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martes, 15 de abril de 2014

Desire and Lust Cap 10

Capítulo 10.

SIWON ACOSTADO EN SU CAMA,sus brazos apoyados bajo su cabeza.  Frunciendo el ceño, él miraba el brillante cristal, deseando que pudiera consolarse en la multitud de colores disparados de los fragmentos desdentados. Rosa como los pezones de una mujer. Blanco como la piel de una mujer. Rojizo como los conmovedores ojos de una mujer.

Por desgracia, él no tomó ningún consuelo.


La noche larga había pasado, y la mañana estaba aquí. A pesar de todo, sus pensamientos permanecieron en negro y negándose a resolver. Él cambió y miró la pared de armas que había adquirido a través de los años. Un arma por cada hombre que había matado. Sus números eran tan vastos, hace largo tiempo que había perdido la cuenta. Él no estaba avergonzado de eso. No, él se deleitaba en sus victorias.

Eso era porqué su conducta la noche anterior rebajó su orgullo tan profundamente.

Después de dejar a YooChun y a JunSu, él había traído las dos mujeres a su habitación. Él había estado a punto de entrar en una; había sostenido su polla en su mano, preparado, listo. Ella había estado dispuesta, tan complaciente, retorciéndose en pasión, abriéndose a sí misma más amplia. Y él había parado. ¡Parado!

Mientras la miraba hacia abajo, el sentido de necesidad que todo lo consume lo había abandonado. Ahí un momento, [se ha] ido al siguiente. Una imagen de la bruja de cabello oscuro que él había deseado tanto en la ceremonia de selección, la de cabello lacio y perfecto cuerpo pequeño, había destellado en su mente. Súbitamente la había querido. Solamente a ella. La había imaginado en los brazos de ChangMin, gimiendo, sin sentido con placer, y una terrible ira lo había superado.

Las dos compañeras de cama de SiWon habían intentado su más arduo [esfuerzo] para excitarlo después de eso, pero habían fallado. Debió haberlas tomado de cualquier manera. Necesitaba saciarse y recuperar su fuerza. Sin embargo… él las había mandado para encontrar otro amante y complacerse a si mismo en cambio.

Todavía. Estaba tan débil como antes. Pero al menos YooChun, también, estaría debilitado este día, habiendo ido sin una caricia de mujer. La caricia de su pareja, si él fuera a ser creído. ¿Compañera? Cuánto quería encontrar SiWon la suya, esa única mujer que lo amaría sobre todos los demás.

Suspiró. No quería tomar a la mujer pálida de YooChun, no lo excitaba. No realmente. No como la de cabellos oscuros con sus sensuales, exuberantes curvas, sus inocentes y salvajes contradicciones. ¿Cuál era su nombre? No lo había dicho. No había hablado por completo. Se preguntaba cómo sería su voz. ¿Baja y ronca? ¿Dulce y suave? Si él hubiera tenido la oportunidad de elegirla, la noche hubiera terminado diferentemente. Maldito ChangMin por tomarla y forzándolo a cambiar su plan. Mientras su amigo había llevado la adorable bruja de la habitación, SiWon había decidido consolarse tomando la corona de YooChun.

Le gustaba y admiraba a su primo, pero le gustaba y admiraba el poder más.

SiWon no disfrutaba siendo a quien le dijeran qué hacer. Nunca había. Él prefería dar las órdenes, hacer que otros cumplan sus órdenes. Incluso sus mujeres. Él era el amo. Él era el comandante.

Su primo había gobernado con puño de acero, esperando total y completa obediencia. Era tiempo de cambiar eso. Era hora de SiWon para mandar.

YooChun había ofrecido luchar contra él, verdad, pero SiWon no podía llegar a ser rey de esa manera.  No, YooChun tenía que voluntariamente entregar su trono. ¿Lo haría? YooChun había tenido una noche para considerar sus opciones, darse cuenta que había sólo una cosa para mantener a la mujer pálida.

“La corona será mía.”

