Capítulo
10.
SIWON
ACOSTADO EN SU CAMA,sus brazos apoyados bajo su cabeza. Frunciendo el ceño, él miraba el brillante
cristal, deseando que pudiera consolarse en la multitud de colores disparados
de los fragmentos desdentados. Rosa como los pezones de una mujer. Blanco como
la piel de una mujer. Rojizo como los conmovedores ojos de una mujer.
Por
desgracia, él no tomó ningún consuelo.
La
noche larga había pasado, y la mañana estaba aquí. A pesar de todo, sus
pensamientos permanecieron en negro y negándose a resolver. Él cambió y miró la
pared de armas que había adquirido a través de los años. Un arma por cada
hombre que había matado. Sus números eran tan vastos, hace largo tiempo que
había perdido la cuenta. Él no estaba avergonzado de eso. No, él se deleitaba
en sus victorias.
Eso
era porqué su conducta la noche anterior rebajó su orgullo tan profundamente.
Después
de dejar a YooChun y a JunSu, él había traído las dos mujeres a su habitación.
Él había estado a punto de entrar en una; había sostenido su polla en su mano,
preparado, listo. Ella había estado dispuesta, tan complaciente, retorciéndose
en pasión, abriéndose a sí misma más amplia. Y él había parado. ¡Parado!
Mientras
la miraba hacia abajo, el sentido de necesidad que todo lo consume lo había
abandonado. Ahí un momento, [se ha] ido al siguiente. Una imagen de la bruja de
cabello oscuro que él había deseado tanto en la ceremonia de selección, la de
cabello lacio y perfecto cuerpo pequeño, había destellado en su mente.
Súbitamente la había querido. Solamente a ella. La había imaginado en los
brazos de ChangMin, gimiendo, sin sentido con placer, y una terrible ira lo
había superado.
Las
dos compañeras de cama de SiWon habían intentado su más arduo [esfuerzo] para excitarlo
después de eso, pero habían fallado. Debió haberlas tomado de cualquier manera.
Necesitaba saciarse y recuperar su fuerza. Sin embargo… él las había mandado
para encontrar otro amante y complacerse a si mismo en cambio.
Todavía.
Estaba tan débil como antes. Pero al menos YooChun, también, estaría debilitado
este día, habiendo ido sin una caricia de mujer. La caricia de su pareja, si él
fuera a ser creído. ¿Compañera? Cuánto quería encontrar SiWon la suya, esa
única mujer que lo amaría sobre todos los demás.
Suspiró.
No quería tomar a la mujer pálida de YooChun, no lo excitaba. No realmente. No
como la de cabellos oscuros con sus sensuales, exuberantes curvas, sus
inocentes y salvajes contradicciones. ¿Cuál era su nombre? No lo había dicho.
No había hablado por completo. Se preguntaba cómo sería su voz. ¿Baja y ronca?
¿Dulce y suave? Si él hubiera tenido la oportunidad de elegirla, la noche
hubiera terminado diferentemente. Maldito ChangMin por tomarla y forzándolo a
cambiar su plan. Mientras su amigo había llevado la adorable bruja de la
habitación, SiWon había decidido consolarse tomando la corona de YooChun.
Le
gustaba y admiraba a su primo, pero le gustaba y admiraba el poder más.
SiWon no disfrutaba siendo a quien le dijeran qué hacer.
Nunca había. Él prefería dar las órdenes, hacer que otros cumplan sus órdenes.
Incluso sus mujeres. Él era el amo. Él era el comandante.
Su
primo había gobernado con puño de acero, esperando total y completa obediencia.
Era tiempo de cambiar eso. Era hora de SiWon para mandar.
YooChun
había ofrecido luchar contra él, verdad, pero SiWon no podía llegar a ser rey
de esa manera. No, YooChun tenía que
voluntariamente entregar su trono. ¿Lo haría? YooChun había tenido una noche
para considerar sus opciones, darse cuenta que había sólo una cosa para
mantener a la mujer pálida.
“La
corona será mía.”
