
Mirándola,
la luz brillaba alrededor de ella como un halo, el amor crecía dentro del pecho
de él. Ésta era la JunSu real. Lo sabía, lo sentía, y la traería aquí todos los
días de ser necesario. La próxima vez incluso la llevaría a las cataratas y la
vería chapotear en las pozas.
“¿Está
alguien vendiendo naranjas, no te parece?” Ella le preguntó nostálgicamente,
frenando a una caminata.
“Veremos.”
Pero los pocos puestos que vendían la fruta estaban cerrados. JunSu no pudo
ocultar su desilusión, y YooChun prometió buscar por todo Mirotic si fuera
necesario. Su pareja tendría sus naranjas antes que el día terminara. “¿Lista
para regresar?”
Ella
echo una nostálgica mirada a su alrededor. “Sí. No puedo creer cuán hermoso
este lugar es.” Ella dijo mientras encontraban y montaban su centauro. “Es un
paraíso.” Ella era paraíso.
“Gracias
por traerme.”
“Mi
placer, amor. Mi placer.”
Ella
se estremeció contra él.
Los
labios de él se elevaron en una lenta sonrisa: agradecidamente, era una sonrisa
que ella no podía ver. Las defensas de ella estaban bajas, justo como él había
esperado, y el deseo de ella por él estaba haciéndose conocido por él mismo.
Ellos llegaron al palacio unos pocos minutos más tarde. La sangre de él hervía.
Casi a tiempo…
En
el establo, él desmontó y ayudó a JunSu a hacer lo mismo. Ella ya no dudó en
tocarlo, él estaba complacido en notarlo. Después de agradecer al centauro por
el paseo, él guió a JunSu a su habitación. A lo largo del camino, él envió a
unos pocos de sus hombres a buscar las naranjas.
“Tengo
una sorpresa para ti.” Le dijo a JunSu.
“¿Buena
o mala?”
Antes
de recogerla para su viaje, él había ido a su propia cámara y la llenó con comida. Él había perfumado la poza con aceite y
removió algunos candelabros para una atmósfera atenuada. Además circuló un grupo de cojines de satín
alrededor de una mesa baja, casi derramándose con frutas y postres.
Cuando
ella vio lo que él había hecho, sus ojos se abrieron. “Tú eres… esto es…”
“Siéntate
en la mesa.” Él le ordenó.
Por
un minuto ella no obedeció. Ella miró de él a la mesa, de la mesa a él. Ella
tragó saliva. Él esperaba que ella dijera algo en reprimenda, pero lo
sorprendió caminando a la mesa y sentándose.
Él
amaba la manera en la que su camiseta y sus pantalones cubrían su esbelto
cuerpo, pero todo lo que podía pensar era sobre tenerla debajo de ellos.
Él
removió su armadura, desabrochando los lazos en sus hombros y dejando las
piezas de oro caer al piso. Se lavó la cara en la vasija, salpicando agua fría
sobre su piel. Él debía haberse bañado antes de recogerla y llevarla a la
ciudad, pero había estado demasiado ansioso por verla. Y una parte de él
esperaba bañarse con ella.
“Vamos
a tener una conversación, tú y yo,” él dijo, caminando hacia la mesa. Se sentó
frente a ella y llenó dos copas con vino.
“Muy
bien,” ella sonaba renuente, insegura. Al menos no le había negado por
completo.
“Yo
iba a tener a algunas de mis antiguas amantes hablándote de mi habilidad
maravillosa, pero a la luz del día eso no parecía tan acertado.”
“No.”
Ella dijo casi ahogándose con su vino.
“En
vez de eso, te diré algo sobre mí mismo. Entonces tú me dirás algo sobre ti
misma. Una conversación, como dije. ¿Tenemos un trato?”
“Odio
hablar de mí misma.” Ella dijo, trazando con la punta de su dedo el fondo de su
copa.
“Aun
así, lo harás.” Pausa. “Por favor.”
Ella
mordió su labio otra vez, pero asintió.
Él
sorbió de su copa de vino, mirándola sobre el borde. “Empezaré.” Él se detuvo,
reuniendo sus pensamientos. ¿Cómo empezaba uno a conocer otra persona? ¿Qué
pedazos de su pasado le daría? “Yo… tuve un hermano.” Él dijo. Era un buen
lugar como cualquiera para empezar, él suponía, era algo de lo que raramente
hablara, y nunca con una mujer. El tema era demasiado doloroso.
“¿Tuviste?”
Ella preguntó suavemente.
Asintiendo,
él apretó un pedazo de pescado entre sus dedos y lo metió a su boca. Lo masticó
y tragó. “Era mi gemelo. Fue robado cuando éramos niños.”
Los
ojos de ella se abrieron. “¿Quién lo tomó?”
Una
furia familiar lo llenó, pero la apisonó. “Las górgonas.”
“Las
gor… ¿qué?” Ella cruzó sus piernas, una sobre la otra y se inclinó hacia
adelante, apoyando sus codos en la mesa. Él tenía su completa atención. Ella
estaba interesada en lo que él tenía que decir, y sus escudos usuales todavía
estaban abajo.
“Las
górgonas son una raza de mujeres quienes pueden convertir un hombre en piedra
con una sola mirada. Serpientes se deslizan en sus cabezas. Son malvadas. Pura
maldad.”
Ah.