Algunos hombres eran destinados a la grandeza. Algunos eran… no. Y YooChun había cometido muchos tontos errores últimamente. El primero y más importante era dejar a las ninfas femeninas detrás para tomar este palacio. Las mujeres estaban perdidas ahora, no había pista de ellas para encontradas en cualquiera de las dos, la Cuidad Interior o Exterior. Sí, YooChun tenía un contingente de hombres buscándolas incluso ahora. Pero no era suficiente. Ella no hubiera necesitado buscar si el rey las hubiera traído juntas en primer lugar.

El segundo y más imperdonable error que YooChun había cometido era no dejar que los hombres viajaran a la superficie hasta ayer, cuando su fuerza estaba casi seca. El palacio necesitaba guardia, verdad, pero los hombres no podían hacer guardia si estaban débiles.

No hubiera permitido que tales cosas pasara. Sus ojos se estrecharon. La mujer pálida era simplemente un medio para un fin. Había visto la manera que YooChun se cernía sobre ella, protegiéndola, silenciosamente alejando a los guerreros de ella. Así que SiWon la había elegido, esperando que su primo hiciera todo para conservarla.

Su esperanza había dado frutos.

Y tal vez, cuando él llegue a ser soberano, el simplemente tomaría a la bruja de cabello oscuro de ChangMin. Rió ante el pensamiento.

Oh, Le iba a gustar ser rey.

~°~°~°~°~

CUANDO JUNSU CORRIÓ DE LADO la tela de la puerta y avanzó hacia él, la respiración de YooChun se atoró en su garganta, ardiendo como el fuego más abrasador.

¿Le afectaría ella siempre de esta manera?

Ella usaba su camiseta, sus pantalones, e incluso se embolsaban en su ligera figura, ella era la más hermosa vista que él había visto. Las manchas arcoíris del domo brillaban sobre sus mejillas. Como una sirena ella era, atrayéndolo, tentándolo. Voluntariamente iría a su muerte por ella.

“Si me vas a decir que me cambie,” ella dijo, reto en su voz, “guarda tu aliento”

¿Decirle que se cambie? Nunca. “Me gustas justo como estás.”

Sorpresa oscureció sus ojos, haciendo el terciopelo café arremolinarse con negro.

Él levantó su mano, sin tocarla, pero necesitando. Tanto él quería que ella lo acepte. Él quería su voluntad. Quería que ella encontrara felicidad en todos y cada momento de contacto que compartían, como él hacía.

Esa gloriosa mirada de ella encendió sus palmas. Lentamente el color abandonó sus mejillas. Tan pálida ahora, él pensó. Ella podía haber sido un sueño, un fantasma. Un fantasma venido para atormentarlo.

Un parpadeo de algo cubría su expresión. ¿Dolor? ¿Pánico? “¡No! Sin tocar.” Ella sacudió su cabeza, acentuando las palabras. Ella incluso puso sus manos detrás de su espalda, como para eliminar la tentación.

Escuchando su rechazo, él decidió presionarla… para ver cuán lejos ella le permitiría presionarla realmente. Él quería su contacto demasiado para admitir derrota tan pronto en el juego. “Dulce rayo de luna, ¿Por qué no cederás ante algo tan pequeño? No estoy pidiendo por más que una caricia.” Aún.

“Por favor. No soy estúpida. Una caricia llevará a un beso. Un beso llevará a…” Ella se ruborizó, regresando ese celestialmente, brillo rosa a su piel. Ella aclaró su garganta. “Tú tienes la imagen.” Barbilla en alto, ella pasó junto a él.  Pero se detuvo abruptamente en la bifurcación de las puertas. No volteó a enfrentarlo. “¿En cuál camino está el desayuno?"

“¿Y qué si te digo que yo era el plato principal?” él vio su espalda ponerse rígida, vio sus manos apretarse en sus costados. Sin importar el tiempo le tomaba, él socavaría en su resistencia hasta que ella cediera. Te tendré rogando por mí, amor. “¿Estarías tan ansiosa por irte entonces?”

Olas de ira y frustración irradiaron de ella “¿Cuál camino?” Ella gruñó.

Él se detuvo un momento antes de responder, bebiendo la visión de su pálido cabello cayendo en su espalda. Algunos de los extremos se rizaban, algunos de ellos caían lacios. ¿Qué daría por cernir sus dedos a través de la masa espesa? ¿Su hogar? ¿Su vida?

