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martes, 15 de abril de 2014

Desire and Lust Cap 22

Capítulo 22.

YooChun se paseaba por el parapeto. El rítmico golpe de los pasos de un ejército, resonaba en sus oídos. Podía ver el ejército de los dragones al menos,cientos de ellos, coronando el horizonte violeta. Que hubiera elegido caminar al palacio en vez de volar en forma de dragón significaba que ellos no estaban  vencidos por la ira –aún-  y no querían atacar –aún.

Esperando por su llegada estaba volviéndolo loco. Era un hombre de acción. Más que eso, era un hombre ansioso por terminar la pelea y regresar a su mujer.


Él se tambaleó hacia adelante, una bota atorada en una rama. Se atrapó a sí mismo con sus manos, reforzándolos en la pared. Exhaló un tembloroso suspiro. La espera había drenado más de su fuerza. Lo que necesitaba era sexo. Con JunSu su poder no estaba a un óptimo nivel, y él estaba sintiendo ahora su ausencia.

“Mi Rey,” KyuHyun dijo, preocupado, de repente a su lado. “¿Está bien?”

“Estoy bien.” Se enderezó. No estaba bien, y él lo sabía. Habían sido dos días sin sexo, sin auto-complacerse, y la debilidad estaba desplegando dedos insidiosos a través de él. Él estaba lo suficientemente bien para pelear, él esperaba; lo suficientemente bien para guiar, él sabía; pero ¿Por cuánto tiempo?

Su brazo herido había incrementado la velocidad y la intensidad de su debilidad. Hubiera arreglado llegar dentro de JunSu anteriormente, estaría completamente curado. “Si los dragones vienen dentro de cien yardas del palacio, derríbenlos.” Él dijo. KyuHyun asintió. “Arqueros.” Él llamó. “¡Preparen!”

Los hombres se arrodillaron y tensaron sus arcos. Esperando. Esperando. El tiempo pasaba lentamente. Sorpresivamente SiWon entró en el parapeto y se acercó a YooChun. El hombre cojeaba y sus rasgos estaban tensos con dolor, pero se las arregló para permanecer erguido.

“¿Qué estás haciendo?” YooChun reclamó.

“Peleando,” fue la arisca respuesta. “Ha de haber una guerra, ¿No la hay?”

“Todavía no te has recobrado.”

“Eso no significa que deba permanecer en cama mientras mis hermanos pelean.”

YooChun buscó el rostro de su primo, viendo determinación, la necesidad de hacer las cosas bien. Él asintió en aprobación. “Muy bien. Toma tu lugar en las líneas de abajo.”

SiWon se volvió, listo para hacer lo que le había sido ordenado. Entonces se detuvo. “No me disculparé por retarte.” Él dijo rígidamente. “Pero te diré que respeto tus habilidades y tu liderazgo.”

Las palabras eran inesperadas y sorpresivas. Pero más que eso, el tono de su primo era inesperado y sorpresivo. Había hablado con afecto, como ellos fueran los inseparables chicos que habían sido una vez. “Gracias.” YooChun dijo y le palmeó ligeramente en el hombro. Él asumió una postura de batalla en la pared, con vista al campo claro que guiaba al palacio. Cada vez más cerca venían los dragones. Sus armaduras brillaban en la luz del día. Los árboles se sacudían detrás de ellos, el suelo se sacudía visiblemente. Pétalos de colores flotaban de las flores.

Su mano se curveó alrededor de la empuñadura de La Calavera, mientras YunHo, rey de los dragones, reclamaba la posición de líder. Él, también, agarraba un espada, una larga amenazante hoja manchada de carmesí de muchas muertes. Sí, YunHo era un asesino letal, un guerrero sin sentimientos son conciencia que YooChun conocía. Un digno adversario, para estar seguro.

Los soldados dragones llegaron en un abrupto alto.

“Manténganse.” YooChun dijo a sus hombres. “Manténganse hasta que de la señal.” A los dragones él llamó. “Bienvenidos a mi hogar, respira-fuego. Entenderán si no los invito dentro.”

YunHo frunció el ceño. “Sabes muy bien que el palacio me pertenece.”

Él chasqueó la lengua. “Si querías mantenerlo, debiste haber mandado un batallón más fuerte a resguardarlo.”

