Capítulo
20.
YOOCHUN
NO PODÍA CREER que alguien había entrado a su habitación sin su conocimiento.
Incluso cuando estaba cautivo en el más animal de sus deseos, sus instintos de
guerrero no disminuían.
No
así con JunSu. Con ella, él se concentraba únicamente en el amor. Tal cosa
nunca había sucedido antes.
En
el momento,él peleaba contra un fiero torrente de ira y deseo. Él tenía a JunSu
donde la había querido y la necesitó por tanto, y ahora tenía que dejarla. Pero
su seguridad venía antes que su seducción. Siempre.
La
seguridad de ella venía antes que su propio placer.
Tal
vez estaba atrapado dentro de una pesadilla, porque esto era la peor cosa que
pudiera haber sucedido. “Alerta a los otros,” Le dijo a KyuHyun, las palabras
arrancadas de él. “Quiero a todos completamente armados y en la arena. Estaré
ahí dentro de poco.”
“Considéralo
hecho.” Fue la respuesta antes que su segundo al mando se fuera corriendo.
Frotó
una mano sobre su rostro. Dioses, él había sabido que este día llegaría. ¿Por
qué no pudo haber llegado en la mañana? “KyuHyun.” Él llamó y el guerrero
rápidamente regresó. “¿Han visto a las mujeres?”
“Están
siendo escondidas ahora.”
“Excelente.
Ve, entonces. Tienes tus órdenes.”
KyuHyun
miró dentro de la habitación una segunda vez, sus apresurados pasos haciendo
eco en las paredes.
“Lo
siento, Luna,” YooChun dijo mirando a
JunSu. Color sonrojaba sus mejillas; su pálido cabello extendido sobre la cama
como listones de seda blanca. Sus pechos, cubiertos por la sábana violeta,
estaban delineados, sus pezones perlados. “Debo ir.”
Ella
no respondió. Él no sabía qué más decir. Retirándose de la cama, de su abrazo,
era la cosa más difícil que él había hecho jamás. Deseaba que hubiera tiempo,
al menos para saciar el deseo de ella y dar a uno de ellos alivio.
Mientras
apresuradamente se vestía, tirando de sus pantalones y recuperando su armadura
de pecho –todavía manchada con sangre de la práctica de hoy—él se dio cuenta
que todavía no estaba al completo de su fuerza. Su agarre no era tan firme, sus
extremidades no tan estables. No había nada que hacer ahora. Él ató los
cordones de sus botas.
“¿Estás
yendo a la Guerra?” Finalmente su mujer habló, pero su voz no daba indicación
de sus emociones. Era tan vacía y fría como si él nunca la hubiera acariciado.
Nunca movió sus dedos dentro de ella.
Eso
lo enfureció tanto como la interrupción de KyuHyun. “Si eso es lo que es
requerido para mantener este palacio, entonces sí, iré a la guerra.”
“Pero…
estás herido.”
“¡Sí!”
“No
debes estar peleando. Harás tus heridas peor.”
Él
mantenía su espalda hacia ella mientras
reunía su casco y su escudo. La Calavera descansaba dentro. “No empieces a
dudar de mi otra vez, Luna. Soy muy
capaz de proteger y defender.”
“¿Por
qué no sólo le das de vuelta su palacio a los dragones?”
Él
no quería que su ejército se volviera vagabundo otra vez, sin hogar real, sin
refugio real. “Es mío ahora, y mantengo lo que es mío. Siempre.” Él pronunció
las palabras como una advertencia a ella. Ella era suya ahora y él nunca la
dejaría ir. “Vístete.”
Ella
miró hacia la sábana que apretaba, a sus enormes pantalones. Ella jadeó como si solamente entonces se
diera cuenta que todavía no se cubría a sí misma completamente. Con movimientos
rígidos, tomó la camiseta negra del suelo y la tiró sobre su cabeza.
YooChun
lamentó la pérdida de su semidesnudez. Él levantó su mano libre y le señaló
para unirse a él. Sorpresivamente ella lo hizo sin protestar, anclando su
cinturón en su lugar mientras caminaba. Sin embargo, no tomó su mano ofrecida.
