Capítulo
18.
“YA
HE TERMINADO DE ESPERAR, JunSu.” JunSu brincó de pie y retrocedió de YooChun
como si él fuera veneno. Él todavía sentado en los cojines, mirándola, una
sonrisa curveando los bordes de su boca. Él no quería hablar sobre su primera
vez ya más –él quería darle su primera vez. Lánguidamente, su mente añadió.
Deliciosamente, rápidamente, rudamente, suavemente.
¿Pánico?
Sí. ¿Anticipación? Absolutamente. El brillo en los ojos de él… la ronca riqueza
de su voz.
“Necesito
re-vendar tu brazo. La sangre está, ah, filtrándose de ella.”
“Después,”
él dijo, una embriagante súplica. Se puso de pie pulgada por agonizante
pulgada, desplegando su grande, fuerte cuerpo. Él nunca movió su mirada de
ella. Sus pantalones estaban estrechos sobre los músculos de sus piernas, por
incluso más estrechos sobre su gran erección.
Los
ojos de ella se abrieron mientras él se acercaba. Ella lo había deseado muchas
veces desde que lo conoció. Ahora, enfrentando lo inevitable de ello, ella
estaba llena de pánico. Más que lo usual. “Quédate donde estás, okay. Necesito
tiempo para pensar sobre esto.”
“Pensar
sobre ello no nos llevará a ningún lado.” Mirando hacia adelante, él movió una
mano hacia la pared. “Notarás que he removido todas las armas.”
La
mirada abierta de ella escaneó la habitación. Suficiente segura, todas las
espadas estaban perdidas. “YooChun.” Ella dijo con tono de advertencia.
“Tú
simplemente temes lo que no conoces, JunSu. Me doy cuenta ahora.”
“¡Alto!”
Ella cuadró sus hombros, rehusándose a retirarse otra vez.
“Eres
mi mujer, aún emites órdenes y esperas sean obedecidas. Tal vez debo entrenarte
y tratarte como a un guerrero, entonces.”
Ella
forzó a una risa a salir, pero el sonido estaba completamente vacío de humor.
“No soy tu mujer.” Todavía. “Y no soy uno de tus guerreros. ¿Qué? ¿Vas pelear
contra mí?”
“Oh,
no. Voy a darte una orden y tú vas a obedecer. Si tu fallas en atender la
orden, te castigaré.”
Las
fosas nasales de ella ardían. “No te atrevas a amenazarme.”
“¿Amenazar?
No, solamente prometo.” Sus párpados bajaron hasta la mitad, dándole un
somnoliento, aspecto de necesito-una-cama.
“¿No
discutimos esto el primer día? No aceptaré castigo, y no te obedeceré.”
“Sí,
lo harás. Y lo disfrutarás, te lo aseguro.”
Ella
aporreó su pie porque ella sabía, supo, que iba a perder esta batalla. Y una
parte de ella esta feliz. “Si crees que
me sentaré tranquilamente mientras me nalgueas o algo, estás en un error.”
“Qué
traviesa mentecilla tienes, Luna. Yo
solamente quería azotarte con mi lengua. Si prefieres que te nalguee lo haré
así. Sabes cuánto amo complacerte.”
Perverso,
malvado hombre. Ella se estremeció. “¿Es así como castigas a tus guerreros?
¿Lamiéndolos?”
“Ya
viste cómo castigo a mis guerreros. Como me rehúso a hacerte daño, especial
consideración debe ser tomada.” Otro paso.
El
estómago de ella giró. Ella quería correr a él, tomar lo que le ofrecía.
Cierto. Pero demasiado temía ella lo que ocurriría después. ¿La rechazaría?
¿Volvería su atención a otra? ¿Ella suplicaría por más de él? ¿Se enamoraría,
perdiéndose ella misma? ¿Haría una tonta de ella misma por él? ¿La heriría al
final como todos los demás en su vida hicieron?