“¿Qué hiciste con los dragones dentro?”

“Los encerré, por supuesto. Ellos serán poderosas herramientas de negociación.”

“¿Tengo tu palabra de honor que no los mataste, entonces?”

“Tienes mi palabra de honor que no maté a ninguno de ellos.”

YunHo asintió, la acción se cortó. “Mi esposa ha pedido que no asesine a tu raza entera por atreverse a robar lo que es mío.  Voy a complacer sus deseos –por ahora—si haces las dos cosas que requiero de ti.”

“¿Y cuáles son esas?”

“Libera a mis hombres y deja el palacio.”

YooChun rió. “Estoy bastante encariñado con él. Creo que me quedaré.”

“Tú estás invitando a la Guerra, Ninfo.” Sus ojos se entrecerraron, y él rindió toda pretensión de humor. “Tal como estas, Dragón.”

“Sí, pero tú invitas la ira de los dioses, por que no sabes qué hacer con los viajeros de la superficie. Ya has permitido un humano hombre deslizarse a Mirotic, un humano que capturó nuestra joya de Mirotic.”

YooChun se encogió de hombros, despreocupado. La joya estaba mejor en manos humanas. Cuando una criatura de Mirotic la poseía, ellos llegaban a ser todopoderosos, inderogables.

“¿Sabes qué pasa cuando los humanos aprenden de Mirotic, YooChun? Ellos le dicen a otros de su raza, y pronto ejércitos de humanos están marchando a través de nuestra tierra, tratando de matarnos a todos.”

“Debo estar en desacuerdo. Ninguna de mis humanas le ha sido permitido regresar a la superficie, así ellos son incapaces de guiar a nadie aquí. Están demasiado atareadas ocupando nuestras camas.” Muchos de sus hombres rieron.

“¿Así que otros humanos han atravesado?”

“¿No lo dije así?”

Los ojos del rey de los dragones brillaban fuertemente. “Dime que los mataste. O dime que al menos borraste sus memorias.”

“No hice tal cosa. Te lo dije, los encamamos.”

“Realmente te has ganado la ira de los Dioses, YooChun.”

“Los dioses nos han olvidado. Seguramente sabes eso. Ahora, hemos acabado con esta conversación. La encuentro aburrida.”

Humo se rizaba de la nariz de YunHo, la primera señal de que pronto se transformaría a su forma dragón. “Tú deseas enfrentar tu ejército al mío, entonces, reclamaré el palacio y me haré cargo de los humanos que tan tontamente mantienes.”

“¡Inténtalo!” YooChun dijo, su quijada se tensó. “Y te mataré por mí mismo. El portal y todos quienes lo han atravesado me pertenecen. ¡Son míos!”

YunHo se detuvo, como si no hubiera esperado tal enérgica respuesta. “¿Por qué quieres tanto hacerte cargo del portal? No puedes sobrevivir en la superficie.”

Él abrió su boca para dar una ligera réplica, pero se detuvo. ¿Por qué no decir la verdad? “No me importa la superficie. Me importa mi gente, mi hogar” Su voz se elevó con la ferocidad de su convicción. “Los ninfos nunca han poseído un hogar propio. Desde el amanecer de nuestro tiempo, hemos viajado de un lugar a otro, viviendo con una raza u otra, durmiendo en sus camas, comiendo su comida. Somos buenos solamente para el placer y la guerra. Nuestras mujeres merecen un hogar propio.”

“En cuanto a eso…” Los labios de YunHo se curvearon en una gradual, arrogante sonrisa. “Tengo a tus mujeres.”

Estertores de furia se encendieron dentro de él. “¿Qué dijiste?”

“Ellas estaban en nuestro camino a este palacio, y las capturamos.”

“¿Las has herido?"

“No. Están a salvo.”

“Gracias por eso.” Él admitió. Lo que YooChun realmente quería hacer era golpear al rey dragón hasta que su sangre fluyera, un río de dolor. Esas mujeres eran su responsabilidad.

“Sé que tus hombres están débiles sin sexo. Y desde que tengo a las ninfas, puedo adivinarque la mayoría de ustedes serán fáciles de destruir. ¿Estás seguro que quieres la guerra?”