“¿A
dónde estás llevándome?” Ella preguntó. Profunda preocupación nadaba en las
pozas oscuras de los ojos de ella. ¿Por él? Se preguntaba esperanzadoramente.
Dudaba que fuera por ella misma.
“Te
quiero a salvo, lo que significa que voy a ponerte con las otras mujeres.”
“¿Dónde?”
ella insistió. “¿La habitación en que estuvimos anteriormente hoy?”
“No.
Te mostraré.” Él sabía que ella se negaría si él le decía dónde estaría. Si
simplemente la llevaba ahí, sus pasos voluntarios, ahorraría tiempo y esfuerzo.
La
urgencia lo maltrataba. Él debía poner a JunSu a salvo.
Tomó
la mano de ella y tiró de ella a través de tres corredores separados. Muchos de
sus hombres se apresuraban pasándolo, asintiendo en reconocimiento mientras se
dirigían a la arena. Ese no era su destino. Mientras continuaba, el aire se
volvía frío, grueso y húmedo. Niebla se curveaba hacia el techo.
“¿Estás
llevándome al portal?” JunSu le golpeó en el hombro. “Pensé que dijiste que me
ahogaría si fuera de regreso.”
“No
estoy, ni te enviaré por el portal nunca. No por ninguna razón.” Las paredes de
la caverna llegaron a la vista. Rocosas. Irregulares. Murales sensuales
pintados alrededor. Pasando el portal de remolino, cuidadoso de no tocar el
moteado líquido separándolo y a JunSu del mar. “No entiendo.” JunSu dijo.
El
sonido de voces femeninas llenó sus oídos. Ramas y huesos –dejados cuando los
dragones poseían el palacio y mataban cada humano extraviado dentro de
Mirotic—chasqueaban bajo sus botas. Más de una vez YooChun se había preguntado
por qué las criaturas de Mirotic no podía sobrevivir en la superficie, pero los
humanos podían ir y venir como les placiera. Ejércitos una vez habían entrado,
lo cual fue por qué los dragones habían matado tan sin piedad, por qué esta
caverna había sido una vez lugar de muerte y destrucción.
Todavía,
YooChun pensaba que era mejor en sus manos. Inocentes no merecían morir. ¿Qué
hubiera pasado si JunSu atravesaba el portal antes de su llegada? Hubiera sido
asesinada.
“¿Son
estos huesos?” JunSu cubrió su boca con una mano temblorosa. “No los note
antes.”
Él
explicó sobre los dragones, sobre el portal. “Los humanos han intentado
destruir a las criaturas de Mirotic en un intento de robar sus riquezas. Los
dragones hicieron lo que ellos creían era lo correcto para proteger a las
criaturas de Mirotic.”
YooChun
bajó las escaleras, esta escondido en la estrecha hendidura entre dos rocas
manchadas de sangre. El portal fue exactamente por qué los dragones querían el
control de este palacio de nuevo. Ellos lucharán hasta la muerte para que tenerlo.
YunHo, Rey de los Dragones, fue Guardián, un asesino de intrusos.
“Nunca
me dijiste el lugar más erótico en el cuerpo de una mujer.” JunSu dijo. Miedo
cubría su voz, como si estuviera desesperada de pensar en todo excepto guerra y
muerte.
“Ni
lo hare,” Él replicó. El misterio ocuparía su mente manteniéndola distraída.
“No hasta que te tenga en mi cama otra vez.”
“Idiota.”
“Belleza.”
Una
pausa. Una inhalación brusca. JunSu se detuvo abruptamente. “¿Qué es este
lugar?” Su voz hizo eco alrededor de ellos.
Habían
llegado al fondo de las escaleras, habían entrado a una nueva habitación. YooChun
apoyó su escudo contra la pared y deslizó una mano alrededor de la cintura de
JunSu, urgiéndola a su lado; solamente para prevenirla de correr cuando vea la
celda de prisión. “Bienvenida al calabozo, Luna.”
