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martes, 15 de abril de 2014

Desire and Lust Cap 20

Capítulo 20.

YOOCHUN NO PODÍA CREER que alguien había entrado a su habitación sin su conocimiento. Incluso cuando estaba cautivo en el más animal de sus deseos, sus instintos de guerrero no disminuían.

No así con JunSu. Con ella, él se concentraba únicamente en el amor. Tal cosa nunca había sucedido antes.


En el momento,él peleaba contra un fiero torrente de ira y deseo. Él tenía a JunSu donde la había querido y la necesitó por tanto, y ahora tenía que dejarla. Pero su seguridad venía antes que su seducción. Siempre.

La seguridad de ella venía antes que su propio placer.

Tal vez estaba atrapado dentro de una pesadilla, porque esto era la peor cosa que pudiera haber sucedido. “Alerta a los otros,” Le dijo a KyuHyun, las palabras arrancadas de él. “Quiero a todos completamente armados y en la arena. Estaré ahí dentro de poco.”

“Considéralo hecho.” Fue la respuesta antes que su segundo al mando se fuera corriendo.

Frotó una mano sobre su rostro. Dioses, él había sabido que este día llegaría. ¿Por qué no pudo haber llegado en la mañana? “KyuHyun.” Él llamó y el guerrero rápidamente regresó. “¿Han visto a las mujeres?”

“Están siendo escondidas ahora.”

“Excelente. Ve, entonces. Tienes tus órdenes.”

KyuHyun miró dentro de la habitación una segunda vez, sus apresurados pasos haciendo eco en las paredes.

“Lo siento, Luna,” YooChun dijo mirando a JunSu. Color sonrojaba sus mejillas; su pálido cabello extendido sobre la cama como listones de seda blanca. Sus pechos, cubiertos por la sábana violeta, estaban delineados, sus pezones perlados. “Debo ir.”

Ella no respondió. Él no sabía qué más decir. Retirándose de la cama, de su abrazo, era la cosa más difícil que él había hecho jamás. Deseaba que hubiera tiempo, al menos para saciar el deseo de ella y dar a uno de ellos alivio.

Mientras apresuradamente se vestía, tirando de sus pantalones y recuperando su armadura de pecho –todavía manchada con sangre de la práctica de hoy—él se dio cuenta que todavía no estaba al completo de su fuerza. Su agarre no era tan firme, sus extremidades no tan estables. No había nada que hacer ahora. Él ató los cordones de sus botas.

“¿Estás yendo a la Guerra?” Finalmente su mujer habló, pero su voz no daba indicación de sus emociones. Era tan vacía y fría como si él nunca la hubiera acariciado. Nunca movió sus dedos dentro de ella.

Eso lo enfureció tanto como la interrupción de KyuHyun. “Si eso es lo que es requerido para mantener este palacio, entonces sí, iré a la guerra.”

“Pero… estás herido.”

“¡Sí!”

“No debes estar peleando. Harás tus heridas peor.”

Él mantenía su espalda  hacia ella mientras reunía su casco y su escudo. La Calavera descansaba dentro. “No empieces a dudar de mi otra vez, Luna. Soy muy capaz de proteger y defender.”

“¿Por qué no sólo le das de vuelta su palacio a los dragones?”

Él no quería que su ejército se volviera vagabundo otra vez, sin hogar real, sin refugio real. “Es mío ahora, y mantengo lo que es mío. Siempre.” Él pronunció las palabras como una advertencia a ella. Ella era suya ahora y él nunca la dejaría ir. “Vístete.”

Ella miró hacia la sábana que apretaba, a sus enormes pantalones.  Ella jadeó como si solamente entonces se diera cuenta que todavía no se cubría a sí misma completamente. Con movimientos rígidos, tomó la camiseta negra del suelo y la tiró sobre su cabeza.

YooChun lamentó la pérdida de su semidesnudez. Él levantó su mano libre y le señaló para unirse a él. Sorpresivamente ella lo hizo sin protestar, anclando su cinturón en su lugar mientras caminaba. Sin embargo, no tomó su mano ofrecida.