“Estamos plenamente fuertes, YunHo. Te lo dije, las habitantes de la superficie han ocupado nuestras camas.”

YunHo pronunció otro gruñido, petulante ya no. “¿Cómo vamos a hacer esto, entonces, para mantenerlo honesto?”

¿Una pelea honesta de un dragón? Inconcebible. Y todavía, si YunHo hubiera querido  pelear sucio, lo hubiera hecho ya, furtivamente en la noche por un ataque sorpresa. Sin embargo, YooChun dudaría si YunHo tuviera un plan alternativo de acción. “Sugiero una batalla de espadas.”

“Muy bien. ¿Nos encontramos en el campo de batalla en la mañana?”

“¿Por qué esperar?” YooChun no quería a JunSu encerrada más tiempo que el necesario, él quería esto hecho y terminado tan rápidamente como fuera posible. “Podemos resolver esto, tú y yo. No otros necesitan pelear.”

“Acepto.” YunHo rió como su esa hubiera sido su esperanza desde el principio, sus afilados dientes brillaron. Él no usaba armadura, pero entonces, no podía. No si él quería transformarse en un verdadero dragón. “El ganador toma el palacio y todo dentro.”

“De acuerdo.”

“Pero, mi rey.” KyuHyun dijo a su lado, hablando en un bajo, susurrante tono. “Usted no ha…”

“No te preocupes, mi amigo. Prevaleceré.”

KyuHyun no estaba convencido. “Al menos vaya a JunSu. Déjala succionarlo o darle la bienvenida dentro de su cuerpo, pero no baje ahí sin…”

“Silencio…” él levantó la mano. Él no habría de ser la primera vez de JunSu nada más que un revolcón para fortalecerlo. No, su primera vez sería lenta y tierna. Ella estaría loca de deseo por él le mostraría el lugar más placentero en su cuerpo, entonces la presentaría al suyo. “Bajaré dentro de poco, YunHo.” Él llamó.

El rey dragón asintió.

YooChun se volvió a KyuHyun y los hombres aún ahora lo circundaban.

“Esto podría ser una trampa.” SiWon agarraba la empuñadura de su espalda. “Una vez que bajes, ellos se cerrarán en ti y te matarán. Eso es lo que yo haría.”

“Mantengan los arqueros en su lugar.” YooChun instruyó. “Si un guerrero dragón parece salir de orden, mátenlo.”

KyuHyun asintió.

“Hay algo que debo hacer antes de encontrar a los dragones.” Ninguno de sus hombres dijo una palabra mientras se alejaba de ellos. Ellos sabían lo que él quería hacer; al menos, sospechaban. Ellos estaban parcialmente en lo correcto.

Él salió del parapeto y se encontró en una vacía esquina de la habitación. Mientras no visitaría a JunSu, ni pelearía contra el rey dragón sin hacer primero algo. Él conjuró las imágenes del rostro pálido de su pareja en su mente, vio sus labios separados, vio deseo en sus ojos cafés aterciopelados. Mientras se imaginaba hundiéndose dentro de su cuerpo, deslizó una mano dentro de sus pantalones y enredándola alrededor de su polla. Arriba y abajo frotó la gruesa, dura longitud.

Podía casi sentir su ardiente, húmeda estrechez. Casi podía escucharla suspirar gemidos y ansiosos ronroneos. Había Incrementado su ritmo porque ella sería salvaje con necesidad y anhelaría un duro golpe. Sus testículos la golpearían e incluso sería excitante. Tan salvajemente.

Cuando la escuche gritar su nombre en clímax, el rugirá con el suyo propio. Su semilla roció de él. Y con el alivio de su semilla llegó una ola de fuerza. No tan intensa como si hubiera estado con JunSu, pero suficiente. Se limpió a sí mismo y regreso a sus hombres.

“Aquí está tu escudo.” SiWon dijo. El cambio en su actitud era notable, y más de lo que YooChun pudo haber esperado. “La Calavera está dentro.”

“¿Requiere su lanza?” ChangMin preguntó.

YooChun tomó el escudo y lanzó una mirada a YunHo, quien ahora estaba de pie en el centro de un medio círculo. YunHo sostenía únicamente una espada. Porque ellos habían peleado antes, YooChun sabía que esa era la única arma del hombre. YunHo usaría sus dientes, sus garras, su fuego, y YooChun en cambio necesitaría cada arma a su disposición.