La
manada de voces se adelgazó para calmarse un segundo antes de que arrullos
felices brotaran. “¡YooChun, tú, cosa maravillosa! Estoy feliz de verte.”
“¡YooChun!”
“Hola,
YooChun.”
Brillantes
barras azules llegaron a la vista. Barras que contenían todas las otras
mujeres.
“Infiernos,
no,” JunSu dijo, él sabía que había visto la prisión; una prisión que pudo
contener a un inmortal es necesario. Ella se tiró de él, cortando todo
contacto, “No voy a dejarte atraparme así. ¡No voy a quedarme impotente!”
Determinado,
él la encaró. Ella, también, usaba una expresión de determinación. Sus ojos
oscuros destellaban fuego mientras la hacía retroceder hacia la pared.
“Trata
e intimídame todo lo que quieras.” Ella cuadró sus hombros y levantó su
barbilla, la imagen de total desafío. “No voy a quedarme aquí abajo mientras tu
batallas, ahí arriba.”
“Este
es el lugar más seguro para ti.”
“¿Y
qué si eres asesinado? ¿Estaré atrapada aquí abajo para siempre?”
“Eso
no sucederá.” Él insistió.
“¿Puedes
garantizarlo con un cien por ciento de certeza?”
“Sí.”
Él no permitiría que nada malo le pasara a sí mismo porque la vida de JunSu dependía
de él. Eso era un hecho.
Ella
cruzó sus brazos sobre su pecho. “¿Cómo puedes garantizar tal cosa? ¿Eres un
psíquico?”
Su
mirada se movió nerviosamente mientras señalaba al grupo de guerreros que se
colocan delante de las rejas de la prisión. “Si algo me sucediera, estos
hombres te liberarán. ¿Satisfecha?”
“No
soy una pequeña Magdalena quien hará cosas estúpidas mientras el grande, fuerte
guerrero la protege. No tienes que preocuparte por mí corriendo a la batalla.
Me quedaré en esta habitación, okay. No tienes que encerrarme.”
“Las
barras no son para ti. Son para los dragones. Si ellos te atrapan, te quemarán
o violarán. Tal vez ambos. ¿Es ese el destino que deseas para ti misma?”
Lo
poco de color que su cara tenía, se desvaneció.
Él
suavizó su tono. “Trata de mantener a las otras calmadas mientras me voy.
¿Harás esto por mí?”
Ella
lo miró a los ojos, por un breve momento él captó un destello de puro terror.
Por él. Por su seguridad. Pero ella frunció el ceño y asintió. “Bien. Lo haré.
Pero ellas no están alteradas,” Ella gruñó. “Están fenomenalmente felices de
verte.”
“Lo
estamos, YooChun,” Una morena dijo, dando un paso hacia adelante. Ella agarro
las barras. Una toga amarillo oro cubría su exuberante cuerpo. “Estamos felices
de verte.”
JunSu
apretó el puente de su nariz. “Si no regresas, te juro por Dios que te mataré.”
YooChun
asintió a Kai, quien se quedó de centinela en la celda. Kai extendió su brazo y
frotó sus dedos contra las barras, haciéndolas nada más que niebla. YooChun no
podía evitarlo. Él aplastó los labios de JunSu contra los suyos, su lengua
picando dentro por una rápida probada, trayendo todos sus más fieros deseos a
la superficie. Ella respondió violentamente, brutalmente, tomando todo lo que
él podía darle.
Mientras
la besaba, la retrocedió dentro de la celda. Cuando estaba instalada dentro, se
apartó de ella y las barras se solidificaron enfrente de su rostro.
Sus
ojos se encontraron. Silencio crepitaba entre ellos por un latido. La mirada de
ella se abrió entendiendo y ella se agarró a las barras. Les dio un buen
sacudón, pero ni siquiera sonaron. “¡Tú bastardo! Dije que voluntariamente me quedaría aquí. No
tenías que engañarme para entrar.”
“Lo
siento.” Odiaba dejarla. Quería besarla otra vez. Quería quedarse. No podía.
Levantó su escudo y salió del recinto, las maldiciones de ella resonando en sus
oídos. Se dirigió al comedor. KyuHyun lo encontró a medio camino.