“Necesito
tiempo, YooChun.”
Las
palabras gotearon entre ellos junto con todos los miedos de ella, todos sus
deseos. Él se detuvo, luciendo torturado. Entonces dio un tenso asentimiento.
Él no quería, ella lo veía en sus ojos, pero él cedió. Otra vez. Su deseo era
concedido. “Si tiempo es lo que deseas, tiempo es lo que te daré.” Con a penas
una respiración, él añadió. “Necesito un baño. Puedes unirte a mí si deseas o
verme. La elección es tuya.”
“Yo…
escojo ninguna.” Ella no iba a ir a bañarse con él, y no iba a ir a mirarlo.
Gotas de agua que correrían por su cuello, tal vez atrapadas en sus tetillas
antes de caer a los rebordes de los músculos de su estómago. Sus manos
enjabonadas se deslizarían por su fuerza.
“Quiero regresar a mi habitación.”
“Mirarás
y te unirás. Esto es un“toma y da” entre nosotros, JunSu. Te daré tiempo, y
ahora tú debes darme algo a cambio. Elige.”
Las
pestañas de ella casi se fusionaron a lo
largo, dejando sólo una delgada línea de visión. Él ocupaba cada pulgada de
ella. “¿Qué pasó con darme todo lo que yo quiera?”
“Tú
no sabes lo que quieres.” Él cerró el resto de la brecha entre ellos, tan cerca
que su pecho la frotaba. Detrás de él, dejó un rastro de arena y sangre. Sus
heridas se habían abierto. Él mostró una pizca de dolor, mostrando de lo que
realmente era capaz. Un guerrero, de principio a fin.
Su
esencia llenó su nariz, sexual y fiero. Calor rizaba desde él, envolviéndola en
serpentines sensuales, apretándola tan estrechamente que tenía problemas
arrastrando su próximo aliento. Un asalto de pasión la inundó.
Él
era la clase de hombre sobre los que las mujeres fantaseaban, pero nunca
realmente encontraban. Y él continuamente se ofrecía a ella, un bufet de
todo-lo-que-puedas-comer de eróticas delicias. Lo que sea que ella pudiera
consumir era suyo para tomarlo.
Cuán
tentador era para tomar…
Él
lamió sus labios y se inclinó hacia ella. Los latidos de su corazón retumbaron
en sus oídos, una eternidad pasando entre ellos. Aceptarlo o rechazarlo, ¡Pero
hacerlo ahora!
Juntando
su fuerza ella se alejó de él, casi tropezando con sus propios pies mientras se
revolvía hacia atrás. “No,” ella dijo. “No.”
Un
músculo palpitó debajo de sus ojos. “Nunca una palabra sonó más tonta.” Él dijo
entre dientes apretados.
Ella
levantó la barbilla. “Es todo lo que vas a escuchar de mí.”
“Puedo
presionarte más, JunSu. Ambos sabemos que podría. Ambos sabemos que te
gustaría.”
“No.”
Ella dijo otra vez. Esta vez era un temblorosa, tenue súplica.
Luchando
con la fuerza de su necesidad, YooChun se detuvo y estudió a JunSu. ¡Maldita sea!
No quería forzarla a admitir sus deseos. Él quería que los aceptara -- y a
él—voluntariamente.
Cuando
le había dicho que era virgen, él simplemente reaccionó. Sangre y necesidad
habían viajado a través de él a la velocidad de la luz. Su polla se había endurecido
dolorosamente. La necesidad de reclamarla como su mujer había cantado en sus
oídos. Él había sabido, muy dentro, que ella había esperado por él. Él
solamente deseaba que hubiera esperado por ella.
Se
sentía como un virgen con ella, sin embargo. Inseguro, ansioso. Excitado por
las posibilidades. En tan corto tiempo, ella se había convertido en todo para
él.
Quiéreme.
Ven a mí.
