Capítulo
23. (M)
JUNSU
MANTUVO SU ESPALDA presionada contra la pared más alejada del recinto, tan
lejos como podía conseguir de los prisioneros. Ella no quería liberarlos
accidentalmente. Ellos rogaban y suplicaban implacablemente, y ella intentaba distraerse a sí misma componiendo Anti-tarjetas. Bueno,
no realmente anti. Todas sus ideas eran para una no-tan-anti colección. Cosas
como “Me gustaría pasar más tiempo contigo” Y “Estar contigo no es tan malo.”
“¡Déjanos
salir!” Uno de los prisioneros dijo, cortando sus pensamientos.
Bestias,
YooChun una vez les había llamado. Asesinos.
Ellos
no lucían como asesinos. Ellos lucían como atractivos hombres quienes estaban
teñidos de azul por el frío. Bueno, hombres tampoco, ellos lucían como un poco
más que muchachos.
“Sé
cuidadosa.” Le dijo a KiBum.
“¿Quiénes
son ellos?” Su amiga preguntó, un tinte de miedo en su voz.
“No
sé exactamente.”
“Por
favor” El más joven suplicó. “Mi nombre es Henry. Déjennos ir. No les
lastimaremos. Nunca lastimaríamos a una mujer. Tal vez podamos ayudarnos los
unos a los otros.” Él se precipitó. “Te ayudaremos a librarte del hechizo de
los ninfos, y puedes dejarme ir. Sólo toca las barras.”
Si
le creía o no, era discutible. Estos chicos despreciaban a los ninfos. Cuando
Henry había dicho la palabra, se burló con absoluto odio. Por eso, ellos
permanecían aquí. La seguridad de YooChun venía primero. “¿Por qué están
prisioneros?” Ella preguntó.
“Porque
somos dragones. Porque este es nuestro palacio y los ninfos lo codiciaban para
ellos mismos.”
Como
había sospechado. Silencio. “Lo siento, chicos.” Ella dijo. Ella se sentía mal
por ellos. “No puedo. Sin embargo, hablaré con YooChun sobre ponerlos libres en
el campo o algo.”
Ellos
miraron a KiBum.
Ella
mordió su labio y sacudió la cabeza no.
“¿No
lo ven?” El más atractivo del grupo agarró las barras, mirándolas con
penetrantes ojos dorados. “Están bajo el hechizo de YooChun. Peleen contra él o
permanecerán sus esclavas por la eternidad.”
Bajo
el hechizo de YooChun… cuán verdaderas esas palabras eran. Ella no había sido
ella misma desde la primera vez que había puesto sus ojos en él. ¿Era el
atractivo general de los ninfos, sin embargo, o YooChun el hombre que la
encantaba? Ella sospechaba lo último, porque ninguno de los otros hombres la
atraía.
“Incluso
aún.” Ella cuadró los hombros, determinada. “Voy a dejarles aquí. Y me siento
realmente mal por eso, pero…”
“Luces
como que te sientes mal.” Henry dijo secamente. “Tus ojos están brillando.”
El
pensamiento de ver a YooChun otra vez le hizo eso. “¡Hey!” Ella parpadeó
mientras un pensamiento se le ocurría. “Están hablando humano. Mi lenguaje.”
Él
se encogió de hombros, como si la observación no tuviera importancia. “Nuestro
rey se casó con una humana.”
Ella
parpadeó en sorpresa. “¿Así que hay más humanos en la ciudad? ¿Cómo?”
“¿Dónde
está ella?” Ella escuchó un hombre gritar. Había terror y furia en su tono.
YooChun.
Su
corazón pateó tiempo extra, latiendo como un tambor loco. Calor infundió sus
células. “Tengo que irme.” Les dijo a los chicos. “No les olvidaré, lo prometo,
y hablaré con YooChun sobre ustedes. Vamos, KiBum.”
“¡JunSu!”