Sí, todas esas cosas. La necesidad estaba acuchillándolo por dentro, todavía tan inalcanzable al momento. “Te mostraré el camino,” él dijo, su voz profunda, casi un gruñido. Cerró la distancia entre ellos, sus largas piernas rápidamente devoraron el corto espacio, y rozaron pasándola, a propósito acariciando su brazo contra el suyo.

Jadeando, ella saltó alejándose de él como si la hubiera empujado. Ella incluso lo miró con sospecha. Los labios de él se crisparon en diversión y victoria. Oh, sí. Ella será mía. Su consciencia de él- por eso es que esta reacción era, ella lo negaba o no- ultimadamente sería su ruina.

Tal  vez ella no lo había aceptado como su pareja, pero su cuerpo lo reconocía. Lo deseaba. Y cuando el cuerpo físico deseaba algo o alguien, haría cualquier cosa que sea necesario para convencer a la mente para apoderarse de ello. La gente no podía ayudarse a sí mismos. Ellos querían lo que querían, malo para ellos o no.

JunSu no sería diferente.

¡Pronto! Pensó. Pronto…

“¿Nunca usas una camisa?” ella gruñó, desviando su mirada.

“Te vi mirando mi pechó y decidí que era en mi mejor interés nunca usar una camisa otra vez.”

Los labios de ella se comprimieron en una delgada línea. “Estaba mirando aterrada.”

“¿A quién tratas de convencer? ¿A mí? ¿O a ti misma?"

Ella le enseñó los dientes en una mueca.

Él había hecho su punto, así que abandonemos el tema. Por ahora. “El desayuno es por este camino.” Él agarró su mano (sin permiso) y la llevó fuera de sus cuartos, por el tortuoso corredor de las barracas de su ejército. Muchas parejas habían decidido acampar ahí, incluso cuando el amor estaba terminado. Ellos estaban acostados desnudos y entrelazados en la intemperie. A diferencia de los caóticos gemidos de la noche anterior, todo estaba ahora silencioso. Lo más probables que todos estaban exhaustos por su larga noche de gratificación sexual y libertinaje.

Cómo le hubiera gustado estar en sus números, haber experimentado la misma satisfacción. Tal vez… ¡Esta noche!

“Así que… ¿Qué vamos a hacer sobre SiWon?” JunSu preguntó. “No voy a ser su esclava. No importa qué. Y no me digas que trataremos con él cuando despierte. Dame una respuesta esta vez. Odio no saber.”

Nosotros, ella dijo. No Yo. No Tú. Nosotros. Le gustaba el sonido de eso, le gustaba que ella no rechazara el pensamiento de su ayuda. Le gustaba que ella los viera como compañeros en esto. “No te preocupes. Haré lo que sea necesario para mantenerte conmigo.”

“Tú lo…” ella tragó saliva “… ¿matarías?”

“Si es necesario.” Respondió sin vacilación.

Ella pronunció un frustrado gemido. “Si sólo me llevaras a la playa, él no pudiera tenerme y no tendrías que cometer homicidio.”

“Si te regreso, no podría tenerte, tampoco.”

“Exactamente.”

“Tu plan -¿Qué me dijiste de mis habilidades de negociación?- apesta. ¡Sí! ¡Tu plan apesta!”

Él pateó una pila de ropa fuera de su camino y giró en una esquina. Finalmente el comedor llegó a la vista. Una fresca cálida esencia flotaba a él. Los centauros y minotauros hombres que había adquirido de la ciudad habían preparado el usual desayuno de pescado, frutas y nueces.

A su lado, JunSu ronroneó, “Mmm.” Su estómago gruñó.

Usualmente a esta hora de la mañana, guerreros rodeaban la mesa devorando cada bocado de comida. Ahora él y JunSu estaban solos, los sirvientes habiéndose ya retirado a la cocina para su propia comida, sus hombres todavía durmiendo y recobrándose de la noche de placeres.

Sin una palabra, JunSu retuvo la silla a la cabeza de la mesa. Como ella hizo eso, lo miró esperándolo negarse, él estaba seguro. Cuando no lo hizo, ella se encogió de hombros y apiló un plato alto con comida.