“¡Sí!” Él dijo. “Lanza. Necesitaré un medallón de dragón también…”

ChangMin reunió los utensilios y se los entregó. “Que los Dioses estén con usted, mi rey.”

YooChun ancló el collar alrededor de su cuello y golpeó a ChangMin en su hombro. “Finalmente tengo algo digno por lo que pelear. No permitiré que un dragón me aleje de ella.”

KyuHyun arqueó una ceja. “¿Ella? ¿No pelea por el palacio?”

“Peleo por JunSu. Peleo por todas nuestras mujeres, ninfas y humanas, que pueden tener un hogar.”

“La mitad de los hombres deben bajar contigo.” SiWon dijo. “Podemos cerrar el círculo con tus aliados.”

Él asintió. “Excelente.”

Con una tropa de ninfos marchando detrás de él, bajó los escalones en el borde del muro y pronto estuvo de pie en la puerta.

“Abrir.” Él dijo levantando el collar. La puerta instantáneamente obedeció; una grieta se formó entre las piedras blancas, lentamente ampliándose.

Él y sus hombres salieron, nunca relajando su guardia. Los dragones permanecieron en su lugar, gruñendo. Los ninfos gruñeron en respuesta. Los ojos de YooChun se encontraron con los de YunHo. El único dragón de ojos azules existente.

El rey dragón tenía un rostro severo, áspero y salvaje. De cerca, YooChun podía ver la cicatriz que cortaba él rostro de YunHo; una cicatriz que él mismo había infligido. “Esto es entretenido, realmente.” YooChun le dijo.

YunHo arqueó su ceja en un amenazante saludo. “¿Por qué es eso?”

“Tú tomaste a una mujer humana como tu pareja, y ahora nos regañas por hacer lo mismo.”

“¿Tú tomaste una pareja?” YunHo rió. “Tus conquistas son legendarias.”

“Como mis victorias.” Él dijo con orgullo, levantando la barbilla. “Pelearé hasta la muerte –tu muerte—para mantener a mi mujer a salvo.”

Gradualmente, la diversión del dragón se desvaneció, y miró a YooChun con algo parecido a entendimiento. "Aunque ellos han estado ausentes de nosotros por muchos años, a los Dioses no pueden gustarles tal continuo desafío. Me fue ordenado, hace mucho tiempo, nunca entrar a la superficie y nunca traer humanos aquí.” Arrojó una llamarada. “Temo que traerás su ira a todos nosotros.”

“¿Yo? ¿Qué de ti?” YooChun saltó hacia adelante. La pelea había comenzado. Niveló su lanza a la cintura de YunHo y apuñaló.

YunHo saltó fuera del camino, rociando más fuego mientras lo hacía. YooChun rodó de su camino de destrucción, las llamas apenas le pierden. La esencia de cabello carbonizado llenó su nariz. Usó el momento de su rodar para atacar a YunHo otra vez.

La lanza silbó, golpeando solo aire. Las alas de YunHo se expandieron, la gruesa longitud de la membrana opalescente brillando de arriba abajo. YooChun se puso de pie. Él esquivó a la izquierda, lejos de otra explosión de fuego, entonces giró en sus talones y pretendió embestir. En cambio, osciló su lanza detrás de él y apuñaló hacía adelante del lado opuesto. La punta rozó el muslo de YunHo mientras que aún flotaba en el aire.

Los otros dragones sisearon, pero YunHo no dio una reacción externa. Él simplemente abrió su boca, desatando un terrible infierno. YooChun levantó su escudo justo a tiempo, bloqueándolo. Pero el metal comenzó a quemar su mano. Se levantó de un saltó y giró.

Clang. La vibración de metal contra metal picó la herida de su brazo. Se movió con el ímpetu, sin embargo, y giró, desviando su lanza en el aire y forzando a YooChun a esquivar. Sin pausa, YunHo cargó. YooChun bloqueó y se lanzó. Bloqueaba. Apuñalaba.

“Podemos hacer esto todo el día, estoy seguro que una vez más probaremos estar empatados.” YunHo gruñó.