YooChun gritaba, su voz frenética. “¡JunSu!”
“No
nos dejes” Henry suplicó. “Pelea contra su atractivo.”
Ella
le dio un meneo de dedo meñique y corrió del recinto, KiBum justo detrás de
ella. Cuando ellas emergieron de entre las rocas, rodearon la esquina y dieron
un paso directamente detrás del portal. Ella escuchó otro “JunSu” este más
aterrado que antes.
“Regresaré
tan pronto como sea posible.” Le dijo a alguien.
Él
estaba a punto de entrar al portal, ella se dio cuenta. “Estoy aquí, YooChun.
Estoy aquí.”
Él
giró a encararla, levantando la mano automáticamente para tomar su brazo. Tiró
de ella hacia él, y sus miradas se encontraron. Sombras de alivio expresaron
sus rasgos… seguidas rápidamente por furia. Él la soltó y apoyó sus brazos
sobre su pecho, y fue entonces que ella vio lo que él estaba sosteniendo. Ella
casi lloró. Él estaba sosteniendo una naranja.
Un
nudo llenó su garganta. La había encontrado para ella. Ella había mencionado
que quería una, y en medio de la guerra, él había encontrado una.
Sus
rodillas temblaron. Sus terminaciones nerviosas crepitaban mientras la tomaba
de él. “Gracias.” Ella dijo suavemente. Ella embebida de él.
Su
cabello estaba húmedo de sudor y colgados enredos cubiertos de arena en sus
sienes. Rayas de sangre cubrían su rostro y brazos, y sus ojos turquesa
enviaban destellos a ella. De furia, sí, pero también de lujuria.
Ella
casi tira la naranja cuando notó el resto de él. Un profundo tajo marcaba su
pecho. “Estás herido.” Ella dijo estúpidamente.
“Estoy
bien. ¿Cómo escapaste de la celda?” La pregunta fue pronunciada en una todavía
tranquila voz, tan más siniestra que si hubiera gritado. “Y veo que tomaste a
KiBum contigo.”
JunSu,
también, asumió una postura de batalla. Si él no estaba preocupado acerca de la
herida, ella no lo estaría tampoco. “Déjala fuera de esto. Salí con una pequeña
cosa llamada ingenuidad.”
Él
corrió su lengua sobre sus dientes. “¿Cuánto tiempo han estado libres?”
“Tiempo
suficiente para ir a través del portal.”
La
expresión de él se relajó gradualmente. “Pero no lo hiciste.”
“Pero
no lo hice.” ¿Por qué estaban hablando? Ella quería su lengua en la suya. Ella
quería finalmente saber el más erótico lugar en su cuerpo, y quería que le
llevara al tembloroso clímax. Dos veces. Ella quería gotear la naranja en su
piel y lamerla.
Atrás
de ella, TaecYeon y Kai dieron paso al resto de las mujeres de la celda. “Toma a
esta también.” YooChun dijo, señalando a KiBum.
“No.”
KiBum dijo. “Sin tocar.”
“Llévala,
pero no la toques.” YooChun permitió.
KiBum
caminó voluntariamente al grupo.
YooNa
miró a JunSu y frunció el ceño. “Creí que ibas a escapar.”
“No
funcionó.” Ella dijo, peleando contra la urgencia de colgar un cartelón
alrededor del cuello de YooChun que diga ‘mío’. Ella lo encaró. “Escucha. Estuve platicando con los dragones
y…” ella presionó sus labios. Tal vez no era una cosa buena admitirlo.
La
nariz de YooChun ardió. “Te puse en esa celda para protegerte. No solamente
escapas, visitas a mis enemigos, también.”
JunSu
se irguió en toda su estatura. “Eso es cierto. ¿Así? No toleraré estar
encerrada. Te lo dije así. ¿Dónde están mis gracias por quedarme aquí abajo
cuando pude haber regresado a la superficie?”