Ella tragó un poco de crema de coco, y sus ojos se cerraron en dulce rendición. “¿Quién preparó esto? Seguramente tu ejército no. Ellos pueden parecer pastel de carne, pero dudo que sepan cómo cocinarlo.”

“Como si yo permitiría a mis hombres cocinar.” Él dijo, llenando su plato.

“Hey, no hay nada malo con un hombre que sepa como cocinar una comida.” Ella metió una uva en su boca.

Él se sentó en el banco junto a ella. “Los guerreros batallan. Los guerreros matan. Los guerreros seducen. Ellos no cocinan. Eso es trabajo de un sirviente.”

“¿Y qué si tus sirvientes se enferman y no pueden trabajar? ¿Y qué si tus sirvientes son robados? ¿Qué harían todos tus grandes y fuertes guerreros entonces, huh?”

Él parpadeó, la idea nunca se le había ocurrido. ¿Quién sería lo suficientemente tonto para robarle a un ninfo? “Adquiriríamos nuevos sirvientes.”

“Típico.” Ella dijo secamente. Su mirada viajó por la habitación.

¿Buscando una manera de salir? Se preguntó. No dudaría si ella lo hubiera enganchado en esta conversación sobre sirvientes sólo para distraerlo. Le había dejado, sin embargo. Hablar con ella lo excitaba. “¿Cómo es tal cosa típica?” Él se echó hacia atrás y mordió una fresa. Cómo hubiera amado trazar la fresa sobre sus labios y lamer el jugo.

“En mi experiencia, los hombres tal como tú mismo eres…”

“¿Hombres como yo mismo?” él intervino.

“¡Sí!”

“¿Qué  clase de hombre es ese?”

Su mirada regresó a él, y ella parecía olvidar su búsqueda. “Arrogante. Mandón. Chauvinista. Cabezón. Terco. Imbécil. Mimado. Exigente. Absorto en sí mismo. Moralmente corrupto.”

Cuando ella se detuvo por aire, él refunfuñó. “¿Eso es todo?”

“No. Caliente. Prepotente. Molesto.” Ella se detuvo, golpeando con un dedo contra sus labios, entonces asintió. “Eso es todo. De cualquier manera, como estaba diciendo. Los hombres son…”

“¿Molestos?” él frunció el ceño. “He sido el epítome de agradable contigo, abasteciendo todas tus necesidades. ¿No te he vestido? ¿Alimentado? ¿Mantenido salva y cálida? ¿Abstenido de hacerte el amor?”

Ella frunció sus labios. “¿No me robaste de todo lo que he querido? ¿No te has rehusado una y otra vez a dejarme ir?”

Despreocupado, él movió una mano en el aire. “Un día me agradecerás por mi negativa. Ahora, por favor, continúa con tu explicación de mi ‘típica’ conducta masculina.”

“¡Bien!” Ella levantó su barbilla, mirándolo hacia abajo. “Pero no te gustará.”

“Sin embargo, escucharé. Porque soy agradable.”

“¿Agradable? ¿Realmente? Para salvar tu orgullo masculino de algo que consideras indigno de ti, mejor robas a alguien de su hogar y su familia así pueden hacerlo por ti.” Ella mordió una fresa de las suyas propias, blancos dientes hundiéndose en la fruta. Gotas de jugo corrían por su barbilla. “Soy una prueba viviente.”

El cuerpo de él se tensó. Una vez más era superado por el deseo de lamer el jugo de sus labios y barbilla, tal vez cubrir el resto de ella con jugo de fresa, también, y lamer ese, también. Muchas dulcemente gotas se acumularían en su ombligo, claro, antes de gotear al pálido, plateado cabello entre sus piernas. Ella se retorcería cuando su lengua siguiera el líquido. Ella escarbaría sus manos en su cabello. Sus rodillas apretarían sus sienes.

La fantasía se interrumpió cuando ella se limpió el travieso jugo y le frunció el ceño. “Estás mirándome y eso no me gusta. ¡Detente!”

Su voz tenía un filo ahogado, como si ella peleara contra una ola de ira; o deseo.