Algunos
hombres eran destinados a la grandeza. Algunos eran… no. Y YooChun había
cometido muchos tontos errores últimamente. El primero y más importante era
dejar a las ninfas femeninas detrás para tomar este palacio. Las mujeres
estaban perdidas ahora, no había pista de ellas para encontradas en cualquiera
de las dos, la Cuidad Interior o Exterior. Sí, YooChun tenía un contingente de
hombres buscándolas incluso ahora. Pero no era suficiente. Ella no hubiera
necesitado buscar si el rey las hubiera traído juntas en primer lugar.
El
segundo y más imperdonable error que YooChun había cometido era no dejar que
los hombres viajaran a la superficie hasta ayer, cuando su fuerza estaba casi
seca. El palacio necesitaba guardia, verdad, pero los hombres no podían hacer
guardia si estaban débiles.
No
hubiera permitido que tales cosas pasara. Sus ojos se estrecharon. La mujer
pálida era simplemente un medio para un fin. Había visto la manera que YooChun
se cernía sobre ella, protegiéndola, silenciosamente alejando a los guerreros
de ella. Así que SiWon la había elegido, esperando que su primo hiciera todo
para conservarla.
Su
esperanza había dado frutos.
Y
tal vez, cuando él llegue a ser soberano, el simplemente tomaría a la bruja de
cabello oscuro de ChangMin. Rió ante el pensamiento.
Oh,
Le iba a gustar ser rey.
~°~°~°~°~
CUANDO
JUNSU CORRIÓ DE LADO la tela de la puerta y avanzó hacia él, la respiración de
YooChun se atoró en su garganta, ardiendo como el fuego más abrasador.
¿Le
afectaría ella siempre de esta manera?
Ella
usaba su camiseta, sus pantalones, e incluso se embolsaban en su ligera figura,
ella era la más hermosa vista que él había visto. Las manchas arcoíris del domo
brillaban sobre sus mejillas. Como una sirena ella era, atrayéndolo, tentándolo.
Voluntariamente iría a su muerte por ella.
“Si
me vas a decir que me cambie,” ella dijo, reto en su voz, “guarda tu aliento”
¿Decirle
que se cambie? Nunca. “Me gustas justo como estás.”
Sorpresa
oscureció sus ojos, haciendo el terciopelo café arremolinarse con negro.
Él
levantó su mano, sin tocarla, pero necesitando. Tanto él quería que ella lo acepte.
Él quería su voluntad. Quería que ella encontrara felicidad en todos y cada
momento de contacto que compartían, como él hacía.
Esa
gloriosa mirada de ella encendió sus palmas. Lentamente el color abandonó sus
mejillas. Tan pálida ahora, él pensó. Ella podía haber sido un sueño, un
fantasma. Un fantasma venido para atormentarlo.
Un
parpadeo de algo cubría su expresión. ¿Dolor? ¿Pánico? “¡No! Sin tocar.” Ella
sacudió su cabeza, acentuando las palabras. Ella incluso puso sus manos detrás
de su espalda, como para eliminar la tentación.
Escuchando
su rechazo, él decidió presionarla… para ver cuán lejos ella le permitiría
presionarla realmente. Él quería su contacto demasiado para admitir derrota tan
pronto en el juego. “Dulce rayo de luna, ¿Por qué no cederás ante algo tan
pequeño? No estoy pidiendo por más que una caricia.” Aún.
“Por
favor. No soy estúpida. Una caricia llevará a un beso. Un beso llevará a…” Ella
se ruborizó, regresando ese celestialmente, brillo rosa a su piel. Ella aclaró
su garganta. “Tú tienes la imagen.” Barbilla en alto, ella pasó junto a
él. Pero se detuvo abruptamente en la
bifurcación de las puertas. No volteó a enfrentarlo. “¿En cuál camino está el
desayuno?"
“¿Y
qué si te digo que yo era el plato principal?” él vio su espalda ponerse
rígida, vio sus manos apretarse en sus costados. Sin importar el tiempo le
tomaba, él socavaría en su resistencia hasta que ella cediera. Te tendré
rogando por mí, amor. “¿Estarías tan ansiosa por irte entonces?”
Olas
de ira y frustración irradiaron de ella “¿Cuál camino?” Ella gruñó.
Él
se detuvo un momento antes de responder, bebiendo la visión de su pálido
cabello cayendo en su espalda. Algunos de los extremos se rizaban, algunos de
ellos caían lacios. ¿Qué daría por cernir sus dedos a través de la masa espesa?
¿Su hogar? ¿Su vida?