“Los
hombres están listos.”
Sacó
a JunSu de su mente, determinado a actuar como un guerrero debería. Frío,
indiferente. Letal. “Excelente. ¿Cuán lejos están los dragones de alcanzarnos?”
“Todavía
están en la Ciudad Exterior.”
“¿Tienen
algún aliado con ellos?”
“No.
Vienen solos.”
“¿YunHo
los guía?”
“Sí.”
YooChun
asintió. Él y YunHo habían peleado una vez antes y aunque YooChun había herido
a la descomunal bestia, el final había sido un empate, con ninguno de los
hombres capaz de conquistar completamente al otro. “Quiero a nuestros mejores
hombres en el parapeto y un grupo de soldados estratégicamente colocados en el
bosque circundante. Quiero cada movimiento de los dragones rastreado. Quiero
saber si ellos mandan voladores al techo.”
“¿Y
si lo hacen?”
“Derríbenlos.”
Todos los dragones tenían alas que les permitían elevarse a través del aire.
Eran además respira-fuego y si no los detenían rápidamente, podían diezmar todo
a su paso. La más grande fuerza de los ninfos yacía en sus poderes de seducir.
Incluso hombres no eran inmunes y podían ser cautivados por su hechizo,
esclavos a su voluntad. Más que eso, la pasión de los ninfos se derramaba en
cada área de sus vidas. No sólo pasión sexual, si no furia.
Los
dragones no caerían presa de sus encantos, lo cual significaría que tendrían
que confiar en su ingenio, habilidad con la espada y la furia potente. Al menos
el palacio, el cual había sido hecho por los dragones, era resistente al fuego.
“¿Quieres
poner trampas?”
Él
consideró la idea. “No. Dejemos que los dragones nos alcancen sin incidentes.
Va a ser menos probable que se apresuren a atacar, y podemos lanzar un asalto
sorpresivo de los nuestros en la oscuridad que viene.”
KyuHyun
se apresuró a transmitir todo lo que le había ordenado.
En
el comedor, YooChun se dirigió a la pared de ventanas y miró hacia afuera.
Calles vacías le saludaron. Los ciudadanos que vivían en la Ciudad Exterior
habían visto a los dragones y corrieron a casa, temiendo por sus vidas.
La
Guerra finalmente había llegado.
YooChun
giró en sus talones y se dirigió a la arena. KyuHyun estaba ocupado,
instruyendo a los hombres. Mientras ellos recibían órdenes, ellos corrían a
obedecer. “Que los dioses vayan con ustedes.” Dijo a aquellos que pasaban junto
a él.
“Y
usted, mi rey.” Él escuchó pronunciar numerosas veces.
Aquellos
sin asignación formaron una línea y lo miraban expectantemente. Él paseó
enfrente de ellos diciendo. “Quiero un círculo indetectable alrededor de la
Ciudad Exterior y permanezcan detrás de los dragones. Los quiero flanqueados
por los ninfos en todos lados.”
Ellos
asintieron al unísono.
“Cuando
reciban mi señal, ciérrense en ellos y déjenles saber que están ahí. Ahora
vayan.”
Apurados
pasos hicieron eco mientras los hombres se apresuraban a obedecer. YooChun se
encontró a sí mismo solo. Tomando la empuñadura de su espada, él estuvo de pie
por un momento, sus pensamientos derivaron inexorablemente a JunSu. Si ella no
hubiera estado aquí, lo más probable es que habría guiado una sección de su
ejército a las afueras de la ciudad y atacado a los dragones ahí. Como estaba,
él había querido todas sus fuerzas rodeando el palacio. A la mano. Un círculo
de protección.
Todo
lo que tenía que hacer ahora era aguardar por la llegada de los dragones. Y
matar, por supuesto. Matar a todos y cada uno de sus enemigos.
Noooo así nooo... Yo queria que Junsu se mostrara un poquito llorosa por Yoochun que minimo el tubiera que verla con los ojos lloroso por temor de no verlo. Pero ok ese duelo del HigtQuallity couple me tiene curiosa.
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