“Sí, estoy mirando,” Él dijo. “eres una hermosa mujer.” Él metió otra uva en su boca y disfrutaba con su consternación. Normalmente comía su parte de pescado, también la fruta, pero justo ahora él estaba hambriento por JunSu. Su  mujer. Su pareja.

“¿No tienes reacción a mis palabras, entonces?” Ella se desplazó incómodamente en su silla. “Casi te llamo deshonroso.”

“¿Por qué debería reaccionar a tus palabras? Son verdad. Preferiría robar a alguien de su hogar que cocinar por mí mismo.”

La boca de ella cayó abierta, formando una deliciosa O.

Él arqueó una ceja. “Mi fácil admisión te sorprende, lo veo.”

“¡Bueno, sí!” Ella lo consideró con cautela.

“He tomado solamente aquellos en necesidad de una mejor vida, JunSu o aquellos que pienso puedo darles una vida más fácil, si ellos creen que lo necesitaron o no. Los hombres quienes prepararon esta comida fueron esclavos de demonios antes de que yo los robara. Eran forzados a robar, matar y destruir, y habrían llegado a ser un día el platillo principal de una comida de demonio. Créeme, están agradecidos que los tomé.” Se echó hacia atrás en la banca, extendiendo la larga longitud de sus piernas, mirándola, midiendo. “Tal vez, creo, me ayudarás a ver los errores de mis maneras. Estoy más que dispuesto a dejarte tratar de convencerme de mis terribles obras; una y otra vez. Escucho mejor cuando la oradora está desnuda.”

Mientras la miraba, un rubor rosa bañó sus mejillas. Otro rubor, las hedonísticas mujeres de su conocimiento estaban tan acostumbradas con el sexo y erotismo como él. Que JunSu encontrara el tópico subido de tono para ruborizarse, lo excitaba. Lo hipnotizaba.

Tenía que tocarla.

Estaba justo inclinándose hacia ella, alargando su mano para ver si ese sonrojo suyo desprendía algún calor y tal vez se propague a sus pechos,  cuando dos de sus guerreros se dirigieron al salón. Desilusionado cayó de regreso en su silla.

Ambos hombres llevaban sonrisas anchas, con dientes de pura felicidad. Sus rostros estaban completamente relajados, totalmente radiantes. Cada [uno] llevaba petos dorados, pantalón negro y brazaletes de joyas con clavos. Después de su noche de amor, estaban listos para entrenar.

“Buenos días, gran rey.” KyuHyun dijo. Su voz nunca había sonado tan alegre.

“Este es el mejor de los días, ¿no?” NichKhun suspiró felizmente.

Ellos silbaban mientras rodeaban la mesa y amontonaban sus platos con comida. Debieron haber ganado apetito durante las largas horas de la noche. YooChun los miró. Él todavía no tenía una muestra de la dulzura de JunSu… ¡Sí! Él sabía que sabría suave; así que no, ese no era el mejor de los días.

Unos pocos segundos después, ChangMin entró. Él no estaba sonriendo, no estaba relajado.  No, él estaba rígido y fulminó con la mirada a todo el mundo. Se estrelló en el banco al lado de YooChun, las cuentas de su cabello traqueteando, y silenciosamente llenó su plato con la comida enfrente de él. No se molestó en alcanzar algo más.

¿Se había negado su mujer a él? YooChun se preguntó. Él y ChangMin probablemente usaban la misma expresión. “¿Dónde está tu elegida?”

“Durmiendo,” KyuHyun y NichKhun contestaron al unísono como si él les hubiera preguntado. Sus sonrisas se ensancharon, y se palmearon cada uno en la espalda.

“Volando a través de las puertas de Olimpo.” NichKhun añadió.

“¿Se detuvieron y estuvieron seguros que las mujeres estaban dispuestas antes de acostarse con ellos?” JunSu preguntó, su tono chorreaba de odio.

NichKhun parpadeó a ella, la pregunta le extrañó.

KyuHyun rió. “Tu mujer es divertida.”

“¿Divertida?” ella se paró en sus pies con un  gruñido molesto. “No soy divertida cuando discuto violación.”

Al menos no había negado el hecho de que ella le pertenecía a él. YooChun pensó, complacido.