Sí,
todas esas cosas. La necesidad estaba acuchillándolo por dentro, todavía tan
inalcanzable al momento. “Te mostraré el camino,” él dijo, su voz profunda,
casi un gruñido. Cerró la distancia entre ellos, sus largas piernas rápidamente
devoraron el corto espacio, y rozaron pasándola, a propósito acariciando su
brazo contra el suyo.
Jadeando,
ella saltó alejándose de él como si la hubiera empujado. Ella incluso lo miró
con sospecha. Los labios de él se crisparon en diversión y victoria. Oh, sí.
Ella será mía. Su consciencia de él- por eso es que esta reacción era, ella lo
negaba o no- ultimadamente sería su ruina.
Tal vez ella no lo había aceptado como su pareja,
pero su cuerpo lo reconocía. Lo deseaba. Y cuando el cuerpo físico deseaba algo
o alguien, haría cualquier cosa que sea necesario para convencer a la mente
para apoderarse de ello. La gente no podía ayudarse a sí mismos. Ellos querían
lo que querían, malo para ellos o no.
JunSu
no sería diferente.
¡Pronto!
Pensó. Pronto…
“¿Nunca
usas una camisa?” ella gruñó, desviando su mirada.
“Te
vi mirando mi pechó y decidí que era en mi mejor interés nunca usar una camisa
otra vez.”
Los
labios de ella se comprimieron en una delgada línea. “Estaba mirando aterrada.”
“¿A
quién tratas de convencer? ¿A mí? ¿O a ti misma?"
Ella
le enseñó los dientes en una mueca.
Él
había hecho su punto, así que abandonemos el tema. Por ahora. “El desayuno es
por este camino.” Él agarró su mano (sin permiso) y la llevó fuera de sus
cuartos, por el tortuoso corredor de las barracas de su ejército. Muchas
parejas habían decidido acampar ahí, incluso cuando el amor estaba terminado.
Ellos estaban acostados desnudos y entrelazados en la intemperie. A diferencia
de los caóticos gemidos de la noche anterior, todo estaba ahora silencioso. Lo
más probables que todos estaban exhaustos por su larga noche de gratificación
sexual y libertinaje.
Cómo
le hubiera gustado estar en sus números, haber experimentado la misma
satisfacción. Tal vez… ¡Esta noche!
“Así
que… ¿Qué vamos a hacer sobre SiWon?” JunSu preguntó. “No voy a ser su esclava.
No importa qué. Y no me digas que trataremos con él cuando despierte. Dame una
respuesta esta vez. Odio no saber.”
Nosotros,
ella dijo. No Yo. No Tú. Nosotros. Le gustaba el sonido de eso, le gustaba que
ella no rechazara el pensamiento de su ayuda. Le gustaba que ella los viera
como compañeros en esto. “No te preocupes. Haré lo que sea necesario para
mantenerte conmigo.”
“Tú
lo…” ella tragó saliva “… ¿matarías?”
“Si
es necesario.” Respondió sin vacilación.
Ella
pronunció un frustrado gemido. “Si sólo me llevaras a la playa, él no pudiera
tenerme y no tendrías que cometer homicidio.”
“Si
te regreso, no podría tenerte, tampoco.”
“Exactamente.”
“Tu
plan -¿Qué me dijiste de mis habilidades de negociación?- apesta. ¡Sí! ¡Tu plan
apesta!”
Él
pateó una pila de ropa fuera de su camino y giró en una esquina. Finalmente el
comedor llegó a la vista. Una fresca cálida esencia flotaba a él. Los centauros
y minotauros hombres que había adquirido de la ciudad habían preparado el usual
desayuno de pescado, frutas y nueces.
A
su lado, JunSu ronroneó, “Mmm.” Su estómago gruñó.
Usualmente
a esta hora de la mañana, guerreros rodeaban la mesa devorando cada bocado de
comida. Ahora él y JunSu estaban solos, los sirvientes habiéndose ya retirado a
la cocina para su propia comida, sus hombres todavía durmiendo y recobrándose
de la noche de placeres.
Sin
una palabra, JunSu retuvo la silla a la cabeza de la mesa. Como ella hizo eso,
lo miró esperándolo negarse, él estaba seguro. Cuando no lo hizo, ella se
encogió de hombros y apiló un plato alto con comida.