“¿A dónde estás llevándome?” Ella preguntó. Profunda preocupación nadaba en las pozas oscuras de los ojos de ella. ¿Por él? Se preguntaba esperanzadoramente. Dudaba que fuera por ella misma.

“Te quiero a salvo, lo que significa que voy a ponerte con las otras mujeres.”

“¿Dónde?” ella insistió. “¿La habitación en que estuvimos anteriormente hoy?”

“No. Te mostraré.” Él sabía que ella se negaría si él le decía dónde estaría. Si simplemente la llevaba ahí, sus pasos voluntarios, ahorraría tiempo y esfuerzo.

La urgencia lo maltrataba. Él debía poner a JunSu a salvo.

Tomó la mano de ella y tiró de ella a través de tres corredores separados. Muchos de sus hombres se apresuraban pasándolo, asintiendo en reconocimiento mientras se dirigían a la arena. Ese no era su destino. Mientras continuaba, el aire se volvía frío, grueso y húmedo. Niebla se curveaba hacia el techo.

“¿Estás llevándome al portal?” JunSu le golpeó en el hombro. “Pensé que dijiste que me ahogaría si fuera de regreso.”

“No estoy, ni te enviaré por el portal nunca. No por ninguna razón.” Las paredes de la caverna llegaron a la vista. Rocosas. Irregulares. Murales sensuales pintados alrededor. Pasando el portal de remolino, cuidadoso de no tocar el moteado líquido separándolo y a JunSu del mar. “No entiendo.” JunSu dijo.

El sonido de voces femeninas llenó sus oídos. Ramas y huesos –dejados cuando los dragones poseían el palacio y mataban cada humano extraviado dentro de Mirotic—chasqueaban bajo sus botas. Más de una vez YooChun se había preguntado por qué las criaturas de Mirotic no podía sobrevivir en la superficie, pero los humanos podían ir y venir como les placiera. Ejércitos una vez habían entrado, lo cual fue por qué los dragones habían matado tan sin piedad, por qué esta caverna había sido una vez lugar de muerte y destrucción.

Todavía, YooChun pensaba que era mejor en sus manos. Inocentes no merecían morir. ¿Qué hubiera pasado si JunSu atravesaba el portal antes de su llegada? Hubiera sido asesinada.

“¿Son estos huesos?” JunSu cubrió su boca con una mano temblorosa. “No los note antes.”

Él explicó sobre los dragones, sobre el portal. “Los humanos han intentado destruir a las criaturas de Mirotic en un intento de robar sus riquezas. Los dragones hicieron lo que ellos creían era lo correcto para proteger a las criaturas de Mirotic.”

YooChun bajó las escaleras, esta escondido en la estrecha hendidura entre dos rocas manchadas de sangre. El portal fue exactamente por qué los dragones querían el control de este palacio de nuevo. Ellos lucharán hasta la muerte para que tenerlo. YunHo, Rey de los Dragones, fue Guardián, un asesino de intrusos.

“Nunca me dijiste el lugar más erótico en el cuerpo de una mujer.” JunSu dijo. Miedo cubría su voz, como si estuviera desesperada de pensar en todo excepto guerra y muerte.

“Ni lo hare,” Él replicó. El misterio ocuparía su mente manteniéndola distraída. “No hasta que te tenga en mi cama otra vez.”

“Idiota.”

“Belleza.”

Una pausa. Una inhalación brusca. JunSu se detuvo abruptamente. “¿Qué es este lugar?” Su voz hizo eco alrededor de ellos.

Habían llegado al fondo de las escaleras, habían entrado a una nueva habitación. YooChun apoyó su escudo contra la pared y deslizó una mano alrededor de la cintura de JunSu, urgiéndola a su lado; solamente para prevenirla de correr cuando vea la celda de prisión. “Bienvenida al calabozo, Luna.”