Ella
no lo había. Y mientras los minutos pasaban, su resolución a resistirlo parecía
intensificarse. Finalmente él dijo. “Aún otra vez encuentro que soy incapaz de
forzarte a aceptar lo que es inevitable.”
“YooChun.”
Ella dijo con voz temblorosa.
“Sin
otra palabra, Luna.”
“No
eres tú, okay. Bueno, tal vez lo es. Un poco. Yo sólo… no puedo, okay. No puedo
dejarme a mí misma quererte. No todavía.” Él lucía torturado otra vez, ella
pensó, triste y anhelante y duro como roca. “Te deseo, puedo. Lo hago. Pero…”
Demasiadas cosas estaban en el camino. El pensamiento de dejar a alguien tan
cerca de ella era aterrador.
Él
fue de la habitación principal al área de baño sin otra palabra, dejándola
sola. Sola con solamente su palpitante cuerpo, sus traicioneros pensamientos.
¿Por
qué la había dejado? Él había dicho que la haría escoger.
No
importa, ella decidió en el siguiente instante. Él no es el hombre para ti. Le
gustaba el sexo y le gustaba con múltiples mujeres. No era su madre y no
aceptaría los pequeños residuos de afecto de algún hombre decidido a sacudir su
camino. Ella no se enamoraría, usando la voluble emoción como una excusa para
tener un buen tiempo tolerando demasiado de lo malo.
A
ella le gustaba estando sola, estaba contenta de esa manera. Y sus más
profundos instintos femeninos sentían que hacer el amor con YooChun era
enamorarse tan profundamente del hombre que ella daría todo por él. Incluso a
sí misma.
La
cortina bloqueando su vista de la poza de baño continuaba crujiendo. El sonido
de ropa cayendo hizo eco, entonces el salpicar de agua. Ella tragó saliva.
¿Estaba desnudo? Lo más probable. Vapor estaba probablemente flotando alrededor
de él. Su piel probablemente brillaba con humedad. Probablemente él parecía un
ángel flotando a través de los cielos.
En
ese instante, todas las razones por las
que lo había rechazado se desvanecieron. Deseo. Mucho deseo. Ella había dicho
que no lo vería bañarse, pero una ojeada de repente no parecía tan mal. Una
ojeada… realmente, no había daño en eso.
Sin
ser invitada, encontró sus pies moviéndose hacia la entrada. Él no podía ser
posiblemente tan exquisito como ella estaba imaginando. ¿Podía? Ella
tranquilamente arrimó la cortina a un lado; pero solamente un poco. La espalda
desnuda de YooChun llegó a la vista. Músculos ondeando debajo de piel morena
mientras tomaba y vertía agua sobre sí mismo.
Vapor
efectivamente, flotaba alrededor de él, haciéndolo parecer nada más que un
sueño, una fantasía, un genio salido de una lámpara, que viene a conceder todos
sus deseos. Su cabello estaba mojado y goteaba a su espalda. Mordió su labio.
Tal vez no heriría estar con él una vez y finalmente sacar a su cuerpo de su
miseria. Si guardaba su corazón, podía usarlo y acabar con él. ¿Cierto?
Él
se giró al lado y sujetó con una mano una botella de vidrio zafiro. Vertió lo
que sea que estaba dentro --¿más de ese aceite de orquídeas?—en su otra mano.
Oh, ser ese aceite, pensó, mirando, su garganta se constriñó mientras él
frotaba el aceite en su pecho. La fragancia se unió al vapor y flotó hacia
ella.
“Puedes
todavía unirte a mí, ya sabes.” Él dijo, su voz áspera.
Ella
aulló y liberó la cortina.Cayó de regreso a su lugar, completamente
bloqueándolo de su vista. Sus mejillas se encendieron en llamas.
Ella
fue salvada de tener que analizar sus pensamientos y acciones cuando KiBum
irrumpió en la habitación. La chica estaba jadeando; su mirada era salvaje.