Como Medusa. “¿Por qué se lo llevaron?”
YooChun
deslizó una bandeja de uvas hacia ella y le señaló que tomara una. Ella lo
hizo. “Ellas esperaban canjearlo por la ayuda de mi padre. La cual ellas no
recibieron.” Él agregó oscuramente. “Ellas mataron a YooHwan por eso. Él y yo
compartíamos una conexión mental, y cuando eso quedó oscuro supe que él se
había ido.” Lo último surgió tan poco más que un suspiro. Él miró a JunSu
tratando de aclarar su mente de los odiados recuerdos. “Ahora, es tu turno.
Dime algo sobre ti misma.”
¿Qué
debería decirle? JunSu se preguntó. Él había divulgado algo personal, algo
doloroso. Ella no podía hacer menos. Aun, ella trataba de contenerse a sí
misma. Trataba de no revelar mucho. Él la había encantado totalmente hoy, y
ella temía que nunca se recobraría.
“Una
vez tuve una hermanastra quien cortó todo mi cabello.” Ella dijo. “Estaba
durmiendo y no lo supe hasta la mañana siguiente.” La acción había sido un
castigo, en la mente de su hermanastra, por cortar el cabello de su muñeca
favorita; un crimen que JunSu no había cometido. Ese fue de su hermanastro.
Cuando
la JunSu de diez años de edad corrió llorando a su madre, se le dijo
‘resuélvelo como una niña grande.’
Los
rasgos de YooChun se oscurecieron. “Tu cabello es absolutamente bello, como luz
de luna y estrellas. Cualquiera que lo corte merece la muerte.”
El
placer la atravesó, completamente dulce en su mareo. Ella no estaba
acostumbrada a recibir cumplidos, aunque YooChun se los daba tan fácilmente.
“Gracias.”
“Vivir
con el pequeño demonio debió haber sido difícil.”
“Si,
agradecidamente, sin embargo, mi mamá sólo estuvo casada con su padre por un
año.”
“¿Tu
madre ha tenido más de una pareja?”
JunSu
asintió. “Ha tenido seis.”
“¡Seis!”
Ella
asintió otra vez.
“Aquí
un hombre basta con una pareja, y la mantiene por la eternidad.”
Ella
frunció el ceño mientras consideraba sus palabras. “¿Y qué si las personas
emparejadas son miserables el uno con el otro?”
Ellos
deben ejecutar un ritual de sangre y ofrecer un sacrificio.”
“Oh,
ick.” Ella mordió su labio inferior, no permitiéndose preguntar qué tipo de
sacrificio.
La
mirada de YooChun atrapó y se quedó en la boca de ella, haciéndola estremecer,
haciendo la sangre de ella fluir ardiente y dolorosa. Entonces él sacudió su
cabeza, como si se sacara de un hechizo. “¿Qué más quieres saber sobre mí?” Él
preguntó.
“¿Qué
tal sobre tu primera vez?” Se encontró a sí misma diciendo. Ella lo deseaba, lo
hacía, y mientras más ellos hablaban, más débil se volvía su resistencia.
Seguramente escuchando sobre sus escapadas con otras mujeres fortalecería su
propósito.
Él
arqueó una ceja. “¿Estás segura que quieres saber?” Cuando ella asintió, él
dijo. “Fue con la sirvienta favorita de mi madre. Ella vino a mi habitación a
traerme ropa limpia, me encontró en la poza y se unió a mí.”
Ante
su expresión de desilusión, él rió. “¿Qué esperabas? ¿Juguetes? ¿Orgías?”
“Bueno,
sip.”
La
sonrisa de él creció. “¿Qué sobre ti? ¿Cómo fue tu primera vez?” Al momento que
hizo la pregunta, se tensó. Los ojos de él se oscurecieron con lo que parecía
furia.
Está
bien. ¿Qué lo enfurece ahora? “Yo, ah…” Ella tropezaba con sus palabras,
incluso sintió un sonrojo ardiente en sus mejillas. “No he tenido una primera
vez aun.”
Su
boca cayó abierta. “Seguramente bromeas.”
“Difícilmente.
Mira,” ella dijo defensiva. “Nunca quiero tener que lidiar con los problemas
asociados con una relación sexual.”
“¿Qué
problemas?” La conmoción de YooChun todavía tenía que desvanecerse; solamente
parecía intensificarse. JunSu era virgen. No había sido tocada.
Era
suya.
Él
la quería más en ese momento que nunca antes. Quería ser el único hombre en
probarla. Ahora. Siempre.
“Los
enredos emocionales son complicados,” ella dijo “Y si no me involucro, no tengo
que preocuparme sobre salir herida.”
“Nunca
voy a herirte, JunSu. Nunca te mentiré.” Él quería aprender más sobre ella,
para dejarla aprender más sobre él. Pero se encontró a sí mismo diciendo, “Creo
que, tal vez, la únicamente de convencerte de esto es mostrándotelo. Así que
desde este momento en adelante, no habrá más plática. Sólo hacer.”
Ayyy Chunnie has sido tan tierno con tanta sinceridad para Junsu¡¡¡ jakaka Junsu toda radical armando su pollitas en fuga frustrada jiji. La cosa es que ya no se quiere ir. Ya se me hacia que era virgen zooopas ahora si que se va a poner bieno hacer nada de decir aigoooo.
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