Ella
tragó un poco de crema de coco, y sus ojos se cerraron en dulce rendición. “¿Quién
preparó esto? Seguramente tu ejército no. Ellos pueden parecer pastel de carne,
pero dudo que sepan cómo cocinarlo.”
“Como
si yo permitiría a mis hombres cocinar.” Él dijo, llenando su plato.
“Hey,
no hay nada malo con un hombre que sepa como cocinar una comida.” Ella metió
una uva en su boca.
Él
se sentó en el banco junto a ella. “Los guerreros batallan. Los guerreros
matan. Los guerreros seducen. Ellos no cocinan. Eso es trabajo de un
sirviente.”
“¿Y
qué si tus sirvientes se enferman y no pueden trabajar? ¿Y qué si tus
sirvientes son robados? ¿Qué harían todos tus grandes y fuertes guerreros
entonces, huh?”
Él
parpadeó, la idea nunca se le había ocurrido. ¿Quién sería lo suficientemente
tonto para robarle a un ninfo? “Adquiriríamos nuevos sirvientes.”
“Típico.”
Ella dijo secamente. Su mirada viajó por la habitación.
¿Buscando
una manera de salir? Se preguntó. No dudaría si ella lo hubiera enganchado en
esta conversación sobre sirvientes sólo para distraerlo. Le había dejado, sin
embargo. Hablar con ella lo excitaba. “¿Cómo es tal cosa típica?” Él se echó
hacia atrás y mordió una fresa. Cómo hubiera amado trazar la fresa sobre sus
labios y lamer el jugo.
“En
mi experiencia, los hombres tal como tú mismo eres…”
“¿Hombres
como yo mismo?” él intervino.
“¡Sí!”
“¿Qué clase de hombre es ese?”
Su
mirada regresó a él, y ella parecía olvidar su búsqueda. “Arrogante. Mandón. Chauvinista.
Cabezón. Terco. Imbécil. Mimado. Exigente. Absorto en sí mismo. Moralmente
corrupto.”
Cuando
ella se detuvo por aire, él refunfuñó. “¿Eso es todo?”
“No.
Caliente. Prepotente. Molesto.” Ella se detuvo, golpeando con un dedo contra
sus labios, entonces asintió. “Eso es todo. De cualquier manera, como estaba
diciendo. Los hombres son…”
“¿Molestos?”
él frunció el ceño. “He sido el epítome de agradable contigo, abasteciendo
todas tus necesidades. ¿No te he vestido? ¿Alimentado? ¿Mantenido salva y
cálida? ¿Abstenido de hacerte el amor?”
Ella
frunció sus labios. “¿No me robaste de todo lo que he querido? ¿No te has
rehusado una y otra vez a dejarme ir?”
Despreocupado,
él movió una mano en el aire. “Un día me agradecerás por mi negativa. Ahora,
por favor, continúa con tu explicación de mi ‘típica’ conducta masculina.”
“¡Bien!”
Ella levantó su barbilla, mirándolo hacia abajo. “Pero no te gustará.”
“Sin
embargo, escucharé. Porque soy agradable.”
“¿Agradable?
¿Realmente? Para salvar tu orgullo masculino de algo que consideras indigno de
ti, mejor robas a alguien de su hogar y su familia así pueden hacerlo por ti.”
Ella mordió una fresa de las suyas propias, blancos dientes hundiéndose en la
fruta. Gotas de jugo corrían por su barbilla. “Soy una prueba viviente.”
El
cuerpo de él se tensó. Una vez más era superado por el deseo de lamer el jugo
de sus labios y barbilla, tal vez cubrir el resto de ella con jugo de fresa,
también, y lamer ese, también. Muchas dulcemente gotas se acumularían en su
ombligo, claro, antes de gotear al pálido, plateado cabello entre sus piernas.
Ella se retorcería cuando su lengua siguiera el líquido. Ella escarbaría sus
manos en su cabello. Sus rodillas apretarían sus sienes.
La
fantasía se interrumpió cuando ella se limpió el travieso jugo y le frunció el
ceño. “Estás mirándome y eso no me gusta. ¡Detente!”
Su
voz tenía un filo ahogado, como si ella peleara contra una ola de ira; o deseo.