“¿Tus
gracias? ¿Tus gracias?” Él golpeó un puño en su palma abierta. “¿Te hirieron los
dragones? ¿Te tocaron en alguna manera?”
“No.
Y desde que estamos en el tema, creo que debes dejarlos ir. Son sólo chicos,
YooChun.”
Él
frotó una mano por su rostro. “Son dragones, JunSu.”
“Entrégalos
al resto de los dragones.”
“Ese
es mi plan.” Él dijo, levantando sus brazos al aire. “Serán excelentes
herramientas de negociación.”
“¡Bien!”
“Bien.”
Él sacudió su cabeza. “Mientras me gusta que estés entrando en el rol de reina,
aconsejándome y emitiendo de órdenes,
estás en necesidad extrema de castigo, mujer.”
Sus
palabras suscitaron una respuesta erótica en ella. Eso no era lo que él
intentaba, pero era lo que consiguió. Los ojos de ella se entrecerraron.
“Castígame entonces. Adelante, por el amor de dios. Sabes cuánto lo odio.”
Fuego
instantáneo consumió su ira, dejando solamente lujuria al rojo vivo. “¿Lo
odias? ¿Verdaderamente?”
“Más
de lo que puedo decir.” Ella murmuró. El estómago de ella se apretó
deliciosamente, girando y agitándose con necesidad. Era como si él nunca hubiera
dejado de hacerle el amor. Todos los deseos de ella regresaron con toda fuerza.
Ella,
la mujer que estaba orgullosa de sí misma por permanecer distante de cada
situación, no podía pelear contra el atractivo de YooChun. Ella, que encontró
confort en una congelada, totalmente fría actitud, temblaba con sensación,
estaba desesperada. Necesitada. En carne viva y expuesta. Había una
vulnerabilidad dentro de ella que no había sabido que estaba así, una que
gritaba por el amor y el afecto que ella nunca había recibido. No de nadie.
Excepto
este hombre.
Lentamente,
nunca rompiendo contacto, él cerró el pequeño espacio entre ellos. Más cerca
que él llegaba, más caliente el aire se volvía, ahuyentado cualquier rastro de
frío. Los pezones de ella se endurecieron dolorosamente, levantándose por él,
ansiando cualquier tipo de contacto.
“No
me detendré esta vez.” Él advirtió. “Por ninguna razón.”
“Bien.
Estamos de acuerdo sobre algo más.” Tócame. A ella no le importaba que la gente
estuviera justo más allá de la roca. A ella únicamente le importaba YooChun.
“Corre.”
Él dijo suavemente.
Ella
parpadeó, ciertamente lo había escuchado mal. “¿Qué?” ¿Estaba alejándola?
“Corre.
A mi habitación. Ahora.”
No
había humor en su tono, no tiene sentido que él había terminado con ella. En
cambio, él proyectaba una fiera lujuria que iba más allá de todo y nunca le
había mostrado antes. La respiración se atoró en su garganta. Ella retrocedió
de él, su corazón dando un vuelco. Su expresión era intensa, salvaje.
Totalmente salvaje.
“Corre.”
Él repitió. “Ahora.”
Aferrando
la naranja, ella saltó hacia adelante, corriendo alrededor de él, cuidadosa de
no tocarlo. Sus brazos bombeaban a sus costados mientras ella subía las
escaleras. Pasos hicieron eco detrás de ella. Ella recordó el camino a la
habitación y dio media vuelta por las esquinas. Guerreros vagaban por los
corredores, recogiendo a sus compañeras de cama. Algunos no lo habían hecho en
la habitación y estaban teniendo sexo justo ahí en el corredor.
Jadeando
ella corría pasándolos. Agradecidamente, ninguno trató de detenerla. La
intensidad de YooChun era espantosa. Y excitante. Y alarmante. Y maravillosa.