YooChun lanzó su lanza en un ángulo hacia abajo, esperando cortar el otro muslo de YunHo. Si él pudo hacer cojear al dragón, haciéndolo confiar en sus alas, YooChun podía ganar ventaja. Pero YunHo se sacudía arriba y abajo, poniendo la maderada longitud de su lanza bajo su pie y rompiendo el arma en dos.

Inmediatamente, YooChun deslizó La Calavera de su vaina en el interior de su escudo. Corrió dos pasos, Saltó y cortó hacia abajo. Esta vez, YunHo no se movió lo suficientemente rápido y la hoja cortó su brazo.

Una vez más los dragones sisearon, y una vez más YunHo no dio reacción. Era como si el fuera insensible al dolor. Desafortunadamente, YooChun no lo era. Su brazo herido palpitaba y sus piernas estaban empezando a temblar. Si la pelea no terminaba pronto…

Distantemente, escuchó a sus hombres animándolo.

“Por JunSu” KyuHyun gritó. “JunSu. JunSu. JunSu.”

Su adorable rostro destelló ante su mente, y él reunió su fuerza. Reuniéndose él mismo. Había estado presionada al extremo antes. Ha habido veces que había estado sin comida y agua, su gente sin hogar. Él pudo prevalecer. Tal vez debería cambiar su estrategia de batalla. En vez de forzar a YunHo a volar, tal vez debería cortar las alas de YunHo, aterrizándolo…

El rey dragón de repente le golpeó, derribándolo, cortando su armadura del pecho. Él probó la suciedad en su boca, sintió cálida sangre  manar, y pateó hacia atrás. YunHo se elevó sobre él, tomando el escudo de YooChun con él. YooChun no se molestó de alcanzar sus pies esta vez. Miró a YunHo desde el rabillo de sus ojos y simplemente disparó su espada.

Apuñaló en el costado de YunHo, entre brazo y costilla.

Hubo un jadeo colectivo de los dragones, como si no pudieran creer lo que había sucedido. Hubo una exclamación de los ninfos. Entonces YunHo golpeó la espada con la suya propia, demostrando que se había deslizado por el aire, no la carne. YooChun se ancló en sus pies y se levantó de un salto. Se balanceó detrás de él. Clang. Rápidamente se pivoteó, balanceándose otra vez. Clang.

“¿Haremos esto todo el día o finalmente dejarás el palacio?” YunHo dijo, su tono un poco hueco. Hablaba entre golpes.

Clang. “Preferiría matarte ahora,” YooChun respondió. “Si es todo lo mismo para ti.”

“Te dejaré conservar a la mujer.” Clang.

“¿Y cómo la protegeré sin el palacio?” Él señaló con un profundo respiro... y notó que las esencias de sangre y muerte habían súbitamente engrosado el aire.

“Vampiros.” Un dragón siseó.

La palabra hizo eco a través de la multitud. Una maldición para los dragones, una bendición para los ninfos. Nadie peleaba más fieramente con los vampiros que los dragones.

YunHo se detuvo. YooChun hizo lo mismo. Él pudo ver que los vampiros estaban intercalados con el contingente de hombres que había mandado a cerrar en la parte posterior.

“Me has engañado.” YunHo gruñó. “Esto no iba a ser una pelea justa, después de todo. Te atreviste a traer a los vampiros para ayudarte.”

“No les pedí venir, pero ciertamente no los echaré. Son mis aliados. Podemos terminar esta pelea aquí y ahora, tu y yo.”

“Como si fuera a confiar que los vampiros no me atacarán mientras estoy distraído. Te dejaremos ahora, YooChun, pero no hemos terminado contigo y los tuyos.”

Mientras él hablaba, los vampiros vestidos de negro se cerraron. Ellos flotaban más que caminaban, y ellos estaban lanzando maldiciones a los dragones. Los dragones en cambio, mutaban a sus formas bestiales. Alas se estiraban de sus espaldas, rompiendo cada pieza de sus ropas.  Escamas consumían sus pieles, verdes y negras y amenazantes. Colmillos crecían en lugar de sus dientes. Colas brotaban de sus espaldas bajas.

Ellos no atacaron a los vampiros o ninfos en ninguna manera. No, ellos saltaron al cielo, elevándose más alto y más alto, antes de desaparecer de la línea de visión de YooChun.