Cabello negro brincaba sobre su cara. Ella se calmó cuando vio a JunSu y exhaló
un gran suspiro de alivio.
“¿Qué
está mal?” alarmada, JunSu se apuró a su lado. “¿Sucedió algo?”
Detrás
de ella, escuchó el salpicar del agua, el golpe de pasos, entonces YooChun
estaba ahí, parado en la puerta. Estaba desnudo. Apeteciblemente desnudo, él no
parecía sorprendido de ver a KiBum con ella, incluso aunla chica no había hecho
real ruido. “¿Pasó algo?” Él hizo eco.
La
boca de JunSu cayó abierta a esta primera vista completa frontal de él. Era
alto y bien musculoso, pero ella ya había visto eso. Lo que ella no había visto
era su erección. Hasta ahora. Era tan larga y dura como imaginó, levantándose
orgullosamente de entre sus piernas. Él no tenía pudor y no alargo la mano por
cualquier tipo de cubierta. Gotas de agua caían de su cabello, hacia abajo su
estómago, y sobre su…
Dios
mío.
La
boca de KiBum también cayó abierta, y JunSu tuvo que contener la urgencia de
cubrir los ojos de la chica. “Estamos bien.” JunSu dio un punto brusco.
“Regresa a tu baño, YooChun. ¡Por favor! Por el amor de Dios, sólo vamos a
tener una pequeña charla de chicas.”
Con
un asentimiento, él salió. Maldito hombre, lucía tan bien por detrás como lo
hacía por el frente.
Solamente
cuando el encaje lo bloqueaba fue JunSu capaz de respirar otra vez.
“Grande”
KiBum dijo en esa voz quebrada suya, sus ojos todavía abiertos.
Mío,
JunSu casi espetó. Ella frunció el ceño. No tenía derechos en él. Ella sólo lo
había rechazado. Otra vez. Concéntrate. “¿Alguien te hirió, KiBum? ¿O te
amenazó?”
KiBum
sacudió su cabeza. “Problema.”
“¿Qué
clase? ¿Con quién?”
“SiWon”
Su
ceño se profundizó. “¿Está herido?”
“No.”
“¿Te
hirió?”
“No.”
O-kay.
JunSu apretó la mano de su amiga; ¿Era KiBum su amiga? Se preguntó. Ella
realmente nunca había tenido una antes. Asistentes, sí. Empleadas, sí. Pero
¿Había ella alguna vez realmente pasado tiempo de calidad personal con alguien
más? Bueno, lo que sea que KiBum era, JunSu la llevó al sofá. “¿Qué está mal?”
ella preguntó otra vez, sentándose en los cojines.
“ChangMin,”
KiBum dijo.
Sus
cejas se fruncieron. “¿Está herido?”
“No.”
“¿Te
hirió?”
“No.”
¿Había
tenido alguna vez una conversación más confusa? JunSu sacó un suspiro de
frustración. Estaban llegando a ninguna parte de esta manera. “Tienes que
ayudarme a entender qué está pasando.”
Un
rosado sonrojo manchó las mejillas de KiBum. Ella se mordió su labio inferior.
“Los… quiero…”
“Tú…
¿Los quieres?” JunSu parpadeó “Como en… ¿Sexualmente?”
El
sonrojo de la chica se intensificó, y desvió la mirada. “Tal vez. Pero… Creo
que realmente quiero a uno cuando debería querer al otro. Asustada. Confusa. “
“Eso
me asustaría también.” Ella escasamente podía manejar su deseo por YooChun.
Ella no sabía qué haría si debía… querer estar con uno de sus guerreros, en
cambio. “¿Ese total deber contra cosa deseada, huh? ¿Como vemos en las
películas?”
KiBum
apretó sus manos, tal vez deseando ser entendida. “Una clase de… Tal vez… ¡No
sé!”