Cuando
ella alcanzó el exterior del área de baño, ella disminuyó su velocidad. ¿Qué
iba él a hacerle cuando la atrapara? Ella pasó la cortina, separando las dos
secciones de la habitación y se arrastró detrás de ella. Una fracción de
segundo después, él la arrastró otra vez.
YooChun.
Cerca, tan cerca. Ella tragó saliva, estaba a punto de volverse y demandarle que
explique por qué no la había tomado, y cargado aquí, por qué no la dejó enredar
sus piernas alrededor de su cintura y sentir cada paso que él daba entre sus
piernas, cuando él la golpeó por detrás. Juntos ellos flotaban en el aire. Ella
gritó, soltando su fruta. Justo antes de que ella golpeara la cama, YooChun los
giró, absorbiendo el impacto con su propio cuerpo.
Uno
de sus brazos volcó sobre ella y se enredó alrededor de su cintura. La otra
jaló su camiseta y la desnudó.
“¿Por
qué… por qué?” Ella jadeaba. Incapaz de sacar alguna otra palabra.
“No
puedo esperar.” Sus pechos estaban repentinamente desnudos. Él la sostuvo sobre
de él y lamió uno de sus pezones dentro de su boca. Puro calor. Ella tomó una
bocanada de aire. En algún lugar a lo largo del camino él había perdido la
armadura de su pecho. Las manos de ella lo masajearon, consciente de sus
heridas. Sus tetillas estaban duras y abrasaban sus palmas eróticamente; el aro
de su tetilla estaba frío al contacto aun la ardía con su masculinidad.
Ella
se sentó a horcajadas, anclando su peso en sus rodillas. Esto era exactamente
donde ella pertenecía, ella reflexionó. Sus cabellos caían alrededor de sus
hombros. Adrenalina de la persecución corría a través de su sangre, mezclándose
con deseo, haciéndolo todo más potente. Todo más consumiente. Su piel se sentía
viva con pulsos de electricidad.
Él
desató el cinturón que sostenía sus pantalones en su lugar y lo hizo a un lado,
causando que los pantalones se abran. Él se detuvo un momento, mirándola a
propósito.
“Voy
a besarte aquí.” Él murmuró roncamente. Las puntas de sus dedos rozaron un
camino a lo largo del centro de su ropa interior. “Entonces voy a complacer tu
cuerpo de la manera que he querido desde el momento que te vi.”
“¡Sí!”
Ella amaba su rudo lenguaje, estaba excitada por ello. “Placer. ¡Hazlo!”
“Nada
me detendrá.”
“Nada.”
Ella arqueó sus caderas levemente hacia adelante, deslizándose sobre la dura
longitud de su erección. Sensaciones de total dicha la atravesaron, y ella
gimió.
“Amarás
todo lo que haga.” Su mano apretó su cintura. Sus ojos se cerraron, y él mordió
su labio inferior. “Rogarás por más.”
Ella
se deslizó sobre él otra vez. Ambos gruñeron.
“Amarlo.” Ella prometió. “Rogar.”
Él
rodó sobre ella, jalando sus pantalones mientras lo hacía. Sus pies patearon el
material el resto del camino hacia abajo. Su ropa interior rápidamente le siguió,
todavía él no tenía la paciencia para sacarla de ella, así que rompió las
costuras y tiró de los jirones restantes.
Completamente
desnuda, ella llevó la mano entre ellos y trabajó en sus pantalones. Sus
movimientos eran cortados, ansiosos, desesperados, pero no hizo ningún
progreso. “No puedo sacarlos.” Ella gruñó. “Ayúdame a sacarlos”
En
cuestión de segundos él los había desprendido y ella estaba en el cielo. Hmm.
Piel a piel.
“Suave.”
Él alabó. Trazó un camino a lo largo de su clavícula, entonces mordisqueó en su
cuello, paseándole su demasiada sensible carne con sus dientes.
Ella
podía sentir su pene en su vientre, tan ardiente como una banda de acero. Ella
se arqueó contra él, necesitándolo dentro de ella. “Ahora.” Ella dijo.