Regresarían, YooChun sabía, y la pelea no sería tan leve como había sido hoy. No sería una batalla entre dos hombres, si no un baño de sangre entre razas.

~°~°~°~°~

SEUNGHYUN, REY DE LOS VAMPIROS, y su ejército llegó a un abrupto alto en el campo. Viendo que los dragones habían desaparecido, él y sus hombres dieron una exclamación.

“Bueno verte otra vez, mi amigo,” YooChun dijo cuando las exclamaciones se desvanecieron.

“Escuché los dragones marchando hacia ti y decidí ayudar.”

YooChun apretó su hombro. “La última vez que te vi, estabas manteniendo la corte con la reina demonio.” Él no había perdonado a esas repulsivas criaturas por lo que habían hecho a su gente. “¿Te alías con ellos aún?”

SeungHyun sonrió lentamente. Él tenía el cabello blanco, aunque no era tan pálido como el de JunSu. Ojos azul hielo, fuertes, místicos rasgos. “Nunca me alié con ella. La usé, y entonces la maté.”

YooChun regresó la sonrisa. “Entonces tú y los tuyos son bienvenidos dentro.”

“Mi rey,” Una vampiro mujer dijo, acercándose al lado de SeungHyun. Ella tenía la misma pálida sombra de cabello como SeungHyun, los mismos ojos azules, excepto que sus rasgos era más suaves, inquietantemente hermosos.

Usualmente SeungHyun no permitía a sus mujeres cerca de los ninfos.

“KaRam” el rey admitió.

“¿Tenemos permiso para… perder el tiempo?” Su mirada estaba enlazada con la de ChangMin y había lujuria en los ojos de ella.

Ah. YooChun súbitamente entendió por qué había sido permitida a venir. Ella quería a ChangMin y probablemente había pedido unirse al ejército sólo para verlo.

SeungHyun miró a YooChun. YooChun, por supuesto, asintió su permiso. La mujer, KaRam, sonrió seductivamente y flotó hacia ChangMin.

“Ven.” YooChun dijo. Él giró en sus talones y se dirigió al palacio, sacando el medallón de dragón de debajo de su camiseta y sosteniéndolo alto así la puerta sensible permitiría a la entrada abrir. SeungHyun mantuvo el paso a su lado, los otros cerca detrás de ellos.

“¿Encontraste la Joya de Mirotic?” YooChun le preguntó. Entraron al salón principal. “Sé que estuviste en una cruzada para desenterrarla, todavía YunHo me dijo que un humano ahora tiene posesión.

“¡Ay de mí! Escapó de mí. Escapó de todos nosotros, realmente.

“¿En la superficie, como YunHo dijo?”

“Sí.”

“¿Alguna manera de traerlo de regreso?”

“Ninguna, me temo.”

Tal vez él podía viajar a la superficie y buscarlo, YooChun pensó de repente, sería la mejor manera de proteger a JunSu. Consideraría eso después. Por ahora, él tenía un respiro de la batalla. Estaba débil y cansado y necesitaba a su pareja.

“KyuHyun.” Él llamó. “Ve que los guardias estén estacionados alrededor del palacio entero, arriba y debajo, dentro y fuera.”

“Mis hombres pueden ayudar.” SeungHyun ofreció.

“Ustedes son invitados. Ustedes disfrutarán. “NichKhun, ve la comodidad de nuestros invitados.”

Las cejas de SeungHyun se arquearon. “¿No estás quedándote con nosotros?”

“No. Hay una mujer que debo ver.”

Su amigo sonrió, aunque tristeza se aferraba a las comisuras. Él había perdido a su amor hace años. “Entiendo. Ve. Estás en tu derecho. Estaremos bien sin ti.”

YooChun no necesitó exhortación adicional. Él se avanzó el resto del salón. Sus manos cosquillaban por JunSu. Finalmente la haría suya. Completamente.



1 comentario:

  1. Noooo no quiero que alguno de los dos muera(¡.¡) no me gusta ver los de enemigos(¡.¡) y creo que si se vuelven a enfrentar si va a ser para que se hagan mucho daño.Zaaaz ChangMin sera capas de dejar a KiBim por Karam???

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