“Sí,
estoy mirando,” Él dijo. “eres una hermosa mujer.” Él metió otra uva en su boca
y disfrutaba con su consternación. Normalmente comía su parte de pescado,
también la fruta, pero justo ahora él estaba hambriento por JunSu. Su mujer. Su pareja.
“¿No
tienes reacción a mis palabras, entonces?” Ella se desplazó incómodamente en su
silla. “Casi te llamo deshonroso.”
“¿Por
qué debería reaccionar a tus palabras? Son verdad. Preferiría robar a alguien
de su hogar que cocinar por mí mismo.”
La
boca de ella cayó abierta, formando una deliciosa O.
Él
arqueó una ceja. “Mi fácil admisión te sorprende, lo veo.”
“¡Bueno,
sí!” Ella lo consideró con cautela.
“He
tomado solamente aquellos en necesidad de una mejor vida, JunSu o aquellos que
pienso puedo darles una vida más fácil, si ellos creen que lo necesitaron o no.
Los hombres quienes prepararon esta comida fueron esclavos de demonios antes de
que yo los robara. Eran forzados a robar, matar y destruir, y habrían llegado a
ser un día el platillo principal de una comida de demonio. Créeme, están
agradecidos que los tomé.” Se echó hacia atrás en la banca, extendiendo la
larga longitud de sus piernas, mirándola, midiendo. “Tal vez, creo, me ayudarás
a ver los errores de mis maneras. Estoy más que dispuesto a dejarte tratar de
convencerme de mis terribles obras; una y otra vez. Escucho mejor cuando la
oradora está desnuda.”
Mientras
la miraba, un rubor rosa bañó sus mejillas. Otro rubor, las hedonísticas
mujeres de su conocimiento estaban tan acostumbradas con el sexo y erotismo
como él. Que JunSu encontrara el tópico subido de tono para ruborizarse, lo
excitaba. Lo hipnotizaba.
Tenía
que tocarla.
Estaba
justo inclinándose hacia ella, alargando su mano para ver si ese sonrojo suyo
desprendía algún calor y tal vez se propague a sus pechos, cuando dos de sus guerreros se dirigieron al
salón. Desilusionado cayó de regreso en su silla.
Ambos
hombres llevaban sonrisas anchas, con dientes de pura felicidad. Sus rostros
estaban completamente relajados, totalmente radiantes. Cada [uno] llevaba petos
dorados, pantalón negro y brazaletes de joyas con clavos. Después de su noche
de amor, estaban listos para entrenar.
“Buenos
días, gran rey.” KyuHyun dijo. Su voz nunca había sonado tan alegre.
“Este
es el mejor de los días, ¿no?” NichKhun suspiró felizmente.
Ellos
silbaban mientras rodeaban la mesa y amontonaban sus platos con comida.
Debieron haber ganado apetito durante las largas horas de la noche. YooChun los
miró. Él todavía no tenía una muestra de la dulzura de JunSu… ¡Sí! Él sabía que
sabría suave; así que no, ese no era el mejor de los días.
Unos
pocos segundos después, ChangMin entró. Él no estaba sonriendo, no estaba
relajado. No, él estaba rígido y fulminó
con la mirada a todo el mundo. Se estrelló en el banco al lado de YooChun, las
cuentas de su cabello traqueteando, y silenciosamente llenó su plato con la
comida enfrente de él. No se molestó en alcanzar algo más.
¿Se
había negado su mujer a él? YooChun se preguntó. Él y ChangMin probablemente
usaban la misma expresión. “¿Dónde está tu elegida?”
“Durmiendo,”
KyuHyun y NichKhun contestaron al unísono como si él les hubiera preguntado.
Sus sonrisas se ensancharon, y se palmearon cada uno en la espalda.
“Volando
a través de las puertas de Olimpo.” NichKhun añadió.
“¿Se
detuvieron y estuvieron seguros que las mujeres estaban dispuestas antes de
acostarse con ellos?” JunSu preguntó, su tono chorreaba de odio.
NichKhun
parpadeó a ella, la pregunta le extrañó.
KyuHyun
rió. “Tu mujer es divertida.”
“¿Divertida?”
ella se paró en sus pies con un gruñido
molesto. “No soy divertida cuando discuto violación.”
Al
menos no había negado el hecho de que ella le pertenecía a él. YooChun pensó,
complacido.