Su
asta se sacudió contra ella. Sus dientes mordieron más afiladamente. “Beso,” él
dijo roncamente. Él lamió hacia abajo, su cuerpo, explorando sus pechos otra
vez, persistiendo en su estómago, agitando su ombligo.
“Agárrate
a la parte superior de la cama.” Él demandó.
Ella
había bajado su mano, intentando enredar sus dedos a través de su cabello.
“¡Pero!”
“¡Hazlo!
Agárrate a la cama.”
Ella
obedeció. El momento en que sus dedos se curvaron alrededor de la base de
ébano, la lengua de él se deslizó sobre su clítoris. Sus caderas se elevaron, y
ella jadeó su nombre.
Con
una de sus manos, él la abrió totalmente. Con la otra él deslizó un dedo dentro
de ella, probando, extendiendo. Su lengua nunca dejó de trabajarla. La
combinación de sensaciones era aplastante. Otro deslizamiento de su lengua. Un
bombeo de sus dedos. Entonces él la succionó, incrementando el ritmo. Ella
lloraba. Sollozaba. Oh, la felicidad. Sus piernas se encerraron alrededor de
él. Sus manos apretaban la cabecera tan estrechamente que sus nudillos podían quebrarse.
Sus
párpados se cerraron apretadamente. En su mente le veía entre sus piernas, su aleonado
cabello cayendo sobre sus muslos. Su musculosa espalda apretándose mientras
él refrenaba su propia necesidad.
“¡YooChun!
No puedo soportarlo más.”
“Para
el final de la noche, habrás tomado todo lo que tengo para dar.”
“Presióname…
dame… déjame venir.”
Ella
se retorcía. Sobre el borde. Tan cerca, pero todavía no lo suficientemente
cerca. Él deslizó un dedo dentro de ella, y era un estrecho ajuste. Extendiéndola,
llenándola. Tan… bien. Rápidamente su lengua se deslizó sobre su clítoris sin
mostrar misericordia. No que ella quisiera alguna. Esto era todo lo que había
soñado, todo lo que ella hubiera necesitado jamás sin saber que ella lo hacía.
“Voy
a hundir mi polla dentro de ti, JunSu. Vas a abrir tus piernas y darme la
bienvenida, cada extendida pulgada.”
“¡Sí!”
Oh, Dios, sí. El pensamiento de su pene dentro de ella la empujó sobre el dulce
límite. Ella se contrajo alrededor de sus dedos, apretándolos estrechamente. Un
grito, un sollozo. Destellos de luces blancas cegaban detrás de sus ojos.
De
repente se alzó por encima de ella, las piernas de ella se acunaron en la
curvatura de sus brazos, abriéndola totalmente. Exponiéndola completamente. Él
estaba listo al borde de la penetración. “Una vez que esté dentro de ti, serás
mía. ¡Dilo!”
“Tuya.
¡Seré tuya!” No había forma de negarlo. Ella era suya. Ahora, este momento,
ella era suya. Levantó la mano y enredó sus dedos alrededor de su cuello,
enredándolos en su cabello. Su pecho era presionado contra los de ella y ella
podía sentir la arena granulada fina que todavía se aferraba a él de la pelea,
añadiendo fricción, otro profundo placer. “Beso.” Ella rogó.
Él
abalanzó su cabeza, y reclamó su boca. El momento en que sus lenguas se
tocaron, él golpeó dentro de ella. Sin esperar. Sin dejar que gradualmente ella
llegue a acostumbrarse. Él estaba simplemente en ella hasta la empuñadura. Como
si él no pudiera ir otro minuto sin estar ahí.
Ella
gritó en su boca; él tragó el sonido. Ella estaba tan excitaba, tan resbaladiza
con deseo, tan preparada para él, hubo solamente una ligera punzada, entonces
completo placer. Él la extendía eróticamente, llenándola inexorablemente.