“Como si una mujer me rechazaría.” KyuHyun dijo.

“Créeme, sucede.” ChangMin murmuró. Él limpió su plato y salió de la habitación sin decir una palabra.

Todos lo miraron salir, cada [uno] con diferente reacción. KyuHyun; rió. NichKhun: confusión intensificada. JunSu; satisfacción.

“Para su información, caballeros…” ella dijo atrayendo la atención de regreso a ella. “Sólo por que su ‘mojo’ entre en una mujer no significa que ella verdaderamente, profundo en su alma, los quiera.”

“¿Mojo?” no teniendo más espacio en su plato, NichKhun se deslizó en el asiento vacío al lado de YooChun. “¿Qué es eso?”

“¡No importa!” JunSu cruzó sus brazos sobre su pecho, causando que la orilla del cuello de su camiseta se abriera y revelara suaves indicios de sus pechos. “Lo que importa es… si la mujer te conoce, tu personalidad, tus gustos, tus disgustos, tu pasado, tus planes para el futuro, ¿ella te querrían todavía?”

‘Si una mujer te conociera’ hizo eco en la mente de YooChun. No es una idea del todo bienvenida, tampoco. Él nunca había tomado tiempo para discutir su vida; pasado, presente o futuro; con ninguna de sus compañeras de cama. Él no se había preocupado por discutirlo, y ellas no se habían preocupado en preguntar. Todavía, la pregunta lo intrigaba.

Él quería eso con JunSu, se dio cuenta. Él quería decirle sobre él mismo y ver su reacción, escuchar sus pensamientos. Él quería escucharla decirle sobre su propia vida. Quería saber que le daba alegría. Qué secretamente deseaba con cada pizca de su ser.

También, él se encontraba preguntándose qué tipo de hombre ella había favorecido en el pasado. ¿Erudito? ¿Guerrero? ¿Cómo la habían tratado estos hombres?

¿Los había amado?

Sus manos se cerraron a sus costados, una casi rompiendo el brazo de la banca a la mitad. Una necesidad de mutilar, destruir, matar cualquier hombre que una vez había tenido afectos de esta mujer lo consumía. Mordaz. Al rojo vivo. Más ardiente que el fuego de un dragón.

Tal vez era hipócrita de él; está bien, era hipócrita, considerando su propio libertinaje pasado, pero no le gustaba la imagen de su mujer extendida y abierta para nadie excepto él mismo. Su pasión; suya. Su corazón; suyo. No quería que sus más profundos deseos despertaran por nadie excepto él. No podía tolerar el pensamiento.

Él anhelaba marcar su esencia en cada una de las células de ella. Ella no conocería esencia, excepto la suya propia. No sentiría caricias, excepto las suyas. Imploraría solamente por él, y él imploraría solamente por ella.

“Bueno, veo que mi elegida ha extinguido un hambre,” una voz masculina súbitamente dijo desde la puerta. YooChun se puso rígido mientras sus ojos se estrechaban en su primo. SiWon, quien obviamente todavía pensaba reclamar a JunSu se paró preparado, listo. No estaba vestido para el entrenamiento, si no para la guerra. Armadura plateada grabada con escenas de batalla le cubría de cabeza a pies.

YooChun no se levantó. Si lo hacía, saltaría sobre la mesa y atacaría. SiWon quería la guerra, así que guerra tendrían. Ya era hora de mostrarle a su primo hambriento-de-poder el error de sus maneras. A partir de este momento.



2 comentarios:

  1. Esta más claro que el agua que a Junsu NO le agrada en nada nada Siwonn
    En cambio con Yoohun... es otra historia compleramente diferente xD
    Kyuhyun y Changmin aon otro par de trollers *-*

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  2. Noo bueno esto está de locos. Yo muero por que ya se den sus besos y Junsu que no quiere dar su brazo a torser. Aigooo me pone la piel chinnita cuando Chunnie le dice Luna zaaa ya estoy loca hasta su tono me imagino jaja. Creo que lo que Junsu necesita es o ver a Yoochun en serio siendo acechado o verlo al borde de la muerte, la idea de no tenerlo le saltaria por los poros.

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