“Como
si una mujer me rechazaría.” KyuHyun dijo.
“Créeme,
sucede.” ChangMin murmuró. Él limpió su plato y salió de la habitación sin
decir una palabra.
Todos
lo miraron salir, cada [uno] con diferente reacción. KyuHyun; rió. NichKhun:
confusión intensificada. JunSu; satisfacción.
“Para
su información, caballeros…” ella dijo atrayendo la atención de regreso a ella.
“Sólo por que su ‘mojo’ entre en una mujer no significa que ella
verdaderamente, profundo en su alma, los quiera.”
“¿Mojo?”
no teniendo más espacio en su plato, NichKhun se deslizó en el asiento vacío al
lado de YooChun. “¿Qué es eso?”
“¡No
importa!” JunSu cruzó sus brazos sobre su pecho, causando que la orilla del
cuello de su camiseta se abriera y revelara suaves indicios de sus pechos. “Lo
que importa es… si la mujer te conoce, tu personalidad, tus gustos, tus
disgustos, tu pasado, tus planes para el futuro, ¿ella te querrían todavía?”
‘Si
una mujer te conociera’ hizo eco en la mente de YooChun. No es una idea del
todo bienvenida, tampoco. Él nunca había tomado tiempo para discutir su vida;
pasado, presente o futuro; con ninguna de sus compañeras de cama. Él no se
había preocupado por discutirlo, y ellas no se habían preocupado en preguntar.
Todavía, la pregunta lo intrigaba.
Él
quería eso con JunSu, se dio cuenta. Él quería decirle sobre él mismo y ver su
reacción, escuchar sus pensamientos. Él quería escucharla decirle sobre su
propia vida. Quería saber que le daba alegría. Qué secretamente deseaba con
cada pizca de su ser.
También,
él se encontraba preguntándose qué tipo de hombre ella había favorecido en el
pasado. ¿Erudito? ¿Guerrero? ¿Cómo la habían tratado estos hombres?
¿Los
había amado?
Sus
manos se cerraron a sus costados, una casi rompiendo el brazo de la banca a la
mitad. Una necesidad de mutilar, destruir, matar cualquier hombre que una vez
había tenido afectos de esta mujer lo consumía. Mordaz. Al rojo vivo. Más
ardiente que el fuego de un dragón.
Tal
vez era hipócrita de él; está bien, era hipócrita, considerando su propio
libertinaje pasado, pero no le gustaba la imagen de su mujer extendida y
abierta para nadie excepto él mismo. Su pasión; suya. Su corazón; suyo. No
quería que sus más profundos deseos despertaran por nadie excepto él. No podía
tolerar el pensamiento.
Él
anhelaba marcar su esencia en cada una de las células de ella. Ella no conocería
esencia, excepto la suya propia. No sentiría caricias, excepto las suyas.
Imploraría solamente por él, y él imploraría solamente por ella.
“Bueno,
veo que mi elegida ha extinguido un hambre,” una voz masculina súbitamente dijo
desde la puerta. YooChun se puso rígido mientras sus ojos se estrechaban en su
primo. SiWon, quien obviamente todavía pensaba reclamar a JunSu se paró
preparado, listo. No estaba vestido para el entrenamiento, si no para la
guerra. Armadura plateada grabada con escenas de batalla le cubría de cabeza a
pies.
YooChun
no se levantó. Si lo hacía, saltaría sobre la mesa y atacaría. SiWon quería la
guerra, así que guerra tendrían. Ya era hora de mostrarle a su primo
hambriento-de-poder el error de sus maneras. A partir de este momento.
Esta más claro que el agua que a Junsu NO le agrada en nada nada Siwonn
ResponderEliminarEn cambio con Yoohun... es otra historia compleramente diferente xD
Kyuhyun y Changmin aon otro par de trollers *-*
Noo bueno esto está de locos. Yo muero por que ya se den sus besos y Junsu que no quiere dar su brazo a torser. Aigooo me pone la piel chinnita cuando Chunnie le dice Luna zaaa ya estoy loca hasta su tono me imagino jaja. Creo que lo que Junsu necesita es o ver a Yoochun en serio siendo acechado o verlo al borde de la muerte, la idea de no tenerlo le saltaria por los poros.
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