La manada de voces se adelgazó para calmarse un segundo antes de que arrullos felices brotaran. “¡YooChun, tú, cosa maravillosa! Estoy feliz de verte.”

“¡YooChun!”

“Hola, YooChun.”

Brillantes barras azules llegaron a la vista. Barras que contenían todas las otras mujeres.

“Infiernos, no,” JunSu dijo, él sabía que había visto la prisión; una prisión que pudo contener a un inmortal es necesario. Ella se tiró de él, cortando todo contacto, “No voy a dejarte atraparme así. ¡No voy a quedarme impotente!”

Determinado, él la encaró. Ella, también, usaba una expresión de determinación. Sus ojos oscuros destellaban fuego mientras la hacía retroceder hacia la pared.

“Trata e intimídame todo lo que quieras.” Ella cuadró sus hombros y levantó su barbilla, la imagen de total desafío. “No voy a quedarme aquí abajo mientras tu batallas, ahí arriba.”

“Este es el lugar más seguro para ti.”

“¿Y qué si eres asesinado? ¿Estaré atrapada aquí abajo para siempre?”

“Eso no sucederá.” Él insistió.

“¿Puedes garantizarlo con un cien por ciento de certeza?”

“Sí.” Él no permitiría que nada malo le pasara a sí mismo porque la vida de JunSu dependía de él. Eso era un hecho.

Ella cruzó sus brazos sobre su pecho. “¿Cómo puedes garantizar tal cosa? ¿Eres un psíquico?”

Su mirada se movió nerviosamente mientras señalaba al grupo de guerreros que se colocan delante de las rejas de la prisión. “Si algo me sucediera, estos hombres te liberarán. ¿Satisfecha?”

“No soy una pequeña Magdalena quien hará cosas estúpidas mientras el grande, fuerte guerrero la protege. No tienes que preocuparte por mí corriendo a la batalla. Me quedaré en esta habitación, okay. No tienes que encerrarme.”

“Las barras no son para ti. Son para los dragones. Si ellos te atrapan, te quemarán o violarán. Tal vez ambos. ¿Es ese el destino que deseas para ti misma?”

Lo poco de color que su cara tenía, se desvaneció.

Él suavizó su tono. “Trata de mantener a las otras calmadas mientras me voy. ¿Harás esto por mí?”

Ella lo miró a los ojos, por un breve momento él captó un destello de puro terror. Por él. Por su seguridad. Pero ella frunció el ceño y asintió. “Bien. Lo haré. Pero ellas no están alteradas,” Ella gruñó. “Están fenomenalmente felices de verte.”

“Lo estamos, YooChun,” Una morena dijo, dando un paso hacia adelante. Ella agarro las barras. Una toga amarillo oro cubría su exuberante cuerpo. “Estamos felices de verte.”

JunSu apretó el puente de su nariz. “Si no regresas, te juro por Dios que te mataré.”

YooChun asintió a Kai, quien se quedó de centinela en la celda. Kai extendió su brazo y frotó sus dedos contra las barras, haciéndolas nada más que niebla. YooChun no podía evitarlo. Él aplastó los labios de JunSu contra los suyos, su lengua picando dentro por una rápida probada, trayendo todos sus más fieros deseos a la superficie. Ella respondió violentamente, brutalmente, tomando todo lo que él podía darle.

Mientras la besaba, la retrocedió dentro de la celda. Cuando estaba instalada dentro, se apartó de ella y las barras se solidificaron enfrente de su rostro.

Sus ojos se encontraron. Silencio crepitaba entre ellos por un latido. La mirada de ella se abrió entendiendo y ella se agarró a las barras. Les dio un buen sacudón, pero ni siquiera sonaron. “¡Tú bastardo!  Dije que voluntariamente me quedaría aquí. No tenías que engañarme para entrar.”

“Lo siento.” Odiaba dejarla. Quería besarla otra vez. Quería quedarse. No podía. Levantó su escudo y salió del recinto, las maldiciones de ella resonando en sus oídos. Se dirigió al comedor. KyuHyun lo encontró a medio camino.