El
beso continuaba incesantemente. Ella se probó a sí misma en los labios de él. Lo
probó, el calor de él, la pasión. Dentro y fuera, su lengua probaba en
sincronía con su fuerte cuerpo. Dentro y fuera, moviendo
rápidamente, a los dos a toda velocidad a las estrellas.
“No
puedo… ir más… despacio.” Él jadeó.
“Bien.”
Sus
testículos la golpeaban. La punta de él golpeaba todo el camino a su vientre,
el exacto lugar en el que ella lo
necesitaba. Ella estaba ya cerca, lista para explotar por segunda vez. Tensión se enroscaba en su estómago, en su sangre.
“¡JunSu!”
Él rugió. Él bombeaba dentro de ella, duro, delicioso. “Mía.”
Mío,
ella silenciosamente repitió. El clímax la agarró, más intenso que el primero,
haciéndola estremecerse contra él. Sus rodillas se cerraron en él, y a los
cielos ella flotó. Alto, tan alto.
Él
se unió a ella ahí. Él sufrió un espasmo contra ella, dentro de ella, dio una
fina embestida. Sus ojos se estrecharon. La felicidad consumió sus rasgos.
“Mía.”
Él Gruñó. “Mía.”
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YOOCHUN
NUNCA SE HABÍA SENTIDO más poderoso. Fuerza radiaba de él, lo llenaba, pulsaba
y crepitaba. Él siempre se sentía vigorizado después del sexo, pero esto… nunca
como esto. Y con JunSu no había sido sexo, él pensó. Había sido hacer el amor.
Una unión. Total y completa. Especialmente la última vez cuando ellos habían
lamido su fruta favorita el uno al otro.
Mía,
él pensó otra vez.
La
palabra no lo dejaba. Él nunca se había sentido tan posesivo de otra persona.
Realmente, él nunca se había sentido tan posesivo de nada, incluyendo su preciada
espada. Incluyendo el palacio. Ella había sabido como ninguna otra mujer.
Explotó como ninguna otra mujer. Lo complació como ninguna otra mujer. Él era
un ninfo, y aún era ella quien lo envolvió en un sensual hechizo. Era ella
quién lo esclavizó.
Ella
se acurrucó a su lado, sus curvas situadas contra él. Él podía sentir las
suaves exhalaciones de su respiración. Él moriría sin esta mujer. Simplemente
perecer. Cesar de existir. Él quería darle el mundo, ofrecerle todo lo que su
corazón deseaba.
Nunca
más que ahora había estado tan determinado a conservar el palacio. Él no dejaría
a su mujer sin hogar, quedándose en cualquier choza que pudiera encontrar para
ellos. Sí, él conservaría este lugar de los dragones.
Mantendría
a JunSu. Por la eternidad.
Cuando
había regresado al calabozo y ella no había estado dentro de la celda, su
corazón había dejado de latir. Pánico, terror, furia lo habían consumido. Casi
había cortado a TaecYeon y Kai en pedazos. Entonces, cuando había visto a JunSu
tan relajada y a gusto como si a ella no le importara –mientras estaba parada cerca
del portal por el amor de los dioses—él se había aterrado otra vez.
Cuán
cerca había llegado a perderla.
Entonces
ella había empezado a emitir órdenes con valentía y sabiduría, actuando cada
poco la reina que estaba destinada a ser, y él había sido golpeado de nuevo con
amor por ella.
De
algún modo, de alguna manera, él ganaría su juramento de quedarse por siempre.
Él nunca la dejaría ir.
YOOOCHUUUUN ERES UN ENCATOOOO TERNIROOOTA DE HOMBRE AAAHHH CASI MUERO ENTERNECIDA IMAGINANDOLO DESEPERADO CON LA FRUTA EN LAS MANOS. DIOOOS QUE HERMOSOOSOS TOOODO ESTOY TAN CELOSA Y ENVIDIOSA DE JUNSU(¡.¡)
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