“Deseo
que tuviera una respuesta para ti, y si estuviéramos en la superficie, tal vez.
Pero estos hombres, estos… ninfos. Ellos lanzaron un hechizo sobre todas las
mujeres y retorcieron tu sentido común.” La amargura de JunSu se filtró a
través de su tono. “No me gusta.”
“Una
vez mencionaste escapar.” KiBum imitó lo último para que YooChun no escuchara.
El
cuerpo de JunSu se tranquilizó; incluso sus latidos cardiacos pararon por
muchos segundos. Escapar. Lo que ella había querido desde el principio. Lo que
ella no estaba segura si lo quería ahora, pero sabía que era lo mejor. Tienes
un hogar. Un trabajo. Empleados que cuentan con tus ingresos.
“No
he encontrado una manera de salir.” Admitió suavemente. No que no hubiera
buscado tan arduamente. “Pero hay un camino seguro. ¿Recuerdas el portal?”
KiBum
asintió.
“YooChun
dijo que no puedo sobrevivir sola. Juntas, tú y yo podemos nadar a la
superficie. Sólo tenemos que encontrarlo.”
Se
levantaron al unísono y miraron a la
cortina de baño. “No hay mejor tiempo que ahora.” JunSu dijo, hablando pasado
el súbito nudo en su garganta. Ella deseaba que tuviera tiempo para decirle adiós a YooChun, deseaba poder besarlo una vez más. “¿Estás
lista?”
Otra
vez KiBum asintió.
Como
si él hubiera escuchado su conversación entera, YooChun llamó. “¡JunSu!”
Sus
ojos se abrieron, y KiBum jadeó. Si no se iba ahora, perdería esta oportunidad.
“Vamos.” Corrieron pasando la puerta frontal y entraron al corredor.
“¡JunSu!”
Una orden ahora. El agua salpicó.
Ella
se estrelló contra una pareja retorciéndose en el suelo y cayó de bruces.
Frenética, KiBum la ayudó a levantarse. La pareja gritó, pero no detuvo su
baile desnudo. Los pulmones de JunSu casi ardieron por el esfuerzo mientras
miraba hacia atrás. Un desnudo YooChun estaba acercándose a ella. ¿Cómo podía
querer correr hacia él?
“¡Muévete!”
Ella jadeó. “Más rápido. ¿Conoces el camino?” todo lo que ella recordaba era
que los más cercano que llagaba al portal, las más despojadas se volvían las
paredes. Menos joyas. Menos joyas.
“Sí”
Ellas
se encontraron con una bifurcación, y KiBum se desvió a la derecha. JunSu la
siguió. Dios, esperaba que esta sea la dirección correcta. Si YooChun la atrapaba…
las paredes lucían lo mismo para ella. Puertas se ramificaban en todas
direcciones. Ellas corrieron pasando otras mujeres, otros guerreros. Los
hombres las miraban con curiosidad, pero no trataron de detenerlas.
Entonces,
súbitamente, pinzas de acero se anclaron en su cintura y ella era arrojada al
aire. Sus brazos se agitaron. Ella gritó. KiBum se paralizó y giró al igual que
las piernas de JunSu patearon, alcanzando una base sólida. Al caer, ella volvió
a gritar.
Brazos
Fuertes la atraparon, enredándose alrededor de ella y encerrándola en su lugar.
Ella estaba jadeando y no se permitía encontrar la mirada enfadada de YooChun.
O mirar abajo a su húmedo, excitado cuerpo.
“Cuando
un guerrero corre de su orden,” él dijo siniestramente. “Es castigado. ¿Estás
lista para tu castigo, JunSu?”
Y LA CURIOCIDAD MATO AL GATO QUE TAL JUNSU DANDOSE LA DELEITADA VISUAL. Dios Benditooo que impacto el de Junsu y KiBum jajaja no pues como no semejante vista. Zaaa ahora si que la regaste Suu tendras tu merecido y que envidia������
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