“Los hombres están listos.”

Sacó a JunSu de su mente, determinado a actuar como un guerrero debería. Frío, indiferente. Letal. “Excelente. ¿Cuán lejos están los dragones de alcanzarnos?”

“Todavía están en la Ciudad Exterior.”

“¿Tienen algún aliado con ellos?”

“No. Vienen solos.”

“¿YunHo los guía?”

“Sí.”

YooChun asintió. Él y YunHo habían peleado una vez antes y aunque YooChun había herido a la descomunal bestia, el final había sido un empate, con ninguno de los hombres capaz de conquistar completamente al otro. “Quiero a nuestros mejores hombres en el parapeto y un grupo de soldados estratégicamente colocados en el bosque circundante. Quiero cada movimiento de los dragones rastreado. Quiero saber si ellos mandan voladores al techo.”

“¿Y si lo hacen?”

“Derríbenlos.” Todos los dragones tenían alas que les permitían elevarse a través del aire. Eran además respira-fuego y si no los detenían rápidamente, podían diezmar todo a su paso. La más grande fuerza de los ninfos yacía en sus poderes de seducir. Incluso hombres no eran inmunes y podían ser cautivados por su hechizo, esclavos a su voluntad. Más que eso, la pasión de los ninfos se derramaba en cada área de sus vidas. No sólo pasión sexual, si no furia.

Los dragones no caerían presa de sus encantos, lo cual significaría que tendrían que confiar en su ingenio, habilidad con la espada y la furia potente. Al menos el palacio, el cual había sido hecho por los dragones, era resistente al fuego.

“¿Quieres poner trampas?”

Él consideró la idea. “No. Dejemos que los dragones nos alcancen sin incidentes. Va a ser menos probable que se apresuren a atacar, y podemos lanzar un asalto sorpresivo de los nuestros en la oscuridad que viene.”

KyuHyun se apresuró a transmitir todo lo que le había ordenado.

En el comedor, YooChun se dirigió a la pared de ventanas y miró hacia afuera. Calles vacías le saludaron. Los ciudadanos que vivían en la Ciudad Exterior habían visto a los dragones y corrieron a casa, temiendo por sus vidas.

La Guerra finalmente había llegado.

YooChun giró en sus talones y se dirigió a la arena. KyuHyun estaba ocupado, instruyendo a los hombres. Mientras ellos recibían órdenes, ellos corrían a obedecer. “Que los dioses vayan con ustedes.” Dijo a aquellos que pasaban junto a él.

“Y usted, mi rey.” Él escuchó pronunciar numerosas veces.

Aquellos sin asignación formaron una línea y lo miraban expectantemente. Él paseó enfrente de ellos diciendo. “Quiero un círculo indetectable alrededor de la Ciudad Exterior y permanezcan detrás de los dragones. Los quiero flanqueados por los ninfos en todos lados.”

Ellos asintieron al unísono.

“Cuando reciban mi señal, ciérrense en ellos y déjenles saber que están ahí. Ahora vayan.”

Apurados pasos hicieron eco mientras los hombres se apresuraban a obedecer. YooChun se encontró a sí mismo solo. Tomando la empuñadura de su espada, él estuvo de pie por un momento, sus pensamientos derivaron inexorablemente a JunSu. Si ella no hubiera estado aquí, lo más probable es que habría guiado una sección de su ejército a las afueras de la ciudad y atacado a los dragones ahí. Como estaba, él había querido todas sus fuerzas rodeando el palacio. A la mano. Un círculo de protección.

Todo lo que tenía que hacer ahora era aguardar por la llegada de los dragones. Y matar, por supuesto. Matar a todos y cada uno de sus enemigos.


1 comentario:

  1. Noooo así nooo... Yo queria que Junsu se mostrara un poquito llorosa por Yoochun que minimo el tubiera que verla con los ojos lloroso por temor de no verlo. Pero ok ese duelo del HigtQuallity couple me tiene curiosa.

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